lunes, 22 de diciembre de 2014

Capítulo 8 SPIRIT BOUND

Capítulo 8
Después de la estupidez que le había hecho a Abe, sobre siempre ir a lugares remotos de mierda, debería estar emocionada por el anuncio de ir a la ciudad del pecado. Tenía unas pocas reservas acerca de mi nuevo y épico viaje.
Primero que todo, un lugar como Las Vegas era el último lugar donde hubiera esperado que un recluso medio-loco estuviera. De las pequeñas cosas que había oído. Robert había salido del radar y quería estar solo. Una ocupada y llena ciudad realmente no encajaba con esa descripción. En segundo lugar, las ciudades como esas eran perfectas áreas de alimentación para los Strigoi. Atestado, temerario. Bajo en inhibiciones. Muy fácil para las personas perderse, especialmente cuando muchos de ellos estaban a fuera en la noche.
Parte de mí estaba segura que debía haber un truco por parte de Victor, pero él juró y volvió a jurar que era cierto. Así que, sin ningún otro adelanto, Las Vegas se convirtió en nuestro próximo destino. De todos modos, no teníamos demasiado tiempo para discutir el tema, sabiendo que los guardianes deberían estar buscándonos en Fairbanks.
Es cierto que el encanto de Lissa había alterado nuestras apariencias lo suficiente para que ellos no estuvieran buscando gente con nuestras descripciones. Ellos sabían cómo lucia Victor. Aunque, tan pronto como estuviéramos lejos de Alaska, mejor.
Infortunadamente, teníamos un ligero problema.
—Victor no tiene identificación —dijo Eddie— no podemos sacarlo en avión.
Era verdad, todas las posesiones de Victor habían sido incautadas por las autoridades de la prisión. Y en medio de la desactivación de vigilancia y sacando a docenas de guardianes, difícilmente tuvimos tiempo para buscar sus cosas personales.
La compulsión de Lissa era fenomenal, pero ella estaba exhausta al haberla utilizado tanto en la prisión. Además, los guardianes probablemente estarían vigilando el aeropuerto.
Nuestro amigo Bud, el tipo de los carros de alquiler, dio la solución. Él no había estado emocionado de ver su carro de vuelta con los arañazos provocados por la conducción temeraria de Eddie, pero con el dinero suficiente habíamos callado finalmente los murmullos sobre: ‚Alquilar a un montón de niños‛. Fue Victor quien pensó en un plan alternativo y sugirió que se hiciera.
—¿Hay cerca algún aeropuerto privado? ¿Con vuelos que podamos alquilar?
—Seguro —dijo Bud—, pero no será barato.
—Eso no es un problema —dije.
Bud nos miró de reojo. —¿Se robaron un banco o algo así?
No, pero estábamos empacando mucho dinero. Lissa tenía un fideicomiso que le daba dinero cada mes hasta que ella tuviera dieciocho años, así como tarjeta de crédito de límites altos. Yo tenía una tarjeta de crédito con los míos, con las sobras de cuando engatusé a Adrian para que financiara mi viaje a Rusia. Dejé de lado el resto de mis bienes, como la enorme cuenta bancaria que él me había creado. Pero, equivocada o no, había decidido tener una tarjeta a mano, sólo en caso de emergencia.
Esta era ciertamente una emergencia, así que usamos la tarjeta para pagar el costo de viaje privado. El piloto no podía llevarnos a Las Vegas, pero él podía llevarnos a Seattle, donde sería capaz de conectarnos con otro piloto que supiera cómo seguir el resto del viaje. Más dinero.
—A Seattle de nuevo —reflexioné, justo antes que el avión despegara. El pequeño jet tenía una serie de cuatro asientos, dos en cada lado, unos frente a otros. Me senté junto a Victor, y Eddie se sentó frente a él. Nos dimos cuenta que era la mejor configuración de seguridad.
—¿Qué hay de Seattle? —Preguntó Eddie perplejo
—No importa
Los Jets no eran tan rápidos como los comerciales, y nuestro viaje tomó gran parte del día. Durante el cual continúe preguntándole a Victor sobre el papel de su hermano en Las Vegas, y finalmente obtuve la respuesta que esperaba. Victor nos lo habría dicho eventualmente, pero creo que él obtuvo una sádica emoción al prolongar la respuesta.
—Robert no vive en Las Vegas, propiamente —él explicó—. Él tiene una pequeña casa, una cabaña, supongo que a las afueras de Red Rock cañón, millas fuera de la ciudad.
Ah. Ahora eso era más de lo que hubiera esperado. Lissa se puso rígida a la mención de la cabaña y sentí su inquietud mediante el vínculo. Cuando Victor la había secuestrado, él la había llevado a una cabaña en el bosque y ahí la había torturado. Le di una mirada tan tranquilizante como pude. Eran momentos como éste cuando deseaba que el vínculo funcionara de ambas formas, así podría enviarle verdadera comodidad.
—¿Así que iremos allá?
Víctor, resoplo. —Ciertamente no, Robert valora demasiado su privacidad. Él no dejaría que nadie entrara a su casa. Pero vendrá a la ciudad si se lo pido.
Lissa me mira, Víctor puede estar poniéndonos una trampa. Él tiene demasiados seguidores, ahora que está afuera. Él puede llamarlos en lugar de a Robert para encontrarnos.
Le doy un pequeño asentimiento, de nuevo deseando poder responderle por medio del vínculo. Ella había pensado en esto también. Era imperativo nunca dejar solo a Victor para que hiciera llamadas sin supervisión, y en realidad, el mismo plan de reunirnos en Las Vegas me hacía sentir mejor. Para nuestra propia seguridad de los hombres de confianza de Victor, era preferible estar en la ciudad que fuera en mitad de la nada.
—En vista que he sido tan útil —dijo Victor—, tengo el derecho a saber ¿qué quieren con mi hermano? —Él miro a Lissa—. ¿Buscando lecciones del Espíritu? Tuviste que haber hecho una excelente investigación para encontrarlo —No tienes ningún derecho de saber nuestros planes —yo digo agudamente—. Y de verdad, si quieres hacer el seguimiento de quién ha sido el más útil aquí, nosotros te superamos en la tarjeta de puntuación. Tienes un largo camino que recorrer para alcanzarnos después de lo que hicimos en Tarasov. —Victor sólo respondió con una pequeña sonrisa.
Alguna parte del viaje se llevó a cabo en la noche, lo que significaba que era temprano en la mañana cuando aterrizamos en Las Vegas, en la seguridad de la luz del sol. Estaba sorprendida de ver qué tan atestado estaba el aeropuerto. El aeropuerto privado en Seattle había tenido una buena cantidad de aviones, pero el aeropuerto de Fairbanks había estado casi desierto. Esta zona estaba repleta de pequeños Jets, muchos de ellos gritaban ‚Lujo‛. No debería estar sorprendida. Las Vegas era el patio de juego de las celebridades y otra gente rica, muchos de los cuales probablemente no podían permitir rebajarse a viajar en vuelos comerciales con gente ordinaria.
Aquí había taxis, ahorrándonos la odisea de otro carro alquilado. Pero cuando el conductor nos preguntó hacia a dónde nos dirigíamos, todos nos quedamos en silencio.
Yo giré hacia Víctor.
—Al centro de la ciudad ¿cierto? ¿La zona?
—Sí —Él agregó. Había estado segura de que Robert querría encontrarse con unos extraños en algún lugar muy público. Un lugar en el cual él podría huir fácilmente.
—La zona es un gran lugar. —Dijo el conductor—. ¿Tienen algún lugar en especial o sólo los dejo en la mitad de la calle?
El silencio cayó sobre nosotros. Lissa me dio una significativa mirada.
—¿Witching Hour?
Lo consideré. Las Vegas era el lugar favorito por algunos Moroi. El sol brillante lo hacía menos atractivo para los Strigoi, y los casinos sin ventanas, creaban una cómoda atmósfera de oscuridad.
La hora de las brujas era un casino-hotel del que todos habíamos escuchado. Si bien había un montón de clientes humanos, de hecho pertenecía a un Moroi, por lo que había una cantidad de características clandestinas para que fuera el lugar perfecto para vampiros. Alimentadores en cuartos traseros. Salas especiales únicamente para Morois. Un buen número de guardianes patrullando.
Guardianes
Negué con la cabeza y miré de reojo a Víctor. No podemos llevarlo ahí, de todos los hoteles en Las Vegas, el Witching Hour, era el último lugar al que iríamos. El escape de Víctor debió haber sido noticia de última hora en todo el mundo Moroi, llevarlo a Las Vegas, a la gran concentración de Morois y Guardianes, era la peor idea que podíamos tener en este momento.
En el espejo retrovisor, el rostro del conductor lucía impaciente. Fue Eddie quien finalmente dijo: —The Luxor.
Él y yo estábamos en el asiento trasero, con Victor entre nosotros, y lo miré por encima —¿De dónde vino eso?
—Pone distancia entre nosotros y el Witching Hour —Eddie repentinamente parecía un poco avergonzado—, y siempre me he querido quedar ahí, quiero decir, si vienes a Las Vegas ¿por qué no quedarte en una pirámide?
—No se puede criticar esa lógica. —Lissa dijo
—The Luxor será —le dije al conductor.
Viajamos en silencio, todos nosotros —bien, menos Víctor— mirando con admiración la vista. Aún durante el día, las calles de Las Vegas estaban llenas de personas. Los jóvenes y glamorosos caminaban lado a lado con parejas mayores de clase media, quienes probablemente habían ahorrado y ahorrado para poder hacer este viaje. Los hoteles y casinos que pasamos eran inmensos, llamativos e invitadores.
Y cuando llegamos al Luxor… yup. Era como Eddie había dicho. Un hotel en forma de pirámide. Me quedé mirando al bajar del coche, tratando duramente de no dejar caer mi mandíbula como el turista deslumbrado que era.
Pagué al conductor y caminamos hacia la entrada. No sabía cuánto tiempo nos quedaríamos, pero definitivamente necesitábamos un cuarto como base de operaciones.
Entrar en el hotel fue como estar de nuevo en el club nocturno en San Petersburgo y Novobirsk. Las luces intermitentes y el abrumador olor del humo Y el ruido, ruido, ruido. Las maquinas tragamonedas sonando y sonando, fichas cayendo, gente gritando en consternación o deleite y el bajo sonido de conversaciones colándose por el salón como zumbidos de abejas. Hice una mueca, todos esos estímulos habían tocado mis sentidos.
Pasamos por las afueras del casino para poder llegar a la recepción, donde la asistente ni siquiera parpadeó ante la vista de tres adolescentes y un viejo entrando a una habitación juntos. Tuve que imaginar que, en ese lugar, ellos veían de todo.
Nuestro cuarto era de tamaño medio, con dos camas dobles, y de alguna manera teníamos la suerte de una vista increíble. Lissa se paró en la ventana, fascinada por los lugares de interés, las personas, los carros que pasaban en la zona de abajo.
Pero yo salté directamente el negocio.
—Ok, llámalo —Le ordené a Víctor. Se sentó en una de las camas con las manos cruzados y la expresión serena, como si estuviera en unas verdaderas vacaciones. A pesar de la sonrisa de suficiencia, pude ver la fatiga en su rostro.
Incluso con su alivio de la sangre, el escape y el largo viaje habían sido agotadores, y los efectos de su enfermedad fueron volviendo lentamente, lo que naturalmente hacía estragos en su fuerza física. Victor inmediatamente se acerco al teléfono del hotel, pero yo negué con mi cabeza.
—Liss, déjalo usar tu celular, quiero grabar este número.
Ella le pasó el teléfono de nuevo con cuidado, como si fuera a contaminarla. Él tomó el teléfono y me dio una mirada casi angelical.
—¿No debería tener un poco de privacidad? Hace mucho tiempo que Robert y yo no hablamos.
—No —Le espeto yo. La dureza de mi voz me sorprendió incluso a mí, y se me ocurrió que Lissa no era la única sufriendo hoy por el uso del espíritu. Victor se encogió de hombros y comenzó a marcar. Nos dijo en uno de los vuelos que tenía el número de Robert memorizado. Tuve que tener fe acerca de a quién estaba llamando.
También tuve que esperar que el número de Robert no hubiera cambiado. Por supuesto, incluso si Victor no había visto a su hermano en años, él había sido encerrado sólo un corto tiempo, y probablemente había mantenido conversaciones con él de antemano.
La tensión lleno la habitación mientras esperábamos que sonara el teléfono. Unos momentos después, escuché una voz a través del altavoz del teléfono, aunque yo no podía distinguir las palabras exactas.
—Robert —dijo agradablemente—. Es Victor.
Este recibió una respuesta frenética en el otro extremo. Sólo pude oír parte de la conversación, pero era intrigante. Victor primero tenía que pasar demasiado tiempo tratando de convencer a Robert que estaba fuera de prisión. Aparentemente, Robert no estaba tan alejado de la sociedad Moroi para estar fuera de contacto sobre las noticias de actualidad. Victor le dijo que los detalles serían revelados más tarde y luego hizo su lanzamiento a Robert para que viniera a encontrarnos.
Tengo el sentimiento que Robert vivía en el temor y la paranoia, que me recordó a la Sra. Karp cuando había estado en las etapas avanzadas de la locura del espíritu. Lissa fijó la mirada fuera de la ventana durante toda la llamada. Pero sus sentimientos se reflejaron en mí: Miedo, de que esto podría ser su destino. O el mío también. Si sacaba los efectos del espíritu. La imagen del signo de Tarasov aparece brevemente en su mente.
ADVERTENCIA. AHORA ESTA ENTRANDO AL AREA DE PRISIONEROS (PSIQUIATRIA)
La voz de Víctor se volvió sorprendentemente halagadora mientras hablaba con su hermano, incluso gentil.
Me acordé con inquietud de los viejos tiempos, antes de saber de los dementes planes de Victor sobre la dominación de los Moroi, él nos trataba con amabilidad y también había sido prácticamente un miembro de la familia de Lissa. Me pregunto si en algún momento él había sido sincero, o si todo había sido parte de un acto.
Finalmente, después de casi veinte minutos, convenció a Robert para venir a vernos. Las palabras inteligibles al otro extremo del teléfono estaban llenas de ansiedad. Y en ese momento me convencí que Victor realmente estaba hablando con su hermano loco y no con uno de sus cómplices. Víctor concertó una cena-reunión en uno de los restaurantes del hotel y al final colgó.
—¿Cena? —Pregunté cuando Víctor cerró el teléfono—. ¿No está preocupado por estar afuera de noche?
—Es una cena temprana —él respondió—, cuatro treinta, y el sol no habrá bajado casi hasta las ocho.
—¿Cuatro treinta? —Pregunté—. Buen Dios ¿Vamos a ordenar el especial de tercera edad?
Pero tenía un punto en cuanto al tiempo y el sol. Sin la seguridad de Alaska, la luz del sol pasó casi sin escala. Me estaba empezando a sentir sofocada por la presión de la salida del sol y la puesta de este, incluso aunque fuera verano aquí.
Desafortunadamente, una segura y temprana cena aún significaba que teníamos horas que pasar. Victor se recostó en la cama, con los brazos detrás de su cabeza. Creo que estaba intentando un aire despreocupado, pero mi suposición era que se debía realmente al agotamiento lo que lo llevaba a buscar la comodidad de una cama.
—¿Interesadas en probar su suerte escaleras abajo? —Él miró a Lissa—. Los usuarios del espirito son increíbles jugadores de cartas, no tengo que decirte lo buenos que son leyendo a la gente—. Ella no respondió.
—Nadie deja este cuarto —dije, no me gustaba la idea de estar todos encerrados aquí, pero no podía arriesgarme a un intento de fuga o a Strigois acechando en los rincones del casino.
Después de lavarse el tinte del pelo, Lissa acercó una silla a la ventana. Ella se negó a estar más cerca de Victor. Me senté con las piernas cruzadas sobre la segunda cama. Donde no había mucho espacio para que Eddie también se sentara, pero se mantuvo en posición vertical contra una pared. En la perfecta postura de un guardián, mientras miraba a Victor. No tenía ninguna duda que Eddie pudiera mantener esa posición por horas, sin importar cuán incomoda fuera. Todos habían sido entrenados para soportar duras condiciones. Él hizo un buen trabajo luciendo severo. Pero de vez en cuando, lo atrapaba mirando a Victor con curiosidad. Eddie había estado conmigo en este acto de traición, pero aún no sabía por qué lo había hecho.
Habíamos estado allí un par de horas cuando alguien golpeó la puerta. Me levanté de un salto. Eddie y yo nos reflejamos mutuamente, ambos en rígida atención, las manos yendo a nuestras estacas. Habíamos pedido el almuerzo hace una hora, pero el servicio de habitaciones hace tiempo que había llegado e ido. Era aún temprano para Robert, además, él no sabía el número de la habitación. No hubo nauseas, sin embargo, no había un Strigoi en nuestra puerta. Me encontré con la mirada de Eddie, pasando mensajes silenciosos sobre qué hacer.
Pero fue Lissa quien actuó primero, levantándose de la silla dando unos pasos por la habitación.
—Es Adrian.
—¿Qué? —Exclame— ¿Estás segura? —Ella asintió. Los usuarios del espíritu usualmente sólo ven auras, pero podían sentirse entre sí cuando estaban lo suficientemente cerca... tal como había sido en la prisión, sin embargo, ninguno de nosotros se movió. Me dirigió una mirada seca.
—Él sabe que estoy aquí —Ella señaló—. Él puede sentirme también.
Yo suspiré, aún con mi mano en la estaca, y me dirigí a la puerta. Miré por la mirilla. De pie con una expresión divertida e inquieta estaba Adrian. No podía ver a nadie más, sin ninguna indicación de encontrar a un Strigoi, finalmente abrí la puerta. Su rostro se iluminó de alegría cuando me vio. Inclinándose, me dio un rápido beso en la mejilla antes de entrar al cuarto.
—Ustedes realmente no pensaban que podían irse un fin de semana de fiesta sin mí, ¿verdad? Especialmente aquí, de todos los lugares…
Se quedó paralizado y fue uno de esos raros momentos cuando Adrian Ivashkov fue capturado total y completamente fuera de guardia.
—¿Sabían...? —dijo él lentamente— ¿...que Victor Dashkov está sentado en su cama?
—Sí —dije— fue casi un Shock para nosotros también.
Adrian arrastró la mirada de Victor y miró a su alrededor, dándose cuenta de Eddie por primera vez. Eddie había estado tan tranquilo que casi parecía parte del mobiliario. Adrian se volvió hacia mí.
—¿Qué diablos está pasando? ¡Todo el mundo está en busca de él!
Las palabras de Lissa sonaron a través del vínculo. Deberías decirle. Sabes que él no se irá ahora.
Ella tenía razón. No tenía idea cómo nos había encontrado Adrian, pero ahora que lo había hecho, no había manera en que él se fuera. Miré dudosa a Eddie, quien adivinó mis pensamientos.
—Vamos a estar bien —dijo—. Ve a hablar, yo no permitiré que nada suceda.
Y soy lo suficientemente fuerte de nuevo para usar la compulsión si trata de hacer algo, Lissa agregó.
Suspiré. —Muy bien. Estaremos de vuelta.
Tomé del brazo a Adrian y lo llevé a fuera. Tan pronto como nos encontramos en el pasillo, empieza de nuevo. —¿Rose, qué es…?
Niego con la cabeza. En nuestro tiempo aquí, he oído suficiente ruido de otros huéspedes en el vestíbulo para saber que mis amigos oirían nuestra conversación si hablábamos aquí afuera. En su lugar, Adrian y yo tomamos el elevador y bajo las escaleras, donde el ruido del casino cubriría nuestras palabras.
Encontramos un rincón un poco fuera de forma y Adrian prácticamente me empujó contra la pared, su expresión oscura y su actitud ligera me molestaban a veces, pero lo prefería cuando estaba molesto, en gran parte porque temía que el espíritu añadiera una inestable ventaja.
—Me dejaste una nota diciendo que te escapabas para una última fiesta de fin de semana, ¿y en lugar de eso te encuentro escondida con uno de los más notorios criminales? ¡Cuando dejé la Corte, era eso de lo que todo el mundo estaba hablando! ¿Ese tipo no trató de matarte?
Respondí su pregunta con otra pregunta —¿Cómo nos encontraste?
—La tarjeta de crédito —Él dijo— Estaba esperando que la usaras.
Mis ojos se abrieron —¡Me prometiste que no estarías chismoseando!
Desde que mis cuentas y tarjetas las había conseguido con su ayuda, sabía que él tenía acceso a los registros, pero le había creído cuando dijo que respetaba mi privacidad.
—Cuando estabas en Rusia, mantuve esa promesa. Esto es diferente. Yo me mantuve revisando y revisando junto con la compañía y tan pronto como la actividad se hizo presente con el vuelo chárter, llamé y me enteré dónde estabas.
La rápida llegada de Adrian aquí, después de todo no, era tan increíble si él hubiera estado monitoreando la tarjeta. Una vez que tuviera la información que necesitaba, podía fácilmente reservar un vuelo. Un Jet sin escalas habría hecho nuestro viaje más rápido, y no un viaje multi-paradas.
—No hay manera en que pudiera resistirme a Las Vegas —él continuó—. Así que pensé que te sorprendería y te mostraría como unirte a la diversión.
Yo había utilizado mi tarjeta para la habitación. Me di cuenta de nuevo, acerca de delatar nuestra posición. No había nadie más ligado a mí o a las tarjetas de Lissa, pero la facilidad con que me había rastreado me puso nerviosa.
—No debiste haber hecho eso —gruñí—, podemos estar juntos, pero hay límites que tenemos que respetar, y este no es tu asunto.
—¡No es como si estuviera leyendo tu diario!, yo sólo quería encontrar a mi novia y…
Era un signo de sufrimiento de Adrian. Su mente ahora estaba empezando a retroceder y juntar las piezas.
—¡Oh, Dios! Rose, por favor dime que ustedes no fueron los que lo sacaron de prisión. Están buscando a dos chicas humanas y un chico Dhampir. Las descripciones no coinciden en absoluto…. —él gimió—, pero fuiste tú ¿cierto? de alguna manera irrumpiste en una prisión de máxima seguridad con Eddie.
—No debió haber tenido tanta seguridad. —Comenté ligeramente.
—¡Rose!, ese tipo ha jodido la vida de ambas. ¿Por qué lo pones en libertad?
—Porque…—Dudé. ¿Cómo explicarle esto a Adrian? ¿Cómo explicarle lo que con evidencias de nuestro mundo era imposible? ¿Y cómo explicarle qué meta en particular me había traído a esto?
—Víctor tiene información que necesitamos. O, mejor, tiene acceso a alguien que necesitamos. Y esta era la única manera en que podíamos llegar a él.
—¿Qué hay en la tierra que él pudiera saber, para que hagas esto?
Yo tragué. Caminé entre prisiones y nidos de Strigoi. Pero decir lo que hice, enfrente de Adrian, me llenó de temor.
Porque podría haber una forma de salvar a los Strigoi. Para volver a la forma en que eran. Y Victor… Victor conoce a alguien que podría haber hecho esto.
Adrian me miró durante varios segundos, e incluso en medio del movimiento y el ruido del casino, fue como si el mundo se quedara quieto y en silencio.
—Rose, eso es imposible.
—Puede que no.
—Si hubiera una forma de hacerlo, lo sabríamos.
—Involucra usuarios del espíritu. Y sólo hasta ahora supimos de ellos.
—Eso no significa... Oh, ya veo. —Sus profundos ojos verdes destellaron. Y en este momento, estaba enojado—. Es por él ¿verdad? Este es tú último y loco intento para llegar a él, a Dimitri.
—No es sólo por él —dije vagamente—, podría salvar a todos los Strigoi.
—¡Pensé que eso había terminado! —Adrian exclamó, su voz era lo suficientemente fuerte para que las personas cercanas en las máquinas tragamonedas voltearan a mirar—. Me dijiste que todo había terminado. Me dijiste que podías seguir adelante y estar conmigo.
—Lo dije en serio —le dije, sorprendida por la nota desesperada en mi voz—. Es algo que sólo encontramos. Teníamos que intentarlo.
—¿Y luego qué? ¿Qué pasa si esta estúpida fantasía funciona? Liberas a Dimitri en algún acto milagroso, ¿y me botas así? —Él chasqueo sus dedos.
—No lo sé —dije con cansancio—, estamos yendo un paso a la vez. Me encanta estar contigo. De verdad. Pero no puedo ignorar esto.
—Por supuesto que no puedes. —Volvió sus ojos hacia el cielo—. Sueños, sueños. Camino con ellos; vivo con ellos. Me engaño con ellos. Es una maravilla que haya descubierto la realidad. —El extraño sonido de su voz me ponía nerviosa. Pude reconocer uno de sus locos lapsos, inducidos por el espíritu. Luego se giró hacia mí con un suspiro.
—Necesito un trago.
La pena que había sentido por él se convirtió en ira. —¡Oh, Dios!, eso lo arregla todo. Me alegro que en un mundo tan enloquecido como éste, tú todavía tengas tus viejos recursos.
Su mirada me hizo dar un respingo. Él no lo hacía muy a menudo. Y cuando lo hacía, era una cosa poderosa.
—¿Qué esperas que haga? —Él preguntó.
—Podrías… Podrías… ¡Oh, Dios! Bueno, ahora que estás aquí podrías ayudarnos. Además, este tipo con el que nos vamos a encontrar es otro usuario del espíritu.
Adrian no traicionó sus pensamientos. Pero pude sentir que había despertado su interés.
—Sí, eso es exactamente lo que quiero, ayudar a mi novia a traer a su antiguo novio de vuelta. —Se dio la vuelta de nuevo, y le oí murmurar:— Necesito dos tragos.
—Cuatro treinta —le grité—. Nos reuniremos con él a las cuatro treinta.
No hubo respuesta. Adrian se perdió en la multitud.
Regresé al cuarto, en una nube negra que tenía que ser obvia para todos. Lissa y Eddie eran lo suficientemente inteligentes para no preguntar, pero Victor, por supuesto, no tenía tales reservas.
—¿Qué? ¿El Señor Ivaskhov no nos acompaña? Estaba tan ansioso acerca de tener su compañía.
—Cállate —dije, cruzando mis brazos e inclinándome contra la pared cerca de Eddie—. No hables a menos que tengas que hacerlo.
El próximo par de horas fueron un arrastre. Estaba segura que en cualquier momento, Adrian volvería de mala gana y se comprometería a ayudarnos. Podíamos utilizar su compulsión en caso que algo saliera mal, aunque no pudiera igualar a Lissa.
Seguramente…seguramente, ¿él me amaba lo suficiente para venir en mi ayuda? ¿Él no me abandonaría?
Eres una idiota, Rose, era mi propia voz la que me criticaba, no la de Lissa. No le diste ninguna razón para ayudar. Sólo le harás daño una y otra vez. Al igual que a Mason.
Cuando las cuatro treinta llegaron, Eddie me miró. — ¿Deberíamos reservar una mesa?
—Sí. —Estaba inquieta y molesta. No quería quedarme en este cuarto por más tiempo, atrapada con sentimientos oscuros que no se iban.
Víctor se levantó de la cama, extendiéndose como si se levantara de una siesta. Aún, habría jurado que había un brillo ansioso oculto en la profundidad de sus ojos. En todos los sentidos, él y su hermano eran cercanos, aunque yo no le había visto ninguna muestra de amor o lealtad hacia nadie. ¿Quién sabe? Tal vez en alguna parte había un verdadero afecto por Robert.
Formamos una especie de configuración de protección, conmigo en la parte delantera, Eddie en la espalda y los dos Moroi entre nosotros. Abrí la puerta y me encontré cara a cara con Adrian. Su mano estaba levantada, como si hubiera estado a punto de golpear. Él arqueó una ceja.
—Oh, Bueno —él dijo. Tenía la misma expresión tipo Adrian normal y relajada en su rostro. Aunque su voz sonaba un poco tensa. Yo sabía que él no era feliz con nada de esto. Pude verlo en la rigidez de su mandíbula y la agitación en sus ojos. Sin embargo, él estaba poniendo una buena cara a los demás, por lo que le estaba agradecida. Lo más importante era que había vuelto. Eso era lo que importaba, y podía ignorar el olor a alcohol y el del humo a su alrededor.
—Así que…. he oído que hay una fiesta, ¿les importa si me uno?
Le di una débil sonrisa agradecida. —Vamos.
Nuestro grupo, ahora de cinco integrantes, se dirigió por el pasillo hacia el ascensor.
—Estaba limpiando en el Póker, ¿sabes? —Adrian agregó—, así que espero que esto sea bueno.
—No sé si será bueno. —Reflexioné. Las puertas de ascensor se abrieron—. Pero creo que será memorable.
Entramos al ascensor, para ver a Robert Doru. Y lo que podría ser la única solución de Dimitri.

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