Capítulo 21
DIMITRI
NO DIO DETALLES. Yo estaba demasiado asustada por sus palabras y por el resto de los sucesos de la noche sin saber siquiera
como comenzar a resolverlos. El me hizo entrar,
pasando a los Strigoi del turno de guardia, y subiendo a mi habitación. Nathan ya no estaba fuera.
Por
unos breves instantes, la persistente voz en mi cabeza hablo lo suficientemente
alto para irrumpir a través de mis confundidos
pensamientos. Si yo no tenía un guardia en el vestíbulo, Inna
regresaría pronto, tenía una muy buena oportunidad de amenazarle lo suficiente como para salir de aquí. Si aceptara,
significaría que tendría que lidiar con una casa de solo dios
sabia cuantos Strigoi, pero mis probabilidades de escape serian mejores en la casa que en este cuarto.
Entonces,
casi tan pronto como esos pensamientos aparecieron, desaparecieron. Dimitri deslizo su brazo a mí alrededor estrechándome contra
él. El había sido frío afuera, e incluso mientras
su cuerpo era frío, su ropa y su chaqueta proporcionaban algún calor. Me acurruque más cerca de el mientras sus manos se
deslizaron por todas partes de mi.
Pensé
que él iba a morderme, pero fueron nuestras bocas las que se encontraron,
fuertes y furiosas. Rodee su cabello con mis dedos, tratando
de acercarlo a mí. Mientras que, sus dedos se
deslizaban contra mi pierna desnuda, empujando mi falda hacia arriba, casi hasta mi cadera. La anticipación y el entusiasmo
encendieron cada parte de mi cuerpo. Yo había estado
soñando con la cabaña tanto tiempo, recordándolo con tanto anhelo. Nunca espere que nada como aquello sucediera otra vez. Pero
ahora podría, y me quede asombrada por lo
fuertemente que lo deseaba.
Mis
manos se movieron hacia abajo hacia su camisa, desabotonando todos sus botones para así poder tocar su pecho. Su piel aun se sentía
como el hielo, un sorprendente contraste con el fuego en
mi interior. El quito sus labios de los míos, bajando por mi cuello y mi hombro, bajando los tirantes de mi vestido
mientras cubría mi cuerpo con hambrientos besos. Su
mano aun estaba sobre el lado de mi cadera desnuda, y frenéticamente trate de quitar completamente su
camisa.
De
repente, con una brusquedad sorprendente, se aparto empujándome hacia abajo.
Primero,
pensé que era solo el juego previo entre nosotros, hasta que comprendí que él estaba alejándome a propósito.
―No,
dijo él, con una voz forzosa. ―Aun no. No hasta que hayas ‗despertado‘ .
―Por
qué? pregunte desesperadamente. No podía pensar en nada excepto en el tocándome-y, bueno, otra mordida. ―Por que eso es
importante? Hay alguna… hay alguna razón por la que
no podemos?‖ antes de venir aquí, el sexo con un Strigoi nunca se me hubiese ocurrido-tal vez simplemente no era posible.
Se
inclino hacia mí, colocando sus labios cerca de mi oído. ―No, pero será mucho
mejor si has despertado. Permíteme hacerlo… permíteme hacerlo,
y entonces podremos hacer cualquier cosa que
deseemos…
Era
un tipo de negociación, comprendí vagamente. El me quería-estaba escrito en
todo sobre el-pero estaba utilizando el señuelo del sexo
para un ‗dame yo te doy‘. Y honestamente? Estuve muy
cerca de aceptar. Mi cuerpo estaba sobreponiéndose a mí mente-casi.
―No,
sollocé. ―Yo… estoy asustada…
Esa
peligrosa mirada se suavizó, y si bien no era exactamente la mirada del Dimitri
de antes, fue algo un poco menos Strigoi en el.
―Rose,
crees que yo haría algo que pudiera lastimarte? de algún modo, no estaba en discusión como mis opciones eran convertirme o morir?
El
último parecía igual a lastimar, pero no lo mencione.
―La
mordida… el cambio podría doler…
―Te
digo: será igual a como ya lo hemos hecho. Lo disfrutaras. No te lastimara, lo
juro
Aparte
la vista. Maldita sea. Porque no podría seguir siendo siniestro y aterrador?
Eso era mucho más fácil para mantener los pies en el suelo y
resistir. Pero de alguna forma… verlo justo así,
tranquilo y razonable…. Bueno, estaba tan cerca del Dimitri que yo amaba. Y eso era difícil de alejar. Por primera vez, hizo que los
Strigoi no parecieran ser tan malos.
―No
sé, dije sin convicción.
El
me soltó y se sentó, la frustración acaparo sus rasgos. Eso fue casi un alivio.
―La paciencia de Galina se está agotando. También la mía.
―Tu
dijiste que aun teníamos tiempo… solo necesito pensarlo más…‖ cuánto tiempo
podría utilizar esa excusa? El ceño de sus ojos me dijo que
no por mucho tiempo.
―Tengo
que irme, dijo severamente. No habría más caricias o besos, logre entender.
―Necesito
tratar con algunas cosas.
―Lo
siento, dije, tanto por confusión como por medio. Yo no sabía que Dimitri
quería conmigo. El terrible, el sensual, o el casi-pero aun
no amable.
El
no dijo nada. Y sin otro aviso, se inclino hacia abajo y mordió la sensible
piel de mi garganta. Independiente de cualquier estrategia de
escape que yo tuviese, se esfumo.
Cerré
mis ojos, casi cayendo, y solo sus brazos me envolvieron firmemente manteniéndome en pie. Al igual que cuando nos besamos,
su boca era caliente contra mi piel, y el sentir su
lengua y sus dientes enviaron electricidad a través de mí. Y tal cual, se había acabado. Se aparto, lamiéndose sus labios mientras
continuaba sujetándome. La niebla había regresado.
El mundo era maravilloso, feliz y sin preocupaciones. Cualquier cosa que a él le preocupara sobre Nathan o Galina no
significaba nada para mí. El miedo que había sentido
momentos antes… mi decepción por el sexo… mi confusión-no tenía tiempo para preocuparme por nada de eso, no cuando la
vida era tan hermosa y amaba tanto a Dimitri. Le
sonreí y trate de abrazarlo otra vez, pero el ya me llevaba hacia al sofá.
―Te
veo después‖. En un instante, ya estaba en la puerta, lo cual me entristeció.
Yo deseaba que él se quedara. Se quedara por siempre.
―Recuerda, te quiero-y nunca permitiré que nada malo
te suceda. Te protegeré. Pero…no puedo esperar por mucho tiempo más‖.
Con
eso, se marchó. Sus palabras me hicieron sonreír más ampliamente. Dimitri me quería. Vagamente, recordé preguntarle afuera porque
me quería. Porque en los terrenos de la casa le
había preguntado eso? Qué respuesta quería yo? Por que eso era importante? El me quería. Eso era lo que contaba.
Aquel
pensamiento, la maravillosa endorfina rápidamente me envolvió relajándome
contra el sillón, y sentí como la somnolencia se apoderaba de
mí. Caminar de vuelta a la cama parecía ser mucho
trabajo, así que me quede donde estaba permitiendo que el sueño viniese. E, inesperadamente, me encontré a mi misma en
uno de los sueños de Adrian.
Ya
casi había renunciado a él. Después de mi primer desesperado intento de escape
en la suite, finalmente me había convencido de que adrian no
regresaría, que lo había despedido para siempre.
Aun así aquí estaba, justo delante de mí, bien, al menos su versión sueño. Bastante seguido nos encontrábamos en
el bosque o un jardín, pero hoy estábamos en donde nos
habíamos visto por primera vez. En el porche del albergue de ski en Idaho. El sol brillaba bajo, y las montañas se
precipitaban a nuestro alrededor.
Me
sonrió ampliamente.
―Adrian!
Nunca
pensé que el se vería tan sorprendido como justo entonces. Considerando que tan desagradable era usualmente con él, podía entender sus
sentimientos.
―Hola
rose‖, dijo él, su voz se escuchaba incierta, como si le preocupara que le
estuviera jugando una broma.
―Te
ves bien hoy‖, le dije. Era verdad. El llevaba unos oscuros jeans y una camisa
de botones en tonos azul marino y azul turquesa que se
veía fantástico con sus ojos verde oscuro. Esos ojos,
sin embargo, parecían cansados. Preocupados.
Eso
era un poco raro. En estos sueños, el podía definir incluso nuestra apariencia
en lo que el quisiese, con un pequeño esfuerzo. El podría
haber parecido perfecto pero en cambio parecía reflejar
la fatiga del mundo real.
―Tu
también‖. Su voz era aun cautelosa, cuando él me miro de pies a cabeza. Yo
todavía estaba con el vestido de verano, mi cabello caía
suelto, los zafiros alrededor de mi cuello.
―Eso
parece algo con lo que yo normalmente te vestiría. Estas dormida con eso?
―Sip.
Alisando la falda del vestido, pensando en que tan lindo se vería. Me pregunte
si a Dimitri le habría gustado. El no había dicho nada específicamente,
pero se había mantenido diciéndome que estaba hermosa. ―No creí que
regresaras
―También
creí que no lo haría
Lo
mire otra vez. No se veía como siempre después de todo. ―Estas tratando de
averiguar dónde estoy de nuevo?
―No,
ya no me importa eso. Suspiro. ―La única cosa que me importa es que tu no estás aquí. Debes regresar, rose.
Cruce
mis brazos y me recline sobre la baranda del porche. ―Adrian, no estoy lista
para nada romantico-―
―No
por mi!, exclamo. ―Por ella. Debes regresar por Lissa. Ese es el porque estoy
aquí
―Lissa…
Mi
despertar fue un bombeo lleno de endorfinas, y eso me traslado lejos de aquí.
Trate de recordar porque debería estar tan preocupada por
Lissa.
Adrian
dio un paso adelante y me estudio cuidadosamente. ―Si, ya sabes, Lissa? Tú
mejor amiga? Con quien estas vinculada y juraste proteger?
Balancee
mis piernas hacia adelante y hacia atrás. ―Nunca hice ningún voto.
―Que
infiernos está mal contigo?
No
me gusto su tono agitado. Estaba arruinando mi buen humor. ―Que te pasa?
―No
estás actuando como tu misma. Tu aura…. Frunció el ceño incapaz de continuar.
Me
reí. ―Oh sí. Hay viene. La magia, la mística aura. Déjame adivinar. Es oscura,
verdad?
―No…es…
el continuo escrutándome durante varios segundos. ―Apenas puedo fijarme en ella. Esta por todas partes. Que está sucediendo,
rose?. Que está sucediendo en el errante mundo? .
―Nada
está sucediendo‖, dije. ―Nada excepto que soy feliz por primera vez en mi vida.
Por que estas actuando raro de repente? Solías ser
divertido. Piensa que es la primera vez en la que finalmente
lo estoy pasando bien, y tu estas todo aburrido y extraño‖.
Se
arrodillo frente de mí, sin rastro de humor. ―Algo está mal contigo. No puedo
decir que-
―Te
lo dije, estoy bien. Por que tienes que venir y tratar de arruinar las cosas
para mí? era verdad, desesperadamente había deseado que viniera
hacia un corto tiempo atrás, pero ahora… bueno, eso ya
no era importante. Yo tenía algo bueno aquí con Dimitri, si tan solo pudiera encontrar la manera de solucionar las
partes-no-tan- buenas.
―Te
lo dije, no estoy aquí por mí. Estoy aquí por Lissa‖. El miro hacia arriba,
hacia mí.
―Rose,
te estoy rogando que vuelvas a casa. Lissa te necesita. No sé que está mal, y
no sé cómo ayudarla. Nadie más lo sabe tampoco. Pienso…
pienso que solo tú puedes. Tal vez sea parte de lo
que la está dañando. Tal vez eso sea lo que está mal contigo ahora,
porque
estas actuando muy extraño. Vamos a casa. Por favor. Vamos a curarlas a las
dos.
Podremos
averiguarlo juntos. Ella actúa tan extraño. Ella es imprudente y no le importa nada‖.
Sacudí
mi cabeza. ―Estar lejos no es lo que está mal conmigo. Probablemente no es lo
que está mal con ella, tampoco. Si ella realmente está
preocupada por el espíritu, debería volver a sus
medicinas‖.
―Ella
no está preocupada; ese es el problema. Maldita sea‖. El se levanto y comenzó a caminar. ―Que está mal con ustedes dos? Por que
ninguna de ustedes puede ver que hay algo mal?‖
―Tal
vez no seamos nosotras‖, dije. ―Tal vez eres tu imaginando cosas‖.
Adrian
se volvió hacia mí y me miro de nuevo. ―No. No soy yo‖.
No
me gustaba nada de esto-no solo esto, el tono, la expresión y las palabras. Yo
había estado feliz de verlo, pero ahora estaba molesta por
arruinar mi buen humor. No quería pensar en nada de
esto. Era muy difícil.
―Mira‖,
dije. ―estaba feliz de verte esta noche pero ya no, no si vas a sentarte,
acusarme ya demandar‖.
―No
estoy tratando de hacer eso‖. Su voz fue gentil-la rabia se había ido. ―La
última cosa que deseo es hacerte infeliz. Me preocupo por ti. Me
preocupo por Lissa, también. Quiero que seas feliz y
que vivas la vida como tu quieras… pero no cuando estas tomando caminos destructivos."
El
casi tenía sentido. Casi parecía ser razonable y sincero. Sacudí mi cabeza.
―Mantente fuera de esto. Me encuentro en donde deseo estar, y no
voy a regresar. Lissa está por su cuenta‖, salte de
la barandilla. El mundo se sacudió un poco, y tropecé. Adrian cogió mi mano, y lo aparte. ―Estoy bien‖.
―No
lo estas. Jesucristo. Juraría que estas borracha, excepto… que el aura no es el correcto para eso. Qué es? El deslizo sus manos a
través de su oscuro cabello.
Era
su típica señal de agitación.
―He
terminado aquí‖, dije, tratando de ser tan cortes como fuera posible. Por qué
diablos había querido volver a verlo? Había parecido tan
importante cuando llego. ―Envíame de vuelta, por
favor‖.
El
abrió su boca para decir algo, entonces se congelo por unos instantes, ―Que hay
en tu cuello?
Se
alzo hacia delante, y confundida o no, me las arregle para esquivarlo
eficientemente.
No
tenía idea de lo que él vio en mi cuello, y no me interesaba averiguarlo. ―No
me toques ―Rose, eso parece—―
―Envíame
de vuelta, adrian!‖ Tanto por mi cortesía.
―Rose,
déjame ayudart—―
―Envíame.
De. Vuelta!‖
Grite
las palabras, y entonces, por primera vez, logre salir del sueño de adrian.
Deje de dormir por completo y me desperté sobre el sofá.
El
cuarto aun estaba silencioso, el único ruido era mi agitada respiración. Sentía
todo confuso en mi interior. Usualmente, la frescura de una
mordedura, sería como estar flotando y ser alegre.
Aun así, el encuentro con adrian había dejado una parte de mi
preocupada
y triste.
De
pie, me las arregle para caminar hacia el baño. Parpadee por la luz y me
estremecí. No había sido muy brillante en el otro cuarto. Una vez
que mis ojos se adaptaron, me incline hacia el espejo y
aparte mi cabello del camino. Jadee en cuanto lo vi. Había contusiones sobre todo mi cuello, así como señales de heridas aun
más frescas. Alrededor de donde Dimitri acababa de
morderme, podía ver la sangre seca.
Me
veía… igual que a una puta de sangre.
¿Cómo
no había notado esto antes? Empape una toalla y limpie mi cuello, intentando
quitar
la sangre. Froté y froté hasta que la piel se volvió rosa. ¿Qué era eso? ¿Había
más? Lucia mucho peor de lo que era. Me pregunté cuánto
había visto Adrian. Mi pelo estaba abajo, y estaba
bastante segura que la mayor parte de este había cubierto mi cuello.
Un
pensamiento rebelde vino a mi cabeza. ¿Qué importaba si Adrian había visto o
no? Él no lo entendía. No había forma de que el se
aproximase.
Estaba
con Dimitri. Sí, él era diferente… pero no muy diferente. Y estaba segura de
que podía encontrar la manera de hacer este trabajo sin
convertirme en un Strigoi.
Simplemente
aun no sabia como.
Intenté
reconfortarme a mí misma repetidas veces, pero esas fijas magulladuras siempre regresaban a mi.
Dejé
el cuarto de baño y regresé al sofá. Encendí la TV sin mirarla simplemente, y
al cabo de un rato, la niebla feliz me atravesó nuevamente.
Pronto apague la TV y me gire para dormir. Esta vez,
mis sueños me pertenecían.
A
Dimitri les estaba tomando un momento regresar de nuevo. Y con un momento,
quiero decir casi un día entero. Ese punto me ponía nerviosa,
porque le extrañaba y porque extrañaba su mordedura.
Él normalmente me visitaba dos veces al día, pero este había sido el mas largo que había pasado sin endomorfinas.
Necesitaba algo que hacer, me preocupé en ponerme lo
mas hermosa posible.
Busque
entre los ordenados vestidos en mi armario, escogí una larga seda de marfil que tenia flores púrpuras delicadamente pintadas en la
tela. Me venia como anillo al dedo.
Quise
llevar mi pelo levantado, pero después de mirar las magulladuras otra vez,
decidí peinarlo. Tenía un rizador y modernos cosméticos, así
que trabaje en elevar mi pelo, elevando las puntas en
perfectos rizos pequeños. Una vez peinado, mire con alegría mi reflejo, seguramente Dimitri también estaría feliz.
Todo lo que necesitaba ahora era ponerme algunas de
las exquisitas joyas que él me había dado. Pero cuando empecé a salir, logré tener una breve visión de un lado de mi
espalda y vi que me faltaba sujetar un broche de presión.
Trate de alcanzarle pero no pude llegar a el. Estaba en ese perfecto lugar, simplemente fuera de mi alcance.
―Carajo,‖
susurré, todavía luchando con el gancho. Un defecto dentro de toda mi perfección.
Justo
entonces, oí la que la puerta se abría en la otra habitación, fui en busca del
sonido delator de una bandeja siendo colocada sobre la mesita
de café. Un golpe de suerte.
―¡Inna!‖
Llamé, saliendo del cuarto de baño. ―Te necesito para-‖
Las
Nauseas me atravesaron, y al entrar a la sala de estar, vi que Dimitri no era
quien las causaba. Era Nathan.
Mi
mandíbula cayó. Inna estaba parada cerca de él, esperando pacientemente por la bandeja, sus ojos abatidos como siempre.
Inmediatamente la ignoré y entonces volví la mirada hacia
Nathan. Probablemente, él aun estaba de guardia, pero eso en verdad no incluía que el entrara dentro. Por primera vez en poco
tiempo, algunos de mis instintos de batalla me
golpearon, evaluando mis opciones de escape. Mi miedo me instó a retroceder, pero eso me dejaría atrapada en el cuarto de baño. Era
mejor quedarse donde estaba.
Aun
si no podía salir del cuarto, esto me daba mucho mas espacio para hacer
maniobras.
―¿Qué
estas haciendo aquí?‖ Pregunté, me sorprendió sonar tan calmada.
―Encargándome
de un problema.‖
Realmente
no necesitaba que me aclararan ese subtexto. Yo era el problema.
Otra
vez, combatí el deseo de dar marcha atrás. ―Yo no te he hecho nada.‖ Ninguna de sus víctimas alguna vez le había hecho algo.
―Existes,‖
él dijo. ―Estas ocupando un espacio aquí, gastando el tiempo de todo el mundo.
Tú
sabes como encontrar a la chica Dragomir pero no nos das nada remotamente útil hasta que Belikov patee tu trasero y te despierte. Y
mientras tanto, Galina me obliga a perder mi tiempo
vigilándote y manteniéndote a salvo porque esta convencida de que serás alguien asombrosa para nosotros.‖
Era
un set interesante de quejas. ―Entonces… um, ¿qué vas a hacer?‖
En
un instante, él estaba frente a mí. Verle tan cerca provoco una memoria en el
ojo de
mi
mente- él mordiendo a Dimitri e iniciando todo esto. Un poco de cólera se
encendió en mí, pero no llego a desarrollarse. ―Obtengo la
información de una u otra manera,‖ él siseó.
―Dime
donde esta ella.
―Tu
sabes donde esta. Está en la escuela.‖ No había novedad en lo que le decía. Él
sabía que ella estaba allí. Conocía donde estaba la escuela.
La
mirada que me dio reflejaba que no estaba muy contento conmigo por darle
noticias que el ya conocía. Estiro la mano, sujeto mi pelo y
sacudió dolorosamente y con fuerza mi cabeza una y otra
vez. Peinar mi pelo tal vez no había sido tan útil después de todo.
―¿Dónde
ira ella? Ella no se quedará allí por siempre. ¿Ira a la universidad? ¿El Royal Court? Han debido de haber hecho planes para ella.‖
―No
los conozco. He estado ausente por algún rato.‖
―No
te creo,‖ él gruñó. ―Ella es muy valiosa. Su futuro debió de ser planificado
desde hace mucho.‖
―Si
lo fue, nadie lo ha compartido conmigo. Salí antes de tiempo.‖
Me
encogí de hombros a manera de respuesta. La furia llenó sus ojos, y maldijo,
sus ojos rojos brillaron.
―¡Estas
conectada! Tú lo sabes. Dímelo ahora, y te mataré rápidamente. Si no lo haces,
te despertaré para obtener información, y después te
mataré. Te quemare como una hoguera.‖
―¿Tu…
me mataras una vez que sea como tu?‖ La pregunta era tonta. Los Strigoi no sentían lealtad el uno por el otro.
―Sí.
Te destruiré, y una vez que Galina vea lo inútil que eres, regresaré a mi lugar
original si ella esta de acuerdo- especialmente después de que
extirpe la línea Dragomir.‖
―Y
una mierda que lo harás.‖
Él
sonrió y tocó mi cara, sus dedos recorrieron a lo largo de mi cuello y las
completas magulladuras. ―Oh, lo haré. En verdad facilitarías las
cosas si sólo me lo dices ahora.
Morirás
en éxtasis en vez de quemarte viva. Ambos disfrutaremos de esto.‖ Él presiono
la mano delicadamente alrededor de mi garganta. ―Eres
definitivamente un problema, pero eres hermosa especialmente
tu garganta. Puedo ver por qué es que el te quiere…‖
Las
emociones en guerra chocaron en mi interior. Lógicamente, sabia que este era Nathan, a quién yo odiaba por haber convertido a
Dimitri, en primer lugar. Pero la necesidad de mi
cuerpo por las endomorfinas Strigoi crecían en mi cabeza, y apenas me importó que el era Nathan. Lo que me importaban eran
sus dientes estaban a solo un aliento lejos de mi
cuello, prometiéndome ese dulce, dulce delirio.
Y
mientras una mano sujetó mi garganta, el otro bajó rápidamente por mi cintura,
hasta la curva de mi cadera. Había un filo morboso en la voz de
Nathan, como si él quisiera hacer algo más que solo
morderme. Y después de tantos encuentros sexualmente cargados con Dimitri- encuentros que nunca dieron cualquier
resultado- a mi cuerpo casi no le importo quien le tocaba.
Podía cerrar los ojos, y no tendría importancia que dientes iban a morderme, de quién eran las manos que levantaron mis
ropas. Sólo el siguiente movimiento tenía
importancia. Podría cerrar los ojos y fingir que era Dimitri, perderme en todo aquello mientras los labios de Nathan rozaran mi
piel…
Excepto,
que en alguna pequeña parte razonable de mí recordé que, Nathan no solo quería sexo y sangre. Él también quería matarme.
Que
irónico. Había estado muerta- no estaba bromeando- estaba muerta al llegar
aquí, por temor a convertirme en un Strigoi. Nathan me
ofrecía eso ahora. Aun si primero me convirtiera, él
había hecho planes para matarme inmediatamente después. De una u otra manera, no tenía que ser una Strigoi por siempre.
Debería de haber agradecido eso.
Pero
justo entonces, así como mi cuerpo adicto pedía a gritos su mordisco y esa
alegría, me
di cuenta de algo con sorprendente claridad: No quería morir. Tal vez era por
que había pasado casi un día sin ser mordida, pero algo
pequeño y rebelde se despertó en mí.
No
le dejaría hacerme esto. No le dejaría ir tras Dimitri. Y sin duda alguna no
iba a dejar que siga la pista de Lissa.
Abriéndose
camino entre esa nube de endomorfinas que me rodeaban, me arme de tanta fuerza de voluntad como pude. Busque profundamente,
recordando mis años de entrenamiento y todas las
lecciones que Dimitri me había dado. Fue difícil acceder a esas memorias, y sólo toqué unas cuantas. Aun así, llegaron
a mí incitándome a ponerme en marcha. Me abalancé y le
di puñetazos a Nathan.
Y
no logre nada.
El
no se movió. Demonios, aun no sabia si él lo sintió. La sorpresa llego
rápidamente a su cara convirtiéndose en regocijo, se rió, y lo hizo
como el horrible Strigoi que era, fue cruel y sin auténtica
alegría. Entonces, fácilmente, me abofeteó y me lanzo a través del cuarto.
Dimitri
había hecho lo mismo cuando había llegado y le había atacado. Sólo que yo no había volado realmente tan lejos o había tenido un
efecto tan minúsculo en él.
Me
estrellé contra la parte trasera del sofá, y buen Dios, no lo dañe. Una oleada
de mareo me inundó, y me di cuenta de la idiotez que era
combatir contra alguien mucho más fuertemente que
yo, cuando yo había estado perdiendo sangre durante toda la semana.
Logré
enderezarme y desesperada busqué mi siguiente movimiento de ataque. Nathan, por su parte, parecía no tener prisa en responder a mi
ataque. De hecho, él aun se reía.
Mire
a mi alrededor, y me di cuenta de mi patético ataque. Inna estaba parada cerca de
mí. Me moví velozmente, lo cual fue dolorosamente lento- pero era mejor
arriesgarse ahora- traté de alcanzarla y me puse mi brazo
alrededor de su cuello. Ella gritó con gritos agudos por la
sorpresa, y la sacudí con fuerza contra mí.
―Largo
de aquí‖, le dije a Nathan. ―Largo de aquí, o la mataré.‖
Él
dejó de reírse, clavó los ojos en mí por un momento, y entonces se rió aun más
fuerte.
―¿Hablas
en serio? ¿Piensas honestamente que no te podría detener si quisiese? ¿Y piensas en verdad que me importa? Adelante. Mátela.
Hay docenas más de cosas como ella.‖
Sí,
esa realmente no debería de haber sido una sorpresa tampoco, pero aun así me
quedé un poco estupefacta porque el fácilmente podía
prescindir de la vida de un criado fiel.
Ok.
¿Hora de ir al Plan B. O tal vez era el Plan J? ¡Francamente, había perdido el
hilo, y ninguno de ellos era muy bueno de cualquier manera
―¡Ow!‖
Inna
repentinamente me dio un codazo en el estómago. La solté por la sorpresa. Ella
se giro con un grito constreñido y me dio un puñetazo en
la cara. El golpe no fue tan duro como el de Nathan,
pero aun así me tumbó. Traté de agarrarme de cualquier cosa antes de caer pero fallé. Golpee el piso, mi espalda se fue
en contra de la puerta. Esperé que ella venga
directamente hacia mí, pero en lugar de eso, ella cruzo velozmente por el cuarto-y ¡Dios bendito ayúdanos! se puso delante de
Nathan en una postura defensiva.
Antes
de que pudiese procesar completamente la rareza suya de proteger a alguien que estaba dispuesto a dejarla morir, la puerta
repentinamente se abrió. ―¡Ow!‖ Dije otra vez, mientras me
golpeaban y me apartaban a un lado.
Dimitri
entró velozmente. Él miró de cara a cara, y no tuve la mínima de duda de
quepensaba que los ataques fueron de Nathan e Inna. Los puños de Dimitri se
presionaron con fuerza, y se giro hacia Nathan. Me recordó su riña
en el vestíbulo, toda la furia, toda la malicia y todo
el deseo de matar. Me encogí de miedo, preparándome para aguantar otro horrible afrontamiento.
―No
lo hagas‖, advirtió Nathan, con su cara presumida. ―Sabes lo qué Galina dijo.
Tócame y estarás fuera de aquí.‖
Dimitri
caminó a grandes pasos a través del cuarto y llego a estar en frente de Nathan, apartando a Inna como una muñeca de trapo. ―Seré digno
de afrontar su furia, en particular si yo le digo
a ella que tu atacaste primero. Rose ciertamente tiene las marcas de eso.‖
―Tu
no lo harías.‖ Él señaló a Inna, quien estaba sentada deslumbrada en el piso
donde
Dimitri
la había tumbado. A pesar de mis lesiones, comencé a gatear hacia ella. Tenia
que saber si ella estaba bien. ―Ella dirá la verdad.‖
Ahora
Dimitri se vio presumido. ―¿Tu en realidad piensas que Galina creerá a un
humano?
No.
Cuando yo le diga como me atacaste y también a Rose por los celos, ella me
soltará.
El
hecho de que tú estés totalmente derrotado será la prueba de tu debilidad.
Rebanaré tu cabeza y traeré la estaca de Rose de la bóveda. Con tu
último aliento, puedes observar como ella lo conduce por
tu corazón.‖
Mierda
Santa. Eso fue un mucho peor, que Nathan amenazando con quemarme, espera.
¿Mi
estaca?
La
cara de Nathan aun era arrogante al menos para mí. Pero pienso que Dimitri
había visto algo que le satisfació, algo que le hizo pensar
que estaba llevando ventaja. Él visiblemente se relajó,
su sonrisa afectada aumento. ―Dos veces,‖ Dimitri dijo suavemente.
―Dos
veces te he dejado ir. La próxima vez… la próxima vez, no te salvaras.‖
Alcancé
a Inna y amablemente tendí mi mano. ―¿Estas bien?‖ murmure.
Con
una mirada de odio, ella se alejo impulsivamente y se fue a toda prisa.
Los
ojos de Nathan cayeron sobre mí, y comenzó a retroceder hacia la puerta.
―No‖,
él dijo. ―Dos veces que la he dejado vivir. La próxima vez ella no se salvara.
Soy
quien
manda aquí, no tu.‖
Nathan
abrió la puerta e Inna se puso de pie, tropezando tras él. Me quedé con la
mirada fija, boca boquiabierta por los acontecimientos que
acababan de tener lugar. No sabia cuál de ellos era más
perturbador. Contemplando a Dimitri, luché en mi interior con qué preguntarle primero. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Por qué
Inna defendió a Nathan? ¿Por qué
Dimitri
le había dejado ir? Sin embargo, ninguna de esas preguntas desafiantes llegaron
a mis labios.
En
lugar de eso, me eche a llorar.
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