sábado, 20 de diciembre de 2014

Capítulo 30 BLOOD PROMISE

Capítulo 30
Alberta me estaba esperando en la oficina del edificio administrativo de los guardianes. El papel de Alberta como capitana, era altamente notable, teniendo en cuenta el bajo número de mujeres en nuestras filas. Andaba por los cincuenta y era una de las mujeres más fuertes que había conocido. Su cabello rubio mostraba algunas canas, y los años de trabajo al aire libre habían curtido su piel.
―Bienvenida de nuevo, Rose,‖ dijo, poniéndose de pie mientras me aproximaba. Ella ciertamente no me abrazó, y su actitud era seria, pero el hecho de que usase mi nombre fue un gesto generoso de su parte. Eso, y la una pequeña chispa de alivio y de felicidad que me pareció ver en sus ojos. ―Vamos a mi oficina.‖
Nunca había estado allí. Cualquier problema disciplinar que tenía con los guardianes normalmente eran dirigidos al comité. Como era de esperar, la oficina estaba impecable, todo arreglado con una eficacia militar. Nos sentamos cada una a un lado de su escritorio, y me preparé para el interrogatorio.
―Rose‖, dijo, inclinándose hacia mí. ―Voy a serte franca. No te voy a dar sermones o exigirte cualquier tipo de explicación. Honestamente, ya que no eres mi estudiante, no tengo derecho a preguntarte o decirte nada.‖
Era como lo que había dicho Adrian. ―Puedes sermonearme‖ le dije. ―Siempre te he respetado y quiero escuchar lo que tienes que decirme‖.
El amago de una sonrisa apareció en su rostro. ―Muy bien, el tema es el siguiente. La has jodido.
―Wow. No estabas bromeando sobre ser franca.‖
―Las razones no importan. No debiste marcharte. No debiste abandonar. Tu educación y entrenamientos son muy valiosos — no importa cuánto crees que sabes, — y tú eres muy buena como para arriesgarte a perder tu futuro
Casi me reí. ―¿Siendo sincera? Ya no estoy segura sobre cual es mi futuro.‖
―Es por eso que necesitas graduarte‖.
―Pero lo dejé‖.
Ella resopló. ―Entonces regresa‖
―¿Yo — Qué? ¿Cómo?‖
―Con papeleo. Como todo el mundo‖.
Para ser honesta, no sabía lo que haría una vez que llegase aquí. Mi preocupación inmediata era Lissa —estar con ella y asegurarme de que estaba bien. Sabía que ya no podía ser oficialmente su guardiana, pero me imaginaba que una vez que estuviésemos juntas, nadie podía impedirle andar con una amiga. Por así decirlo, sería su guardaespaldas contratada, algo así como lo que tenía Abe. Y mientras tanto, vagaría por el campus, como Adrian.
Pero ¿inscribirse de nuevo?
―Yo... Perdí un mes. Tal vez más.‖ Mis días estaban dispersos. Era la primera semana de mayo, y me había ido a finales de marzo, el día de mi cumpleaños. ¿Cuánto? ¿Cinco semanas? ¿Casi seis?
―Perdiste dos años y lograste ponerte al día. Tengo fe en ti. E incluso si tienes problemas y te gradúas con notas bajas, es mejor que no graduarse.
Traté de imaginarme de nuevo en este mundo. ¿Realmente solo había pasado poco más
de un mes? Clases... las intrigas del día a día... ¿cómo podía simplemente volver a
eso?¿Cómo podía regresar a esta vida después de ver la forma en la que vivía la familia de Dimitri, después de estar con Dimitri y perderlo — otra vez.
¿Me había dicho que me amaba?
―No sé qué decir, le dije a Alberta. ―Tengo que asimilarlo.
―Bueno, deberías decidirte con rapidez. Cuanto antes regreses a las clases, mejor.
―¿Realmente me dejarán regresar?‖ Esa era la parte que encontraba un poco increíble.
―Te dejaré, dijo. ―De ninguna manera voy a permitir que se nos escape alguien como tú.
Y ahora que se ha ido Lazar… bueno, las cosas están un poco locas por aquí. Nadie me va a dar muchos problemas para presentar el papeleo.‖ Su sonrisa, disminuyó un poco. ―Y si nos dan algún problema… me han dado a entender que tienes un benefactor que puede
cobrarse algunos favores para limar las asperezas.‖
―Un benefactor‖, repetí rotundamente. ―¿Un benefactor que lleva pañuelos llamativos y joyas de oro?
Se encogió de hombros. ―No lo conozco. Ni siquiera sé su nombre — sólo sé que amenazó con retirar una donación considerable de la escuela si no eras aceptada de regreso; si es que querías regresar.
Si. Tratos y chantaje. Estaba bastante segura de quién era mi benefactor. ―Dame algún un tiempo para pensar en ello. Lo decidiré pronto — te lo prometo.
Frunció el ceño, pensativa, y luego asintió con la cabeza. ―Muy bien.
Las dos nos pusimos de pie, y ella me acompaño hacia la entrada del edificio. La miré.
―Oye, si me gradúo ¿Crees que hay alguna manera de que pudiera volver a ser la guardiana oficial de Lissa? Sé que ya han elegido a alguien para ella y que me encuentro, ah, un poco en desgracia.‖
Nos detuvimos cerca de las puertas exteriores, y Alberta apoyó una mano en la cadera.
―No lo sé. Podemos intentarlo. La situación se ha puesto un poco complicada.
―Sí, lo sé‖, dije con tristeza, recordando las acciones despóticas de Tatiana.
―Pero, como dije, haremos lo que podamos. ¿Lo que dije sobre graduarse con bajas calificaciones? No lo harás. Bueno, tal vez en matemáticas y ciencias, — pero eso está fuera de mi control. Sin embargo, serás la mejor entre los novatos. Yo misma trabajaré contigo.‖
―Muy bien‖, dije, dándome cuenta de la concesión que me había otorgado. ―Gracias‖.
Estaba saliendo cuando me llamó por mi nombre. ―¿Rose?
Sujeté la puerta y miré hacia atrás. ―¿Sí?‖
La cara de Alberta era amable… algo que nunca había visto antes. ―Lo siento‖, dijo.
―Siento todo lo que pasó. Y que ninguno de nosotros pudiese hacer algo al respecto.
Vi en sus ojos que ella sabía acerca de lo mío y Dimitri. No estaba segura de cómo. Tal vez lo había oído después de la batalla, tal vez se lo había imaginado de antemano. A pesar de todo, no había castigo en su rostro, sólo un sincero dolor y empatía. Le di un breve gesto de reconocimiento y salí.
El día siguiente encontré a Christian, pero nuestra conversación fue breve. Iba de camino a reunirse con algunos de sus alumnos y se le hacia tarde. Pero él me abrazó y parecía muy feliz de verme. Eso demostraba lo lejos que habíamos llegado, teniendo en cuenta la relación antagónica que teníamos cuando nos conocimos.
―Ya era hora‖, dijo. ―Lissa y Adrian han compartido su preocupación por ti, pero no fueron los únicos. Y alguien tiene que poner a Adrián en su lugar, ya sabes. Yo no puedo hacer
eso todo el tiempo.
―Gracias. Me mata decir esto, pero también te extrañé. Nadie en Rusia logra igualar tu sarcasmo. Mi diversión se desvaneció. ―Pero ya que has mencionado a Lissa —
―No, no. Levantó la mano en señal de protesta, su rostro se endureció. ―Sabía que sacarías el tema
―¡Christian! Ella te ama. Sabes que lo que sucedió no fue culpa de ella —―Lo sé‖ interrumpió. ―Pero eso no quiere decir que no me doliese. Rose, sé que está en tu naturaleza entrometerse y decir lo que todos temen, pero por favor… esta vez no.
Necesito tiempo para entender las cosas.
Tuve que tragarme un montón de comentarios. Lissa había mencionado a Christian en nuestra conversación de ayer. Lo que había ocurrido entre ellos era una de sus mayores penas — probablemente lo que más odiaba de Avery. Lissa quería acercarse a él y reconciliarse, pero él mantenía las distancias. Y sí, tenía razón. No debía entrometerme —todavía. Necesitaba que se arreglasen.
Así que simplemente respeté sus deseos y asentí con la cabeza. ―Está bien. Por ahora.
Mis últimas palabras lo hicieron sonreír un poco. ―Gracias. Mira, tengo que irme. Si alguna
vez quieres mostrarles a estos niños como patear un culo a la antigua, vente. Jill se desmayaría si te ve de nuevo.
Le dije que iría y lo dejé seguir, debido a que yo también tenía cosas que hacer. Pero de ninguna forma había terminado con él.
Tenía que reunirme con Adrian y Lissa para cenar, en uno de los salones de la vivienda de invitados. Hablar con Christian me había atrasado, y corrí por el pasillo del vestíbulo, sin apenas hacer caso de mi entorno.
―Siempre con prisa, dijo una voz. ―Es un milagro que alguien puede conseguir que dejes de moverte.
Me detuve y me giré, mis ojos se agrandaron. ―Mamá…
Ella estaba apoyada en la pared, los brazos cruzados, con su corto cabello castaño tan rizado y despeinado como siempre. Su cara, curtida como la de Alberta por trabajar al aire libre, estaba llena de alivio y — amor. No había rabia, ni condenas. Nunca me había sentido tan feliz de verla en mi vida. En un instante estaba entre sus brazos, descansando mi cabeza en su pecho, a pesar de que ella era más baja que yo. ―Rose, Rose dijo contra mi cabello. ―Nunca mas vuelvas a hacerlo. Por favor
Me aleje y miré su cara, asombrada al ver lágrimas derramándose de sus ojos. Había visto a mi madre llorar después del ataque a la escuela, pero nunca, nunca la había visto  llorando abiertamente. Mucho menos por mí. También me dieron ganas de llorar, e inútilmente traté de secar su cara con la bufanda de Abe.
―No, no, todo está bien. No llores‖ le dije, asumiendo el extraño intercambio de papeles.
―Lo siento. No lo volveré a hacer. Te extrañé mucho
Era verdad. Quería a Olena Belikova. Pensaba que ella era amable y maravillosa y conservaría siempre los recuerdos de ella confortándome sobre Dimitri. En otra vida, ella podría haber sido mi suegra. En esta, siempre la consideraría como mi madre adoptiva.
Pero ella no era mi verdadera madre. Lo era Janine Hathaway. Y parada allí con ella, era feliz — muy, muy feliz — de ser su hija. Ella no era perfecta, pero nadie lo era, como había aprendido. Sin embargo, era buena y valiente y fuerte y compasiva — y creo que me comprendía más de lo que yo creía. Si pudiese ser mitad de la mujer que ella era, mi vida estaría bien empleada.
―Estaba tan preocupada‖ me dijo, recuperándose. ―¿A donde fuiste? — quiero decir, se que estuviste en Rusia... pero ¿por qué?
―Pensé... Tragué, y vi de nuevo a Dimitri con mi estaca en su pecho. ―Bien, había algo que tenia que hacer. Pensé que tenía que hacerlo sola‖ Ahora no estaba segura de esa última parte. La verdad, había logrado mi objetivo yo sola, pero me estaba dando cuenta de cuantas personas me amaban y estaban conmigo. Quien sabe lo diferentes que hubieran sido las cosas si hubiera pedido ayuda. Tal vez habrían sido más fáciles.
―Tengo muchas preguntas me advirtió.
Su voz se había endurecido, y sonreí. Ahora era la Janine Hathaway que conocía. Y la amaba por eso. Sus ojos pasaron por mi cara y por mi cuello y la vi ponerse rígida. Por un aterrador momento, me pregunté si Oksana se había olvidado de curar una de las señales de mordiscos. La idea de que mi madre viese lo que me había rebajado a hacer en Siberia hizo que mi corazón se parara.
En lugar de eso, se acercó y toco los ricos colores de la bufanda de cachemira, su rostro lleno tanto de admiración como de asombro. ―Esta... esta es la bufanda de Ibrahim... es una herencia familiar...
―No, pertenece a un gángster llamado Abe...
Me detuve tan pronto como el nombre cruzó mis labios. Abe, Ibrahim. Escuchar los dos en
voz alta, me hizo percibir lo similares que eran. Abe... Abe era el diminutivo de Abraham en inglés. Abraham, Ibrahim. Solo había una pequeña variación en las vocales. Abraham era un nombre bastante común en los Estados Unidos, pero sólo había oído Ibrahim una vez, dicho con desprecio por la Reina Tatiana cuando se refería a alguien con quien mi madre había estado...
―Mamá‖ dije incrédulamente. ―Conoces a Abe
Ella todavía estaba tocando la bufanda, sus ojos de nuevo llenos de emoción — pero de un tipo diferente de la que sentía por mí. ―Si, Rose. Lo conozco.
―Por favor no me digas que... Oh, hombre. ¿Por qué no podía ser la hija ilegítima de algún noble como Robert Doru? ¿O incluso la hija del cartero? ―Por favor, no me digas que Abe es mi padre...
No tenía que decírmelo, estaba en su cara, su expresión soñadora recordando otro tiempo y lugar — tiempo y lugar que sin duda implicaban mi concepción. Ugh.
―Oh Dios‖ dije. ―Soy la hija de Zmey. Zmey Junior. Zmeyette‖
Eso me devolvió su atención. Me miró. ―¿De que diablos estás hablando?
―Nada‖ dije. Estaba atontada, intentando desesperadamente asimilar esta nueva pieza de información en mi visión del mundo. Convoqué una imagen de aquella barbuda cara, buscando algún parecido familiar. Todos decían que mi cara era igual a la de mi madre cuando era más joven... pero el color de mi piel, y mi cabello y ojos oscuros... si, eran iguales a los de Abe. Siempre supe que mi padre era turco. Ese era el acento misterioso de Abe, que no era ruso, pero era extraño a mis oídos. Ibrahim debía ser la versión Turca de Abraham.
―¿Como? pregunté. ―¿Como diablos terminaste implicada con alguien así?
Ella me miro ofendida. ―Ibrahim es un hombre maravilloso. No lo conoces tan bien como yo
―Obviamente Entonces dudé. ―Mamá... debes de saberlo ¿A qué se dedica Abe?
―Es un hombre de negocios. Y el conoce y le hace favores a muchas personas, y es por eso por lo que tiene tanta influencia.
―¿Pero que tipo de negocios? He escuchado que son ilegales. No es... oh Dios. Por favor no me digas que es un vendedor de putas de sangre o algo así
―¿Que?‖ Se veía asombrada. ―No, por supuesto que no
―Pero hace cosas ilegales
―¿Quién lo dice? Nunca ha sido atrapado haciendo nada ilegal
―Lo juro, casi sonaste como si estuvieras intentando hacer una broma‖ Nunca hubiera esperado que ella defendiera un criminal, pero sabia mejor que nadie, que el amor nos hace cometer locuras.
―Si el quiere decírtelo, te lo dirá. Fin de la historia, Rose. Además, también tienes una buena cantidad de secretos guardados. Tenéis mucho en común
―¿Estás bromeando? Él es arrogante, sarcástico, le gusta intimidar a las personas, y — oh Está bien. Tal vez ella tenía un punto.
Una media sonrisa se dibujó en sus labios. ―Nunca esperé que lo conocieras de esta forma. Mejor dicho, nunca imaginé que lo conocieras. Los dos pensamos que estarías mejor si él no estaba en tu vida
Un nuevo pensamiento se me ocurrió. ―¿Fuiste tu, verdad? Lo contrataste para que me encontrara.
―¿Qué? Lo contacté cuando te marchaste... pero nunca lo contraté.
―¿Entonces quien lo hizo? Me pregunté. ―Dijo que trabajaba para alguien
Su sonrisa evocadora se convirtió en una mueca. Rose, Ibrahim Mazur no trabaja para nadie. No es el tipo de persona que puedes contratar
―Pero el dijo que... espera. ¿Por qué me estaba siguiendo? ¿Estás diciendo que me estaba mintiendo?
―Bueno‖ admitió. ―No sería la primera vez. Si te estaba siguiendo, no fue porque alguien lo estuviera obligando o pagándole. Lo hizo porque quería. Quería encontrarte y asegurarse de que estuvieras bien. Se aseguró de que todos sus contactos te pudiesen encontrar.
Recordé mi breve historia con Abe. Misterioso, insultante, exasperante. Pero él había conducido en plena noche para recogerme cuando fui atacada, había sido inflexible en su meta de hacerme regresar a la escuela, y al parecer me dio una herencia familiar porque él creía que podía coger frío de camino a casa. Es un hombre maravilloso, había dicho mi madre.
Supongo que se podían tener padres peores.
―Rose, aquí estás. ¿Por qué tardaste tanto? Mi madre y yo nos giramos mientras Lissa entraba en el vestíbulo, su cara iluminándose cuando me vio. ―Vamos— las dos. La comida se está enfriando. Y te no vas a creer lo que consiguió Adrian
Mi madre y yo intercambiamos una mirada, no teníamos que decirnos nada. Teníamos una larga conversación por delante, pero tendría que esperar. No tenía idea de como lo había logrado Adrian, pero cuando entramos en el salón, había comida china en la mesa. La Academia casi nunca la servía, y cuando lo hacían, nunca sabía.... bien. Pero esta era de la buena. Tazones y tazones de pollo con salsa agridulce y tortilla. En un bote de basura en una esquina, vi algunas cajas de un restaurante con la dirección de Missoula impresa en un lado.
―¿Como diablos trajiste esto hasta aquí? Exigí. No solo eso, aún estaba caliente.
―No cuestiones estas cosas, Rose. dijo Adrian, llenando su plato de arroz frito. Parecía muy satisfecho consigo mismo. ―Simplemente acostúmbrate. Una vez que Alberta arregle tus papeles comeremos así todos los días
Me detuve a medio bocado. ―¿Como lo sabes?
Me guiño un ojo. ―Cuando no tienes nada que hacer, excepto pasar tiempo en el campus, te enteras de ciertas cosas.
Lissa nos miró. Había estado en clases todo el día y no habíamos tenido mucho tiempo para hablar. ―¿Lo qué?
―Alberta quiere que me matricule otra vez y me gradúe le expliqué.
Lissa casi deja caer su plato ―¡Entonces hazlo!
Mi madre me miró igualmente asombrada. ¿Te dejará?
―Fue lo que me dijo‖ le dije.
―¡Entonces hazlo!‖ exclamó mi madre.
―Sabes dijo Adrian. ―Me gustaba mas la idea de nosotros dos juntos siguiendo el mismo camino
―Si, claro dije yo. ―Probablemente ni siquiera me dejarías conducir
―Dejad eso‖ Mi madre estaba firmemente de regreso a la normalidad, sin pena por la partida de su hija o anhelo por el amante perdido. ―Tienes que tomártelo en serio. Tu futuro está en juego‖ Cabeceó hacia Lissa. ―Su futuro está en juego. Terminar tu educación aquí y convertirte en guardiana es el —‖
―Si‖ dije.
"Si?" pregunto ella, perpleja.
Sonreí. "Si, estoy de acuerdo."
"Tu de acuerdo... conmigo?" Mi madre no recordaba un momento en que esto hubiera ocurrido. Tampoco yo. No era propio de mí en realidad.
"Yup. Hare las pruebas, me graduare y me haré un miembro lo mas respetable que pueda, de la sociedad. No es que suene muy divertido," le tome el pelo. Mantuve mi tono porque por dentro sabia que necesitaba eso. Tenia que volver con la gente que me amaba.
Necesitaba un nuevo objetivo o nunca terminaría con Dimitri. Nunca dejaría de ver su cara u oír su voz.
A mi lado, Lissa jadeo y junto las manos. Su alegría me inundo. Adrian no mostró sus emociones tan abiertamente, pero podía ver que el también estaba contento de tenerme a su alrededor. Mi madre aun me miraba de forma amable y algo atontada. Creo que estaba acostumbrada a que fuera irrazonable - que por lo general lo era.
"Realmente te quedaras?" pregunto ella.
"Dios santos" me reí. "Cuantas veces tengo que decirlo? Si, volveré a la escuela."
"Y permanecerás?" incito ella "Los dos meses y medio al completo?"
"No implica eso volver?"
Su cara era dura - muy como la de mi madre.
"Quiero asegurarme de que no vas a escaparte otra vez. Te quedaras y terminaras la escuela cueste lo que cueste? Estarás aquí hasta graduarte? Lo prometes?"
Encontré sus ojos, sorprendida por su intensidad. "Si, si. Lo prometo"
"Excelente" dijo ella."Te alegraras de haber elegido este camino." Sus palabras eran formales, de Guardián, pero en sus ojos vi el amor y la alegría.
Terminamos la cena y ayudamos a recoger los platos para el servicio de limpieza del edificio. Mientras echaba los restos de comida en un cubo de basura, sentí a Adrian a mi lado.
"Esto es muy domestico para ti," dijo el."Eres muy amable. Al darme a mi todo tipo de fantasías como verte con delantal cocinando en mi casa."
"Oh, Adrian, como te he echado de menos," dije haciendo rodar los ojos. "Supongo que no me ayudaras?"
"Nah. Ayude cuando me comí todo lo que tenia en mi plato. Así no necesito mas." El paro.
"Y si, eres bienvenida."
Me reí. "Ya sabes, me alegro de que le dijeras a mi madre que podía quedarme aquí. Yo no podría haberme decidido de otra manera."
"No estoy seguro de si podrías haberlo hecho. Tu madre parece alguien que siempre consigue lo que quiere." El echo una mirada de reojo en donde Lissa y mi madre tenían una conversación. El bajo la voz. "Esto debe ser cosa de familia. De hecho tal vez yo debería pedir ayuda en algo."
"Encontrar cigarrillos ilegales?"
"Pidiéndole salir a su hija"
Casi deje caer el plato que tenia en las manos.
"Tu me has pedido salir toneladas de veces"
"No realmente. He hecho sugerencias inadecuadas y con frecuencia es insistido en que te desnudes. Pero nunca te he pedido para salir en una verdadera cita. Y si la memoria no me falla, dijiste que me darías una oportunidad cuando limpiaste mi fondo fiduciario por ti."
"No lo limpie a fondo" me mofe.
Pero allí de pie, mirándolo, recordé que yo había dicho que si sobrevivía a mi búsqueda de Dimitri, le daría una oportunidad a Adrian. Habría dicho lo que fuera para conseguir el dinero que necesitaba entonces, pero ahora, veía a Adrian con nuevos ojos. No estaba lista para casarme con él ni nada parecido, tampoco lo consideraba un novio de fiar. Yo aun ni siquiera había tenido novio en alguna ocasión. Pero el había sido un buen amigo y todo lo demás en todo este caos. El había sido amable y estable y si, yo no podía negarlo... aun con un ojo morado, el era todavía extraordinariamente hermoso.
Y mientras esto no debería haber importado, Lissa tenia la idea de que todo su encaprichamiento con Avery había sido inducido por obligación. Le había gustado ella y no había estado excluyendo la idea romántica, pero sus poderes aumentaron la intensidad haciéndolo mas de lo que el sentía. Entonces el reclamo.
Si yo fuera un chico y con todo lo que me había pasado, probablemente también diría que había estado bajo la influencia de la magia. Aun así encontré difícil que alguien hubiera tomado mi lugar en tan poco tiempo, apenas un mes.
"Hazme una oferta." dije por fin. "Escríbelo y deja indicado punto por punto porque tu eres un buen pretendiente."
El empezó a reírse, entonces vio mi cara. "De verdad? Esto se parece a los deberes. Hay una razón para que no este en el colegio."
Moví mis dedos. "Ponte a ello, Ivashkov. Quiero verlo dentro de una jornada de trabajo."
Espere una broma o una contestación, pero en cambio, el dijo. "Okay."
"Okay?" Ahora fui yo la que no me creia, al igual que antes mi madre.
"Yep. Voy a volver a mi habitación ahora mismo para empezar a hacer mis deberes."
Mire fijamente con incredulidad como cogia su abrigo. Yo no había visto nunca a Adrian moverse tan rápido cuando estaba implicado hacer algún trabajo. Oh, no. Que había hecho con él?
De pronto hizo una pausa y metió la mano en su bolsillo del abrigo con una sonrisa exasperante. "En realidad, ya prácticamente te escribí un ensayo. Casi lo olvide."
El saco un trozo de papel doblado y lo agito en el aire. "Tienes que conseguir un teléfono propio. No voy a volver a ser tu secretario."
"Que es esto?"
"Un tipo extranjero me llamo antes... dijo que mi numero estaba en la memoria de su teléfono." de nuevo Adrian miro a Lissa y a mi madre. Ellas aun estaban enfrascadas en una conversación. "Dijo que tenia un mensaje para ti y no quería que se lo dijera a nadie mas. El me hizo escribirlo y leerlo de nuevo. Eres la única persona por la que haría esto, lo sabes. Creo que voy a mencionarlo cuando escriba mi propuesta para la cita."
"Simplemente puedes dármelo?"
El me dio la nota con un guiño, me dio una reverencia y luego le dijo adiós a mi madre y a Lissa. Me preguntaba si realmente iba a escribir una oferta para una cita.
La mayor parte de mi atencion, estaba sobre la nota. No tenia duda de quien le había llamado. Había usado el teléfono de Abe para llamar a Adrian en Novosibirsk y mas tarde le había contado la participación financiera de Adrian en este viaje. Al parecer, mi padre, puf, creyó que podría confiar en Adrian, aunque me pregunte porque mi madre no podría ser un buen mensajero.
Desdoble la nota, y me tomo unos segundos descifrar la letra de Adrian. Si el me escribía una nota, esperaba que fuera con mejor letra. La nota decía:
Enviado mensaje al hermano de Robert. Me dijo que no había nada que pudiera ofrecerle para que me revelara la posición de Robert - y créeme, tengo mucho que ofrecer. Pero el dijo que mientras tuviera que pasar el resto de su vida allí, la información moriría con el.
Pensé que te gustaría saberlo.
Era demasiado difícil para que Adrian lo hubiera hecho. Era algo críptico, pero entonces, Abe no quería que Adrian lo entendiera. Para mí, el significado era claro. El hermano de Robert, era Victor Dashkov. Abe tenia alguna forma de comunicarse con el en esa prisión horrible, en la que el estaba encerrado lejos de aquí (de algún modo no me sorprendió que Abe pudiera hacer esto). Sin duda Abe había intentado una de sus tretas con Victor para averiguar donde estaba Robert, pero Victor le había rechazado. No me sorprendía tampoco. Victor no era una persona que ayudara mucho y no podía culparlo ahora. El tipo estaba encerrado de por vida "allí" - en prisión. Que podría alguien ofrecerle a una persona condenado de por vida? Suspire y guarde la nota, agradecida de que Abe hubiera hecho esto por mí.
Y de nuevo, el mismo argumento vino a mi cabeza. Incluso si Victor me decía donde estaba Robert, que importaba eso? Cuanto más lejos estaba de los acontecimientos sucedidos en Rusia, mas ridícula me parecía la idea de devolver a la vida a un Strigoi. Solo la verdadera muerte podría liberarlos....
La voz de mi madre me salvo antes de pudiera comenzar a revivir la escena del puente de nuevo en mi cabeza. Me dijo que tenía que dejarnos pero me prometió que hablaríamos mas tarde.
En cuanto se hubo ido, Lissa y yo nos aseguramos de que todo estuviera bien en el salón, antes de desviarnos a mi habitación. Ella y yo aun teníamos mucho de lo que hablar.
Subimos y me pregunte cuando me llevarían del la parte de invitados a la de los
dormitorios. Probablemente cuando Alberta terminara con los papeleos.
Todavía parecía imposible aceptar que iba a poder volver a mi vieja vida y seguir adelante con todo lo sucedido el mes anterior.
"Te dio Adrian una carta de amor?" me pregunto Lissa. Su voz sonaba bromista, pero por dentro sabia que ella aun se preocupaba por mi y mis sentimientos por Dimitri.
"No aun," dije "Te lo explicare mas tarde."
Fuera de mi habitación, uno de los asistentes del edificio llamaba a mi puerta. Cuando me vio, me dio un sobre grueso y acolchado. "Solo te traía esto. Llego con el correo de hoy."
"Gracias," dije.
Lo cogí y lo mire. Mi nombre y la dirección de San Vladimir estaban impresos en una escritura limpia, lo encontré raro ya que mi llegada aquí había sido repentina. No había ninguna direccion, pero llevaba matasellos rusos y entregada por el correo global de noche.
"Sabes de quien es?" preguntó Lissa cuando la mujer se hubo ido.
"No lo se. Conocí a mucha gente en Rusia." Podría haber sido de Olena, Mark o Sydney.
Pero... algo, que yo no podía explicar como lo sentía, me había puesto con los sentidos en alarma. Rasgue el sobre por un lado y lo abrí. Mi mano se cerró alrededor de algo frío y metálico. Antes de sacarlo sabía que era. Era una estaca de plata.
"Oh dios," dije haciendo rodar la estaca y viendo el dibujo geométrico en su base. No había ninguna duda. Era la estaca que había cogido del desván de casa de Galina. La que tenía.
"Porque alguien te enviaría una estaca?" pregunto Lissa.
No conteste y saque el siguiente artículo del sobre: una pequeña tarjeta con una nota. Allí, con la letra que conocía muy bien, leía:
Olvidaste otra lección: nunca des la espalda hasta que sepas que tu enemigo esta muerto.
Parece que tendremos que recordar la lección la próxima vez que te vea - que será pronto. Con amor, D.
"Oh," dije, casi dejando caer la tarjeta. "Esto no esta bien."
El mundo dio vueltas durante un momento y cerré los ojos con un suspiro. Por centésima vez recordé los acontecimientos de cuando escape de Dimitri. Las otras veces, mis emociones y mi atención estaban sobre la mirada de su cara cuando le apuñale, y la imagen de su cuerpo cayendo en el agua negra. Ahora mi mente reunió los detalles de la lucha. Recordé como su regate de última hora había interferido en la dirección de mi estaca. Durante un momento no pensé que mi estaca hubiera entrado con fuerza, hasta que vi su cara flojear y su mirada caer. Pero realmente no había clavado la estaca con suficiente fuerza. Mi primer instinto había sido correcto. Pero las cosas habían pasado demasiado rápido. El se había caído... y luego que? había sido tan floja la estaca para simplemente caerse? había sido capaz de arrancársela? Lo había dejado pasmado el impacto del río? "Todos esos maniquís de practicas, para nada," refunfuñe, recordando como Dimitri me había enseñado una y otra vez como clavar una estaca en el pecho para que pasara por las costillas hasta el corazón.
"Rose," Lissa gritaba. Tenía un presentimiento de que no era la primera vez que había dicho mi nombre. "Que ocurre?"
El momento de estacar mas importante de mi vida... y yo lo había estropeado. Que pasara ahora? 'parece ser que tendremos que aprender la lección de nuevo la próxima vez – que será pronto'. Yo no sabia que sentir. Desesperada por no haber liberado el alma de Dimitri y haber cumplido mí promesa? Alivio al no haber matado al hombre que amaba? Y siempre, siempre esa pregunta: Habría dicho el que me amaba si hubiéramos tenido unos segundos más?
Aun no tenía las respuestas. Mis emociones corrían locas y tenia que ponerlas tranquilamente y analizarlas.
Primero: dos meses y medio. Había prometido a mi madre dos meses y medio. Ninguna acción hasta entonces.
Mientras tanto, Dimitri estaba todavía por ahí. Todavía era un Strigoi. Mientras el estuviera suelto por el mundo, no habría paz para mi.
Mirando la tarjeta de nuevo, comprendí que no tendría paz ni aunque intentara ignorarlo.
Entendí el mensaje de la tarjeta. Dimitri venia por mi esta vez. Y algo me dijo que había perdido mi posibilidad de convertirme en Strigoi. El venia para matarme. Que había dicho el cuando escape de la casa? No había forma de que los dos pudiéramos estar vivos en el mundo.
Y sin embargo, tal vez nosotros podríamos...
Cuando no le conteste enseguida, la preocupación de Lissa creció. "Tu cara me esta preocupando!. Que estas pensando?"
"Crees en los cuentos de hadas?" pregunte, alzando los ojos. Incluso aunque dije las palabras, pude imaginarme la desaprobación de Mark.
"Que...que tipo de cuentos de hadas?"
"El tipo en que, no se como, tu devuelves a la vida algo."
"No te entiendo," dijo ella. "Estoy totalmente perdida. Dime que ocurre. Que puedo hacer?"
Dos mese y medio. Tenía que quedarme aquí dos meses y medio - esto parecía una eternidad. Pero se lo prometí a mi madre y rechazaba volver a ser imprudente de nuevo.
Promesas. Yo me ahogaba entre promesas. Le había prometido algo a Lissa.
"Que querías decir antes? Tú quieres ir conmigo a la próxima búsqueda loca? Cueste lo que cueste?"
"Si" No había incertidumbre o vacilación en la palabra, ninguna duda en sus verdes ojos.
Desde luego no me pregunte si ella sentiría lo mismo cuando averiguara lo que íbamos ha hacer. Que podría ofrecer alguien a un hombre condenado que hiciera diferente su vida? había considerado esto antes, tratando de ver como conseguir que Victor Dashkov hablara. Victor le había dicho a Abe que nadie podria ofrecerle nada para que el diera la información acerca de su hermano y su habilidad de devolver a los Strigoi a la vida.
Victor cumplía cadena perpetua; ningún soborno podría importarle. Pero una cosa si podría, comprendí. La libertad. Y había solo una forma de conseguir esto. Teniamos que liberar a Victor Dashkov de la cárcel. Pero decidí no mencionarle esto a Lissa, aun. Todo lo que yo sabía ahora es que tenía una oportunidad de salvar a Dimitri. Mark había dicho que era un cuento de hadas, pero tenia que intentarlo.
La pregunta era: Cuanto tiempo tenía hasta que Dimitri viniera a matarme? Cuanto tiempo tenia que calcular que tardaría en hacerse posible lo imposible? Esa era la cuestión.
Porque si Dimitri se presentada antes de que tuviera la posibilidad de encontrar el dragón en la historia de victor, las cosas se pondrían muy feas. Quizás todo esto de Robert era una gran mentira, pero si no lo era.... bien, el reloj estaba en marcha. Si Dimitri venia por a mi antes de que pudiera conseguir a Victor y Robert, tendría que luchar con el de nuevo.
No había preguntas. No podía esperar la cura mágica. Tenia que matar a Dimitri pero esta vez de verdad y perder cualquier posibilidad de devolver a la vida a mí Principie. Maldita sea.
Es algo bueno, trabajo bien bajo presión.

-FIN-

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