martes, 16 de diciembre de 2014

Capítulo 14 BLOOD PROMISE

Capítulo 14
El encuentro con Denis me dejó incluso más confundida que antes. Era un espeluznante ejemplo de la advertencia de Mark, un presagio de lo que yo también podría llegar a ser si no era prudente.
Yo no soy realmente como Denis, ¿no? Yo no estaba tratando de buscar el peligro sin ningún propósito. Estaba buscando el peligro… bueno, por una razón. Tenía que cumplir la promesa que había hecho de encontrar a Dimitri. Quizá fuera suicida y sólo me estaba engañando a mí misma al pensar que era noble.
Viktoria me dio una pequeña oportunidad para cavilar. Más tarde en ese día, mientras la familia estaba sentada en la sala de estar después de una pantagruélica comida, ella preguntó a Olena como si tal cosa:
―¿Puedo pasarme por casa de Marina? Ella da una fiesta antes de que volvamos a la escuela.‖
¡Vaya! Parecía que Abe y los alquimistas no eran los únicos que guardaban secretos por aquí. Yo paseaba la mirada entre los rostros de Olena y Viktoria, curiosa por saber cómo
terminaría esto.
Olena y Yeva estaban ambas haciendo punto, pero Yeva no subió la mirada. Viktoria había hablado en inglés. La cara de Olena se tornó pensativa.
―Tienes que salir temprano mañana para volver a la escuela.‖
―Lo sé. Pero puedo dormir en el autobús. Todos los demás estarán allí esta noche.‖
―`Todos los demás no es un argumento convincente,‖ se burló Olena.
―Todos ellos también estarán cansados mañana,‖ contestó Viktoria, sonriendo burlonamente.
―Te perderás tu última noche con Rose.‖
―Pasaré tiempo con ella después de que regrese.‖
―¡Estupendo! Y quédate despierta hasta más tarde aún.‖
―No será tan tarde. Volveré sobre las dos.‖
―En absoluto. Volverás a medianoche.‖ Olena volvió a su labor de punto.
Pero aquello había sido una autorización si yo había escuchado bien.
Viktoria miró el reloj. Eran casi las ocho y media. Su rostro me decía que no le hacía feliz el toque de queda, pero aparentemente había decidido tomar lo que podía conseguir.
Karolina nos dedicó una extraña mirada cuando dejamos la habitación, pero se mantuvo en silencio. Sonya y Paul, absortos en la televisión, apenas notaron nuestra salida. Yo tenía que averiguar qué estaba pasando.
―Está bien,‖ dije una vez estábamos dirigiéndonos escaleras arriba, ―¿Qué pasa? Pensaba que no ibas a ir a casa de Marina.‖
Viktoria sonrió abiertamente y me hizo señas para que entrara en su habitación.
Recientemente había sabido que su cuarto solía ser el de Dimitri, y cada vez que estaba allí tenía que resistir las ganas de ir a enterrarme en la cama, incluso sabiendo que las sábanas habían sido lavadas incontables veces desde aquellos días. De algún modo, podía imaginarlas oliendo como Dimitri y sintiéndolas cálidas como si ambos estuviéramos yaciendo allí juntos.
―No voy.‖
Viktoria comenzó a revolver por su armario y sacó un corto vestido rojo sin mangas, con encaje envolviendo las tirantas. La tela era elástica…, del tipo que parecía que lo mostraría todo. Yo estaba horrorizada cuando empezó a ponérselo. Era de bastante mala calidad.
―¿Esto es una broma?‖
Nop. Viktoria se quitó la camisa y los vaqueros y se puso el vestido. Ella no tenía ningún problema con él, pero cada parte de éste era tan ceñida como aparentaba. Ella no rellenaba la parte de arriba como yo, pero en un vestido como ese no importaba.
―Okey,‖ dije, pillándolo al final. ―¿Cómo se llama?‖
―Rolan,‖ dijo ella. ―Oh, Rose. Él es increíble. Y esta es la última noche que consiga verle antes del colegio.‖
Yo no sabía si sentirme feliz por ella o triste por Nikolai. Este tipo, Rolan, debía haber sido la razón por la que ella no podía hacerle caso a Nikolai. Estaba completamente enamorada de otra persona. Aun así, ese vestido…
―Te debe gustar él de verdad,‖ observé yo secamente.
Sus ojos se abrieron de par en par.
―¿Quieres conocerle?‖
―Eh, bueno, yo no quiero entrometerme en vuestra cita…‖
―No lo harás. Sólo pásate y di hola, ¿vale?‖
Se veía bastante intrusivo, aunque al mismo tiempo… Bueno, yo estaba algo curiosa por el tío que podía hacerla dejar la casa con ese tipo de conjunto, particularmente cuando ella comenzaba a aplicarse un maquillaje realmente fuerte: eyeliner extra-negro y lápiz de labios rojo brillante. Así que estuve de acuerdo en conocer a Rolan, y dejamos la casa tan discretamente como pudimos. A pesar de llevar un abrigo sobre el vestido, Viktoria aun así no quería toparse con su madre.
Nos dirigimos al centro, dando unas cuantas vueltas y giros hasta que terminamos detrás de lo que parecía un almacén en una parte abandonada de la ciudad. Todo estaba tranquilo, pero un dhampir alto y de aspecto fuerte estaba en pie junto a la puerta que daba entrada al edificio, con los brazos cruzados delante de él. Viktoria nos hizo pararnos cerca, diciendo que teníamos que esperar allí. Un minuto más tarde, un grupo de hombres
Moroi de diferentes edades salían, charlando y riéndose. El dhampir les echó una ojeada y luego les abrió la puerta. Luz y música se derramó al exterior hasta que la puerta se cerró y todo volvió al silencio otra vez.
―Así que esto es el secreto mundo dhampir de Baia,‖ murmuré.
Ella no me oyó porque de repente su rostro se iluminó.
―¡Ahí está él!‖
Ella señaló a dos tipos que se aproximaban. Ambos eran Moroi. Vaya, ¿quién lo hubiera dicho? El novio secreto de Viktoria no era un dhampir. Supuse que no era demasiado escandaloso en realidad, aunque la manera en la que se había vestido esta noche aún me preocupaba. Ella le dio un intenso abrazo y nos presentó. El amigo de él se llamaba Sergey, y sonrió cortésmente antes de apresurarse al interior donde aparentemente se reunía con una chica también.
Tenía que dar crédito a Viktoria: Rolan era atractivo. Su cabello era castaño rojizo oscuro, suave y ondulado. El verde de sus ojos me recordaba, terriblemente, al de Adrian. Y cuando sonrió a Viktoria, fue deslumbrante. El aspecto del rostro de ella era el mismo que el de Nikolai siempre que estaba alrededor de ella.
Rolan tomó las manos de Viktoria y se las llevó a los labios, besando cada una. Esos ojos verdes, verdes estaban mirando a los de ella fijamente, y él le murmuró algo que no pude oír. Ella se ruborizó y le contestó en ruso. No necesitaba ninguna traducción para saber que el contenido era sexy y en tono de flirteo. Aún sonriendo, él me echó una ojeada, y aunque ella ya nos había presentado, era como si él me estuviera notando por primera vez…, y estuviera interesado.
―Eres nueva aquí, ¿verdad?‖ preguntó él.
Viktoria lo envolvió con los brazos y descansó la cabeza sobre su pecho.
―Rose está de visita. Ella es una amiga de la familia.‖
―Ah,‖ dijo él. ―Ahora recuerdo haber oído sobre ti. No tenía ni idea de que una fiera asesina de Strigois fuese tan guapa.‖
―Es parte de los requisitos del trabajo,‖ dije secamente.
―¿Vas a volver a la escuela con Viktoria?‖ preguntó.
―No. No me quedaré aquí mucho más.‖ Aunque yo todavía no tenía la menor idea de si
`No mucho más era una hora o un año.
―Umm,‖ dijo él con aire pensativo.
Volvió a mirar a Viktoria y presionó un beso contra su cabello, recorriendo con los dedos su garganta. Sus siguientes palabras fueron para ella.
―Me alegra que hayas sido capaz de venir aquí antes de que te vayas. No sé cómo me las arreglaré contigo tan lejos.‖
Ella sonrió abiertamente.
―No había manera de que pudiera irme sin verte una vez más…‖
Ella se fue apagando, demasiado invadida por la emoción, y cuando él se inclinó, con la mano aún sobre su cuello, pensé por un horrible momento que iban a empezar a montárselo allí.
Afortunadamente, la aparición de una chica dhampir aproximándose les interrumpió.
Viktoria se desligó de Rolan y se abrazó a la otra chica. Por lo visto ellas no se habían visto en mucho tiempo y conversaron rápidamente en ruso, ignorándonos a Rolan y a mí. Libre de ella por un momento, él se inclinó hacia a mí.
―Una vez que Viktoria haya vuelto a la escuela, estarás completamente sola aquí. ¿Quizá podría enseñarte el lugar entonces?‖
―Gracias, pero ya he visto todo.‖
Él mantuvo esa gran sonrisa.
―Por supuesto. Bien, entonces, ¿tal vez podríamos simplemente reunirnos y… hablar?‖
No podía creerlo. Este tío había tenido las manos sobre Viktoria hacía treinta segundos y ahora estaba intentando hacer planes conmigo para el instante en el que ella dejara la ciudad. Yo estaba asqueada y tenía que contenerme de hacer algo estúpido.
―Lo siento, pero no creo que esté por aquí el tiempo suficiente.‖
Me dio la impresión de que las mujeres no lo rechazaban muy a menudo. Él frunció el entrecejo y comenzó a protestar, pero Viktoria regresó y lo envolvió de nuevo. Él me estudió durante varios segundos más de desconcierto y luego pasó su atención a ella, sonriendo y desplegando el encanto. Ella lo absorbía por completo, y mientras los dos intentaban incluirme en su conversación, era obvio que estaba absortos el uno en el otro.
Rolan puede que estuviera interesado en mí, pero por ahora ella era un blanco más fácil…, y uno que estaría disponible mucho más tiempo. Sentí que la repugnancia volvía a crecer
en mí. Cuanto más tiempo estábamos allí fuera, más me daba cuenta de lo que estaba pasando. Toda la gente entrando donde estaban los tipos morois o las chicas dhampirs. Y todas ellas estaban vestidas como Viktoria. Este era un antro de putas de sangre.
Repentinamente, el mundo secreto de los dhampirs de Baia no ostentaba atractivo alguno.
Lo odié. Y no quería sacar nada más de allí. No, espera. No quería sacar nada más de allí excepto a Viktoria a rastras, incluso pataleando y chillando. Rolan era sórdido, no cabía duda, y no la quería a ella en ningún lugar cerca de él. Aún siendo pronto era claro que no iban a quedarse allí fuera en el callejón toda la noche. Ellos querían entrar y hacer sólo Dios sabe qué.
―Viktoria,‖ dije, tratando de ser razonable, ―¿estás segura de que no quieres venir de regreso a casa y pasar tiempo juntas? Me refiero a que mañana no podré verte.
Ella vaciló, luego sacudió la cabeza.
―Tampoco podré ver a Rolan. Pero te prometo que iré a verte tan pronto como llegue a casa más tarde. Nos quedaremos levantadas toda la noche. A mamá no le importará.‖
No sabía qué otras protestas hacer. La impaciencia de Rolan, ahora que yo le había rechazado, estaba empezando a ser manifiesta. Él quería entrar. Me preguntaba qué había allí… ¿Una pista de baile? ¿Dormitorios? Seguramente podía haber ido con ellos para verlo por mí misma, a pesar de estar vestida de forma inadecuada…, o, bueno, de forma inadecuada respecto a la cantidad de ropa que llevaba. Aun así no pude hacerlo. Toda mi vida, se me había enseñado acerca de las putas de sangre y por qué su estilo de vida era equivocado. No sabía si Viktoria estaba convirtiéndose en una, y esperaba que no fuese así, pero no había manera en la que yo pudiera poner un pie allí. Era una cuestión de principios.
Les contemplé marcharse con el corazón triste, sorprendiéndome de que simplemente hubiera dejado a mi amiga entrar. Viéndola con ese vestido ultraceñido, estampada toda contra él, de repente me hizo revalorar todo. ¿Cuánta de esta vida pacífica en Baia era una farsa? ¿No era Viktoria, la chica que me había llamado hermana, realmente la persona que pensaba que era?
Confundida, me di la vuelta para dirigirme de regreso a casa… Y casi me choqué con Abe.
Otra vez.
―¿Qué demonios?‖ exclamé.
Él llevaba un esmoquin esta noche, terminado con faldones y un pañuelo de seda plateada.
―¿Estás acechándome?‖
Pregunta estúpida. Por supuesto que él lo estaba. Tenía la esperanza de que su indumentaria formal significara que no iba a llevarme a rastras esta noche. Sus guardianes estaban igual de bien vestidos. Ociosamente, me preguntaba si un lugar como este tenía algo que ver con sus relaciones de negocios ilegales. ¿Estaba él traficando con las putas de sangre? ¿Como una especie de proxeneta?
Poco probable, viendo como la mayoría de estas chicas no necesitaban de mucha insistencia. Abe me dedicó esa molesta sonrisa suya.
―Veo que tu amiga está pasando una noche interesante. No tenía ni idea de que Viktoria tuviera unas piernas tan preciosas. Ahora todos lo saben, gracias a ese vestido.‖
Apreté mis puños y me incliné hacia él.
―No te atrevas a hablar de ella así, viejo.‖
―No estoy diciendo nada que no sea obvio para todo el mundo. Desde luego será obvio para el joven Rolan pronto.‖
―¡Tú no sabes nada de ellos!‖ Aunque no creía mis propias palabras, no después de verles marcharse juntos. Abe, podía verlo, sabía lo que yo estaba pensando.
―Todas estas chicas dicen que no les pasará. Pero siempre sucede. Es lo que te ocurrirá a ti si te quedas.‖
―Oh, aquí estamos,‖ dije burlonamente. ―Sabía que tenía que llegar una amenaza. La parte donde me ordenas otra vez que abandone el país u otras cosas malas me sucederán.‖
Él hizo un gesto hacia la puerta, por donde más Morois y dhampirs estaban pasando.
―Ni siquiera necesito hacer que nada malo suceda. Tú lo harás por ti misma al quedarte aquí. Desperdiciarás tu vida, haciéndole los recados a Olena Belikova. Las meriendas en el campo serán la cosa más excitante de tu mundo.‖
―Son buenas personas,‖ gruñí. ―No te burles de ellos.‖
―Oh, no estoy negando eso.‖ Él se arreglaba el pañuelo de seda. ―Son buenas personas.
Pero no son tu gente. Esto es una fantasía. Te estás engañando a ti misma.‖
Él era todo severidad ahora.
―Tu dolor te ha enviado hasta aquí. Tu hombre fue arrancado de ti, y tú te has arrancado a ti misma de tus viejos amigos. Estás tratando de recuperarte de ello al convencerte de que esta es tu familia, de que este es tu hogar. Ellos no lo son. Esto no lo es.‖
―Yo podría hacer de esto mi hogar.‖ Todavía no estaba segura de eso, pero mi rebeldía natural me hizo querer contradecirle.
―Tú no estás destinada a Baia,‖ dijo él, con los oscuros ojos centelleando.
―Estás destinada para cosas mejores. Necesitas volver a casa, volver a tu colegio y a la
Princesa Dragomir.
―¿Cómo demonios sabes de ella? ¿Quién eres? ¿Cuándo vas a decirme para quién trabajas? ¿Qué quieres de mí?‖ Tenía la sensación de que estaba al borde de la histeria.
Oírle referirse a Lissa quebró algo en mi interior.
―Soy simplemente un observador que puede decirte que estás perdiendo tu tiempo aquí.
Esta no es vida para ti, Rose. Tu vida está de vuelta en los Estados Unidos. Se dice que ibas por el camino de ser una gran guardiana. ¿Sabes cuán honor es ser asignada a la última Dragomir? Podrías pasar tu vida en la élite, en círculos poderosos. La reputación que ya te has ganado te elevará en estatus y respeto. Tú tienes una carrera para dejar asmado por delante de ti, y no es demasiado tarde para que regreses a ella. Aún no.
―¿Quién eres tú para hablar sobre cómo debo vivir mi vida? He oído que tus manos están manchadas de sangre…, Zmey. No eres precisamente un buen modelo de conducta. Y de todos modos, ¿en qué estás implicado tú?‖
―En mis asuntos propios. Y es exactamente por la vida que llevo que deberías escucharme cuando te digo que abandones este senda y vuelvas a casa.‖
Sus palabras eran apremiantes y autoritarias, y no podía creer que él tuviera el atrevimiento de hablarme así.
―Esa ya no es mi vida,‖ dije de forma glacial.
Él profirió una risa violenta e hizo un gesto alrededor de nosotros una vez más.
―¿Qué, y es esto? ¿Quieres echarte a perder y ser una puta de sangre como tu amiga ahí dentro?‖
―¡No la llames eso!‖ le chillé. ―No me importa si tienes guardaespaldas o no. Te heriré, viejo, si dices algo más de Viktoria.‖
Él no se estremeció con mi explosión.
―Eso fue duro, lo admito. Ella no es una puta de sangre. No aún. Pero está a un paso de ello. Como dije, siempre sucede al final. Incluso aunque no estés siendo utilizada por alguien como Rolan Kislyak…, y créeme, él la utilizará, exactamente igual que hizo con su hermana… Aun así, acabarías sola con un bebé, eres demasiado joven para eso.‖
―Su… Espera.‖ Me congelé. ―¿Estás diciendo que él es el tipo que ha dejado embarazada a Sonya? ¿Por qué se implicaría Viktoria con él después de que hiciera eso y dejara a su hermana?
―Porque ella no lo sabe. Sonya no habla de ello y el Sr. Kislyak piensa que es un juego, llevarse a dos hermanas a la cama. Demasiado malo para él que la inteligencia de Karolina sea mayor que la de las otras, o podría haberlas tenido a todas ellas. ¿Quién sabe?‖ Él me dedicó una sonrisa sardónica. ―Tal vez te considere parte de la familia lo bastante para que seas la siguiente a la que perseguir.‖
―¡Sí, claro! Yo nunca me involucraría con alguien así. No voy a involucrarme con nadie nunca más. No después de Dimitri.‖
La severidad de Abe dio paso a una diversión momentánea.
―Oh, Rose. Eres joven. Apenas has vivido. Todo el mundo cree que su primer amor es el único que tendrán jamás.‖
Este tipo me estaba cabreando de verdad, pero conseguí el control suficiente para decidir que no iba a pegarle. Al menos, eso creía. Retrocedí un poco, hacia el edificio.
―No voy a jugar a tu juego aquí. Y puedes decirle a quién sea que estás trabajando, que yo no juegue al de ellos tampoco…, y que no voy a volver.‖ De un modo u otro, si era para cazar a Dimitri o vivir con su familia, yo me quedaba en Rusia. ―Vas a tener que meterme en una caja y mandarme para allá.‖
No es que quisiera darle ninguna idea a Abe. Sospechaba que podía hacerlo si quería.
¡Maldita sea! ¿Quién estaba detrás de esto? ¿Quién quería encontrarme tan desesperadamente para enviar a este tío detrás de mí? Más extraño aún, quién sea que fuere era alguien a quien yo le importaba lo suficiente para atenerse a la razón. Si Abe hubiera querido secuestrarme realmente, ya lo habría hecho. Él podría haberlo hecho la noche que me trajo a Baia. Todo lo que habría tenido que hacer era seguir conduciendo hasta el aeropuerto más cercano. Finalmente, necesitaba resolver esto, pero primero necesitaba alejarme de Abe. Retrocedí más.
―Me voy, y no puedes detenerme. Y ya no me espíes más. Esto termina ahora.‖
Abe me estudió durante varios segundos, sus ojos oscuros se entrecerraron pensativamente. Prácticamente podía ver las ruedas de los argumentos y la dominación del mundo girando en su cabeza. Finalmente, dijo en una voz tan baja que apenas pude oírle:
―No terminará para ellos, sin embargo.‖
―¿Para quiénes?
Él señaló a la puerta.
―Viktoria y Rolan.‖
―¿Qué estás insinuando?‖
―Sabes lo que estoy insinuando. Ella cree que está enamorada de él. Él sabe que mañana ella regresará a la escuela. Esta noche es su última oportunidad con ella, y él no la desperdiciará. Hay muchos dormitorios ahí dentro. Seguramente estén en uno ahora mismo.‖
Traté de controlar mi respiración.
―Entonces, iré a decírselo a su madre.‖
―Será demasiado tarde. Ella nunca les encontraría a tiempo, y mañana, Viktoria estará de camino a la escuela…, y él ya no tendrá más interés.
¿Qué puede hacer su madre después de los hechos? ¿Castigarla?‖
Me estaba enfadando, en gran medida porque tenía la sensación de que él estaba en lo
cierto.
―Está bien. Entonces la sacaré arrastrando yo misma.‖
―Eso nunca sucederá. Ella quiere hacer esto. Ella no se quedará contigo. E incluso aunque lo hiciera, ella simplemente lo buscaría otra vez.‖
Le miré.
―Es suficiente. Está visto que quieres dar a entender algo, pues simplemente suéltalo.‖
Él sonrió, al parecer satisfecho por mi astucia… o tal vez por mi brusquedad.
―Si quieres salvarla, tienes que ir a por él. A por Rolan.‖
Yo me burlé.
―Seguro. La única forma de que él la deje sola es que yo me ofrezca a ocupar su lugar.‖ Y, ¡oye, la amistad está por encima de todo!
―No si yo hablo con él.
―¿Qué vas a hacer, darle una charla sobre moralidad y convencerle con la razón?‖
―Oh, yo le convenceré, no hay problema. Pero créeme, lo haré por una razón… Bien, al menos no del tipo que estás pensando. Si le digo que la deje, él la dejará.
Definitivamente.‖
Di un paso hacia atrás sin darme cuenta y golpeé contra la pared. El aspecto de Abe ponía los pelos de punta como el del mismísimo demonio. Zmey. No dudaba en absoluto de sus palabras. Él podía conseguir que Rolan dejara a Viktoria. De hecho, incluso era probable que utilizara a sus dhampirs. Abe podía infundir suficiente terror… y probablemente un buen puñetazo… para hacer que eso pasara.
―¿Por qué harías eso por mí?‖ le pregunté.
―Como una señal de buena fe. Promete que dejarás Baia, y yo me ocuparé de él.‖
Sus ojos destellaban. Ambos podíamos sentir la red cerrándose a mí alrededor.
―¿Esa es tu táctica ahora? ¿Me estás ofreciendo un intercambio? Mi partida no merece en realidad la pena de asustar a un Moroi gilipollas.‖
La red se volvió más ceñida.
―¿No, Rose?‖
Frenéticamente, pensaba en qué hacer. Alguna parte de mí pensaba que Viktoria era libre de hacer sus propias elecciones, amar a quien ella quisiese… pero sabía por un hecho que Rolan no la amaba. Ella era una conquista para él, como demostraba su buena disposición para ir por mí… y por Sonya, por lo que se ve. ¿Qué le sucedería a Viktoria? ¿Sería la próxima Belikov en tener un bebé? Incluso aunque ella no tuviera intenciones de hacerse guardiana, esta no era la senda correcta para ella. Karolina había rehusado unirse a los guardianes y ahora vivía una vida respetable con sus hijos y un trabajo que, si no excitante, era seguro y le permitía mantener la dignidad. Yo no podía dejar a Viktoria doblar una calle que podría arruinar el resto de su vida. No podía dejar que le sucediera eso a la hermana de Dimitri.
Dimitri…
Yo lo conocía. Conocí su naturaleza protectora. Él jamás dejaría que nada le ocurriese a aquellos que le importaron. Yo detestaba la idea de ese antro de putas de sangre, pero todavía habría entrado corriendo a por ella… porque eso era lo que Dimitri habría hecho.
Pero yo no sabía si la encontraría allí a tiempo. Sabía, sin embargo, que Abe sí podía… y que podía mantener lejos a Rolan para siempre. Y así, yo hablé sin comprender muy bien las consecuencias de mis palabras.
―Dejaré Baia.‖

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