martes, 16 de diciembre de 2014

Capítulo 11 BLOOD PROMISE

Capítulo 11
Miré fijamente a Mark durante unos largos segundos. Finalmente, tontamente, pregunté, ―¿Dijiste…curar?
Mark fijó su mirada en mí igual de sorprendido. ―Si, por supuesto. Ella puede curar otras cosas, ¿cierto? ¿Por qué no esto?
―Por que…‖ fruncí el ceño. ―Esto no tiene ningún sentido. La oscuridad…todos los efectos del lado oscuro… estos vienen de Lissa. Si ella pudiera curarlo, ¿por qué no lo curaría a ella misma?
―Porque cuando esta en ella, esta demasiado incrustado. Demasiado atado dentro de ella.
No puede curarlo de la misma manera que puede hacerlo con otras cosas. Pero una vez que tu vínculo lo ha tomado, es como cualquier otra enfermedad.
Mi corazón estaba palpitando en mi pecho. Lo que él estaba sugiriendo era ridículamente fácil. No, solamente era ridículo, y punto. No había forma después de todo lo que habíamos pasado de que Lissa pudiera curar la rabia y la depresión de la forma en que ella podía con un resfriado o una pierna rota. Victor Dashkow, a pesar de su malvado plan, había sabido una asombrosamente muchísimo acerca del espíritu y nos lo había explicado.
Los otros cuatro elementos eran muy físicos en naturaleza, pero el espíritu venía de la mente y el alma. Usar demasiada energía mental – para ser capaz de tales cosas poderosas – no podía ser hecho sin los devastadores efectos secundarios. Hemos estado luchando contra estos efectos secundarios desde del principio, primero en Lissa y luego en mí. Tan sólo no podían marcharse.
―Si eso fuera posible,‖ dije en voz baja, ―entonces todo el mundo lo habría hecho. La Sra. Karp no se habría suicidado. Lo que estás diciendo es demasiado fácil.‖ Mark no sabía de quién estaba hablando, pero claramente no importaba para lo que él quería expresar.
―Tienes razón. No es para nada fácil. Requiere un cuidadoso equilibrio, un círculo de confianza y fuerza entre dos personas. Nos costó mucho a Oksana y a mí aprender… muchos duros años…
Su cara se oscureció, y yo pude imaginar como habían sido esos años. Mi corto tiempo con Lissa había sido bastante malo. Ellos habían vivido con esto muchísimo más que nosotras. Tuvo que haber sido algunas veces insoportable. Despacio, con asombro, me atreví a dar crédito a sus palabras.
―Pero ahora vosotros chicos ¿estáis bien?‖
―Hmm,‖ Hubo un parpadeo (destello) de una sonrisa irónica en sus labios. ―Casi diría que estamos perfectamente bien. Hay tanto que ella puede hacer, pero esto hace que la vida sea manejable. Ella evade las curaciones mientras podemos manejarlo, ya que esto toma mucho de ella. Es agotador, y limita sus poderes totales.
―¿Qué quieres decir?
Él se encogió. ―Ella aún puede hacer las otras cosas…curación, coacción…pero no a los niveles en los que lo haría si no estuviera siempre curándome.
Mi esperanza flaqueó. ―Ah. Entonces…no puedo. No puedo hacerle esto a Lissa.
―¿Comparado a lo que ella te esta haciendo a ti? Rose. Tengo un presentimiento de que ella pensaría que es una trato justo.
Recordé nuestro último encuentro. Pensé en cómo la había dejado allí, a pesar de su suplica. Pensé en las depresiones que ella había estado experimentando en mi ausencia.
Pensé en cómo ella había rechazado curar a Dimitri cuando yo había creído que aún podía haber esperanzas para él. Habíamos vuelto a ser amigas.
Sacudí mi cabeza. ―No lo sé, dije en voz baja. ―No sé si lo haría.
Mark me dirigió una larga mirada, pero no me presionó con el tema. Él miró hacia el sol, casi como si pudiera contar el tiempo de ello. Probablemente podía. Él tenía este tipo de sentido de sobreviviendo-en-tierras-salvajes. ―Los demás se preguntarán que nos a pasado. Antes de que nos vayamos…‖ Metió su mano en su bolsillo y saco un pequeño y simple anillo de plata. ―Aprender a curar tomará su tiempo. Lo que más me preocupa es que únicamente vaya yendo a peor. Toma esto.
Él me extendió el anillo. Yo vacilé y luego alcancé a por él. ―¿Qué es esto?
―Oksana lo infundió con el espíritu. Es un amuleto de curación.
Una vez más, una sacudida me traspasó. Los Moroi encantaban los objetos con los elementos todo el tiempo. Las estacas estaban encantadas con los cuatro elementos físicos, haciéndolas letales contra los Strigoi. Victor había encantado un collar con la magia de la tierra, usando la base natural de la tierra para convertir el collar en un encantamiento de lujuria. Incluso el tatuaje de Sydney era en cierto modo un hechizo.
Supuse que no había ninguna razón para que el espíritu no pudiera encantar objetos también, pero esto nunca se me había ocurrido, probablemente porque los poderes de Lissa eran aún demasiado nuevos y demasiado extraños.
―¿Qué hace esto? Quiero decir, ¿Qué tipo de curación?
―Esto se quedara con tus malos humores. No puede deshacerse de ellos, pero los disminuirá – te ayuda a pensar con más claridad. Puede que te quite de problemas.
Oksana me hace de estos para ayudarme entre las curaciones.‖ Lo miré para ponérmelo, pero él meneó su cabeza. ―Guárdatelo para cuando te sientas realmente fuera de control.
La magia no durará para siempre. Esto se apagará como cualquier otro encantamiento. Miré fijamente al anillo, mi mente de repente abriéndose a todo tipo de nuevas posibilidades. Unos minutos después, lo deslicé dentro de mi bolsillo del abrigo.
Paul metió su cabeza en la puerta trasera.
―La abuela quiere irse ahora, me dijo. ―Ella quiere saber por que estás tardando tanto y dijo que preguntara por que harías que alguien tan viejo como ella estuviera esperando y sufriendo por su espalda.
Recordé como de rápido había estado caminando Yeva mientras yo luchaba por mantener mi carga. Su espalda no me había parecido en tan mal estado, pero otra vez, recordé que Paul sólo era el mensajero y le ahorré mi comentario.
―Vale. Estaré allí en seguida.‖ Cuando se fue, sacudí mi cabeza. ―Es duro ser digna. Me dirigí hacia la puerta, después de echar una mirada atrás a Mark, como un pensamiento arbitrario que se me ocurrió. ―Me estas diciendo que marcharte tú solo es malo…pero tu tampoco eres un guardián.
Él me sonrió otra vez, una de esas sonrisas tristes e irónicas. ―Solía serlo. Después de que Oksana me salvara la vida. Nos vinculamos y tarde o temprano nos enamoramos. No podía quedarme quieto y ver como me separaban de ella después de esto, y los guardianes me habrían asignado otro lugar. Tenía que irme.
―¿Fue difícil dejarlos?
―Mucho. Nuestra diferencia de edad lo hizo aún más escandaloso.‖ Un frío extraño me recorrió. Mark y Oksana eran la reencarnación de las dos mitades de mi vida. Ellos lucharon contra un vínculo shadow-kiss como Lissa y yo hicimos y también se enfrentaron a la misma condenación por su relación al igual que Dimitri y yo. Mark continuó. ―Pero algunas veces tenemos que escuchar a nuestros corazones. Y aunque me marché, no me quedé fuera de ello inocentemente yendo detrás de Strigois. Soy el hombre mayor que vive con la mujer que él ama y atiende su jardín. Hay una diferencia – ¡no olvides eso! Mi mente me daba vueltas cuando volvía a la casa Belikov. Sin los ladrillos, el camino de vuelta había sido mucho más fácil. Esto me había dado una oportunidad para considerar las palabras de Mark. Me sentí como si hubiera recibido una vida de información en una hora de conversación.
Olena estaba por la casa, haciendo sus tareas normales de cocina y limpieza. Mientras que yo personalmente no querría pasar mis días haciendo esos tipos de deberes domésticos, tenía que admitir que había algo reconfortante en el hecho de tener siempre a alguien que estaba por aquí, listo para cocinar y preocuparse por mí diariamente. Sabía que esto era un deseo puramente egoísta, al igual que sabia que mi propia madre estaba haciendo cosas importantes con su vida. No debería juzgarla. Aún así, esto me hizo sentir cariño por tener a Olena tratándome como a una hija cuando ella apenas me conocía.
―¿Tienes hambre? me preguntó automáticamente. Creo que uno de los mayores miedos de su vida era que alguien pudiera pasar hambre en su casa. Sydney. La carencia perpetua de Sydney de apetito había sido un no parar de preocuparse para Olena.
Oculté una sonrisa. ―No, comí con Mark y Oksana.
―Ah, ¿hay es donde fuiste? Ellos son buena gente.
―¿Dónde esta todo el mundo? pregunté. La casa estaba inusualmente tranquila.
―Sonya y Karolina están trabajando. Viktoria salió con una amiga, pero ella se alegrará de que hayas vuelto.
―¿Qué pasa con Sydney?
―Se marchó hace un momento. Dijo que volvía a San Petersburgo.
―¿Qué? Exclamé. ―¿Se marchó para definitivamente? ¿Como es eso? Sydney tenía una naturaleza franca, pero esto era súbito incluso para ella.
―Los Alquimistas…bueno, ellos siempre están en movimiento. Olena me tendió una hoja de papel. ―Ella dejó esto para ti.
Cogí la nota e inmediatamente la abrí. La letra de Sydney era clara y precisa. Por alguna razón no me sorprendió.
Rose, Siento tener que marcharme tan rápidamente, pero cuando los Alquimistas me dicen que salte…bueno, yo salto. He hecho autostop de vuelta a ese pueblo granja donde estuvimos para así poder recoger el Huracán Rojo, y después salir para San Petersburgo. Al parecer, ahora que tú has sido entregada en Baia, ellos no necesitan que me quede más.
Lamento no poder decirte más sobre Abe y lo que él quería de ti. Incluso si hubiera podido, no hay mucho que contar. De todas maneras, él es tal misterio para mí como lo es para ti. Como dije, los muchos negocios a los que él se dedica son ilegales – tanto entre humanos como entre Moroi. La única vez que él se involucra directamente con la gente es cuando algo se relaciona con ese negocio – o si es un caso muy pero que muy especial.
Creo que tú eres uno de esos casos, e incluso si él no intenta hacerte daño, puede que quiera usarte para sus propios propósitos. Puede ser tan simple como él queriendo contratarte a ti como guardaespaldas, viendo como la granuja que eres. Tal vez quiera usarte para obtener a otros. Tal vez esto forma parte del plan de alguien más, alguien que es mucho más misterioso que él. Tal vez le este haciendo a alguien un favor. Zmey puede ser peligroso o agradable, todo depende de lo que él necesite lograr.
Nunca pensé que me preocuparía lo suficiente para decirle esto a una dhampir, pero ten cuidado. No se cuales serán tus planes ahora, pero tengo un presentimiento de que los problemas te seguirán haya donde vayas. Llámame si hay algo en lo que pueda ayudarte, pero si vuelves a las grandes ciudades para cazar Strigoi, ¡no dejes por ahí más cuerpos!
Te deseo todo lo mejor y te mando un abrazo.
Sydney
PD: ―El Huracán Rojo‖ es como he llamado al coche.
PPD: Sólo porque me caigas bien, no significa que aún no piense que eres una criatura malvada de la noche. Lo eres.
Su número de móvil estaba añadido al final, y no pude evitar reírme. Desde que habíamos viajado a Baia con Abe y sus guardianes, Sydney había tenido que dejar el coche atrás, cosa que la había traumatizado casi tanto como el Strigoi. Esperaba que los alquimistas le permitieran quedarse con él. Sacudí mi cabeza, divertida a pesar de sus advertencias
contra Abe. El Huracán Rojo.
Cuando me encaminé hacia la escalera que conducía a mi habitación, mi sonrisa se apagó.
A pesar de su actitud abrasiva, echaría de menos a Sydney. Puede que ella no fuera exactamente una amiga - ¿o lo era? – pero en este breve tiempo, la había considerado una constante en mi vida. No tenía muchos de estas que me quedaran. Me sentí a la deriva, insegura de lo que haría ahora. Había venido aquí para traerle paz a Dimitri y había terminado trayendo dolor a su familia. Y si lo que todo el mundo decía era cierto, no iba a encontrar muchos Strigoi aquí en Baia. Por alguna razón, no podía imaginarme a Dimitri, vagando por las calles y las granjas a por la ocasional presa. Incluso como un Strigoi – y me mató para pensar en estas palabras – Dimitri tendría un propósito. Si él no estaba volviendo a los sitios familiares de su ciudad natal, entonces estaría haciendo algo más significativo – puesto que un Strigoi podría. El comentario de Sydney en la nota había verificado lo que seguía oyendo una y otra vez: los Strigoi estaban en las ciudades. ¿Pero en cual? ¿Dónde habrá ido Dimitri?
Ahora yo era la única sin un propósito. Encima de todo esto, no podía evitar repetir las palabras de Mark. ¿Estaba realmente en una misión de insensata vigilancia? ¿Me estaba precipitando tontamente hacia mi muerte? ¿O me estaba precipitando tontamente hacia…nada? ¿Estaba condenada a pasar el resto de mis días vagando? ¿Sola?
Sentada en mi cama, sentí que mi humor caía en picado y sabía que tenía que distraerme.
Estaba demasiado susceptible a las emociones oscuras mientras Lissa usaba el espíritu; no necesitaba promoverlos. Me puse el anillo que Mark me había dado, esperando que me pudiera dar algo de claridad y tranquilidad. No sentí ninguna diferencia notable, pensé, y decidí buscar la paz en el mismo lugar donde siempre lo hacia: la mente de Lissa.
Ella estaba con Adrian, y los dos estaban practicando el espíritu otra vez. Después algunos golpes iniciales en el camino, Adrian estaba demostrando un rápido estudio de la curación.
Esto había sido lo primero de los poderes de Lissa en manifestarse, y a ella siempre le fastidiaba que él hiciera más progresos en lo que ella le tenía que enseñar a él que a la inversa.
―Me estoy quedando sin cosas que puedas curar,‖ dijo ella, poniendo algunas diminutas plantas en la mesa. ―A menos que empecemos cortando miembros o algo.
Adrian sonrió. ―Solía bromear con Rose sobre eso, en como iba a impresionarla por curar amputaciones o algo igual de absurdo.‖
―Ah, y estoy segura de que ella tenía una respuesta elegante para ti en todo momento.
―Si, si, la tenía‖ Su rostro fue cariñoso cuando lo recordó. Había una parte de mí que estaba siempre insanamente curiosa de escucharlos hablar sobre mí… aunque al mismo tiempo, siempre me sentía mal con la pena que mi nombre parecía invocar.
Lissa gimió y se estiró en el suelo alfombrado. Ellos estaban en un salón de la residencia de estudiantes, y el toque de queda se estaba acercando rápidamente. ―Quiero hablar con ella, Adrian.
―No puedes, dijo él. Había una poca habitual seriedad en su voz. ―Se que todavía ella te ve – eso es lo más cerca que tu estas de hablar con ella. Y ¿honestamente? No es tan malo. Tu puedes decirle exactamente como te sientes.
―Si, pero yo quiero escucharla contestarme como te hace a ti en tus sueños.
Esto le hizo sonreír otra vez. ―Ella hace mucho en contestarme, créeme.
Lissa se enderezó. ―Hazlo ahora.
―¿Hacer qué ahora?
―Ir a visitar sus sueños. Tú siempre me lo intentas explicar, pero en realidad nunca lo he visto. Permíteme verlo‖
Él miro fijamente, sin encontrar palabras con las que expresarse. ―Esto es como de mirón"
―¡Adrian! Quiero aprender esto, y ya hemos intentado todo lo demás. Puedo sentir la magia a tu alrededor a veces. Solo hazlo, ¿vale?
Miró fijamente para protestar otra vez pero entonces reprimió su comentario después de estudiar su cara por un momento. Sus palabras habían sido cortantes y exigentes – nada habitual en ella. ―Vale. Lo intentaré.‖
La sola idea de Adrian intentando meterse en mi cabeza mientras estoy viéndole a él a través de la cabeza de Lissa era surrealista, por no decir algo peor. No sabía nada de lo que esperar de él. Yo siempre me había preguntado si él tenía que estar dormido o al menos si tendría los ojos cerrados. Aparentemente no. En cambio miró fijamente a la nada, sus ojos yendo ausentes cuando su mente dejó el mundo a su alrededor. A través de los ojos de Lissa, pude ver algo de magia irradiando de él y de su aura, y ella intentó analizar cada hebra. Después, sin previo aviso, toda la magia se esfumo. Él parpadeó y sacudió su cabeza.
―Lo siento. No puedo hacerlo.‖
―¿Por qué no?‖
―Probablemente porque ella esta despierta. ¿Aprendiste algo mirando?
 ―Un poco. Probablemente hubiera sido más práctico si tú hubieras podido."
"Podría estar en cualquier parte del mundo, ya sabes, en cualquier horario". Sus palabras fueron sofocadas por un bostezo. "Tal vez debamos intentarlo en diferentes momentos del día. He estado captando su… de hecho, cerca de esta hora. O a veces la cojo muy a principios del día."
"Entonces podría estar cerca," dijo Lissa.
"O siguiendo el horario diurno de los humanos en alguna otra parte del mundo."
Su entusiasmo cayó. "Cierto. Eso también. "
"¿Chicos cómo es que siempre parece que no estáis trabajando?"
Christian entró en la habitación, mirando divertido a Lissa que estaba sentada en el suelo y a Adrian tumbado en el sofá. De pie detrás de Christian había alguien a quien yo no había pensado que vería tan pronto. Adrian, que podía detectar a las mujeres a una milla de distancia, también se percató inmediatamente de la recién llegada.
"¿De dónde sacaste a la chiquilla?", preguntó.
Christian le echó a Adrian una mirada de advertencia. "Esta es Jill." Jill Pastrano permitió que él la empujase hacia delante, sus ojos verde claro se ampliaron increíblemente mientras miraba a su alrededor. "Jill, estos son Lissa y Adrian."
Jill era una de las últimas personas que esperaba ver aquí. La conocí hace poco más de un es. Estaba en noveno grado, lo que significaba que iba a estar aquí en el campus de la parte superior en el otoño. Tenía la misma súper-delgada figura que tienen la mayoría de los Moroi, pero combinado con su impresionante altura, incluso para los estándares vampíricos. Eso hacia que se viese muy delgada. Su cabello caía en rizos castaño claros hasta la mitad de la espalda y sería hermoso — cuando aprendiese a peinarlo correctamente. Por ahora, estaba un poco despeinada, y su impresión general —, aunque guapa — era algo torpe.
"Ho-Hola" dijo, mirando de cara a cara. En lo que se refiere a ella, estos eran celebridades Moroi. Casi se desmaya cuando me conoció a mí y a Dimitri, gracias a nuestra reputación.
Por su expresión, ahora estaba en un estado similar.
"Jill quiere aprender a usar su poder para el bien en lugar del mal", dijo Christian, con un
exagerado guiño. Esa fue su manera disimulada de decir que Jill quería aprender a luchar con su magia. Me había expresado su interés, y yo le había dicho que encontrase a Christian. Me alegré de que hubiese tenido el coraje de seguir mi consejo. Christian también era una celebridad del campus, aunque uno infame.
"¿Otro recluta?", Preguntó Lissa, sacudiendo la cabeza. "¿Crees que vas a conservarla?"
Jill miró asustada a Christian. "¿Qué significa eso?"
"Después del ataque, muchas personas dijeron que querían aprender a luchar con magia," explicó Christian. "Así que me encontraron, y trabajamos juntos... un par de veces.
Entonces todo el mundo se desvaneció una vez que se hizo difícil y se dieron cuenta de que tenían que seguir practicando."
"No ayuda que seas un mal profesor," señaló Lissa.
"Y por eso ahora tienes que reclutar a niños," dijo Adrian solemnemente.
"Oye," dijo Jill indignada. "Tengo catorce." Inmediatamente, se ruborizó al haberle ablado con tanta audacia. A él le pareció divertido, como lo hacían tantas otras cosas.
"Culpa mía," dijo. "¿Cuál es tu elemento? "
"Agua."
"Fuego y el agua, ¿eh?" Adrian metió la mano en el bolsillo y sacó un billete de cien dólares. "Cariño, haremos un trato. Si puedes hacer aparecer un cubo de agua y echársela
a Christian por la cabeza, te daré esto."
"Añádale diez," se rió Lissa.
Jill lo miró sorprendida, pero sospeché que era porque Adrian le había llamado ‗Cariño‘.
Tomé Adrian por sentado tantas veces que era fácil olvidar que él realmente era un chico guapo. Christian empujó a Jill hacia la puerta.
"No les hagas caso. Están celosos porque los usuarios espíritu no pueden ir a la carga en una batalla como nosotros." Se arrodilló en el suelo a la altura de Lissa y le dio un beso rápido. "Estábamos practicando en el salón de arriba, pero ahora tengo que acompañarla.
Nos vemos mañana."
"No tienes que hacerlo," dijo Jill. "Puedo volver allí muy bien. No quiero ser ningún problema. "
Adrián se levantó. "No lo eres. Si alguien va a comportarse y ser el caballero en brillante armadura aquí, ese seré yo. Te llevaré de vuelta y dejaré a los tortolitos hacerse arrumacos." Le hizo a Jill una reverencia. "¿Nos vamos?"
"Adrian-," dijo Lissa, con una nota aguda en la voz.
"¡Oh, vamos!," dijo, rodando los ojos. "De todos modos necesito despejarme - vosotros no servís de nada una vez que llega el toque de queda. Y, honestamente, dadme un poco de crédito. Tengo mis límites."
Él le dio a Lissa una mirada significativa, una que decía que era una idiota por pensar que iba a intentar ligarse a Jill. Lissa sostuvo su mirada durante unos instantes y comprendió que él tenía razón. Adrian de vez en cuando era un sinvergüenza y su interés por mi nunca había sido un secreto, pero acompañar a Jill no formaba parte de su magnifica seducción. Él realmente estaba siendo amable.
"Muy bien", dijo Lissa. "Nos vemos más tarde. Encantada de conocerte, Jill."
"Igualmente," dijo Jill. Le dedicó una sonrisa a Christian. "Gracias de nuevo."
"Será mejor que te presentes a nuestra siguiente práctica", le advirtió.
Adrian y Jill comenzaron a salir a la puerta, en el momento en que pasaba Avery.
"Hey, Adrian." Avery le echó un vistazo a Jill. "¿Quién es la chiquilla?"
"¿Dejaréis chicos de llamarme así?" Exclamó Jill.
Adrian reprendió a Avery. "Silencio. Me ocuparé de ti más tarde, Lazar."
"Eso espero," dijo con una voz cantarina. "Dejaré la puerta abierta."
Jill y Adrian se marcharon, y Avery se sentó junto a Lissa. Parecía animada como si hubiese bebido, pero Lissa no olió ningún licor en ella. Lissa aprendió rápidamente que una parte de Avery era siempre vivaz y despreocupada, independientemente de la embriaguez.
"¿Acabas de invitar de verdad a Adrian a tu habitación más tarde?", Preguntó Lissa. Lo dijo en broma, pero en secreto había estado preguntándose si pasaba algo entre ellos. Y sí, eso hizo que dos de nosotras se lo preguntaran.
Avery se encogió de hombros. "No sé. Quizás. A veces pasamos el rato una vez que todos se han ido a dormir. No te vas a poner celosa, ¿verdad?"
"No", se rió Lissa. "Sólo tenía curiosidad. Adrian es un buen tipo."
"¿Ah, sí?", Preguntó Christian. "Define ‗bueno‘."
Avery levantó la mano y comenzó a señalar los puntos con cada dedo. "Él es tremendamente guapo, gracioso, rico, relacionado con la reina…"
"¿Has elegido los colores de la boda?", Preguntó Lissa, sin dejar de reír.
"Todavía no," dijo Avery. "Todavía estoy probando las aguas. Me imaginé que sería una muesca fácil en el cinturón de Avery Lazar, pero es un poco difícil de leer."
"Realmente no quiero oír esto," dijo Christian.
"A veces actúa como un tipo de amar y abandonar. Otras veces está deprimido como un romántico afligido". Lissa intercambio una mirada de saber con Christian que Avery no vio porque estaba hablando. "De todos modos, no estoy aquí para hablar de él. Estoy aquí para hablar de ti y de mí saliendo de aquí." Avery echó su brazo alrededor de Lissa, que casi se cayó.
"¿De dónde? ¿El dormitorio?"
"No. Esta escuela. Nos marchamos en un fin de semana salvaje a la Corte Real."
"¿Qué? ¿Este fin de semana?" Lissa se sentía como si estuviera tres pasos atrás, y no la culpé. "¿Por qué?"
"Porque es Pascua. Y su majestad real pensó que sería 'encantador' si pudieras unirte a ella en las vacaciones". El tono de Avery era imponente y agudo.
"Y, ya que he estado andando contigo, Papá decidió que ahora me estoy comportando bien."
"Pobre bastardo inconsciente", murmuró Christian.
"Así que él dijo que puedo ir contigo". Avery miró a Christian. "Tú también puedes, adivino. La reina dijo que Lissa podía llevar un invitado - además de mí, desde luego."
Lissa examinó la cara radiante de Avery y no compartió su entusiasmo. "Odio ir a la corte.
Tatiana sigue y sigue dándome lo que ella piensa que son consejos útiles. Ahora todo siempre es aburrido y triste." Lissa no añadió que una vez había encontrado divertida la Corte, cuando yo había ido con ella.
"Eso es porque no has ido conmigo. ¡Será el desmadre! Sé dónde están todas las cosas buenas. Y apuesto a que Adrian también vendrá. Será como una cita doble".
Poco a poco, Lissa comenzó a reconocer que esto podría ser divertido. Ella y yo habíamos logrado encontrar un poco de las "cosas buenas" que se escondían debajo de la superficie pulida de la vida de la Corte. Cada visita después de eso había sido tal y como ella lo describió – poco interesante y seria. Pero ahora, ¿yendo con Christian y la apasionada y espontánea Avery? Esto tenía el potencial.
Hasta que Christian lo arruinó.
"Bueno, no cuenten conmigo," dijo. "Si sólo puedes llevar a una persona, lleva a Jill."
"¿Quién?," Preguntó Avery.
"La chiquilla", explicó Lissa. Ella miró asombrada a Christian. "¿Por qué demonios llevaría yo a Jill? Acabo de conocerla."
"Porque realmente se toma en serio lo de aprender a defenderse. Tienes que presentarle a Mia. Las dos son usuarias del agua. "
"Cierto", dijo Lissa a sabiendas. "¿Y el hecho de que odies la Corte no tiene nada que ver on esto?"
"Bueno... "
"¡Christian!" Lissa so ofendió de repente. "¿Por qué no puedes hacer esto por mí?"
"Porque odio la forma en que la Reina Bruja me mira," dijo.
Lissa no encontró eso convincente.
"Sí, pero cuando nos graduemos, viviré allí. Entonces, tendrás que ir."
"Sí, bueno, entonces dame estas pequeñas vacaciones."
La irritación de Lissa creció. "Oh, ya veo cómo es. Tengo que lidiar con tu mierda todo el tiempo, pero tú no puedes hacer esto por mí."
Avery los miró y se levantó. "Me marchó para que arregléis esto por vuestra cuenta. No me importa si va Christian o la chiquilla, siempre y cuando estés allí." Miró hacia abajo a Lissa. " Vas, ¿no?"
"Sí. Iré." En todo caso, la negativa de Christian de pronto estimuló a Lissa.
Avery sonrió. "Formidable. Voy a salir de aquí, pero vosotros dos será mejor que os deis un buen beso y os reconciliéis cuando me vaya."
El hermano de Avery, Reed, apareció de repente en la puerta. "¿Estás lista?" le preguntó.
Cada vez que hablaba, siempre salía como una especie de gruñido.
Avery les dirigió una mirada triunfante.
"¿Veis? Mi galante hermano me viene a buscar antes de que las supervisoras de los dormitorios comiencen a gritarme para que me vaya. Ahora Adrian tendrá que encontrar una nueva y emocionante forma de demostrar su caballerosidad."
Reed no se veía muy galante o caballeroso, pero supuse que era muy amable de su parte venir para acompañarla a su habitación. Su cronometraje había sido misteriosamente perfecto. Tal vez ella tenía razón sobre él, y no era tan malo como la gente siempre pensaba.
Tan pronto como Avery se fue, Lissa se volvió contra Christian. "¿Decías en serio lo de llevar a Jill en tu lugar?"
"Sí, " dijo Christian. Trató de recostarse en su regazo, pero ella lo apartó. "Pero contaré los segundos hasta que vuelvas."
"No puedo creer que pienses que esto es una broma."
"No lo hago", dijo. "Mira, no quería sacarte de tus casillas, ¿sí? Pero realmente...
Simplemente no quiero tratar con el drama de la Corte. Y sería bueno para Jill." Frunció el ceño. "No tienes nada contra ella, ¿verdad?"
"Ni siquiera la conozco", dijo Lissa. Aún estaba molesta, más de lo que yo habría esperado, que era extraño.
Christian agarró las manos de Lissa, la cara seria. Esos ojos azules que a ella le gustaban ablandaron su enojo un poco. "Por favor, no estoy intentando molestarte. Si es realmente importante..."
Así, la ira de Lissa se difundió. Era repentina, como un interruptor. "No, no. Estará bien llevar a Jill, aunque no estoy segura de que ella deba estar con nosotras y hacer lo que Avery tiene en mente."
"Deja a Jill con Mia. Cuidará de ella el fin de semana."
Lissa asintió con la cabeza, preguntándose por qué estaba tan interesado en Jill. "Está bien. Pero no haces esto porque no te gusta Avery, ¿verdad?"
"No, me gusta Avery. Ella te hace sonreír más."
"Tú me haces sonreír. "
"Es por eso que añadí el 'más'." Christian besó con dulzura la mano de Lissa.
"Has estado muy triste desde que Rose se fue. Me alegro de que estés saliendo con otra persona - no me refiero a que no puedas conseguir todo lo que necesitas de mí."
"Avery no es un reemplazo de Rose", dijo Lissa rápidamente.
"Lo sé. Pero me recuerda a ella."
"¿Qué? No tienen nada en común."
Christian se enderezó y se sentó a su lado, apoyando su cara contra su hombro. "Avery es como Rose solía ser, antes de que vosotras os mancharais."
Ambas, Lissa y yo hicimos una pausa para reflexionar sobre eso. ¿Tenía razón? Antes de que los poderes de espíritu de Lissa comenzasen a mostrarse, ella y yo seguíamos un estilo de vida de fiestas. Y sí, la mitad del tiempo yo era la que traía alocadas ideas que nos metían en problemas. ¿Pero había sido como Avery parecía a veces?
"Nunca habrá otra Rose," dijo Lissa con tristeza.
"No", estuvo de acuerdo Christian. Le dio un breve beso en la boca. "Pero habrá otros amigos."
Sabía que él tenía razón, pero no pude evitar sentir una pequeña punzada de celos.
Asimismo, no pude evitar sentir un poco de preocupación. El breve chorro de irritación de Lissa había aparecido como por arte de magia. Entendía su deseo de que Christian fuera con ella, pero su actitud había sido un poco maliciosa — y sus casi preocupantes celos por Jill también eran extraños. Lissa no tenía ninguna razón para dudar de los sentimientos de Christian, y ciertamente no por alguien como Jill. Los cambios de humor de Lissa me recordaban demasiado a los viejos tiempos.
Lo más probable es que estuviera muy fatigada, pero mis instintos me decían—, tal vez era debido a la vinculación—que algo andaba mal. Fue una sensación fugaz, una que no pude mantener, como el agua deslizándose entre mis dedos. Sin embargo, mi instintos habían estado acertados anteriormente, y decidí que controlaría a Lissa con más frecuencia.


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