Capítulo 11.
Lissa se había levantado e ido antes incluso
que yo me despertara por la mañana, que significaba que tenía el cuarto de baño
para prepararme el día. Amaba ese cuarto de baño. Era enorme. Mi cama gigante
habría cabido confortablemente dentro de él. Una ducha con tres chorros
distintos me despertó, aunque mis músculos me dolían de ayer. Mientras estaba
parada delante del espejo de cuerpo, me peine el pelo, me decepcione un poco al
ver que el moratón seguía allí. Era perceptiblemente más ligero, sin embargo,
se había vuelto amarillento. Un poco de corrector y polvo lo cubrieron
totalmente. Me dirigí en busca de alimento. El comedor estaba cerrado para el desayuno,
pero una de las camareras me dio un par de mazapanes de melocotón y me fui.
Mascando uno mientras andaba, amplié mis sentidos para conseguir saber donde
estaba Lissa. Después de un par de veces, la sentí al otro lado de la casa de
campo, lejos delos cuartos de estudiantes. Seguí la pista hasta que llegué a
una habitación del tercer piso. Golpeé. Christian abrió la puerta.-La bella
durmiente llegó . Bienvenida.- Él me llevó hacia dentro. Lissa estaba sentada
de piernas cruzadas en la cama del cuarto y sonrió en cuando me vio. La
habitación era tan lujosa como la mía, pero la mayoría de los muebles habían
sido empujados para dejar espacio, en ese espació parada, estaba Tasha. -Buenos
días- dijo -Hey- le dije. Tratando de evitarla. Lissa acarició un lugar a su
lado.-Tienes que ver esto- -¿Qué pasa?- Me senté en la cama y termine el último
de mis bollos. -Cosas malas- dijo maliciosamente. –Lo aprobaras- Christian
caminó a lo largo del espacio vacío y se enfrento a Tasha. Se miraron,
olvidándose de Lissa y yo. Aparentemente, había interrumpido algo. -Entonces
¿Por qué no puedo tan sólo consumir el hechizo?-Preguntó Christian. -Debido a
que utiliza una gran cantidad de energía. Dijo ella. Incluso con pantalones
vaqueros, una cola de caballo y la cicatriz se las arreglo para verse ridículamente
linda. –Además, lo más probable es que mataras a tu oponente.- Se burló -¿Por
qué no quería matar a un Strigoi? - -Podría ser que no siempre estuvieras
luchando en contra uno. O a la mejor necesites información sobre ellos. A pesar
de todo, tú debes estar preparado de todas las maneras.- Me di cuenta de que
estaban practicando magia ofensiva. El entusiasmo y el interés substituyeron el
cabreo que había cogido al ver a Tasha. Lissa no estaba haciendo broma cuando
dijo que estaban haciendo “cosas malas”. Yo siempre había sospechado de la
magia ofensiva, pero ...WOW. Pensar en ello y ver que es realidad son cosas muy
distintas. El uso dela mágica como arma estaba prohibido. Un hecho castigable.
Un estudiante que experimentara con ella podría ser perdonado y simplemente
disciplinarlo más, pero que un adulto enseñando a un menor... sí. Tasha podrá
verse en serios problemas. Durante medio segundo, jugué con la idea de
delatarla. Inmediatamente, rechacé esa Se
termino la lección cuando Tasha dijo que se tenía que ir. Christian suspiro, claramente
frustrado por no haber sido capaz de dominar el hechizo en una hora. Su
carácter competitivo era casi tan fuerte como el mío. -Aun creo que sería más
fácil quemarlos totalmente.- Argumentó. Tasha sonrió mientras se cepillaba su
pelo en una cola de caballo más apretada. Sí. Ella podría definitivamente
quedarse sin su pelo, especialmente cuando sabía lo mucho que le gustaba a
Dimitri el pelo largo. -Es más fácil, porque implica menos energía. Es
descuidado. Tú magia será más fuerte a largo plazo si puedes aprender a hacer
esto. Y como he dicho, tiene otras utilidades.- Yo no quería estar de acuerdo
con ella, pero no pude evitarlo. -Podría ser muy útil si lucharas junto a tu
guardián.- Dije con emoción.- Especialmente si quemar completamente un Strigoi
se necesita tanta energía. De esta manera, utilizarías sólo una rápida ráfaga de
poder para distraer el Strigoi. Y se distrajeran con el incendio, ya que lo
odian tanto. Entonces ese es todo el tiempo que necesita un guardián para
estacarlos. Podrías controlar un manojo entero de Strigoi de esta manera.- Tasha
me hizo una mueca. Algunos Moroi como Lissa y Adrian sonreían sin mostrar los
dientes. Tasha si que mostró los suyos, incluidos los colmillos. -Exactamente.
Tú y yo deberemos ir algún día a cazar Strigois.- Se burló. -No lo creo.- Le
respondí. Las palabras en si mismas no eran tan malas, pero el tono que utilicé
para decirlas sin duda lo fue. Frio. Hostil. Tasha me miró momentáneamente sorprendida
de mi brusco cambio de actitud, pero sólo se encogió de hombros. El choque de
Lissa me llegó a través del enlace. Sin embargo, a Tasha no parecía
incomodarle. Ella hablo con nosotros un poco más y hizo planes para ver a
Christian en la cena. Lissa me dio una fuerte mirada mientras ella, Christian y
yo bajabamos una escalera de caracol que conducía hasta el vestíbulo. -¿Qué fue
eso?-Me preguntó -¿De qué estas hablando?-pregunté inocentemente. -Rose.- Dijo
de manera significativa. Es difícil jugar al tonto cuando tu amiga sabía que
podías leerle la mente. Sabía exactamente de lo que estaba hablando. -Fuiste
una perra con Tasha.- -Yo no fui una perra con Tasha.- - fuiste grosera-
Exclamó ella, un grupo de niños Moroi estaban lloriqueando en el vestíbulo. Se
agruparon y un instructor de esquí Moroi de aspecto cansado los siguió. Puse
mis manos en las caderas.-Mira, yo sólo estoy de mal humor ¿De acuerdo? No
dormí mucho. A demás, no soy como tú . No tengo que ser amable todo el tiempo.-
Lissa me miraba más sorprendida que herida. Christian me frunció el ceño, presionándome,
cuando Mason apareció misericordiosamente. No llevaba ningún yeso o cualquier
otra cosa, pare cojeaba ligeramente al andar. -Hola. Cuanto tiempo- Le dije.
Resbalando mi mano dentro la suya. Christian dejo ir su enfado conmigo y se
giró hacia Mason - ¿Es verdad que hiciste un movimiento suicida que finalmente
te atrapó? Mason me miro -¿Es cierto que estuviste saliendo con Adrian
Ivashkov?- -Yo ¿Qué?- -He oído que os emborrachasteis anoche.- -¿En serio?-
Preguntó Lissa, asustada. Mire todas sus caras. -¡NO, por supuesto que no! Yo
apenas lo conozco.- -Pero lo conoces- Insistió Mason. -Apenas- -Él tiene mala
reputación.- advirtió Lissa. -Sí.- Dijo Christian –Él va atrás de un montón de chicas.- No podía creérmelo. -¿Creen que les mentiría?
Hablé con él, como unos, cinco minutos! Y sólo porque me bloqueaba el paso ¿De
donde han sacado todo esto?- Inmediatamente me conteste la pregunta . –Mia- Mason
asintió y me miro avergonzó. -¿Des de cuando hablas con ella?- Le pregunté -Me
encontré con ella, eso es todo.- Me dijo -¿Y tú te la crees? Tú sabes que esta
mintiendo todo el tiempo.- -Sí, pero por lo general hay algo de cierto en su s
mentiras. Hablaste con él.- -Sí. Hablé. Eso es todo.- Realmente intente
reflexionar sobre la manera en que había reaccionado Mason, y creo que no
confiaba en mí. Él me había ayudado mucho el año anterior deshaciendo las
mentiras de Mia, a si que me sorprendí mucho de que él estuviera ahora tan
paranoico. Quizá si sus sentimientos hacía mí habían crecido, él ahora podría
ser más susceptible a los celos. Asombrosamente era Christian el que vino al
rescate y cambio de tema. -¿Supongo que hoy no esquiaras?- Señalo el tobillo de
Mason, desencadenando inmediatamente una respuesta indignada. -¿Qué crees, qué
esto me va a frenar?- Preguntó Mason. Disminuyendo su ira y substituyéndola por
un necesidad de probarse a si mismo, necesidad que él y yo compartíamos. Lissa
y Christian le miraron como si estuviera loco, pero yo sabía que nada que
dijéramos podría detenerlo. -¿Quieren venir con nosotros?- Le pregunté a Lissa y
Christian. Lissa sacudió la cabeza. –Nosotros no podemos. Tenemos que ir al almuerzo
de recibida de los Contas.- Christian gimió –Bueno, tú tienes que ir.- Ella lo
codeó –Igual que tú. La invitación decía que consiguiera un acompañante,
Además, esto tan sólo es un calentamiento para lo grande.- -¿Qué será?-
Preguntó Mason -La gran cena de Priscilla Voda.- suspiró Christian . Verlo tan
dolido me hizo sonreír. – La mejor amiga de la reina. Todas las familias reales
estarán allí, y tendré que usar el traje.- Mason me dedico una sonrisa. Su
enfado ya se había ido. –El esquí suena mejor ¿Eh? No hay un código de
vestimenta. - Dejamos atrás a los Moroi y nos fuimos a fuera. Mason no podía competir
contra mí de la misma manera que lo había hecho ayer, sus movimientos eran
lentos y torpes. Sin embargo, lo hizo muy bien considerándolo todo. La lesión
no era tan mal como habíamos temido, pero tuvo prudencia a hacer movimientos
extremadamente fáciles. La luna llena colgaba en la oscuridad, una esfera brillante
de color blanco plateado. Las luces eléctricas dominaban la mayor parte de la
iluminación del suelo, por aquí y allí, en las sombras, la luna apenas lograba
emitir su resplandor. Deseaba que fuera lo suficientemente luminosa para que
iluminara la cordillera que nos rodeaba, peo los picos se quedaron envueltos en
la oscuridad. Me olvide de mirarlos cuando había luz. Las pistas eran muy
simples para mi, pero me quede con Mason y sólo ocasionalmente me burlé de cómo
las precauciones que tomaba me hacía dormir. Sea aburrido o no, era bueno estar
solo fuera de casa con los amigos, y la actividad agitó mi sangre lo suficiente
para combatir el frío del aire. Los postes de luz iluminaban la nieve, lo que
lo convertía en un extenso mar de color blanco, los copos de cristales
chispeaban débilmente. Y si me volviera lejos y bloqueara las luces de mi campo
visual, podría mirar para arriba y ver las estrellas derramándose sobre el
cielo. Estaba parada fuera del rígido y cristalino en el claro, el aire
congelaba. Permanecimos fuera la mayor parte del día otra vez, pero esta vez,
lo llamé un poco más temprano, pretendiendo estar cansada así Mason podría
descansar. Puede ser que manejara bien el esquí con un tobillo blando, pero
podía ver que le empezaba a doler. Mason y yo nos dirigimos hacia el albergue
caminan do muy cerca el uno del otro, reír acerca de algo que había visto
antes. De repente, unos puntos blancos en mi visión periférica, y una bola de
nieve choco contra la cara de Mason. Inmediatamente se puso a la defensiva,
dándose la vuelta de un tirón, mirando fijamente a su alrededor. Chillidos y
gritos sonaron des de las profundidades y se mezclaron llegando des de los pinos.
-Demasiado lento, Ashford- alguien le llamó. –No vale por estar enamorado.- Se
rió más. El mejor amigo de Mason, Eddie Castilla, y algunos otros novatos de la
escuela aparecieron detrás un racimo de árboles. Más lejos, oí más gritos.
-Te íbamos a pedir que vinieras, si quieres
estar en nuestro equipo.- dijo Eddie. –Aunque esquives como una chica.-
-¿Equipo?- Le pregunté emocionada. En la
academia, lanzar bolas de nieve estaba terminantemente prohibido. Los
trabajadores de la escuela estaban inexplicablemente asustados de que nos
tiráramos bolas de nieve con trozos de cristal o cuchillas de afeitar, aunque
en primer lugar, no tenía ninguna pista de como llegaron a pensar que seriamos
capaces de llegar a hacer esto. No era como si una guerra de bolas de nieve
fuera una rebelión, pero después de toda la tensión que estaba pasando
recientemente, tirar cosas contra la demás gente sonaba de repente como la
mejor idea que había oído en un rato. Mason y yo nos incorporamos rápidamente a
los demás, la perspectiva de luchar contra algo prohibido le dio nueva energía
lo que le causó olvidar el dolor de su tobillo. Nos pusimos a luchar con una
dura ferocidad. La lucha pronto se convirtió en una cuestión de darle a tanta
gente como fuera posible mientras esquivabas los otros ataques. Yo era
excepcional en las dos cosas y asegure mi inmadurez añadiendo insultos tontos y
gritando a mis victimas. En el momento en el que alguien se dio cuenta de lo
que estábamos haciendo y nos gritamos, riéndonos y cubiertos de nieve. Mason y
yo, una vez más, fuimos hacía el albergue, y nuestro estado de ánimo estaba
elevadísimo, sabía que lo de Adrian ya estaba olvidado. De hecho, Mason me miro
justo antes de entrar. –Lo siento, he saltado con la de Adrian antes.- Le
apreté la mano. –Está bien, se que Mia sabe contar unas buenas convincentes
historias.- -Si... pero incluso si estabas con él... no es que yo tenga
derecho...- Lo miré fijamente, me sorprendió ver su rostro, habitualmente
temerario, por una vez tímido.-¿A no?- Le pregunté. Una sonrisa apareció en sus
labios. -¿A sí?- Devolviéndole la sonrisa, di un paso más adelante y le bese.
Sentí sus labios increíblemente cálidos en aquel aire tan helado. No era como
el beso desastroso que había tenido antes del viaje con Dimitri, pero era dulce
y agradable, un tipo de beso de amistad que podría convertirse en algo más. Al
menos, así fue como lo vi. Por la mirada de la cara de Mason, parecía que todo
su mundo se hubiera sacudido. –Wow- dijo, con los ojos de par en par. La luna hizo
que sus ojos se vieran de un color azul plateado. -¿Lo ves?- Le digo. –Nada de
que preocuparse. No Adrian. No hay nadie.- Nos besamos de nuevo, esta vez un
poco más largo, antes de irme finalmente. Mason estaba claramente de mejor
humor, tal y como debía ser, y me metí en la cama con una sonrisa en mis
labios. Pero cuando me dormí, soñé con Adrian Ivashkow. Yo estaba de nuevo en
el porche con él, sólo que esta vez era verano. El aire era cálido y suave, y
el sol brillaba colgado en el cielo, cubriéndolo todo con una luz dorada. No
había esta do en el sol des de que vivía con los humanos. Todo a mí alrededor,
las montañas y los valles estaban verdes y vivos. Los pájaros cantaban por
todos lados.
Adrian apoyado contra la barandilla del porche.
Hecho un vistazo por encima, y me volvió a mirar en cuando me vio.
-Oh. No esperaba verte aquí.- Él sonrió. –Tenía
razón. Te ves devastadora cuando estas limpia.- Por instinto toqué la piel
alrededor de mi ojo. -Se ha ido-me dijo Incluso sin poderlo ver sabía que él
tenía razón. –No estas fumando- -Mal habito- Dijo. Cabeceó hacía mí. -¿Estas
asusta da? Estas usando mucha protección- Fruncí el ceño, después me miré
abajo. No había notado la ropa que llevaba. Usaba un par de pantalones vaqueros
borda dos que había visto una vez pero eran demasiado caros para comprármelos.
Mi camiseta estaba cortada, enseñando mi barriga, y llevaba un piercing en el
ombligo, siempre deseé perforarme el ombligo, pero nunca lo había sido capaz de
pagarlo. El complemento que llevaba era de plata, y colgando al final había el
extraño ojo azul que me había regalado mi mama. El brazalete de Lissa se
enrollaba alrededor de mi muñeca. Mire insegura a Adrian, estudiando la forma
en que el sol hacía brillar su pelo castaño. Aquí, a plena luz del día, pude
ver que sus ojos eran de un profundo verde esmeralda opuesto al pálido de Lissa
. Algo seme ocurrió de repente. -¿No te molesta todo este sol?- Se encogió de
hombro vagamente. -No. Es mi sueño- -¿Estas seguro?- Su sonrisa volvió. Me
sentía confundida. –Yo... no lo sé- Él se rió entre dientes, pero un momento
después, su risa paró. Por primera vez des de que lo había conocido, él se veía
serio. -¿Por qué te rodea tanta oscuridad?- Le fruncí el ceño. -¿Qué?- -Estas
envuelta por la oscuridad- Sus ojos me estudiaron astutamente, pero no de una
manera controlada. –No había visto nunca a nadie como tú. Sombras por todas
partes. Nunca lo hubiera adivinado. Incluso mientras estas de pie aquí, las
sombra no dejan de crecer.- Mire hacía abajo, a mis manos, pero no vi nada
fuera de la común. Le volví a mirar asegurándome. – Yo soy el beso de la oscuridad...-
-¿Qué significa eso?- -Yo morí una vez- Nunca había hablado con nadie de eso a
parte de Lissa y Victor Dashkov, pero esto era un sueño. No importaba.-Y
regresé- La maravilla encendió su cara.- Ahh. Interesante- Desperté. Alguien me
sacudía. Era Lissa. Sus emociones me golpearon tan fuertemente a través del
vínculo que entre brevemente en su mente y me encontré mirándome. –Extraño-
Tire nuevamente de mí, intentando suavizar el terror y la alarma que me llegaba
de ella. -¿Qué está mal?- -Ha habido otro ataque de Strigois.
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