viernes, 26 de diciembre de 2014

Capítulo 17 SPIRIT BOUND

Capítulo 17
Toda la sala parecía contener la respiración.
Sin embargo, incluso ante los milagros, los guardianes —o Strigoi, para el caso— eran difíciles de distraer. Las peleas que se habían detenido se reanudaron aún con mucha más furia. Los guardianes tenían las de ganar, y aquellos de ellos que no estaban comprometidos con el último superviviente Strigoi de repente saltaron hacia Lissa, tratando de alejarla de Dimitri.
Para sorpresa de todos, ella se aferró a él con fuerza e hizo algunos intentos débiles para combatir las aglomeraciones a su alrededor. Ella era feroz y protectora, otra vez poniéndome en la mente a una madre que defiende a su hijo.
Dimitri se aferraba a ella tan atentamente, pero tanto él como Lissa fueron superados. Los guardianes finalmente los forzaron a separarse. Hubo gritos confusos cuando los guardianes trataron de determinar si deberían matar a Dimitri. No habría sido difícil. Él no podía hacer nada ahora. Apenas podía soportar la barricada que lo tiró a sus pies.
Eso me despertó. Había estado simplemente mirando, congelada y estupefacta. Sacudiendo mi aturdimiento, me lancé hacia delante, aunque no estaba segura hacia quién me dirigía: Lissa o Dimitri.
—¡No! ¡No! —Grité, ya que algunos guardianes venían con estacas—. ¡No es lo que piensan! ¡El no es Strigoi! ¡Mírenlo!
Lissa y Christian estaban gritando cosas similares. Alguien me agarró y tiró de mí hacia atrás, y me dijo que deje que los demás manejaran esto. Sin pensarlo, me di vuelta y golpeé a mi captor en la cara, descubriendo demasiado tarde que era Hans. Cayó un poco hacia atrás, pareciendo más sorprendido que ofendido.
Atacarlo fue suficiente para atraer la atención de los otros, sin embargo, y de pronto tuve mi propio grupo de guardianes para combatir. Mis esfuerzos no sirvieron, en parte porque era superada en número y en parte porque no podía encargarme de ellos de la misma manera que había atacado a un Strigoi.
Cuando los guardianes me sacaron, me di cuenta entonces que Lissa y Dimitri ya habían sido retirados de la habitación. Quise saber dónde estaban, gritándoles que yo tenía que verlos. Nadie me escuchó. Me arrastraron lejos, fuera del almacén, pasando por una cantidad preocupante de cuerpos. La mayoría era Strigoi, pero me di cuenta de algunas de las caras del regimiento de guardianes en la Corte. Hice una mueca, aunque yo no los conocía bien. La batalla había terminado, y había ganado nuestro lado, pero a un costo muy alto. Los guardianes sobrevivientes estarían haciendo la limpieza ahora. No me habría sorprendido si los alquimistas se hicieran presentes, pero, por el momento, nada de eso era mi preocupación.
—¿Dónde está Lissa? —Seguí exigiéndoles cuando yo fui empujada dentro de una de las SUV. Dos guardianes se deslizaron conmigo, quienes se sentaron en cada lado. Yo no conocía a ninguno de ellos—. ¿Dónde está Dimitri?
—La princesa ha sido llevada a un lugar seguro —uno de los guardianes dijo secamente. Él y el otro miraron fijamente hacia delante, y me di cuenta que ellos no iba a responder la pregunta acerca de Dimitri. Él bien podría no existir para ninguno de ellos.
—¿Dónde está Dimitri? —Repetí, hablando más alto con la esperanza de que pudiera obtener una respuesta—. ¿Está con Lissa?
Conseguí una reacción. —Por supuesto que no —dijo el guardián que había hablado antes.
—Está... ¿Él está vivo? —Fue una de las preguntas más difíciles que yo había preguntado alguna vez, pero tenía que saber. Odiaba admitirlo, pero si yo estuviera en el lugar de Hans, no habría estado buscando milagros. Yo me habría puesto a exterminar todo lo que se percibiría como una amenaza.
—Sí —dijo el conductor por fin—. Él... eso... está vivo.
Y eso fue todo lo que podría salir de ellos, no importaba lo mucho que argumente y pidiera ser liberada del coche, y créanme hice mucho de eso. Su capacidad para ignorarme fue muy impresionante, de verdad. Para ser justos, ni siquiera estaba segura de que ellos sabían lo que había sucedido. Todo había ocurrido tan rápido. Lo único que estos dos sabían era que les habían ordenado que me escoltaran al exterior del edificio.
Yo tenía la esperanza de que alguien que conociera pudiera unirse a nosotros en nuestra SUV. Nop. Sólo más guardianes desconocidos. Ningún Christian o Tasha. Ni siquiera Hans, por supuesto, que era comprensible. Él probablemente tenía miedo de que lo golpee accidentalmente otra vez.
Cuando estábamos embarcados y en camino, finalmente renuncié a mi acoso y me hundí en el asiento. Otros SUV habían salido con nosotros, pero no tenía idea de si mis amigos estaban en ellas.
El vínculo entre Lissa y yo todavía estaba entumecido. Después del shock inicial en el que yo no sentí nada, recuperé poco a poco una ligera sensación de ella, diciéndome que estábamos conectadas y que ella aún estaba viva. Eso era todo. Con todo ese poder que había explotado a través de ella, era casi como si el vínculo se hubiera frito temporalmente. La magia entre nosotras estaba frágil. Cada vez que trataba de utilizar el enlace para ver cómo estaba, era como si mirase algo demasiado brillante, y era cegada. Solamente tenía que asumir que se restablecería pronto, porque yo necesitaba su visión sobre lo que había pasado.
No, información aparte. Necesitaba saber qué es lo que había pasado y punto. Aún estaba un poco en shock, y el largo camino de vuelta a la Corte me dio tiempo para procesar los pocos hechos de los cuales tenía conocimiento. Inmediatamente quise saltar hacia Dimitri, pero necesitaba comenzar por el principio si realmente quería analizar lo que había ocurrido.
Primero: Lissa había encantado una estaca y me había ocultado la información. ¿Cuándo? ¿Antes del viaje a la Universidad? ¿En Lehigh? ¿Mientras estábamos cautivas? No importaba.
Segundo, a pesar de sus intentos fallidos con la almohada, ella había lanzado la estaca directo al corazón de Dimitri. Había sido difícil, pero el fuego de Christian lo había hecho posible. Hice una mueca, recordando las quemaduras que Lissa había sufrido durante esa penosa experiencia. Había sentido el dolor de ellas antes de que el lazo se hubiera cortado, y también había visto las marcas en ella. Adrian no era el mejor sanador del mundo, pero afortunadamente su magia sería suficiente para ocuparse de las heridas.
El tercer hecho y final aquí… bueno… ¿era un hecho? Lissa había estacado a Dimitri y había usado la misma magia que ella habría usado para sanar… y, ¿entonces? Esa era la gran pregunta. ¿Qué había pasado, además de lo que se sintió como una explosión nuclear de magia a través de nuestro lazo? ¿De verdad había visto lo que pensé que había visto? Dimitri había… cambiado.
Él no era más Strigoi. Lo sentí en mi corazón, aun cuando sólo había logrado darle un pequeño vistazo. Había sido suficiente para permitirme ver la verdad. Las características de Strigoi se habían ido. Lissa había hecho todo lo que Robert había jurado que necesitaba para restaurar a un Strigoi, y realmente después de toda esa magia… bueno, era fácil de creer que todo era posible.
Esa imagen de Dimitri vino hacia mí, aferrándose a Lissa con lágrimas corriendo por su rostro. Nunca lo había visto tan vulnerable. De alguna forma, no creía que los Strigoi lloraran.
Algo en mi corazón se retorció dolorosamente y parpadeé rápidamente para evitar llorar también. Mirando alrededor, me sintonicé de nuevo con mis alrededores. Fuera del auto, el cielo estaba iluminado. Era casi el amanecer. Los guardianes que estaban conmigo tenía signos de cansancio en sus rostros, sin embargo, las expresiones de alerta en sus ojos nunca decayeron. Había perdido el sentido del tiempo, pero mi reloj interno me dijo que habíamos estado de camino por un buen rato. Deberíamos estar casi de vuelta en la Corte.
Tentativamente, toqué el lazo y me di cuenta que estaba de vuelta, pero aún frágil. Era como si pestañeara apagándose y prendiéndose, aun restableciéndose a sí mismo. Eso era suficiente para tranquilizarme, y di un suspiro de alivio. Cuando el lazo se había manifestado por primera vez años atrás, había sido tan extraño… irreal. Ahora que lo había aceptado como parte de mi vida, su ausencia hoy se había sentido poco natural.
Viendo a través de los ojos de Lissa, en la camioneta en la que viajaba, inmediatamente deseé poder ver a Dimitri con ella. Ese único vistazo en el almacén no había sido suficiente. Necesitaba verlo de nuevo, necesitaba ver si este milagro de verdad había sucedido. Quería beber de esos rasgos, ver al Dimitri desde hace tanto tiempo. Al Dimitri que amaba. Pero él no estaba con Lissa. Christian estaba ahí, sin embargo, y él miro hacia ella cuando se agitó. Ella había estado dormida y aún se sentía mareada.
Eso, combinado con el efecto posterior del poder abrasador de antes, mantenía nuestra conexión brumosa. Las cosas se salían de foco para mí a cada momento, pero en general, podía seguir lo que estaba pasando.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó Christian. Su voz y sus ojos mientras él la observaba estaban llenos de tanto cariño que parecía imposible que ella no lo notara. Pero ella estaba un poco preocupada ahora.
—Cansada. Agotada. Como… no lo sé. Como si hubiera sido lanzada por un huracán. O atropellada por un auto. Elige algo horrible, y así es como me siento.
Él le dio una pequeña sonrisa y delicadamente tocó su mejilla. Abriéndome a mí misma a los sentidos de ella, sentí el dolor de sus quemaduras y que él estaba acariciando la piel cercana a una, a pesar de ser cuidadoso de mantenerse lejos de ella.

—¿Es horrible? —ella le preguntó—. ¿Se ha derretido toda mi piel? ¿Me veo como un extraterrestre?
—No —dijo él, riendo un poco—. No es para tanto. Estás hermosa, como siempre. Se necesita mucho más para cambiar eso.
El dolor pulsante que ella sentía le hizo pensar que había más daño del que él estaba admitiendo, pero el cumplido y la forma en que él lo había dicho habían hecho bastante para tranquilizarla. Por un momento, toda su existencia se focalizó en el rostro de él y la forma en que el sol naciente estaba empezando a iluminarla. Luego, el resto de su mundo se estrelló a su alrededor.
—¡Dimitri! ¡Necesito ver a Dimitri!
Había guardianes en el auto, y ella los miró mientras hablaba. Igual que conmigo, ninguno de ellos parecía dispuesto a reconocer lo que había pasado.
—¿Por qué no puedo verlo? ¿Por qué se lo llevaron? —esto iba dirigido a cualquiera que pudiera responder, y al menos, Christian lo hizo.
—Porque ellos creen que él es peligroso.
—No lo es. Él solo… me necesita. Está herido por dentro.
Los ojos de Christian repentinamente se abrieron como platos, su rostro llenándose de pánico. —Él no esta… ¿no estas unida a él, cierto?
Supuse por la forma en que su rostro se veía, que Christian estaba recordando a Avery y cómo el estar unida a muchas personas la había empujado hasta el límite. Christian no había estado ahí para la explicación de Robert sobre el alma yendo al mundo de los muertos y cómo un Strigoi restaurado no quedaba unido.
Lissa negó con la cabeza lentamente. —No... Sólo sé. Cuando yo... Cuando lo sané, tuvimos algo, y lo sentí. Lo que tenía que hacer... No puedo explicarlo —se pasó una mano por el pelo, frustrada porque no podía poner su magia en palabras. El cansancio empezaba a alcanzarla—. Era como que tenía que hacer una cirugía en su alma —dijo al fin.
—Ellos piensan que es peligroso —Christian repitió suavemente.
—¡No lo es! —Lissa miró alrededor al resto de los ocupantes del coche, los cuales miraban hacia otra parte—. No es más Strigoi.
—Princesa —comenzó uno de los guardianes con inquietud—, nadie sabe realmente lo que pasó. No se puede estar seguro de que…‖
—¡Estoy segura! —ella dijo, con la voz demasiado fuerte para el pequeño espacio. Había un aire regio, al mando de ella—. Lo sé. Yo lo salvé. Lo traje de vuelta. ¡Sé con cada parte de mí que ya no es Strigoi!
Los guardianes parecías incómodos, sin estar hablando. Creo que ellos estaban confundidos, lo cual era justo y, realmente, ¿cómo no iban a estarlo? No había ningún precedente de esto.
—Shh —dijo Christian, poniendo la mano sobre la suya—. No hay nada que puedas hacer hasta que estamos de vuelta en la Corte. Sigues estando herida y agotada, está escrito todo sobre ti.
Lissa sabía que él tenía razón. Ella estaba herida y exhausta. Esa magia la había destrozado. Al mismo tiempo, lo que ella había hecho por Dimitri había creado un vínculo con él, no uno mágico, sino psicológico. Ella realmente era como su madre. Se sentía desesperada por protegerlo y estar con él.
—Necesito verlo —dijo.
¿Ella lo necesitaba? ¿Y qué hay de mí?
—Lo harás —dijo Christian, sonando más cierto de lo que yo sospechaba que estaba—. Pero sólo trata de descansar ahora.
—No puedo —dijo ella, incluso mientras bostezaba.
Una sonrisa parpadeó al otro lado de sus labios y pasó el brazo alrededor de ella, tirando de ella tan cerca como el cinturón de seguridad lo permitiera. —Trata —le dijo.
Ella apoyó la cabeza contra su pecho, y su cercanía era un tipo de curación en sí misma. La preocupación por Dimitri todavía corría por ella, pero las necesidades de su cuerpo eran más fuertes por el momento. Por fin, se sumió en el sueño en los brazos de Christian, al apenas oírlo murmurar: —Feliz cumpleaños.
Veinte minutos más tarde, nuestro convoy regresó a la Corte de Justicia. Pensé que esto significaba libertad inmediata, pero mis guardianes se tomaron su tiempo para salir, en espera de alguna señal o instrucciones que nadie se había molestado en decirme. Resultó que estaban esperando a Hans.
—No —dijo con firmeza, poniendo una mano sobre mi hombro mientras yo salía fuera del coche y trataba de correr en la distancia… bueno, yo no estaba segura de dónde… de dónde estaba Dimitri—. Espera…
—¡Tengo que verlo! —Exclamé, tratando de forzar el paso. Hans era como una pared de ladrillos. Teniendo en cuenta que había luchado en realidad con muchos más Strigoi que yo esta noche, habría pensado que estaría cansado—. Tienes que decirme dónde está.
Para mi sorpresa, Hans lo hizo. —Encerrado. Lejos, muy fuera de tu alcance. O de alguien más. Yo sé que él solía ser tu profesor, pero es mejor si está alejado por ahora.
Mi cerebro, cansado de las actividades de la noche y alterado por la emoción, tomó un momento para procesarlo. Las palabras de Christian volvieron a mí.
—No es peligroso —le dije—. No es un Strigoi.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
La misma pregunta que le había hecho a Lissa. ¿Cómo podemos responder a esa realidad? Sabíamos ya que había tenido dolores increíbles para descubrir cómo transformar un Strigoi, y cuando había completado los pasos, había sido una bomba atómica de magia. ¿No era suficiente prueba para cualquier persona? Sino, ¿la apariencia de Dimitri no era suficiente?
En su lugar, mi respuesta fue como la de Lissa. —Sólo lo sé.
Hans negó con la cabeza, y ahora pude ver que realmente estaba agotado. —Nadie sabe lo que está pasando con Belikov. Aquellos de nosotros que estábamos allí... bueno, no estoy seguro de lo que vimos. Lo único que sé es que él encabezaba a los Strigoi hace un rato, y ahora está en el sol. No tiene ningún sentido. Nadie sabe lo que es.
—Es un dhampir.
—Y hasta que lo sepamos —continuó, haciendo caso omiso de mi comentario—, Belikov tiene que permanecer encerrado mientras lo examinamos.
¿Examinar? No me gustaba el sonido de eso. Hacía parecer a Dimitri como un animal de laboratorio. Hizo que mi temperamento estallara, y casi empecé a gritar a Hans. Un momento después, me metí bajo control.
—Entonces tengo que ver Lissa.
—Ha sido llevada al centro médico para tratamiento, el cual ella necesita mucho. No puedes ir allí —agregó, anticipando mi siguiente respuesta—. La mitad de los guardianes están ahí. Es un caos, y tú estarás en el camino.
—Entonces, ¿qué demonios se supone que debo hacer?
—Ve a dormir un poco —él me lanzó una mirada irónica—. Sigo pensando que tienes una mala actitud, pero después de lo que vi allí... bueno, te diré esto: Sabes cómo luchar. Te necesitamos... probablemente para más que papeleo. Ahora ve y cuida de ti misma.
Y eso fue todo. El despido de su voz era claro, y mientras los guardianes se apresuraban alrededor, era como si yo no existiera. Cualquiera que fuera el problema que habíamos tenido antes, parecía olvidado. No hablaríamos más de esto. Pero, ¿que se supone que debía hacer yo? ¿Hans estaba loco? ¿Cómo iba a dormir? Tenía que hacer algo. Tenía que ver a Dimitri, pero no sabía a dónde lo habían llevado. Probablemente a la misma cárcel en la que habían metido a Victor, la cual era inaccesible para mí. También necesitaba ver a Lissa, pero ella se encontraba en el centro médico. Yo no tenía ningún poder aquí. Necesitaba llamar a alguien con influencia.
¡Adrian!
Si iba a Adrian, a lo mejor él podía tirar de unas cuerdas. Él tenía sus conexiones con la realeza. Infiernos, la reina lo quería, a pesar de sus formas flojas. Por mucho que me mató aceptarlo, me daba cuenta de que conseguir ver a Dimitri de inmediato iba a ser casi imposible. ¿Pero el centro médico? Adrian podría ser capaz de meterme ahí para ver a Lissa, aunque estaba muy concurrido y caótico. El enlace todavía era borroso, y hablar con ella directamente me permitiría respuestas rápidamente acerca de Dimitri. Además, quería ver por mí misma que se encontraba bien.
Sin embargo, cuando llegué a la vivienda en que Adrian se quedaba en la Corte, fui informada por el portero que Adrian ya se había ido hace poco a, irónicamente, el centro médico. Gemí. Por supuesto, él ya estaría allí. Con sus habilidades de curación, ellos lo habrían sacado de la cama. Débil o no, definitivamente podría ayudar.
—¿Estaba usted ahí? —el portero me preguntó mientras empecé a alejarme.
—¿Qué? —Por un momento pensé que estaba hablando del centro médico.
—¡La batalla con los Strigoi! El rescate. Hemos estado escuchando toda clase de cosas.
—¿Ya? ¿Qué has escuchado?
Los ojos del chico eran anchos y excitados. —Ellos dicen que casi todos los guardianes murieron. Pero que usted capturó a un Strigoi y lo trajo de vuelta.
—No, no... Hubo más lesiones que muertes. Y lo otro...
Por un momento, no podía respirar. ¿Qué había sucedido? ¿Qué había ocurrido realmente con Dimitri? —Un Strigoi fue cambiado de nuevo a dhampir.
El portero me miró fijamente. —¿La golpearon en la cabeza?
—¡Estoy diciendo la verdad! Vasilisa Dragomir lo hizo. Con su poder espiritual. Difunde esa información.
Lo dejé con la boca abierta. Y así, no tenía más opciones, no había nadie más a quien pedir información. Volví a mi cuarto sintiéndome derrotada pero demasiado excitada para dormir. Al menos, eso es lo que inicialmente pensé. Después de un rato, me senté en la cama para tratar de hacer un plan.
Sin embargo, al poco tiempo, sentí que caía en un profundo sueño.
Me desperté con un sobresalto, confusa y dolorida en partes de mi cuerpo que no me di cuenta que había usado en la lucha. Miré el reloj, asombrada de cuánto tiempo había dormido. Con el tiempo vampiro, era tarde en la mañana. Después de cinco minutos, me había duchado y puesto en ropa no-rota y no-manchada-con-sangre. Así de fácil, estaba fuera de la puerta.
La gente salió a su trabajo diario, sin embargo, cada pareja o grupo que pasé parecía estar hablando de la batalla en el almacén, y acerca de Dimitri.
—Sabes que ella puede curar —oí que un chico Moroi decir a su esposa—. ¿Por qué no Strigoi? ¿Por qué no a los muertos?
—Es una locura —replicó la mujer. —Nunca he creído en esto del espíritu de todos modos. Es una mentira para ocultar el hecho de que la chica Dragomir nunca se ha especializado.
No oí el resto de la conversación, pero otros que había pasado tenían temas similares. La gente estaba convencida de que, o bien todo era una estafa, o estaban relacionando ya a Lissa como a una santa. De vez en cuando, había oído algo raro, como que los guardianes habían capturado a un grupo de Strigoi para experimentar. En todas las especulaciones, sin embargo, nunca oí el nombre de Dimitri salir o que supieran realmente le estaba sucediendo con él.
Seguí el único plan que tenía: Ir a la construcción de guardias en que estaba la cárcel de la Corte, aunque no estaba segura de lo que haría realmente cuando llegara ahí. Ni siquiera estaba del todo segura de que era ahí donde todavía estaba Dimitri, pero parecía el lugar más probable. Cuando pasé a un guardia en el camino, me tomó unos segundos darme cuenta de que lo conocía. Llegué a un alto y me di vuelta.
—¡Mikhail! —Él miró hacia atrás y, al verme, se acercó—. ¿Qué está pasando? —Pregunté, aliviada al ver una cara amiga—. ¿Han soltado a Dimitri?
Negó con la cabeza. —No, todavía están tratando de averiguar lo que sucedió. Todo el mundo está confundido, a pesar de que la princesa juró arriba y abajo después de que ella vio que él no era más un Strigoi.
Había maravilla en la voz de Mikhail, e ingenio también. Tenía la esperanza de que fuera cierto, que podría haber una oportunidad para que su amada sea salvada. Me dolía el corazón por él. Esperaba que él y Sonya pudiesen tener un final feliz al igual que...
—Espera. ¿Qué dijiste? —Sus palabras llevaron mis cavilaciones románticas a su fin—. ¿Dijiste que Lissa lo vio? ¿Quieres decir después de la pelea? —De inmediato recurrí a nuestro lazo. Iba aclarándose gradualmente, pero Lissa estaba dormida, por lo que no podría saber nada de ella.
—El preguntó por ella —explicó Mijail—. Así que la dejaron verlo, vigilado, por supuesto.
Me quedé, mi mandíbula casi cayendo al suelo. Dimitri estaba viendo visitantes. Estaban en realidad dejándolo ver visitantes. El conocimiento iluminó el ambiente oscuro que se había estado construyendo en mí. Me di la vuelta. —Gracias, Mijail.
—Espera, Rose...
Pero no me detuve. Corrí a la construcción de los guardianes de mantenimiento a una carrera de velocidad completa, ajena a las miradas que recibí. Estaba demasiado excitada, muy fortalecida con esta nueva información. Puedo ver a Dimitri. Finalmente puedo estar con él, regresó a la forma en que suponía debía estar.
—No puedes verlo.
Yo literalmente me detuve cuando el guardián de turno en frente de la recepción me detuvo.
—¿Q... qué? Necesito ver a Dimitri.
—No visitantes.
—Pero Lissa... eh, Vasilisa Dragomir vino a verlo.
—Él preguntó por ella.
Lo miré con incredulidad. —Tiene que haber preguntado por mí también.
El guardián se encogió de hombros. —Si lo hizo, nadie me lo dijo.
La ira que había retenido anoche por fin despertó. —¡Entonces anda a buscar a alguien que lo sepa! Dimitri quiere verme. Tienes que dejarme entrar ¿Quién es tu jefe?
El guardián me frunció el ceño. —No voy a ninguna parte hasta que mi turno haya terminado. Si usted tiene autorización, alguien le hará saber. Hasta entonces, a nadie sin un permiso especial se le permite ir allá abajo.
Después de tomar una porción justa de la seguridad Tarasov, me sentía bastante segura de que fácilmente podía despachar a este tipo. Sin embargo, sentí la misma confianza de que, una vez que llegara a las profundidades de las celdas de la cárcel, tendría que correr con muchos más guardias. Por un segundo, sacarlos parecía muy razonable. Era Dimitri. Haría cualquier cosa por él. Una leve agitación en el enlace me hizo entrar en razón. Lissa se acababa de despertar.
—Está bien —le dije. Alcé la barbilla y le di una mirada altiva—. Gracias por la ‚ayuda‛. —No necesitaba a este perdedor. Iba por Lissa.
Ella se estaba quedando casi en el extremo opuesto del suelo de la Corte de la zona de espera, y cubrí la distancia con un trote ligero. Cuando por fin llegué a ella y abrí la puerta de su habitación, vi que había estado lista casi tan rápido como yo. De hecho, podía sentir que había estado muy cerca de irse. Estudiando su cara y manos, me sentí aliviada al ver que casi todas las quemaduras habían desaparecido. Unas pocas manchas rojas quedaron en sus dedos, pero eso era todo. Eso era obra de Adrian. Ningún médico pudo haber hecho que esto ocurra. En una camiseta sin mangas de color azul pálido, con su pelo rubio recogido, ella no parecía haber pasado por esa terrible e importante experiencia hace menos de veinticuatro horas.
—¿Estás bien? —preguntó. A pesar de todo lo demás que había pasado, nunca había dejado de preocuparse por mí.
—Sí, estoy bien. —Físicamente, por lo menos—. ¿Tú?
Ella asintió con la cabeza. —Bien.
—Te ves bien —le dije—. Ayer por la noche... Quiero decir, estaba bastante asustada. Con el fuego... —No podía terminar.
—Sí —dijo ella, apartando la mirada de mí. Parecía nerviosa e incómoda. —Adrian ha sido bastante bueno en curar a la gente herida.
—¿Es ahí donde vas? —Hubo agitación e inquietud en el enlace. Tendría sentido si quería ir más de prisa al centro médico y ayudar también. Salvo que... más sondaje me dio una verdad sorprendente—. ¡Vas a ver a Dimitri!
—Rose...
—No —dije con impaciencia—. Es perfecto. Voy contigo. Estuve ahí, y ellos no me dejaron entrar...
—Rose... —Lissa parecía muy incómoda ahora.
—Me dieron algunas mentiras acerca de que había preguntado por ti y no por mí, y que por eso no podían dejarme entrar, pero si vas, ellos tendrán que dejarme.
—Rose —dijo con firmeza, finalmente rompiendo mi charla—. No puedes ir.
—Yo... ¿qué? —Repetí sus palabras, por si acaso yo no escuché bien—. Por supuesto que puedo. Tengo que verlo. Sabes que tengo. Y él necesita verme.
Ella movió la cabeza, luciendo, pero también benévola. —Ese guardián tenía razón —dijo—. Dimitri no ha estado preguntando por ti. Sólo por mí.
Todo mi afán, todo ese fuego, se heló. Estaba estupefacta, confundida más que nada. —Bueno... —Recordé cómo se había aferrado a ella en su última noche, la desesperación en su rostro. Odiaba admitirlo, pero tenía sentido que él no haya hecho más que preguntar por ella al principio—. Por supuesto que él querría verte. Todo es tan nuevo y extraño, y tú eres la única que lo salvó. Una vez que él mejore un poco, él querrá verme también.

—Rose, no puedes ir. —Esta vez, la tristeza en la voz de Lissa se reflejó en el vínculo, inundándome—. No es sólo que Dimitri no pidió verte. Pidió específicamente que tú no fueras a verlo.

Capítulo 16 SPIRIT BOUND

Capítulo 16
No tenía un número preciso de cuántos Strigoi estaban en el grupo de Dimitri. Gran parte de lo que había visto a través de Lissa estaba difuminado por la confusión y el terror. Los Guardianes, como lo esperábamos, habían simplemente hecho su mejor suposición acerca de cuántos enviar. Hans esperaba que una abrumadora cantidad nos hiciera perder el elemento sorpresa. Había enviado tantos guardianes como pudo, razonablemente, sin despejar la Corte. Es cierto que la Corte estaba protegida por salas, pero aún así no podía dejarse indefensa por completo.
Contar con los recién graduados ayudaba. La mayoría de ellos habían sido dejados atrás, lo que nos permitía a los guardianes con experiencia ir a nuestra partida de caza. Lo que nos dejaba con cuarenta, o algo así. Eso era tan inusual como un gran grupo de Strigoi trabajando juntos. Los Guardianes eran normalmente enviados en parejas, tal vez en grupos de tres, como mucho, a las familias Moroi. Esta gran fuerza tenía el potencial de crear una batalla que rivalizaba con el ataque a la Academia.
Sabiendo que escabullirnos a través de la oscuridad no funcionaría, Hans detuvo nuestra escolta cerca de la bodega en la que los Strigoi se encontraban. El edificio estaba situado en una vía de servicio que cortaba la carretera. Esta era una zona industrial, un camino apenas desierto en el bosque, pero todas las empresas y fábricas estaban cerradas a esta hora de la noche. Salí de la camioneta, dejando que la cálida noche se envolviera a mi alrededor. Era húmeda, y la humedad en el aire se sentía especialmente opresiva cuando ya estaba sofocada por el miedo.
De pie a un lado de la carretera, no sentía nauseas. Dimitri no había informado a los Strigoi por ahora, lo que significaba que nuestra llegada era aún, algo así como una sorpresa. Hans caminó hacia mí, y le di la mejor estimación que pude de la situación, en base a mi limitada información.
—¿Pero puedes encontrar a Vasilisa? —Preguntó él.
Asentí. —Tan pronto como esté en el edificio, el vínculo me llevará directamente a ella.
Se dio la vuelta, mirando hacia la noche mientras los coches pasaban veloces junto a la carretera. —Si ellos nos están esperando fuera, podrán escucharnos y olernos mucho antes de que los veamos. —Los faros de un coche que pasaba iluminaron su rostro por un momento, el cual estaba pensativo—. ¿Dices que allí hay tres capas de Strigoi?
—Por lo que puedo decir. Hay algunos con Lissa y Christian, y también algunos fuera. —Hice una pausa, tratando de pensar lo que Dimitri haría en esta situación. Seguramente lo conocía lo suficiente, incluso como Strigoi, para calcular su estrategia—. Luego, otra capa dentro del edificio, antes de llegar a la bodega.
No estaba segura, pero no se lo diría a Hans. La asunción la había hecho basándome en mis instintos, en representación de lo que yo haría y en lo que pensaba que Dimitri haría. Supuse que sería mejor si Hans se preparaba para tres olas de Strigoi.
Y eso fue exactamente lo que hizo. —Entonces entraremos con tres grupos. Tú lideraras el grupo encargado de la extracción. Otro equipo acompañará al tuyo y finalmente se separarán. Ellos lucharán contra los que estén en el interior, dejándolos cerca de los cautivos.
Eso sonaba tan… militar. Extracción. Cautivos. Y yo… una líder de equipo. Tenía sentido debido a la conexión, pero siempre, en el pasado, ellos sólo usaban mi conocimiento y me dejaban al margen. Bienvenida a lo que es ser un Guardián, Rose. En la escuela, habíamos llevado a cabo todo tipo de ejercicios, siguiendo cuantos diferentes escenarios con Strigoi se imaginara nuestro instructor. Sin embargo, cuando levanté la vista hacia el almacén, todos los ejercicios parecieron una broma, un juego que de ninguna forma estaba a la altura del que estaba a punto de enfrentar. Durante medio segundo, la responsabilidad de todo esto parecía desalentadora, pero empujé rápidamente a un lado esas preocupaciones. Esto era para lo que había sido entrenada, para lo que había nacido. Mis propios miedos no importaban. Ellos son primero. Era hora de demostrarlo.
—¿Qué vamos a hacer si no podemos acercarnos sigilosamente a ellos? —Le pregunté. Hans tenía razón sobre los Strigoi detectándonos con antelación.
Una sonrisa casi maliciosa parpadeó en su rostro y explicó su plan al grupo al mismo tiempo que dividía nuestros equipos. Su enfocada táctica era audaz y temeraria. Mi tipo de plan.
Y, así, nos separamos. Un análisis más profundo nos podría haber dicho que estábamos en una misión suicida. Tal vez lo estábamos. Y, honestamente, no importaba. Los Guardianes no abandonarían a la última Dragomir. Y yo no abandonaría a Lissa ni aunque hubiera un millón de Dragomirs.
Así que, con una entrada sigilosa descartada, Hans optó por un ataque en pleno. Nuestro grupo entró de nuevo en las ocho camionetas y nos encaminamos por la calle a una velocidad ilegal. Tomamos todo el ancho de la carretera, aprovechando que no había tráfico en sentido contrario. Dos camionetas tomaron la delantera lado a lado y, detrás de ellas, dos filas de tres. Llegamos hasta el final del camino, nos detuvimos con los neumáticos chirriando frente a la bodega y salimos de nuestros coches. Si el sigilo y la lentitud no eran una opción, les sorprenderíamos siendo rápidos y furiosos.
De hecho, algunos de los Strigoi estaban sorprendidos. Claramente habían previsto nuestra entrada, pero había sucedido tan rápido que tuvieron sólo un momento para reaccionar. Por supuesto, cuando eres tan rápido y mortífero como un Strigoi, un momento es todo lo que necesitas. Un grupo de ellos se abalanzaron hacia‖nosotros,‖y‖Hans‖y‖su‖‚Equipo‖exterior‛‖cargaron‖con‖ellos, los Guardianes se ubicaban entre mi grupo y el otro que se dirigía hacia el interior. Los Moroi usuarios del fuego habían sido asignados al grupo exterior, por temor a incendiar el edificio si estaban dentro.
Mi equipo se movió alrededor de la batalla, ejecutando inevitablemente a algunos Strigoi que no habían caído en la distracción del primer equipo. Con buena y practicada determinación, ignoré las náuseas que barrieron a través de mí al estar cerca de los Strigoi. Hans me había estrictamente ordenado no detenerme a menos que cualquier Strigoi se pusiera directamente en mi camino, y él y otros Guardianes estaban detrás, cubriendo cualquier amenaza que viniera a mí. Él no quería que nada me retrasara de guiarlos hasta Lissa y Christian.
Luchamos nuestro camino hasta el almacén, entrando en una sucia sala bloqueada por Strigoi. Había acertado en mi suposición de que Dimitri tendría capas de seguridad. Un cuello de botella se formó en el pequeño espacio, y por unos momentos las cosas fueron caóticas. Lissa estaba tan cerca. Era como si estuviera llamándome, y ardía de impaciencia mientras esperaba que el pasillo se despejara. Mi equipo estaba en la parte de atrás, dejando que el otro grupo luchara. Vi Strigois y Guardianes cayendo por igual y traté de no distraerme. Pelea ahora, sufre luego. Lissa y Christian, tenía que concentrarme en ellos.
—Allí —dijo Hans, tirando de mi brazo. Una brecha se había formado frente a nosotros. Estaba aún llena de Strigoi, pero estaban lo suficientemente distraídos para que mis compañeros y yo nos deslizáramos a través de ella. Bajamos por el pasillo, el cual se abría en un gran espacio vacío que componía el corazón del almacén. Unos trozos de basura y escombros era todo lo que quedaba de la mercancía que un tiempo atrás había sido guardada aquí.
Abrimos las puertas de la habitación, pero ahora no necesitaba el vínculo para decirme dónde estaba Lissa. Tres Strigoi hacían guardia fuera de una puerta. Así que… cuatro capas de seguridad.  Dimitri me había superado. No me importaba. Mi grupo era de diez personas. Los Strigoi gruñeron, vigorizándose en anticipación mientras nos abalanzábamos hacia ellos. A través de una señal tácita, la mitad de mi grupo se encargó de ellos. El resto de nosotros tiramos la puerta abajo.
A pesar de mi intensa concentración en llegar a Lissa y Christian, un pequeño pensamiento estaba siempre bailando en la parte trasera de mi cerebro. Dimitri. No había visto a Dimitri en ninguno de los Strigoi que habíamos enfrentado. Con toda mi atención en nuestros atacantes, no me había deslizado en la mente de Lissa para verificar la situación, pero estaba totalmente convencida de que él aún estaba en la habitación. Se habría quedado con ella sabiendo que vendría. Estaría esperando para enfrentarme.
Uno de ellos morirá esta noche. Lissa o Dimitri.
Después de haber alcanzado nuestro objetivo, no necesitaba protección adicional. Hans enterró su estaca en el primer Strigoi que encontró, empujándome al pasar y saltando al enfrentamiento. El resto de mi grupo hizo lo mismo. Entramos al cuarto y, si había pensado que esto era un caos antes, no era nada comparado a lo que nos enfrentábamos ahora. Todos nosotros —Guardianes y Strigoi— apenas y cabíamos en el cuarto, lo que significaba que estábamos peleando muy, muy cerca. Una hembra Strigoi —a la que Dimitri abofeteó antes— vino hacia mí. Peleé en piloto automático, apenas consciente de mi estaca atravesando su corazón. En esta sala, llena de gritos y muerte chocando, había sólo tres personas en el mundo que me importaban: Lissa, Christian y Dimitri.
Los había encontrado por fin. Dimitri estaba con mis dos amigos contra la pared más alejada. Nadie peleaba contra él. Estaba de pie con sus brazos cruzados, un rey supervisando su reino mientras sus soldados combatían contra el enemigo. Sus ojos se fijaron en mí, con expresión divertida y expectante. Aquí era donde todo terminaría. Ambos lo sabíamos. Me empujé entre la multitud, esquivando a un Strigoi. Mis colegas se empujaban hacia la lucha a mi lado, despachando a quien quiera que se pusiera en mi camino. Los dejé luchar, moviéndome hacia mi objetivo. Todo esto, todo lo que había pasado, me llevaba a este momento: el enfrentamiento final entre Dimitri y yo.
—Eres hermosa en batalla —dijo Dimitri. Su fría voz llegó hasta mí con claridad, incluso sobre el rugido del combate—. Como un ángel vengador que viene a entregar la justicia divina.
—Es curioso —dije, cambiando el agarre de mi estaca—. Eso es más o menos por lo que estoy aquí.
—Los ángeles caen, Rose.
Casi lo alcanzaba. A través del vínculo, sentí un leve aumento de dolor de Lissa. Un ardor. Nadie le había hecho daño todavía. Pero cuando vi sus brazos moviéndose por el rabillo de mí ojo, comprendí lo que estaba sucediendo.
Christian había hecho lo que ella le había pedido: había quemado sus cuerdas. La vi moverse para desatarlo a cambio, y luego mi atención regresó a Dimitri. Si Lissa y Christian estaban libres, entonces mucho mejor. Haría su huida más fácil, una vez que acabáramos con los Strigoi. Si es que acabamos con los Strigoi.
—Me diste un montón de problemas para llegar hasta aquí —le dije a Dimitri—. Muchas personas morirán… tuyas y mías.
Él se encogió de hombros, indiferente. Casi estaba allí. En frente de mí, un Guardián luchaba contra un Strigoi calvo. Esa falta de cabello no era atractiva con su piel blanca tiza. Me moví a su alrededor.
—No importa —dijo Dimitri. Se puso tenso cuando me acerqué—. Ninguno de ellos importa. Si mueren, entonces obviamente no valían la pena.
—Presa y depredador —murmuré, recordando lo que me había dicho mientras me mantenía prisionera.
Llegué hasta él. Nadie estaba entre nosotros ahora. Esto era diferente a nuestras peleas anteriores, en las que habíamos tenido mucho espacio en el cuarto para medirnos el uno al otro y planear nuestro ataque. Estábamos aún muy juntos en la habitación, y para mantener nuestra distancia de los otros, cerramos la brecha entre nosotros. Esta era una desventaja para mí. Los Strigoi superaban a los Guardianes físicamente; más  espacio nos ayudaba a compensarnos con más capacidad para maniobrar.
No tenía necesidad de maniobrar aún, sin embargo. Dimitri estaba tratando de desesperarme, esperando que yo hiciera el primer movimiento. Él mantenía una buena posición, una que bloqueaba mi llegada a su corazón. Podía hacerle algún daño si lo cortaba donde fuera con la estaca, pero él probablemente me golpearía, un golpe que vendría lleno de poder en esta proximidad. Así que traté de esperar, también.
—Toda esta muerte es por ti, lo sabes —dijo él—. Si me hubieras dejado despertarte… estar juntos… bueno, nada de esto  habría pasado. Aún estaríamos en Rusia, uno en los brazos del otro, y todos tus amigos estarían a salvo. Ninguno de ellos habría muerto. Es tu culpa.
—¿Y qué pasa con la gente que tuve que matar en Rusia? — demandé. Él cambió su peso un poco. ¿Era eso una invitación?— Ellos no estarían a salvo si yo…
Un sonido de colisión a mi izquierda me sobresaltó. Christian, ahora libre, había estrellado su silla contra un Strigoi que peleaba contra un Guardián. El Strigoi se deshizo de Christian como si fuera una mosca. Christian voló hacia atrás, chocando contra una pared, y aterrizó en el suelo con una mirada aturdida. A pesar de mí misma, eché un vistazo y vi a Lissa corriendo a su lado. Y, para mi sorpresa, ella tenía una estaca en su mano. Cómo la había obtenido, no tenía ni idea. Tal vez la había recogido de un Guardián caído. Tal vez ninguno de los Strigoi había pensado en registrarla cuando la trajeron. Después de todo, ¿Por qué en toda la tierra un Moroi tendría una estaca?
—¡Deténganse! ¡Manténganse fuera de su camino! —les grité, volviéndome hacia Dimitri. Dejar que esos dos me distrajeran me había costado. Dándome cuenta que Dimitri estaba a punto de atacarme, me las arreglé para esquivarlo sin siquiera ver lo que estaba haciendo. Resultó que estaba yendo por mi cuello, y mi imprecisa evasión me había salvado de grandes daños. Aun así, sus manos tomaron mis hombros, empujándome casi tan lejos como había ido Christian. A diferencia de mi amigo, sin embargo, yo tenía años de entrenamiento que me enseñaron a recuperarme de algo como esto. Había perfeccionado mucho mi equilibrio y mis habilidades de recuperarlo. Me tambaleé sólo un poco, pero rápidamente recuperé mi posición.
Sólo podía rezar para que Christian y Lissa me hubieran escuchado y no hicieran nada estúpido. Tenía que concentrarme en Dimitri, o haría que me mataran. Y si yo moría, Lissa y Christian de seguro morirían. Mi impresión, mientras luchábamos nuestro camino hacia adentro, era que los Guardianes superaban en número a los Strigoi, aunque eso a veces no importaba. Sin embargo, esperaba que mis colegas hubieran acabado con nuestros enemigos, dejando que yo hiciera lo que tenía que hacer.
Dimitri se rió de mi esquivada. —Estaría impresionado si no fuera algo que un niño de diez años pudiera hacer. Ahora, tus amigos… bueno, ellos también pelean en un nivel de diez años de edad. ¿Y para un Moroi? Eso es realmente bueno.
—Sí, bueno, ya veremos cuál será tu evaluación cuando te mate —le dije. Hice un pequeño avance para ver cuánta atención estaba prestando. Él lo esquivó con gracia, tan elegante como un bailarín.
—No puedes, Rose. ¿No lo sabes ya? ¿No lo has visto? No puedes derrotarme. No puedes matarme. Incluso si pudieras, no eres capaz de hacerlo. Dudarás. De nuevo.
No, no lo haría. Eso era lo que él pensaba. Había cometido un error al traer a Lissa aquí. Ella incrementaba la apuesta, su juego, en todo. Ella estaba aquí. Ella era real. Su vida estaba en juego, y por eso… por eso, no dudaría.
Dimitri se debió haber cansado de esperar por mí. Se adelantó de nuevo, con una de sus manos yendo a por mi cuello. Y de nuevo lo esquivé, dejando que mi hombro tomara la peor parte del golpe. Esta vez, él tomo mi hombro. Me tiró hacia él, con el triunfo flameando en sus ojos rojos. En la clase de espacio en que nos encontrábamos, esto era probablemente todo lo que necesitaba para matarme. Tenía lo que quería.
Al parecer, sin embargo, él no era el único que me quería. Otro Strigoi, tal vez pensando que ayudaba a Dimitri, se empujó contra nosotros y me agarró. Dimitri descubrió sus colmillos, dándole al otro Strigoi una mirada de puro odio y furia.
—¡Es mía! —siseó Dimitri, golpeando al otro Strigoi de una forma que él claramente no esperaba.
Y esa fue mi oportunidad. La breve distracción de Dimitri hizo que aflojara su agarre sobre mí. La misma proximidad que lo hacía a él tan letal para mí, me hacía igual de peligrosa. Estaba cerca de su pecho, cerca de su corazón. Y tenía mi estaca en la mano.
Nunca seré capaz de decir con certeza cuánto tiempo tomó lo que ocurrió a continuación. En cierto modo, lo sentí como un latido de corazón. Al mismo momento, era como si nos hubiéramos congelado en el tiempo. Como si todo el mundo se hubiera detenido.
Mi estaca se movía hacia él, y mientras los ojos de Dimitri se fijaban en mí una vez más, creo que él finalmente creyó que lo mataría. No dudé. Esto estaba pasando. Mi estaca estaba allí…
Y luego no lo estaba.
Algo me golpeó con fuerza en mi lado derecho, empujándome lejos de Dimitri y desviando mi ataque. Tropecé, apenas evitando golpear a alguien. Aunque siempre trataba de permanecer atenta respecto a todas las cosas a mi alrededor en una pelea, dejé mi guardia baja en esa dirección. Los Strigoi y los guardianes estaban a mi izquierda. La pared, Lissa y Christian, estaban a mi derecha.
Y fueron Lissa y Christian los que me empujaron fuera del camino. Creo que Dimitri estaba tan sorprendido como yo. Estaba igualmente sorprendido cuando Lissa fue hacia él con la estaca en su mano. Y como un rayo a través del vínculo, leí lo que ella muy, muy cuidadosamente me había escondido estos últimos días: ella había logrado encantar la estaca con espíritu. Esa era la razón por la que había estado tan excitada durante las últimas sesiones de práctica con Grant y Serena. El saber que tenía la herramienta que necesitaba había alimentado su deseo de utilizarla. Ocultarme esa información era una hazaña igual de buena que encantar la estaca.
No es que importara justo ahora. Con una estaca encantada o no, ella no lograría acercarse a Dimitri. Él lo sabía también, y su sorpresa inmediatamente cambió a una brillante diversión, casi indulgente, la forma en que miras a un niño haciendo algo adorable. El ataque de Lissa fue torpe. Ella no era lo suficientemente rápida. Lo suficientemente fuerte.
—¡No! —grité, saltando hacia ellos, aunque estaba casi segura que tampoco llegaría lo suficientemente rápido.
De repente, un muro de ardientes llamas apareció frente a mí, y apenas y tuve tiempo de pensar en evitarlo. El fuego se disparaba desde el suelo, formando un anillo alrededor de Dimitri, manteniéndome alejada de él. Fue desorientador, pero sólo por un momento. Sabía que esto era obra de Christian.
—¡Detente! —No sabía qué hacer, si debería atacar a Christian o saltar sobre el fuego—. ¡Nos quemarás vivos! —El fuego estaba bastante controlado, Christian tenía mucha habilidad, pero en una habitación de este tamaño, hasta un fuego controlado era mortal. Incluso los otros Strigoi retrocedieron.
Las llamas se acercaban a Dimitri, creciendo más y más fuerte.
Lo escuché gritar, podía ver su mirada de agonía, incluso a través del fuego. El cual comenzó a consumir su abrigo, y el humo comenzó a salir del incendio. Algún instinto me decía de debía parar esto… y aun así, ¿Qué importaba? Había venido a matarlo.
¿Importaba si alguien más lo hacía por mí?
Y entonces fue cuando me di cuenta que Lissa estaba aún en la ofensiva. Dimitri estaba distraído, gritando mientras las llamas envolvían su cuerpo. Yo gritaba también… por él, por ella… era difícil de decir. El brazo de Lissa traspasó las llamas, y de nuevo, surgió dolor a través del vínculo, un dolor más fuerte que el que había sentido cuando Christian quemó sus sogas. Sin embargo, ella continuó, ignorando la agonía del fuego. Su alienación estaba bien. Ella tenía la estaca dirigida hacia el corazón.
La estaca entró, atravesándolo.
Bueno, algo así.
Al igual que cuando practicaba con la almohada, ella no tenía la fuerza suficiente para llevar la estaca hasta donde tenía que ir. La sentí endurecerse, tomando toda la fuerza que tenía. Empujando todo su peso en ello, empujó de nuevo, usando ambas manos. La estaca entró más. Aunque aún no era suficiente. Este retraso le hubiera costado la vida en una situación normal. Esta no era una situación normal. Dimitri no tenía forma de bloquearla, no con el fuego comiéndoselo lentamente. Logró una pequeña lucha que hizo salir la estaca, deshaciendo el poco progreso que ella había logrado. Haciendo una mueca, lo intentó de nuevo, empujando la estaca de nuevo en su anterior posición.
Aún así, no era suficiente.
Entonces, entré en sentido, sabiendo que necesitaba detener esto. Lissa se iba a quemar por completo si seguía tratando estacarlo. Ella carecía de la habilidad. Además, sólo necesitaba estacarlo o dejar que el fuego terminara con él. Avancé. Lissa me vio en su periferia y envió una explosión de compulsión hacia mí.
¡No! ¡Déjame hacerlo!
La orden me golpeó con fuerza, un muro invisible que me obligó a detenerme. Me quede allí, aturdida, por ambas, la compulsión y la comprensión de que ella la había usado en mí. Sólo me tomó un momento sacudírmela de encima. Ella estaba muy distraída para poner todo su poder en la orden, y yo era bastante resistente a la compulsión, de todas formas.
Sin embargo, ese ligero retraso me había impedido llegar hasta ella. Lissa midió su última oportunidad, sabiendo que no tendría otra.
Una vez más, luchando contra el dolor abrasador del fuego, canalizó todo lo que tenía en empujar la estaca todo el camino hasta el corazón de Dimitri. Su ataque aún era torpe, aún necesitaba un poco más de conocimiento y empuje que un Guardián entrenado habría logrado con un solo golpe. Torpe o no, la estaca finalmente lo hizo. Atravesó su corazón. Y mientras lo hacía, sentí magia fluir por nuestro lazo, la magia familiar que había sentido tantas veces cuando ella realizaba una curación.
Salvo que… esta era un millón de veces mas poderosa que todo lo que había sentido antes. Me congeló tan claramente como lo había hecho su compulsión. Sentí como si todos mis nervios fueran a explotar, como si hubieran sido golpeados por un rayo.
De repente, una luz blanca nació a su alrededor, una luz más potente que el brillo del fuego. Era como si alguien hubiera dejado caer el sol en la mitad de la habitación. Chillé, mi mano se alzó instintivamente para proteger mis ojos mientras daba un paso atrás. Por los sonidos de la habitación, todos estaban teniendo una reacción similar.
 Por un momento, fue como si ya no hubiera ningún vínculo. No sentí nada viniendo de Lissa, ni dolor, ni magia. El lazo estaba tan incoloro y vacío como la luz blanca que llenaba la habitación. El poder que ella había usado, había superado, inundado y abrumado nuestro vínculo, adormeciéndolo.
Entonces la luz simplemente despareció. No disminuyó. Sólo…‖ se fue en un parpadeo. Como un interruptor siendo accionado. Había silencio en el cuarto, a excepción de unos pocos murmullos de malestar y confusión. Esa luz debió de haber sido tóxica para los sensibles ojos de los Strigoi. Era bastante dura para mí.
Estrellas bailaban delante de mis ojos. No podía concentrarme en nada que no fuera la imagen residual de ese brillo que quemaba a través de mi visión.
Por fin, bizqueando un poco, pude ver vagamente de nuevo. El fuego había desaparecido, aunque las manchas negras en la pared y el techo marcaban su presencia, como también un poco de humo persistente. En mi opinión, allí deberían haber muchos más daños. No pude desperdiciar mi tiempo en ese milagro, sin embargo, porque había otro teniendo lugar frente a mí.
No sólo un milagro. Un cuento de hadas.
Lissa y Dimitri estaban ambos en el suelo. Sus ropas estaban quemadas y chamuscadas. Fuertes parches rojos y rosas marcaban su hermosa piel donde el fuego la había afectado más. Sus manos y muñecas estaban particularmente mal. Podía ver manchas de sangre donde las llamas habían consumido por completo su piel. Eran quemaduras de tercer grado, si es que recordaba mis clases de fisiología correctamente. Sin embargo, ella no parecía sentir ningún dolor, ni las quemaduras afectaban el movimiento de sus manos.
Ella acariciaba el cabello de Dimitri.
Mientras se sentaba en algo parecido en una posición vertical, él estaba en una posición desgarbada. Su cabeza descansaba en su regazo, y ella pasaba sus dedos sobre su cabello en un movimiento suave y repetitivo, como el que se hace para consolar a un niño, o incluso un animal. Su cara, estropeada por los terribles daños del fuego, estaba radiante y llena de compasión. Dimitri me había llamado un ángel vengador, pero ella era un ángel misericordioso mientras lo miraba y le cantaba suaves palabras de consuelo, palabras sin sentido.
Con el estado de su ropa y lo que había visto en el fuego, había esperado que se hubiera convertido en cenizas, una especie de ennegrecida y esquelética pesadilla. Aun así, cuando él movió su cabeza, dándome una primera visón completa de su cara, vi que estaba completamente a salvo. Ninguna quemadura marcaba su piel, una piel que era tan cálida y bronceada como el primer día que lo conocí. Capté sólo una mirada de sus ojos antes de que él cubriera su cara con la rodilla de Lissa. Vi un color café profundo, la profundidad en la que había caído tantas veces. No unos anillos rojos.
Dimitri… no era un Strigoi.

Y estaba llorando.