lunes, 22 de diciembre de 2014

Capítulo 2 SPIRIT BOUND

Capítulo 2
Mis pruebas pasaron en un remolino borroso.
Pensarías que, como eran la parte más importante de mi educación en St. Vladimir, recordaría todo con detalles perfectos y cristalinos. Y aún así mis pensamientos anteriores se hicieron realidad. ¿Cómo podía esto calificar lo que ya había vivido? ¿Cómo podían estas peleas ridículas compararse a una horda de Strigois invadiendo nuestra escuela? Donde tenía que hacerle frente a las abrumadoras posibilidades, sin saber si aquellos a los que amaba estaban vivos o muertos.
¿Y cómo podía temer a una pelea con uno de los instructores de la escuela después de haber peleado contra Dimitri? Él había sido letal como dhampir, pero aún más como Strigoi.
No es que quisiera restar seriedad a las pruebas, eran serias.
Los graduados fallaban todo el tiempo, y me negaba a ser uno de ellos. Era atacada por todos lados por guardias que habían defendido Moroi desde antes de que yo naciera. La arena no era plana, lo que complicaba todo, la habían llenado con trampas y obstáculos, vigas y pasadizos que probaban mi balance, incluyendo un puente que dolorosamente me recordaba la última vez que vi a Dimitri. Lo había empujado después de clavarle una estaca de plata en el corazón, una estaca que se había salido mientras él caía al río que estaba abajo.
El puente de la arena era un poco diferente del de madera sólida sobre el cual Dimitri y yo habíamos peleado en Siberia. Este estaba desvencijado, una mala construcción de piso de madera son sólo pasamanos de cuerda como apoyo. Cada paso hacía que el puente entero se balanceara y temblara, y hoyos en las tablas me mostraban donde mis compañeros (desafortunadamente para ellos) ya habían descubierto puntos débiles en la madera. El examen que me asignaron en el puente fue probablemente el peor de todos. Mi meta era alejar a un ‚Moroi‛ de un grupo de ‚Strigois‛ que lo perseguían. Mi ‚Moroi‛ era Daniel, un nuevo guardián que había venido con otros a la escuela para reemplazar a los que habían sido asesinados en el ataque. No lo conocía bien, pero para este ejercicio, estaba actuando completamente dócil e indefenso, aun un poco asustado, como cualquier Moroi que yo cuidara se comportaría.
Se resistió un poco a pasar por el puente, y usé mi voz más calmada y persuasiva para lograr que caminara delante de mí. Aparentemente, estaban probando las habilidades con las personas tanto como las habilidades de combate. No muy atrás de nosotros en el recorrido, sabía que los guardianes actuando como Strigoi se acercaban.
Daniel caminó y yo lo seguí, aun calmándolo mientras todos mis sentidos continuaban alerta. El puente se balanceó fuerte, diciéndome con una sacudida que nuestros perseguidores nos habían alcanzado. Vi hacia atrás y conté tres ‚Strigoi‛ siguiéndonos. Los guardianes que los interpretaban estaban haciendo un buen trabajo, moviéndose con tanta destreza y rapidez como los verdaderos Strigoi.
Nos alcanzarían si no nos apresurábamos.
—Lo estás haciendo bien —le dije a Daniel. Era difícil mantener el tono correcto en mi voz. Gritarle a un Moroi lo podía poner en shock, demasiada gentileza los haría creer que no era real—. Sé que puedes ir más rápido. Necesitamos tomarles ventaja, se están acercando. Sé que puedes hacerlo. ¡Vamos!
Seguramente pasé la parte de convencimiento de la prueba, porque él realmente apresuró el paso, no tanto como para compararse con la de nuestros perseguidores, pero era un comienzo. El         puente se movió fuertemente de nuevo. Daniel gritó convincentemente y se congeló, aferrándose a las cuerdas. Adelante de él vi a otro guardia/Strigoi esperando en el lado contrario del puente. Creo que su nombre era Randall, otro nuevo instructor. Estaba atrapada entre él y el grupo a mi espalda. Pero Randall se quedó inmóvil, esperando en la primera tabla del puente para poder sacudirlo y dificultárnoslo.
—Sigue —apuré, con la mente girando—. Puedes hacerlo.
—¡Pero hay un Strigoi ahí! ¡Estamos atrapados! —gritó Daniel.
—No te preocupes, yo me encargo de él, sólo muévete.
Mi voz fue más dura esta vez, y Daniel avanzó, empujado por mi orden. Los siguientes instantes requerían un cronometraje perfecto de mi parte. Tenía que vigilar a los Strigoi de ambos lados y mantener a Daniel en movimiento, todo mientras monitoreaba en qué parte del puente estábamos. Cuando estábamos a casi tres cuartos del camino, grité en un susurro: —¡Agáchate sobre tus piernas y brazos ya! ¡Apúrate!
Él obedeció, deteniéndose al instante. Inmediatamente me arrodillé y susurré: —Te voy a gritar, ignórame —y en una voz mas fuerte dije— ¿Qué estás haciendo? ¡No podemos detenernos!
Daniel no se movió, y de nuevo hablé en un susurro: —Bien, ¿ves donde las cuerdas conectan la superficie con los pasamanos? Agárralas, agárralas tan fuerte como puedas y no las sueltes, no importa lo que pase, enrédalas al rededor de tus manos si tienes que hacerlo. ¡Hazlo!
Él obedeció, el reloj seguía avanzando y no desperdicié otro segundo. En un movimiento, mientras seguía agachada, me volví y rompí la cuerda con una navaja que me habían dado junto a mi estaca. La hoja estaba filosa. Gracias a Dios, los guardias que hacían las pruebas no jugaban, la navaja no cortó las cuerdas al instante, pero las corté tan rápido que los Strigoi a cada uno de nuestros lados no tuvieron tiempo de reaccionar.
Las cuerdas cedieron en el momento en el que le recordaba a Daniel que se sujetara, las dos mitades del puente se balancearon hacia un lado de las maderas acarreadas por el peso de la gente sobre ellas. Bueno, las nuestras sí lo hicieron por lo menos. Daniel y yo estábamos preparados. Los tres perseguidores a uno de los lados no lo estaban. Dos cayeron y uno logró apenas sujetarse de un peldaño, resbalándose un poco antes de asegurar su agarre. La caída era de 2 metros, pero me habían dicho que la tomara en cuenta como de 15, una distancia que nos mataría a Daniel y a mí si caíamos.
Contra todas las probabilidades, él continuaba aferrado a la cuerda. Yo también estaba colgando, y una vez que las cuerdas y la madera estaban descansando de lleno en la estructura, empecé a subirla como si fuera una escalera. No fue fácil trepar sobre Daniel, pero lo hice, dándome una oportunidad más de decirle que resistiera. Randall, que había estado esperando frente a nosotros, no se había caído, tenía los pies en el puente cuando corté las cuerdas, y le había tomado tanto por sorpresa como para que perdiera el equilibrio, pero era rápido para reponerse y ahora estaba aferrado a las cuerdas, tratando de trepar a la superficie sólida de arriba. Estaba mucho más cerca que yo, pero logré agarrar su pierna y detenerlo.
Lo jalé hacia mí, pero mantuvo su agarre en el puente y luchamos, sabía que probablemente no podría hacerlo caer, pero era posible seguirme acercando. Por último dejé, caer el cuchillo que tenía en la mano y logré extraer la estaca de mi cinturón, algo que puso a prueba mi equilibrio. La posición desgarbada de Randall me dio una posibilidad para alcanzar su corazón y la tomé.
Para las pruebas teníamos estacas con puntas redondas, que no perforarían la piel pero que podían ser usadas con suficiente fuerza para convencer a nuestros oponentes de que sabíamos lo que hacíamos, mi posición era perfecta, y Randall, accediendo a que ese hubiera sido un golpe mortal, aflojó su agarré y se soltó del puente.
Eso me dejó con la dolorosa tarea de presionar a Daniel para que trepara. Nos tomó bastante tiempo, pero su comportamiento no estaba fuera de personaje de cómo un Moroi asustado actuaría. Sólo estaba agradecida de que no hubiera decidido que un verdadero Moroi perdería su agarre si hubiera caído.
Después de ese reto vinieron muchos más, pero seguí luchando, nunca disminuyendo la marcha o dejando que el cansancio me afectara. Entré en mi modo de combate, con mis sentidos enfocados en los instintos básicos. Pelea, esquiva, mata.
Y mientras estaba sintonizada a estos, tenía que ser innovadora y no caer en la rutina, de otra manera no sería capaz de reaccionar a una sorpresa como la del puente. Lo manejé todo, peleando sin más pensamientos que completar las pruebas frente a mí. Traté de no pensar en mis instructores como personas que conocía. Los traté como Strigoi. No escatimé en golpes.
Cuando por fin terminó, casi no me di cuenta, estaba simplemente parada en el medio del campo sin más atacantes. Estaba sola. Lentamente, empecé a notar los detalles del mundo. Multitudes en las gradas, apoyando. Algunos instructores asintiendo a otros mientras se acercaban. El ruido de mi corazón.
No fue hasta que una Alberta sonriente jaló mi brazo que me di cuenta que había terminado, la prueba por la que había esperado mi vida entera terminó en un abrir y cerrar de ojos.
—Vamos —dijo, poniendo su brazo alrededor de mis hombros y guiándome hacia la salida—. Necesitas un poco de agua y sentarte.
Confundida, la dejé sacarme del campo alrededor del cual la gente aún gritaba mi nombre. Tras nosotros, oí a gente decir que tendrían que tomar un descanso para repara el puente. Alberta me regresó al área de espera y me sentó en una banca. Alguien más se sentó a mi lado y me dio una botella con agua. Volteé y vi a mi mamá. Tenía una expresión en su rostro que nunca antes había visto: orgullo puro y radiante.
—¿Eso era todo? —pregunté al fin.
Me sorprendió con una risa de verdadera sorpresa. —¿Eso era todo? —repitió—. Rose, estuviste ahí afuera por casi una hora, pasaste esa prueba con colores brillantes, probablemente es una de las mejores pruebas que esta escuela jamás ha visto.
—¿En verdad? Me pareció... —fácil no era la palabra correcta—. Fue muy rápido, eso es todo.
Mi mamá apretó mi mano. —Estuviste asombrosa, estoy orgullosa de ti.
La realización de todo realmente me llegó entonces, y sentí una sonrisa propia inundar mis labios. —¿Qué pasará ahora? — pregunté.
—Ahora te conviertes en un guardián.
 Había sido tatuada varias veces, pero ninguna de esas veces se comparaba a la ceremonia y bombos que ocurrieron mientras obtenía mi marca de la promesa.
Antes, había recibido marcas molnija por matar en circunstancias trágicas e inesperadas: combatiendo Strigois en Spokane, el ataque y rescate de la escuela, eventos que eran causa de pena, no celebración. Después de todas esas muertes, de cierto modo habíamos perdido la cuenta, y mientras los artistas de tatuajes de los guardianes trataron de contar cada muerte, finalmente me habían dado una marca en forma de estrella, que era manera elegante de decir que habían perdido la cuenta.
Los tatuajes no son un proceso rápido, aún si estás recibiendo uno pequeño, y mi clase entera de graduación tenía que tenerlos. La ceremonia tuvo lugar en lo que normalmente era el comedor de la academia, una habitación que podían transformarse en algo tan grande y elaborado como lo que encontraríamos en la corte real. Los espectadores, amigos, familia y guardianes, llenaban el lugar mientras Alberta nos llamaba por nombres de uno en uno y leía nuestras puntuaciones mientras nos acercábamos al tatuador. Las puntuaciones eran importantes, se publicarían y, junto con nuestras calificaciones generales, influirían nuestras asignaciones. Los Moroi podían pedir ciertas calificaciones de sus guardianes. Lissa me había solicitado a mí, claro, pero ni aún las mejores calificaciones del mundo compensarían todas las marcas negras de mal comportamiento en mi expediente.
Aunque no había Moroi en esta ceremonia, aparte de los pocos que habían sido invitados como huéspedes por los nuevos graduados. Todos los demás eran dhampir: guardianes establecidos o los que se convertirían en guardianes como yo. Los invitados se sentaron en el fondo, y los guardianes graduados cerca del frente. Mis compañeros y yo estuvimos de pie todo el tiempo, tal vez como un tipo de examen de resistencia final.
No me importó, había cambiado mis ropas rotas y sucias por unos simples pantalón y sweater, un conjunto que se veía elegante pero reteniendo algo de solemnidad. Fue una buena elección, porque el aire del salón se había vuelto denso con tensión, todas las caras llenas de felicidad por nuestro éxito, pero también llenas de ansiedad por nuestros papeles mortales en el mundo.
Vi con ojos brillantes mientras mis amigos eran llamados, sorprendida e impresionada por muchas de las puntuaciones.
Eddie Castile, un amigo cercano, obtuvo una puntuación particularmente alta en ‚protección Moroi uno a uno‛. No pude contener una sonrisa mientras veía al tatuador darle a Eddie su marca. —Me pregunto cómo logró pasar a su Moroi por el puente — murmuré. Eddie tenía muchos recursos.
A mi lado, otra amiga mía, Meredith, me lanzó una mirada cuestionante.
—¿De qué hablas? —su voz también era un murmullo.
—Cuando nos siguieron por el puente con un Moroi. El mío era Daniel —ella seguía luciendo confundida—, con Strigois a cada lado.
—Yo crucé el puente —susurró—. Pero sólo yo era perseguida, me tocó pasar a mi Moroi por un laberinto.
Una mirada de un compañero cercano nos cayó, y yo oculté una mueca.
Tal vez yo no era la única que había pasado por la prueba en confusión. Meredith confundía los hechos.
Cuando me llamaron, oí algunos suspiros mientras Alberta leía mi puntuación. Tenía las más altas de la clase por mucho. Estaba algo feliz de que no hubiera leído mis calificaciones académicas. Definitivamente hubieran opacado algo de la gloria del resto de mi actuación, siempre me había ido bien en mis clases de combate, pero en matemáticas e historia... bueno, esas sí estaban deficientes, particularmente porque parecía que siempre estaba yendo y viniendo de la escuela.
Mi cabello estaba recogido fuertemente en un moño, con cada cabello rebelde sostenido por pasadores para que el artista no tuviera nada que interfiriera en su trabajo. Me agaché para darle una mejor vista y oírlo gruñir de sorpresa. Con mi nuca cubierta en marcas, tendría que ser cuidadoso. Normalmente, un nuevo guardián proveía un lienzo en blanco. Este tipo era bueno, y aun así logró plasmar delicadamente la marca de la promesa en el centro de mi nuca. La marca de la promesa se veía como una ‚S‛ grande y estirada con terminaciones curveadas. La puso entre las marcas molnija, dejando que las rodeara como en un abrazo. El proceso dolió, pero mantuve mi cara sin expresión, resistiéndome a moverme. Me mostraron los resultados finales en un espejo antes de que me cubriera con un vendaje para que sanara limpiamente.
Después de eso, regresé con mis compañeros y vi cómo el resto de ellos recibía sus tatuajes. Requirió seguir de pie dos horas más, pero no me importó, mi cerebro aún estaba lidiando con todo lo que había pasado hoy. Era una guardiana. Una verdadera guardiana dedicada al bien. Y con eso venían las preguntas. ¿Qué pasaría ahora? ¿Mis puntuaciones serían suficientes para rebasar mis notas por mal comportamiento? ¿Me convertiría en la guardiana de Lissa? ¿Qué pasaría con Victor? ¿Qué pasaría con Dimitri? Me removí inquieta mientras me golpeaba de lleno el impacto de la ceremonia. Esto no se trataba sólo de Dimitri y Victor, esto se trataba de mí, del resto de mi vida. La escuela había terminado. No habría más profesores viendo cada movimiento y corrigiéndome si me equivocaba. Todas las decisiones las tomaría yo cuando protegiera a alguien. Los Moroi y los dhampir más jóvenes me verían como una autoridad. Y nunca más tendría el lujo de practicar combate un minuto e irme a mi habitación al siguiente. No había más eso de saltarse las clases, estaría en deber todo el tiempo. La idea era incomodante, la presión era casi demasiada, siempre había pensado en la graduación como libertad. Ahora no estaba tan segura. ¿Qué nuevo giro tomaría mi vida? ¿Quién lo decidiría? ¿Y cómo vería a Victor si me asignaban a alguien además de Lissa?
A través del salón, vi los ojos de Lissa entre la audiencia, ardían con un orgullo que igualaba el de mi mamá, y sonrió cuando nuestras miradas se encontraron.
Quita esa mirada de tu cara —me regañó por nuestra conexión—. No deberías verte tan ansiosa, hoy no. Necesitas celebrar.
Sabía que tenía razón, podía manejar lo que venía. Mis preocupaciones, que eran muchas, podían esperar un día más, particularmente porque el humor exuberante de mi familia y amigos aseguraban que celebraría. Abe, con esa influencia que siempre parecía tener, había preparado un pequeño salón de banquetes y una fiesta para mí, que parecía más adecuada para un debut real, y no para imprudentes Dhampir humildes.
Antes del evento, me cambié una vez más. Ropa de fiesta más bonita ahora parecía más apropiada que el conjunto formal de la celebración molnija. Me puse un vestido color verde esmeralda de manga corta y colgué mi nazar alrededor de mi cuello, aunque no combinara. El Nazar es un pequeño colgante que parecía un ojo, con diferentes tonos de azul que ‚rotaban‛. En Turquía, de donde venía Abe, se cree que ofrecen protección. Se la había dado a mi madre hace años, y ella a su vez me la había dado a mí.
Para el momento me había puesto el maquillaje y acomodado mi pelo en oscuras y largas ondas (porque mi tatuaje vendado no iba con el conjunto para nada), casi no me parecía a alguien capaz de luchar contra monstruos, o incluso lanzar un puñetazo. Lo que no era del todo cierto, me di cuenta un momento después. Mirándome en el espejo, me sorprendió ver una mirada embrujada en mis ojos marrones. Había dolor en ella, dolor y pérdida que incluso los mejores vestidos y el maquillaje no podían ocultar.
Lo dejé pasar y me eché hacia atrás, y tan pronto como di un paso fuera de mi habitación, me choqué con Adrian. Sin decir una palabra, me atrapó entre sus brazos y me asfixió con un beso. Me cogió totalmente por sorpresa. Era sabido. Las criaturas no-muertas no podían sorprenderme, pero un impertinente Moroi real sí podía.
Y era un verdadero beso, uno que casi me hacía sentir culpable por hundirme en él. Había tenido muchas preocupaciones con Adrian al principio, pero muchas de ellas habían desaparecido con el tiempo. Después de verlo coquetear descaradamente y no tomar nada en serio durante tanto tiempo, nunca había esperado ver tanta devoción de él en nuestra relación. Asimismo, no esperaba encontrar que mis sentimientos eran cada vez mayores hacia él... parecía tan contradictorio, teniendo en cuenta que todavía amaba a Dimitri y estaba tratando de inventar maneras imposibles para salvarlo.
Me reí cuando Adrian me soltó. Cerca de allí, unos pocos Moroi jóvenes habían estado mirándonos. Dhampirs y Moroi juntos no era raro a nuestra edad, ¿pero una Dhampir notoria junto con el sobrino-nieto preferido de la reina Moroi? Eso era un poco complicado, sobre todo desde que se conocía ampliamente cuánto la Reina Tatiana me odiaba. Hubo pocos testigos de mi último encuentro con ella, cuando ella me gritó que me mantuviera alejada de Adrian, pero la palabra de ese tipo de cosas siempre corre.
—¿Les gustó el espectáculo? —Les pregunté a nuestros observadores. Al darse cuenta de que habían sido descubiertos, los chicos Moroi rápidamente siguieron su camino. Me volví a Adrian y le sonreí—. ¿Qué fue eso? Era un beso algo grande para ser dado en público.
—Eso —dijo con grandilocuencia—, fue tu recompensa por patear muchos culos en el entrenamiento. —Hizo una pausa—. También fue porque te ves totalmente caliente con ese vestido.
Le di una mirada irónica. —Recompensa, ¿eh? El novio de Meredith le dio unos pendientes de diamantes.
Él agarró mi mano e hizo un indiferente encogimiento de hombros mientras comenzamos a caminar hacia la fiesta. —¿Quieres diamantes? Yo te daré diamantes. Te colmaré de ellos. Maldita sea, te conseguiré un vestido hecho de ellos. Pero va a ser muy corto.
—Creo que me conformo con el beso, después de todo —le dije, imaginando a Adrian vistiéndome como una modelo de traje de baño. O una bailarina de barra. La referencia a la joyería me trajo a la memoria recuerdos no deseados. Cuando Dimitri me tenía cautiva en Siberia, llevándome a una calmosa complacencia con sus mordeduras, él también me había colmado de joyería.
—Sabía que eras una chica mala —continuó Adrian. La brisa del caliente verano le rizaba el pelo castaño, que tan laboriosamente peinaba cada día, y con su mano libre, distraídamente trató de volverlo a su lugar—. Pero no me había dado cuenta de lo mucho que lo eras hasta que te vi abandonando a los guardianes ahí fuera.
—¿Eso significa que vas a ser más agradable conmigo? —Me burlé.
—Ya estoy siendo agradable contigo —dijo con altanería—. ¿Sabes lo mucho que deseo un cigarrillo ahora mismo? Pero, no. Yo valientemente sufro a través de la nicotina retirada... todo por ti.
Pero creo que verte por ahí fuera me hará ser un poco más cuidadoso a tu alrededor. Ese loco padre tuyo también me hace volverme más cauteloso.
Gemí, recordando cómo Adrian y Abe habían estado sentado juntos. —Dios. ¿De verdad tienes que salir con él?
—Hey,            él es impresionante. Un poco inestable, pero impresionante. Nos llevamos muy bien. —Adrian abrió la puerta del edificio que estábamos buscando—. Y es también un chico malo a su manera. Quiero decir, ¿qué otro tío lleva pañuelos como esos? Se habrían reído a carcajadas de él en esta escuela. No Abe. Él golpearía a alguien casi tan gravemente como tú lo harías. De hecho... —la voz de Adrian se volvió nerviosa. Le di una mirada de sorpresa.
—De hecho, ¿qué?
—Bueno... Abe dijo que yo le gustaba. Pero también me dejó en claro lo que me haría si alguna vez te hería o te hiciese alguna cosa mala. —Adrian hizo una mueca—. De hecho, me describió gráficamente lo que me haría. Entonces, justo de igual forma, cambió al azar a algún otro tema feliz. Me gusta el tío, pero me da miedo.
—Él está fuera de lugar. —Llegué al alto en frente de la fiesta del cuarto. A través de la puerta, oía el rumor de las conversaciones. Al parecer, éramos de los últimos en llegar. Supuse que eso significaba que debía hacer una gran entrada digna de un invitado de honor—. Él no tiene derecho a amenazar a mis novios. Tengo dieciocho años. Soy adulta. No necesito su ayuda. Yo puedo amenazar a mis novios por mí misma.
Mi indignación divirtió a Adrian, y me dio una sonrisa perezosa. —Estoy de acuerdo contigo. Pero eso no quiere decir que no voy a tomar su ‚consejo‛ en serio. Mi cara es demasiado bonita para arriesgarla.
Su cara era bonita, pero eso no me impidió sacudir mi cabeza por la exasperación. Alcancé la manija de la puerta, pero Adrian me tiró de nuevo hacia él.
—Espera —dijo. Él me llevó a sus brazos una vez más, nuestros labios se encontraron en otro beso ardiente. Mi cuerpo se apretó más al suyo, y me encontré confundida por mis propios sentimientos, y comprendí que estaba llegando a un punto donde yo podría querer más que sólo un beso.
—Bien —dijo Adrian cuando nosotros finalmente nos habíamos separado—. Ahora podemos ir.
Tenía el mismo tono ligero en su voz, pero en sus ojos verde oscuro, yo vi encenderse la pasión. Yo no era la única que quería algo más que besos.
Hasta ahora, nosotros habíamos evitado hablar sobre sexo, y en realidad él había sido muy bueno sobre no presionarme. Creo que él sabía que yo aún no estaba preparada después de Dimitri, pero en momentos como estos, podía ver lo difícil que era para Adrian contenerse.
Eso ablandó algo dentro de mí y me puse de puntillas, y le di otro beso.
—¿Qué fue eso? —preguntó unos momentos después.
Sonreí. —Tu recompensa.
Cuando finalmente llegamos a la fiesta, todos en la sala nos saludaron con gritos alegres y sonrisas orgullosas. Hace mucho tiempo, yo habría estado feliz de ser el centro de atención. Ese deseo se había desvanecido un poco, pero ahora, puse confianza en mi cara y acepté las alabanzas de mis seres queridos, con arrogancia y felicidad. Levanté mis manos triunfales, ganando más aplausos y aprobación.
Mi fiesta pasó casi tan borrosa como mis pruebas. En realidad, nunca te enteras de cuántas personas se preocupan por ti hasta que todas se juntan para apoyarte. Eso me hizo sentir humilde y casi un poco llorosa. Guardé esto para mí misma, sin embargo. No podía comenzar a llorar en mi propia fiesta de victoria.
Todo el mundo quería hablar conmigo, y me sorprendió y estaba encantada de cada nueva persona que se me acercaba. No era algo frecuente que yo pudiera tener a todas las personas que más amaba en un solo lugar, y con inquietud comprendí que esta oportunidad tal vez no vendría otra vez.
—Bueno, tú finalmente conseguiste una licencia para matar. Ya era tiempo.
Me di vuelta y me encontré con los divertidos ojos de Christian Ozera, quien anteriormente era una molestia, pero que se había convertido en un buen amigo. Tan bueno, de hecho, que en mi estado emocionado, me extendí y lo abracé, algo que él claramente no esperaba. Yo estaba sorprendiéndolos a todos hoy.
—Wow, wow —dijo él, ruborizado—. Es lógico. Tú eres la única chica que se emociona con la idea de matar. Yo ni siquiera quiero pensar en lo que sucede cuando tú e Ivashkov están solos.
—Hey, mira quién habla. Tú estás ansioso por salir de aquí ahora mismo.
Christian se encogió de hombros en acuerdo. Era una regla estándar en nuestro mundo: Los guardianes protegían a los Morois. Los Moroi no se involucran en las batallas. Aunque después de los recientes ataques Strigoi, muchos Moroi, aunque estaban muy lejos de ser una mayoría, habían comenzado a argumentar que era el momento de que los Moroi se reforzaran y comenzaran a ayudar a los guardianes. Usuarios del fuego como Christian eran particularmente valiosos porque quemar era una de las mejores maneras de matar a un Strigoi (junto con la estaca y la decapitación). La campaña para enseñar a un Moroi a luchar estaba ahora estancada deliberadamente por el gobierno Moroi, pero eso no había impedido a algunos Moroi practicar en secreto. Christian era uno de ellos. Parpadeó con asombro, mirando a su lado. Había alguien con él, alguien de quien apenas me había percatado.
Jill Mastrano estaba cerca de él como una sombra. Una estudiante Moroi de primer año, que pronto será una estudiante de segundo año, Jill se había presentado como alguien que también quería pelear. De hecho, ella se había convertido en algo así como la aprendiz de Christian.
—Hey Jill —dije, dándole una cálida sonrisa—. Gracias por venir.
Jill se sonrojó. Estaba decidida a aprender a defenderse, pero ella se ponía nerviosa, cuando estaba junto a otros, particularmente alrededor de ‚celebridades‛ como yo. La confusión era su reacción nerviosa. —Tenía que hacerlo —ella dijo, cepillando su largo pelo rubio de su cara. Como siempre, era una maraña de rizos—. Yo… quiero decir que estuviste genial en las pruebas. Todo el mundo estaba asombrado. Escuché a uno de los guardianes diciendo que nunca había visto nada como tú, y cuando Christian me preguntó si quería venir, por supuesto que tenía que hacerlo. ¡Ah! —Sus ojos verdes se iluminaron—. Yo ni siquiera te he felicitado. Lo siento. Felicitaciones.
A su lado, Christian luchaba por mantener un rostro serio. Yo no hice ningún intento parecido y, riéndome, le di un abrazo también. Yo estaba en peligro de volverme cálida y difusa. Probablemente conseguiría revocar el estado que tenía como un duro guardián si seguía haciendo esto. —Gracias. ¿Están los dos listos para acabar con un ejército de Strigoi ya?
—Pronto —dijo Christian—. Pero podríamos necesitar tu refuerzo. —Sabía tan bien como yo que los Strigois estaban muy fuera de su liga. Su magia de fuego me ayudó mucho, pero, ¿lo podría hacer él por su cuenta? Pero esa es otra historia diferente. Él y Jill aprendían a utilizar la magia de manera ofensiva, y cuando yo había tenido un poco de tiempo entre las clases, les enseñaba algunos movimientos de combate.
La cara de Jill se apagó un poco. —Eso ya no pasará una vez que Christian se vaya.
Me volví hacia él. No era una sorpresa que él se marcharía. Todos nosotros lo haríamos. —¿Qué será de ti? —Le pregunté.
Se encogió de hombros. —Voy a la Corte con el resto de ustedes. Mi tía Tasha dice que vamos a tener una ‚charla‛ sobre mi futuro. —Él hizo una mueca. Independiente de cuáles fueran sus planes, parecía que no eran los mismos de Tasha. La mayoría Moroi reales se marchaban a colegios de élite. No estaba segura de lo que Christian tenía en mente.
La práctica habitual después de la graduación de los nuevos guardianes era ir a la Real Corte Moroi y conseguir sus asignaciones.
Nosotros teníamos un par de días de permiso. Por la mirada Christian, vi a su tía a través del salón, y gracias a eso vi que ella estaba hablando con Abe.
Tasha Ozera estaba casi en sus treinta años, con el mismo pelo negro y brillante y ojos azul claro que Christian tenía. Sin embargo, su hermoso rostro se veía estropeado, por algunas terribles cicatrices a un lado, por el resultado de las lesiones infligidas por los propios padres de Christian. Dimitri se había convertido en un Strigoi en contra de su voluntad, mientras que los Ozera habían elegido esto a propósito para conseguir la inmortalidad. Irónicamente, esto les costó la vida cuando los guardianes los cazaron. Tasha se había hecho cargo de Christian (cuando él no estaba en la escuela) y era una de los principales dirigentes en el movimiento de apoyo a los Moroi que querían luchar contra los Strigoi.
Cicatriz o no, yo la admiraba y seguía considerándola hermosa. Y por la actitud de mi caprichoso padre, estaba claro que él también lo pensaba. Él le sirvió una copa de champaña y le dijo algo que la hizo reír. Ella se inclinó hacia adelante, como si fuera a decirle un secreto, y él se rió en respuesta. Mi mandíbula cayó. Incluso desde esta distancia, era obvio que ellos estaban coqueteando.
—Dios santo —dije, con un escalofrío, girándome de nuevo hacia Christian y Jill. Christian parecía indeciso entre burlarse de mi incomodidad y su propio rechazo al ver a la mujer que consideraba su madre ser cortejada por un tipo mafioso. Un momento después, la expresión de Christian se suavizó cuando miró de nuevo a Jill y continuó su conversación.
—Oye, tú no me necesitas —dijo él—. Encontrarás a otros aquí. Tendrás tu propio club de superhéroes antes de darte cuenta.
Me encontré a mí misma sonriendo de nuevo, pero mis agradables sentimientos desaparecieron de repente, substituidos por un ataque de celos. Sin embargo, no eran míos. Eran los celos de Lissa, que yo sentía a través del lazo. Desconcertada, miré alrededor y la vi al otro lado del salón, dándole a Christian una mirada mortal mientras él hablaba con Jill.
Vale la pena mencionar que Christian y Lissa solían salir. Más que eso. Ellos habían estado profundamente enamorados, y honestamente, aún lo estaban. Desafortunadamente, eventos recientes habían herido su relación, y Christian había terminado con ella. Él la amaba, pero había perdido su confianza en ella.
Lissa se salió de control cuando otra usuaria del espíritu llamada Avery Lazar, había tratado de controlarla. Eventualmente detuvimos a Avery, y ella estaba actualmente encerrada en una institución mental, según lo último que escuché. Ahora, Christian conocía las razones del horrible comportamiento de Lissa, pero el daño estaba hecho.
Lissa había estado deprimida al principio, pero su pena se convirtió en rabia. Ella decía que ya no quería tener nada que ver con él, pero el vínculo la desmentía. Siempre estaba celosa de cualquier chica con la que él hablara, particularmente Jill, con quien había pasado mucho tiempo últimamente. Yo sabía, de hecho, que no había nada romántico entre ellos. Jill lo idolatraba como a algún maestro sabio, nada más. Si ella estaba enamorada de alguien, era de Adrian, quien siempre la trataba como a una hermanita pequeña. De hecho, todos lo hacíamos, realmente.
Christian siguió mi mirada, y su expresión se endureció. Dándose cuenta de que tenía su atención, Lissa inmediatamente se dio la vuelta y comenzó a hablar con el primer chico que encontró, un dhampir bien parecido de mi clase. Ella canalizó ese encanto coqueto que se les daba tan bien a los usuarios del espíritu, y pronto, ellos dos estaban riéndose y conversando de una manera muy similar a Abe y Tasha. Mi fiesta se había convertido en algún tipo de servicio de citas rápidas.
Christian me miró de nuevo. —Bueno, parece que ella tiene bastante con qué mantenerse ocupada.
Puse mis ojos en blanco. Lissa no era la única que estaba celosa. Al igual que ella se ponía histérica cuando él estaba con otras chicas, Christian se molestaba cuando ella hablaba con otros chicos. Era insoportable.
En lugar de admitir que aún tenían sentimientos el uno por el otro y tratar de arreglar las cosas, estos dos idiotas seguían mostrando más y más hostilidad entre ellos.
—¿Podrías parar y tratar de hablar con ella como una persona racional algún día? —Gruñí.
—Claro —dijo él amargamente—. El mismo día que ella comience a actuar como una persona racional...
—Oh, Dios mío. Ustedes dos van a lograr que me arranque mi cabello.
—Sería un desperdicio de buen cabello —dijo Christian—. Además ella ha dejado su actitud perfectamente clara.
 Comencé a protestar y a decirle qué tan estúpido era, pero él no tenía intenciones de quedarse para escuchar el mismo discurso que ya le había dado una docena de veces.
—Vamos Jill —dijo él—. Rose necesita seguir atendiendo sus invitados.
Él se alejó rápidamente, y estuve medio tentada de golpearlo hasta hacerle entender las cosas cuando una nueva voz habló.
—¿Cuándo vas a arreglar eso? —Tasha estaba parada al lado mío, sacudiendo su cabeza ante la retirada de Christian—. Esos dos necesitan volver a estar juntos.
—Lo sé. Tú lo sabes. Pero ellos parecen incapaces de metérselo en sus cabezas.
—Bueno, será mejor que te apures —dijo ella—. Si Christian se va a la universidad al otro lado del país, será demasiado tarde. — Había un seco, y exasperado, tono en su voz cuando mencionó la partida de Christian a la universidad.
Lissa iba a asistir a Leigh, una universidad cerca de la Corte, gracias a un trato que hizo con Tatiana. Lissa podría asistir a una universidad más grande que a las que los Moroi usualmente asistían, a cambio de pasar tiempo en la Corte y aprender a desenvolverse entre la realeza.
—Lo sé —dije exasperada—. Pero, ¿por qué soy yo la que tiene que arreglarlo?
Tasha sonrió. —Porque tú eres la única lo suficientemente fuerte para hacerlos ver la razón.
 Decidí dejar pasar la insolencia de Tasha, sobretodo porque, que ella estuviera hablando conmigo, significaba que no estaba hablando con Abe.
Mirando alrededor del salón, me quedé tiesa de repente. Ahora él estaba hablando con mi madre. Pedazos de su conversación se filtraban a través del ruido.
—Janine —dijo él seductoramente—, no has envejecido un sólo día. Podrías ser la hermana de Rose. ¿Recuerdas aquella noche en Capadocia?
Mi mamá realmente soltó una risita tonta. Nunca antes la había escuchado hacer eso. Decidí que no quería volverlo a hacer. —Por supuesto. Y recuerdo lo dispuesto que estabas a ayudarme cuando se rompió el tirante de mi vestido.
—Dios santo —dije yo—. Él es incansable.
Tasha me miró confundida hasta que vio a que me refería. — ¿Abe? En realidad es bastante encantador.
Yo gruñí. —Discúlpame.
Me dirigí hacia mis padres. Yo aceptaba que ellos hubieran tenido un romance, uno que dio como resultado mi concepción, pero eso no quería decir que estuviera dispuesta a verlos revivirlo. Ellos estaban recordando alguna caminata en la playa cuando los alcancé. Inmediatamente toqué el brazo de Abe. Él estaba parado demasiado cerca a ella.
—Oye. ¿Puedo hablar contigo?
Él pareció sorprendido, pero se encogió de hombros. — Ciertamente. —Le dio a mi madre una sonrisa conocedora—. Seguiremos hablando más tarde.
—¿Acaso no hay ninguna mujer a salvo aquí? —Nos detuvimos al lado de la mesa del ponche—. ¡Has estado coqueteando con cada mujer en este salón!
Mi reprobación no parecía importarle. —Bueno, hay tantas mujeres adorables aquí... ¿eso es lo que querías decirme?
—¡No! quería hablar contigo sobre amenazar a mi novio. No tenías derecho a hacer eso.
Sus oscuras cejas se levantaron. —¿Qué, eso? Eso no fue nada. Simplemente un padre cuidando a su hija.
—La mayoría de los padres no amenazan con desmembrar a los novios de sus hijas.
—Eso no es cierto. Y, de todos modos, eso no es lo que realmente dije. Era mucho peor.
Suspiré. Él parecía deleitarse en mi exasperación.
—Piensa en ello como un regalo de graduación. Estoy orgulloso de ti. Todo el mundo sabía que serías buena, pero nadie sabía que serías tan buena. —Me guiñó un ojo—. Ciertamente no esperaban que destruyeras su propiedad.
—¿Qué propiedad?
—El puente.
Fruncí el ceño. —Tuve que hacerlo. Era la forma más eficiente. Dios, ese fue un desafío tremendo. ¿Qué hay de los demás graduados? Ellos en realidad no lucharon en medio de esa cosa, ¿verdad?
Abe negó con la cabeza, amando cada minuto de su conocimiento superior. —Nadie más fue puesto en esa situación.
—Por supuesto que sí. Todos nos enfrentamos a las mismas pruebas.
—No tú. Durante la planificación de las pruebas, los guardianes decidieron que necesitabas algo... extra. Algo especial. Después de todo, has estado afuera peleando en el mundo real.
—¿Qué? —El volumen de mi voz llamó la atención de algunos otros. Lo bajé, y las palabras anteriores de Meredith volvieron a mí—. ¡Eso no es justo!
Él no parecía interesado. —Eres superior a los otros. Dejarte hacer cosas fáciles no habría sido justo.
Me había enfrentado a un montón de cosas ridículas en mi vida, pero esto estaba bastante cerca. —¿Así que me pusieron ese loco truco del puente en su lugar? Y si les sorprendió que lo cortara, entonces, ¿qué otra cosa en el infierno esperaban que hiciera? ¿De qué otro modo se suponía que debía sobrevivir a eso?
—Hmm. —Él se acarició el mentón distraídamente—. Honestamente, no creo que lo supieran.
—Por el amor de Dios. Esto es increíble.
—¿Por qué estás tan enfadada? Pasaste.
—Porque me pusieron en una situación en la que ni siquiera sabían cómo salir. —Le di una mirada sospechosa—. ¿Y cómo sabes incluso sobre esto? Todo esto es asunto de guardianes.
Una expresión que no me gustó en absoluto se apoderó de su rostro. —Ah, bueno, estaba con tu madre anoche y...
—Whoa, está bien. Alto allí —lo interrumpí—. No quiero oír lo que tú y mi madre estaban haciendo anoche. Creo que eso sería peor que el puente.
Él sonrió. —Ambos están en el pasado, por lo que no hay necesidad de preocuparse ahora. Disfruta de tu triunfo.
—Lo intentaré. Pero no me hagas más favores con Adrian, ¿de acuerdo? Quiero decir, me alegra que vinieras a apoyarme, pero eso es más que suficiente.
Abe me dirigió una mirada astuta, recordándome que, debajo de esa fanfarronería, él era en realidad un hombre astuto y peligroso. —Estuviste más que feliz de que te hiciera un favor después de que regresaste de Rusia.
Hice una mueca. Tenía un punto, notando que se las había arreglado para entregar un mensaje en una prisión de alta seguridad. Incluso si no hubiera conducido a nada, él seguía teniendo puntos.
—De acuerdo —admití—. Eso fue bastante sorprendente. Y estoy agradecida. Todavía no sé cómo lograste eso. —De pronto, como un sueño que recuerdo un día después, me acordé de la idea que había tenido justo antes de mis pruebas. Bajé mi voz—. Realmente no fuiste allí, ¿verdad?
Él soltó un bufido. —Por supuesto que no. No pondría los pies en ese lugar. Simplemente puse a trabajar mi red.
—¿Dónde está ese lugar? —Pregunté, esperando que sonara suave.
No se dejó engañar. —¿Por qué quieres saber?
—¡Porque soy curiosa! Los criminales convictos siempre desaparecen sin dejar rastro. Soy un guardián ahora, y ni siquiera sé nada sobre nuestro sistema penitenciario propio. ¿Hay una sola prisión? ¿Hay un montón?
Abe no respondió de inmediato. Me estaba estudiando cuidadosamente. En su negocio, todo el mundo sospechaba de las segundas intenciones. Como su hija, probablemente era doblemente sospechosa. Estaba en los genes.
Él debe haber subestimado mi potencial de locura, porque finalmente dijo: —Hay más de una. Víctor está en una de las peores. Se llama Tarasov.
—¿Dónde está?
—¿En este momento? —Él reflexionó—. En Alaska, creo.
—¿Qué quieres decir con ‚en este momento‛?
—Se mueve durante todo el año. En este momento está en Alaska. Después, estará en Argentina. —Él me dio una sonrisa maliciosa, aparentemente preguntándose cuán astuta era—. ¿Sabes por qué?
—No, espera. La luz del sol. —Tenía perfecto sentido—. Alaska tiene luz del día casi continua en esta época del año, pero noche continua en el invierno.
Creo que estaba más orgulloso de mi comprensión que de mis pruebas. —Cualquier prisionero que intente escapar, tendría un momento difícil. —En pleno sol, ningún fugitivo Moroi llegaría muy lejos—. No es que nadie pueda escaparse en ese nivel de seguridad, de todos modos. —Traté de ignorar cuán premonitorio sonaba eso.
—Parece que la han puesto muy al norte de Alaska entonces — le dije, con la esperanza de sonsacar la ubicación real de forma indirecta—. Consigues más luz de esa manera.
Él se rió entre dientes. —Ni siquiera yo puedo decirte eso. Esa es información que los guardianes mantienen reservada y enterrada en su cuartel general.
Me quedé helada. Cuartel general...
Abe, a pesar de ser generalmente observador, no se dio cuenta de mi reacción. Sus ojos estaban viendo algo en la habitación. —¿Es esa Renee Szelsky? Vaya, vaya... ella se ha puesto hermosa con los años.
Lo despedí con un gesto a regañadientes, en gran parte porque quería seguir este nuevo plan en mi mente, y porque no había ninguna Renee que yo conociera muy bien, lo que hizo que me afectara en una manera menos terrible—. Bueno, no dejes que te detenga. Ve a atraer más mujeres a tu telaraña.
Abe no necesitó mucha insistencia. Sola, dejé que mi cerebro diera vueltas, preguntándome si mi plan en desarrollo tendría alguna posibilidad de éxito. Sus palabras habían despertado un nuevo plan en mi mente. No era mucho más loco que la mayoría de los otros. Al otro lado de la habitación, me encontré con los ojos jade de Lissa otra vez. Con Christian fuera de vista, su estado de ánimo había mejorado. Ella se estaba divirtiendo y estaba entusiasmada con las aventuras que nos esperaban, ahora que éramos libres en el mundo. Mi mente volvió a la ansiedad que había sentido más temprano en el día. Podríamos ser libres ahora, pero la realidad nos alcanzaría pronto.
El reloj seguía corriendo. Dimitri estaba esperando, observando. Me pregunté brevemente si todavía recibiría sus cartas semanales, ahora que me iría de la escuela.

Le sonreí a ella, sintiéndome un poco mal porque arruinaría su estado de ánimo cuando le dijera que ahora podría tener una oportunidad muy real de ayudar a escapar a Victor Dashkov de prisión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario