Capítulo 8
Después de la estupidez que le
había hecho a Abe, sobre siempre ir a lugares remotos de mierda, debería estar
emocionada por el anuncio de ir a la ciudad del pecado. Tenía unas pocas
reservas acerca de mi nuevo y épico viaje.
Primero que todo, un lugar
como Las Vegas era el último lugar donde hubiera esperado que un recluso
medio-loco estuviera. De las pequeñas cosas que había oído. Robert había salido
del radar y quería estar solo. Una ocupada y llena ciudad realmente no encajaba
con esa descripción. En segundo lugar, las ciudades como esas eran perfectas
áreas de alimentación para los Strigoi. Atestado, temerario. Bajo en
inhibiciones. Muy fácil para las personas perderse, especialmente cuando muchos
de ellos estaban a fuera en la noche.
Parte de mí estaba segura que
debía haber un truco por parte de Victor, pero él juró y volvió a jurar que era
cierto. Así que, sin ningún otro adelanto, Las Vegas se convirtió en nuestro
próximo destino. De todos modos, no teníamos demasiado tiempo para discutir el
tema, sabiendo que los guardianes deberían estar buscándonos en Fairbanks.
Es cierto que el encanto de Lissa
había alterado nuestras apariencias lo suficiente para que ellos no estuvieran
buscando gente con nuestras descripciones. Ellos sabían cómo lucia Victor.
Aunque, tan pronto como estuviéramos lejos de Alaska, mejor.
Infortunadamente, teníamos un
ligero problema.
—Victor no tiene
identificación —dijo Eddie— no podemos sacarlo en avión.
Era verdad, todas las
posesiones de Victor habían sido incautadas por las autoridades de la prisión.
Y en medio de la desactivación de vigilancia y sacando a docenas de guardianes,
difícilmente tuvimos tiempo para buscar sus cosas personales.
La compulsión de Lissa era
fenomenal, pero ella estaba exhausta al haberla utilizado tanto en la prisión.
Además, los guardianes probablemente estarían vigilando el aeropuerto.
Nuestro amigo Bud, el tipo de
los carros de alquiler, dio la solución. Él no había estado emocionado de ver
su carro de vuelta con los arañazos provocados por la conducción temeraria de
Eddie, pero con el dinero suficiente habíamos callado finalmente los murmullos
sobre: ‚Alquilar a un montón de niños‛. Fue Victor quien pensó en un plan
alternativo y sugirió que se hiciera.
—¿Hay cerca algún aeropuerto
privado? ¿Con vuelos que podamos alquilar?
—Seguro —dijo Bud—, pero no
será barato.
—Eso no es un problema —dije.
Bud nos miró de reojo. —¿Se
robaron un banco o algo así?
No, pero estábamos empacando
mucho dinero. Lissa tenía un fideicomiso que le daba dinero cada mes hasta que
ella tuviera dieciocho años, así como tarjeta de crédito de límites altos. Yo
tenía una tarjeta de crédito con los míos, con las sobras de cuando engatusé a
Adrian para que financiara mi viaje a Rusia. Dejé de lado el resto de mis
bienes, como la enorme cuenta bancaria que él me había creado. Pero, equivocada
o no, había decidido tener una tarjeta a mano, sólo en caso de emergencia.
Esta era ciertamente una
emergencia, así que usamos la tarjeta para pagar el costo de viaje privado. El
piloto no podía llevarnos a Las Vegas, pero él podía llevarnos a Seattle, donde
sería capaz de conectarnos con otro piloto que supiera cómo seguir el resto del
viaje. Más dinero.
—A Seattle de nuevo
—reflexioné, justo antes que el avión despegara. El pequeño jet tenía una serie
de cuatro asientos, dos en cada lado, unos frente a otros. Me senté junto a
Victor, y Eddie se sentó frente a él. Nos dimos cuenta que era la mejor configuración
de seguridad.
—¿Qué hay de Seattle?
—Preguntó Eddie perplejo
—No importa
Los Jets no eran tan rápidos
como los comerciales, y nuestro viaje tomó gran parte del día. Durante el cual
continúe preguntándole a Victor sobre el papel de su hermano en Las Vegas, y
finalmente obtuve la respuesta que esperaba. Victor nos lo habría dicho
eventualmente, pero creo que él obtuvo una sádica emoción al prolongar la
respuesta.
—Robert no vive en Las Vegas,
propiamente —él explicó—. Él tiene una pequeña casa, una cabaña, supongo que a
las afueras de Red Rock cañón, millas fuera de la ciudad.
Ah. Ahora eso era más de lo
que hubiera esperado. Lissa se puso rígida a la mención de la cabaña y sentí su
inquietud mediante el vínculo. Cuando Victor la había secuestrado, él la había
llevado a una cabaña en el bosque y ahí la había torturado. Le di una mirada
tan tranquilizante como pude. Eran momentos como éste cuando deseaba que el
vínculo funcionara de ambas formas, así podría enviarle verdadera comodidad.
—¿Así que iremos allá?
Víctor, resoplo. —Ciertamente
no, Robert valora demasiado su privacidad. Él no dejaría que nadie entrara a su
casa. Pero vendrá a la ciudad si se lo pido.
Lissa me mira, Víctor puede estar poniéndonos una trampa.
Él tiene demasiados seguidores, ahora que está afuera. Él puede llamarlos en
lugar de a Robert para encontrarnos.
Le doy un pequeño
asentimiento, de nuevo deseando poder responderle por medio del vínculo. Ella
había pensado en esto también. Era imperativo nunca dejar solo a Victor para
que hiciera llamadas sin supervisión, y en realidad, el mismo plan de reunirnos
en Las Vegas me hacía sentir mejor. Para nuestra propia seguridad de los
hombres de confianza de Victor, era preferible estar en la ciudad que fuera en
mitad de la nada.
—En vista que he sido tan útil
—dijo Victor—, tengo el derecho a saber ¿qué quieren con mi hermano? —Él miro a
Lissa—. ¿Buscando lecciones del Espíritu? Tuviste que haber hecho una excelente
investigación para encontrarlo —No tienes ningún derecho de saber nuestros
planes —yo digo agudamente—. Y de verdad, si quieres hacer el seguimiento de
quién ha sido el más útil aquí, nosotros te superamos en la tarjeta de
puntuación. Tienes un largo camino que recorrer para alcanzarnos después de lo
que hicimos en Tarasov. —Victor sólo respondió con una pequeña sonrisa.
Alguna parte del viaje se
llevó a cabo en la noche, lo que significaba que era temprano en la mañana
cuando aterrizamos en Las Vegas, en la seguridad de la luz del sol. Estaba
sorprendida de ver qué tan atestado estaba el aeropuerto. El aeropuerto privado
en Seattle había tenido una buena cantidad de aviones, pero el aeropuerto de
Fairbanks había estado casi desierto. Esta zona estaba repleta de pequeños Jets,
muchos de ellos gritaban ‚Lujo‛. No debería estar sorprendida. Las Vegas era el
patio de juego de las celebridades y otra gente rica, muchos de los cuales
probablemente no podían permitir rebajarse a viajar en vuelos comerciales con
gente ordinaria.
Aquí había taxis, ahorrándonos
la odisea de otro carro alquilado. Pero cuando el conductor nos preguntó hacia
a dónde nos dirigíamos, todos nos quedamos en silencio.
Yo giré hacia Víctor.
—Al centro de la ciudad
¿cierto? ¿La zona?
—Sí —Él agregó. Había estado
segura de que Robert querría encontrarse con unos extraños en algún lugar muy
público. Un lugar en el cual él podría huir fácilmente.
—La zona es un gran lugar.
—Dijo el conductor—. ¿Tienen algún lugar en especial o sólo los dejo en la
mitad de la calle?
El silencio cayó sobre nosotros.
Lissa me dio una significativa mirada.
—¿Witching Hour?
Lo consideré. Las Vegas era el
lugar favorito por algunos Moroi. El sol brillante lo hacía menos atractivo
para los Strigoi, y los casinos sin ventanas, creaban una cómoda atmósfera de
oscuridad.
La hora de las brujas era un
casino-hotel del que todos habíamos escuchado. Si bien había un montón de
clientes humanos, de hecho pertenecía a un Moroi, por lo que había una cantidad
de características clandestinas para que fuera el lugar perfecto para vampiros.
Alimentadores en cuartos traseros. Salas especiales únicamente para Morois. Un
buen número de guardianes patrullando.
Guardianes
Negué con la cabeza y miré de
reojo a Víctor. No podemos llevarlo ahí, de todos los hoteles en Las Vegas, el
Witching Hour, era el último lugar al que iríamos. El escape de Víctor debió
haber sido noticia de última hora en todo el mundo Moroi, llevarlo a Las Vegas,
a la gran concentración de Morois y Guardianes, era la peor idea que podíamos
tener en este momento.
En el espejo retrovisor, el
rostro del conductor lucía impaciente. Fue Eddie quien finalmente dijo: —The
Luxor.
Él y yo estábamos en el
asiento trasero, con Victor entre nosotros, y lo miré por encima —¿De dónde
vino eso?
—Pone distancia entre nosotros
y el Witching Hour —Eddie repentinamente parecía un poco avergonzado—, y
siempre me he querido quedar ahí, quiero decir, si vienes a Las Vegas ¿por qué
no quedarte en una pirámide?
—No se puede criticar esa
lógica. —Lissa dijo
—The Luxor será —le dije al
conductor.
Viajamos en silencio, todos
nosotros —bien, menos Víctor— mirando con admiración la vista. Aún durante el
día, las calles de Las Vegas estaban llenas de personas. Los jóvenes y
glamorosos caminaban lado a lado con parejas mayores de clase media, quienes probablemente
habían ahorrado y ahorrado para poder hacer este viaje. Los hoteles y casinos
que pasamos eran inmensos, llamativos e invitadores.
Y cuando llegamos al Luxor…
yup. Era como Eddie había dicho. Un hotel en forma de pirámide. Me quedé
mirando al bajar del coche, tratando duramente de no dejar caer mi mandíbula
como el turista deslumbrado que era.
Pagué al conductor y caminamos
hacia la entrada. No sabía cuánto tiempo nos quedaríamos, pero definitivamente
necesitábamos un cuarto como base de operaciones.
Entrar en el hotel fue como
estar de nuevo en el club nocturno en San Petersburgo y Novobirsk. Las luces
intermitentes y el abrumador olor del humo Y el ruido, ruido, ruido. Las
maquinas tragamonedas sonando y sonando, fichas cayendo, gente gritando en
consternación o deleite y el bajo sonido de conversaciones colándose por el
salón como zumbidos de abejas. Hice una mueca, todos esos estímulos habían
tocado mis sentidos.
Pasamos por las afueras del
casino para poder llegar a la recepción, donde la asistente ni siquiera
parpadeó ante la vista de tres adolescentes y un viejo entrando a una
habitación juntos. Tuve que imaginar que, en ese lugar, ellos veían de todo.
Nuestro cuarto era de tamaño
medio, con dos camas dobles, y de alguna manera teníamos la suerte de una vista
increíble. Lissa se paró en la ventana, fascinada por los lugares de interés,
las personas, los carros que pasaban en la zona de abajo.
Pero yo salté directamente el
negocio.
—Ok, llámalo —Le ordené a
Víctor. Se sentó en una de las camas con las manos cruzados y la expresión
serena, como si estuviera en unas verdaderas vacaciones. A pesar de la sonrisa
de suficiencia, pude ver la fatiga en su rostro.
Incluso con su alivio de la
sangre, el escape y el largo viaje habían sido agotadores, y los efectos de su
enfermedad fueron volviendo lentamente, lo que naturalmente hacía estragos en
su fuerza física. Victor inmediatamente se acerco al teléfono del hotel, pero
yo negué con mi cabeza.
—Liss, déjalo usar tu celular,
quiero grabar este número.
Ella le pasó el teléfono de
nuevo con cuidado, como si fuera a contaminarla. Él tomó el teléfono y me dio
una mirada casi angelical.
—¿No debería tener un poco de
privacidad? Hace mucho tiempo que Robert y yo no hablamos.
—No —Le espeto yo. La dureza
de mi voz me sorprendió incluso a mí, y se me ocurrió que Lissa no era la única
sufriendo hoy por el uso del espíritu. Victor se encogió de hombros y comenzó a
marcar. Nos dijo en uno de los vuelos que tenía el número de Robert memorizado.
Tuve que tener fe acerca de a quién estaba llamando.
También tuve que esperar que
el número de Robert no hubiera cambiado. Por supuesto, incluso si Victor no
había visto a su hermano en años, él había sido encerrado sólo un corto tiempo,
y probablemente había mantenido conversaciones con él de antemano.
La tensión lleno la habitación
mientras esperábamos que sonara el teléfono. Unos momentos después, escuché una
voz a través del altavoz del teléfono, aunque yo no podía distinguir las
palabras exactas.
—Robert —dijo agradablemente—.
Es Victor.
Este recibió una respuesta
frenética en el otro extremo. Sólo pude oír parte de la conversación, pero era
intrigante. Victor primero tenía que pasar demasiado tiempo tratando de
convencer a Robert que estaba fuera de prisión. Aparentemente, Robert no estaba
tan alejado de la sociedad Moroi para estar fuera de contacto sobre las
noticias de actualidad. Victor le dijo que los detalles serían revelados más
tarde y luego hizo su lanzamiento a Robert para que viniera a encontrarnos.
Tengo el sentimiento que
Robert vivía en el temor y la paranoia, que me recordó a la Sra. Karp cuando
había estado en las etapas avanzadas de la locura del espíritu. Lissa fijó la
mirada fuera de la ventana durante toda la llamada. Pero sus sentimientos se
reflejaron en mí: Miedo, de que esto podría ser su destino. O el mío también.
Si sacaba los efectos del espíritu. La imagen del signo de Tarasov aparece
brevemente en su mente.
ADVERTENCIA. AHORA ESTA
ENTRANDO AL AREA DE PRISIONEROS (PSIQUIATRIA)
La voz de Víctor se volvió
sorprendentemente halagadora mientras hablaba con su hermano, incluso gentil.
Me acordé con inquietud de los
viejos tiempos, antes de saber de los dementes planes de Victor sobre la
dominación de los Moroi, él nos trataba con amabilidad y también había sido
prácticamente un miembro de la familia de Lissa. Me pregunto si en algún
momento él había sido sincero, o si todo había sido parte de un acto.
Finalmente, después de casi
veinte minutos, convenció a Robert para venir a vernos. Las palabras inteligibles
al otro extremo del teléfono estaban llenas de ansiedad. Y en ese momento me
convencí que Victor realmente estaba hablando con su hermano loco y no con uno
de sus cómplices. Víctor concertó una cena-reunión en uno de los restaurantes
del hotel y al final colgó.
—¿Cena? —Pregunté cuando
Víctor cerró el teléfono—. ¿No está preocupado por estar afuera de noche?
—Es una cena temprana —él
respondió—, cuatro treinta, y el sol no habrá bajado casi hasta las ocho.
—¿Cuatro treinta? —Pregunté—.
Buen Dios ¿Vamos a ordenar el especial de tercera edad?
Pero tenía un punto en cuanto
al tiempo y el sol. Sin la seguridad de Alaska, la luz del sol pasó casi sin
escala. Me estaba empezando a sentir sofocada por la presión de la salida del
sol y la puesta de este, incluso aunque fuera verano aquí.
Desafortunadamente, una segura
y temprana cena aún significaba que teníamos horas que pasar. Victor se recostó
en la cama, con los brazos detrás de su cabeza. Creo que estaba intentando un
aire despreocupado, pero mi suposición era que se debía realmente al
agotamiento lo que lo llevaba a buscar la comodidad de una cama.
—¿Interesadas en probar su
suerte escaleras abajo? —Él miró a Lissa—. Los usuarios del espirito son
increíbles jugadores de cartas, no tengo que decirte lo buenos que son leyendo
a la gente—. Ella no respondió.
—Nadie deja este cuarto —dije,
no me gustaba la idea de estar todos encerrados aquí, pero no podía arriesgarme
a un intento de fuga o a Strigois acechando en los rincones del casino.
Después de lavarse el tinte
del pelo, Lissa acercó una silla a la ventana. Ella se negó a estar más cerca
de Victor. Me senté con las piernas cruzadas sobre la segunda cama. Donde no
había mucho espacio para que Eddie también se sentara, pero se mantuvo en
posición vertical contra una pared. En la perfecta postura de un guardián,
mientras miraba a Victor. No tenía ninguna duda que Eddie pudiera mantener esa
posición por horas, sin importar cuán incomoda fuera. Todos habían sido
entrenados para soportar duras condiciones. Él hizo un buen trabajo luciendo
severo. Pero de vez en cuando, lo atrapaba mirando a Victor con curiosidad.
Eddie había estado conmigo en este acto de traición, pero aún no sabía por qué
lo había hecho.
Habíamos estado allí un par de
horas cuando alguien golpeó la puerta. Me levanté de un salto. Eddie y yo nos
reflejamos mutuamente, ambos en rígida atención, las manos yendo a nuestras
estacas. Habíamos pedido el almuerzo hace una hora, pero el servicio de
habitaciones hace tiempo que había llegado e ido. Era aún temprano para Robert,
además, él no sabía el número de la habitación. No hubo nauseas, sin embargo,
no había un Strigoi en nuestra puerta. Me encontré con la mirada de Eddie,
pasando mensajes silenciosos sobre qué hacer.
Pero fue Lissa quien actuó
primero, levantándose de la silla dando unos pasos por la habitación.
—Es Adrian.
—¿Qué? —Exclame— ¿Estás
segura? —Ella asintió. Los usuarios del espíritu usualmente sólo ven auras,
pero podían sentirse entre sí cuando estaban lo suficientemente cerca... tal
como había sido en la prisión, sin embargo, ninguno de nosotros se movió. Me
dirigió una mirada seca.
—Él sabe que estoy aquí —Ella
señaló—. Él puede sentirme también.
Yo suspiré, aún con mi mano en
la estaca, y me dirigí a la puerta. Miré por la mirilla. De pie con una
expresión divertida e inquieta estaba Adrian. No podía ver a nadie más, sin
ninguna indicación de encontrar a un Strigoi, finalmente abrí la puerta. Su
rostro se iluminó de alegría cuando me vio. Inclinándose, me dio un rápido beso
en la mejilla antes de entrar al cuarto.
—Ustedes realmente no pensaban
que podían irse un fin de semana de fiesta sin mí, ¿verdad? Especialmente aquí,
de todos los lugares…
Se quedó paralizado y fue uno
de esos raros momentos cuando Adrian Ivashkov fue capturado total y
completamente fuera de guardia.
—¿Sabían...? —dijo él
lentamente— ¿...que Victor Dashkov está sentado en su cama?
—Sí —dije— fue casi un Shock
para nosotros también.
Adrian arrastró la mirada de
Victor y miró a su alrededor, dándose cuenta de Eddie por primera vez. Eddie
había estado tan tranquilo que casi parecía parte del mobiliario. Adrian se
volvió hacia mí.
—¿Qué diablos está pasando?
¡Todo el mundo está en busca de él!
Las palabras de Lissa sonaron
a través del vínculo. Deberías decirle. Sabes que él no se irá ahora.
Ella tenía razón. No tenía
idea cómo nos había encontrado Adrian, pero ahora que lo había hecho, no había
manera en que él se fuera. Miré dudosa a Eddie, quien adivinó mis pensamientos.
—Vamos a estar bien —dijo—. Ve
a hablar, yo no permitiré que nada suceda.
Y
soy lo suficientemente fuerte de nuevo para usar la compulsión si trata de
hacer algo, Lissa agregó.
Suspiré. —Muy bien. Estaremos
de vuelta.
Tomé del brazo a Adrian y lo
llevé a fuera. Tan pronto como nos encontramos en el pasillo, empieza de nuevo.
—¿Rose, qué es…?
Niego con la cabeza. En
nuestro tiempo aquí, he oído suficiente ruido de otros huéspedes en el
vestíbulo para saber que mis amigos oirían nuestra conversación si hablábamos
aquí afuera. En su lugar, Adrian y yo tomamos el elevador y bajo las escaleras,
donde el ruido del casino cubriría nuestras palabras.
Encontramos un rincón un poco
fuera de forma y Adrian prácticamente me empujó contra la pared, su expresión
oscura y su actitud ligera me molestaban a veces, pero lo prefería cuando
estaba molesto, en gran parte porque temía que el espíritu añadiera una
inestable ventaja.
—Me dejaste una nota diciendo
que te escapabas para una última fiesta de fin de semana, ¿y en lugar de eso te
encuentro escondida con uno de los más notorios criminales? ¡Cuando dejé la
Corte, era eso de lo que todo el mundo estaba hablando! ¿Ese tipo no trató de
matarte?
Respondí su pregunta con otra
pregunta —¿Cómo nos encontraste?
—La tarjeta de crédito —Él
dijo— Estaba esperando que la usaras.
Mis ojos se abrieron —¡Me
prometiste que no estarías chismoseando!
Desde que mis cuentas y
tarjetas las había conseguido con su ayuda, sabía que él tenía acceso a los
registros, pero le había creído cuando dijo que respetaba mi privacidad.
—Cuando estabas en Rusia,
mantuve esa promesa. Esto es diferente. Yo me mantuve revisando y revisando
junto con la compañía y tan pronto como la actividad se hizo presente con el
vuelo chárter, llamé y me enteré dónde estabas.
La rápida llegada de Adrian
aquí, después de todo no, era tan increíble si él hubiera estado monitoreando
la tarjeta. Una vez que tuviera la información que necesitaba, podía fácilmente
reservar un vuelo. Un Jet sin escalas habría hecho nuestro viaje más rápido, y
no un viaje multi-paradas.
—No hay manera en que pudiera
resistirme a Las Vegas —él continuó—. Así que pensé que te sorprendería y te
mostraría como unirte a la diversión.
Yo había utilizado mi tarjeta
para la habitación. Me di cuenta de nuevo, acerca de delatar nuestra posición.
No había nadie más ligado a mí o a las tarjetas de Lissa, pero la facilidad con
que me había rastreado me puso nerviosa.
—No debiste haber hecho eso
—gruñí—, podemos estar juntos, pero hay límites que tenemos que respetar, y
este no es tu asunto.
—¡No es como si estuviera leyendo
tu diario!, yo sólo quería encontrar a mi novia y…
Era un signo de sufrimiento de
Adrian. Su mente ahora estaba empezando a retroceder y juntar las piezas.
—¡Oh, Dios! Rose, por favor
dime que ustedes no fueron los que lo sacaron de prisión. Están buscando a dos
chicas humanas y un chico Dhampir. Las descripciones no coinciden en absoluto….
—él gimió—, pero fuiste tú ¿cierto? de alguna manera irrumpiste en una prisión
de máxima seguridad con Eddie.
—No debió haber tenido tanta
seguridad. —Comenté ligeramente.
—¡Rose!, ese tipo ha jodido la
vida de ambas. ¿Por qué lo pones en libertad?
—Porque…—Dudé. ¿Cómo
explicarle esto a Adrian? ¿Cómo explicarle lo que con evidencias de nuestro
mundo era imposible? ¿Y cómo explicarle qué meta en particular me había traído
a esto?
—Víctor tiene información que
necesitamos. O, mejor, tiene acceso a alguien que necesitamos. Y esta era la
única manera en que podíamos llegar a él.
—¿Qué hay en la tierra que él
pudiera saber, para que hagas esto?
Yo tragué. Caminé entre prisiones
y nidos de Strigoi. Pero decir lo que hice, enfrente de Adrian, me llenó de
temor.
Porque podría haber una forma
de salvar a los Strigoi. Para volver a la forma en que eran. Y Victor… Victor
conoce a alguien que podría haber hecho esto.
Adrian me miró durante varios
segundos, e incluso en medio del movimiento y el ruido del casino, fue como si
el mundo se quedara quieto y en silencio.
—Rose, eso es imposible.
—Puede que no.
—Si hubiera una forma de
hacerlo, lo sabríamos.
—Involucra usuarios del espíritu.
Y sólo hasta ahora supimos de ellos.
—Eso no significa... Oh, ya
veo. —Sus profundos ojos verdes destellaron. Y en este momento, estaba
enojado—. Es por él ¿verdad? Este es tú último y loco intento para llegar a él,
a Dimitri.
—No es sólo por él —dije
vagamente—, podría salvar a todos los Strigoi.
—¡Pensé que eso había
terminado! —Adrian exclamó, su voz era lo suficientemente fuerte para que las
personas cercanas en las máquinas tragamonedas voltearan a mirar—. Me dijiste
que todo había terminado. Me dijiste que podías seguir adelante y estar
conmigo.
—Lo dije en serio —le dije,
sorprendida por la nota desesperada en mi voz—. Es algo que sólo encontramos.
Teníamos que intentarlo.
—¿Y luego qué? ¿Qué pasa si
esta estúpida fantasía funciona? Liberas a Dimitri en algún acto milagroso, ¿y
me botas así? —Él chasqueo sus dedos.
—No lo sé —dije con
cansancio—, estamos yendo un paso a la vez. Me encanta estar contigo. De
verdad. Pero no puedo ignorar esto.
—Por supuesto que no puedes.
—Volvió sus ojos hacia el cielo—. Sueños, sueños. Camino con ellos; vivo con
ellos. Me engaño con ellos. Es una maravilla que haya descubierto la realidad.
—El extraño sonido de su voz me ponía nerviosa. Pude reconocer uno de sus locos
lapsos, inducidos por el espíritu. Luego se giró hacia mí con un suspiro.
—Necesito un trago.
La pena que había sentido por
él se convirtió en ira. —¡Oh, Dios!, eso lo arregla todo. Me alegro que en un
mundo tan enloquecido como éste, tú todavía tengas tus viejos recursos.
Su mirada me hizo dar un respingo.
Él no lo hacía muy a menudo. Y cuando lo hacía, era una cosa poderosa.
—¿Qué esperas que haga? —Él
preguntó.
—Podrías… Podrías… ¡Oh, Dios!
Bueno, ahora que estás aquí podrías ayudarnos. Además, este tipo con el que nos
vamos a encontrar es otro usuario del espíritu.
Adrian no traicionó sus
pensamientos. Pero pude sentir que había despertado su interés.
—Sí, eso es exactamente lo que
quiero, ayudar a mi novia a traer a su antiguo novio de vuelta. —Se dio la
vuelta de nuevo, y le oí murmurar:— Necesito dos tragos.
—Cuatro treinta —le grité—.
Nos reuniremos con él a las cuatro treinta.
No hubo respuesta. Adrian se
perdió en la multitud.
Regresé al cuarto, en una nube
negra que tenía que ser obvia para todos. Lissa y Eddie eran lo suficientemente
inteligentes para no preguntar, pero Victor, por supuesto, no tenía tales
reservas.
—¿Qué? ¿El Señor Ivaskhov no
nos acompaña? Estaba tan ansioso acerca de tener su compañía.
—Cállate —dije, cruzando mis
brazos e inclinándome contra la pared cerca de Eddie—. No hables a menos que
tengas que hacerlo.
El próximo par de horas fueron
un arrastre. Estaba segura que en cualquier momento, Adrian volvería de mala
gana y se comprometería a ayudarnos. Podíamos utilizar su compulsión en caso
que algo saliera mal, aunque no pudiera igualar a Lissa.
Seguramente…seguramente, ¿él
me amaba lo suficiente para venir en mi ayuda? ¿Él no me abandonaría?
Eres una idiota, Rose, era mi
propia voz la que me criticaba, no la de Lissa. No le diste ninguna razón para
ayudar. Sólo le harás daño una y otra vez. Al igual que a Mason.
Cuando las cuatro treinta
llegaron, Eddie me miró. — ¿Deberíamos reservar una mesa?
—Sí. —Estaba inquieta y
molesta. No quería quedarme en este cuarto por más tiempo, atrapada con
sentimientos oscuros que no se iban.
Víctor se levantó de la cama,
extendiéndose como si se levantara de una siesta. Aún, habría jurado que había
un brillo ansioso oculto en la profundidad de sus ojos. En todos los sentidos,
él y su hermano eran cercanos, aunque yo no le había visto ninguna muestra de
amor o lealtad hacia nadie. ¿Quién sabe? Tal vez en alguna parte había un
verdadero afecto por Robert.
Formamos una especie de
configuración de protección, conmigo en la parte delantera, Eddie en la espalda
y los dos Moroi entre nosotros. Abrí la puerta y me encontré cara a cara con
Adrian. Su mano estaba levantada, como si hubiera estado a punto de golpear. Él
arqueó una ceja.
—Oh, Bueno —él dijo. Tenía la
misma expresión tipo Adrian normal y relajada en su rostro. Aunque su voz
sonaba un poco tensa. Yo sabía que él no era feliz con nada de esto. Pude verlo
en la rigidez de su mandíbula y la agitación en sus ojos. Sin embargo, él
estaba poniendo una buena cara a los demás, por lo que le estaba agradecida. Lo
más importante era que había vuelto. Eso era lo que importaba, y podía ignorar
el olor a alcohol y el del humo a su alrededor.
—Así que…. he oído que hay una
fiesta, ¿les importa si me uno?
Le di una débil sonrisa
agradecida. —Vamos.
Nuestro grupo, ahora de cinco
integrantes, se dirigió por el pasillo hacia el ascensor.
—Estaba limpiando en el Póker,
¿sabes? —Adrian agregó—, así que espero que esto sea bueno.
—No sé si será bueno.
—Reflexioné. Las puertas de ascensor se abrieron—. Pero creo que será
memorable.
Entramos al ascensor, para ver a Robert Doru. Y
lo que podría ser la única solución de Dimitri.
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