viernes, 12 de diciembre de 2014

Capítulo 4 BLOOD PROMISE

Capítulo 4
En cualquier otro momento de mi vida, habría amado explorar Moscú. Sydney había planeado nuestro viaje para que cuando nuestro tren llegara ahí, tendríamos unas pocas horas antes de que nosotros tuviéramos que coger el siguiente a Siberia. Esto nos daba un poco de tiempo para deambular por ahí y cenar, aunque ella quería asegurarse de que estuviéramos a salvo dentro de la estación antes de que oscureciera demasiado fuera. A pesar de mis agresivas reclamaciones, o mis marcas molnija, ella no quería correr ningún riesgo.
No había diferencia para mí en como pasáramos nuestro periodo de inactividad. Siempre y cuando me estuviera acercando a Dimitri, eso era todo lo que importaba. Así que Sydney y yo caminamos sin rumbo fijo, mirando a nuestro alrededor y diciendo muy poco. Nunca había estado en Moscú. Era una ciudad hermosa, prospera y llena de personas y comercios. Podrías haber pasado días ahí simplemente de compras y probando los restaurantes. Lugares que había escuchado durante toda mi vida –El Kremlin, La Plaza roja, El Teatro Bolshoi- estaban todos a mi alcance. A pesar de lo genial que todo era, yo en realidad intenté apagar las vistas de la cuidad y sonidos después de un tiempo porque me recordaba a… bueno, Dimitri.
Él solía hablarme acerca de Rusia todo el tiempo y había jurado firmemente que yo amaría este lugar.
―Para ti, seria como un cuento de hadas‖ él me había dicho una vez. Fue durante una práctica antes de clases a finales del pasado otoño, justo antes de la primera nevada. El aire estaba neblinoso, todo estaba cubierto de rocío.
―Lo siento, camarada‖ había respondido, estirándome hacia atrás para atar mi pelo en una cola de caballo. Dimitri siempre había amado mi pelo suelto, ¿pero en práctica de combate? Pelo largo era un total riesgo. ―Borg y anticuada música no son parte de algún final feliz que alguna vez imaginaré
Él me había dado una de sus raras, sonrisas fáciles entonces, la clase que apenas ligeramente arrugaba las esquinas de sus ojos. ―Borscht, no borg. Y he visto tu apetito. Si estás lo suficientemente hambrienta, tú te lo comerías ―¿Entonces estar muerta de hambre en necesario para que este cuento de hadas funcione? No había nada que no amara más que burlarme de Dimitri. Bueno, aparte de tal vez besarlo.
―Estoy hablando del país. Los edificios. Ir a una de las grandes ciudades –no es como nada que alguna ves ayas visto. Todos en los Estados Unidos tienden a construir lo mismo –siempre en grandes, gruesos bloques. Ellos hacen lo que es rápido y fácil. Pero un Rusia, hay edificios que son como piezas de arte. Ellos son arte –incluso muchos de los ordinarios, edificios de todos los días. ¿Y lugares como Winter Palace y la Iglesia Troitsky en San Petersburgo? Esos te dejaran sin aliento Su rostro había sido un resplandor con las memorias de lugares que había visto, esa alegría hacia a sus ya atractivas facciones más divinas aun. Creo que él habría podido ombrar monumentos todo el día. Mí corazón se quemo dentro de mí, solo por mirarlo a él. Y luego, justo como yo siempre hacia cuando me preocupaba que tal vez me volviera ñoña o sentimental, hice una broma para mover lejos la atención y esconder mis emociones. Lo hizo cambiar de regreso a modo de negocios, y nos pusimos a trabajar.
Ahora, caminando por las calles de la ciudad con Sydney, desee poder retirar la broma y escuchar a Dimitri hablar más acerca de su tierra natal. Habría dado lo que fuera por tener a Dimitri conmigo aquí, de la forma en que solía ser. Él tenía razón acerca de los edificios.
Vale, muchos eran copias de bloques de igual forma que los que encuentras en los Estados Unidos, o en cualquier otro lado en el mundo, pero algunos eran exquisitos – pintados con colores brillantes, adornados con sus extrañas y sin embargo hermosas cúpulas en forma de cebolla. A veces, realmente parecían algo de otro mundo. Y todo el tiempo, seguía pensando que debería estar Dimitri aquí a mi lado, señalando cosas y explicándomelas a mí. Deberíamos haber tenido una romántica escapada. Dimitri y yo podíamos haber comido en exóticos restaurantes y luego ir a bailar por la noche. Podría haber usado uno de los vestidos de diseño que tuve que dejar atrás en el hotel de San Petersburgo. Así era como se suponía que debería ser. No se suponía que debía ser yo junto con un humano ceñudo.
―¿Irreal, he? Como algo de una historia
La voz de Sydney me sobresalto, y me di cuenta que habíamos llegado a un alto en frente a nuestra estación de trenes. Había muchos de ellos en Moscú. Su eco de mi conversación con Dimitri envió escalofríos por mí espina dorsal –en gran mayoría porque ella tenía razón. La estación no tenía los domos de cebolla, pero aun así lucía como algo sacado de un libro de cuentos, como un cruce entre el castillo de Cenicienta y una casa de pan de jengibre. Tenía un gran techo arqueado y torres en cada uno de los extremos. Sus paredes blancas eran intercaladas con parches de ladrillos marrones y mosaicos verdes, casi haciéndolo lucir a rayas. En Estados Unidos, algunos lo habrían llamado chillón. Para mí, era hermoso.
Sentí lágrimas comenzando a surgir de mis ojos mientras me preguntaba que habría dicho Dimitri acerca de este edificio. Él probablemente lo habría amado como él ama todo lo demás aquí. Dándome cuenta que Sydney estaba esperando una respuesta, me tragué mí dolor e interpreté a una adolescente frívola. ―Tal vez algo de una historia acerca de estaciones de trenes.
Ella arqueó una ceja, sorprendida ante mi indiferencia, pero ella no lo cuestionó. ¿Quién puede decir? Tal vez si mantengo el sarcasmo, ella eventualmente se molestaría y me botaría. De alguna manera, dudaba que fuera tan afortunada. Yo estaba bastante segura que su miedo a sus superiores opacaban cualquier otro sentimiento que ella pudiera tener respecto a mí.
Tuvimos alojamientos de primera clase, que resultaron ser mucho más pequeños de lo que esperaba. Había una combinación de cama /banco para sentarse en cada lado, una ventana, y un televisor alto en la pared. Supuse que eso podría ayudar a pasar el tiempo, pero a menudo tengo problemas siguiendo la televisión Rusa –no solo por el lenguaje pero también porque algunos de los programas eran francamente extraños. Sin embargo, Sydney y yo teníamos cada una nuestro propio espacio, incluso si la habitación era más acogedora de lo que nos gustaría.
Los colores me recordaron mucho a los mismos patrones de fantasía que había visto a lo largo de la ciudad. Incluso el pasillo afuera de nuestra cabina estaba brillantemente colorido, con alfombras lujosa con diseños rojo y amarillo, y una verde azulado y amarilla alfombrilla bajando por el medio. Dentro de nuestra habitación, los bancos estaban cubiertos de cojines con un intenso terciopelo naranja, echa de tela gruesa y pesada en relieve con un patrón de seda. Entre todo eso y la mesa de ornamento en el medio de la cabina, era como viajar en un mini palacio.
Estaba oscuro afuera para cuando el tren dejo la estación. Por lo que sea la razón, el Trans-Siberian siempre dejaba Moscú de noche. No era tan tarde todavía, pero Sydney dijo que quería dormir, y yo no quería hacerla más irritante de lo que ella ya era. Así que apagamos todas las luces, excepto por una pequeña lámpara de lectura junto a mi cama.
Había comprado una revista en la estación de trenes, y aunque no pudiera entender el lenguaje, las imágenes de maquillaje y ropa transcienden todas las barreras culturales.
Pase a través de las páginas tan silenciosamente como podía, admirando tops de verano y vestidos y preguntándome cuando –si alguna ves- seria capas de empezar a preocuparme acerca de esa clase de cosas de nuevo.
No estaba cansada cuando me recosté, pero el sueño me tomo sin embargo. Estaba soñando con esquí acuático cuando repentinamente, las olas y el sol alrededor mío se disolvieron hacia una habitación forrada con estantes y estantes de libros. Mesas con computadoras de última tecnología surcaban la habitación, y había una calma que impregnaba el lugar. Estaba en la biblioteca de de la Academia St. Vladimir.
Gruñí. ―Oh, vamos. No hoy
―¿Por qué no hoy? ¿Por qué no todos los días?
Me gire y me encontré a mi misma mirando dentro del apuesto rostro de Adrián Ivashkov. Adrián era un Moroi, era el sobrino nieto de la reina, y alguien a quien había dejado atrás en mi vieja vida cuando yo tome esta misión suicida. Él tiene unos hermosos ojos verde esmeralda que hacen a la mayoría de las chicas derretirse, particularmente ya que ellos estaban en pareja con un elegantemente alborotado pelo castaño. Él también estaba medio enamorado de mí y la razón que tuviera tanto dinero en este viaje. Lo había engatusado para salir de esa.
―Cierto admití. ―Supongo que debería estar agradecida que solo aparezcas una ves a la semana
Él sonrió y se sentó hacia atrás en una de las sillas de tabillas de madera. Él era alto, como muchos Moroi, con una delgada estructura musculosa. Los chicos Moroi nunca se ponen muy corpulentos. ―Ausencia hace que el corazón crezca más encariñado, Rose. No quiero que me des por sentado.
―No estamos en peligro de eso; no te preocupes
―¿No supongo que vas a decirme donde estas?
―No
Aparte de Lissa, Adrián era el único otro usante de espíritu vivo, y entre sus talentos estaba la habilidad de aparecerse en mis sueños –a menudo sin invitación- y hablar conmigo. Lo tomo como una bendición que sus poderes nunca realmente le dejen saber
donde estaba.
―Me matas, Rose dijo melodramáticamente. ―Todos los días son agonía sin ti. Vació. Solo.
Suspiro por ti, preguntándome por lo menos estas todavía viva
Él hablo en una exagerada, ridícula cierta manera que era característica de él. Adrián raramente tomaba las cosas seriamente y siempre tenia un corte frívolo. El espíritu también tiene una tendencia a hacer las personas inestables, y mientras él lo luchara, él no era afectado. Debajo de ese melodrama, sin embargo, sentí una semilla de verdad. No importa que superficial apariencia él despidiera, él realmente se preocupaba por mí.
Crucé mis brazos. ―Bueno, Estoy todavía viva, claramente. Así que creo que me dejaras regresar a dormir
―¿Cuántas veces te lo he dicho? Estás dormida
―Y sin embargo inexplicablemente me siento exhausta hablando contigo
Esto lo hizo reír. ―Oh, yo si te extraño.‖ La sonrisa se apagó. ―Ella también te extraña Me puse tiesa. Ella. Él ni siquiera necesito decir su nombre. No había duda de quien él estaba hablando.
Lissa.
Incluso decir su nombre en mí mente me causo dolor, particularmente luego de verla anoche. Elegir entre Lissa y Dimitri ha sido la decisión más difícil de mi vida, y el paso del tiempo no la a echo más fácil. Tal vez lo había escogido a él, pero estar alejada de ella era como tener un brazo cortado, particularmente porque el vínculo se aseguraba que nosotras estuviéramos verdaderamente separadas.
Adrián me dio una astuta mirada, como si él pudiera adivinar mis pensamientos. ―¿La ves?
―No dije, rehusándome a reconocer que yo la había visto anoche. Dejarlo pensar que estaba libre de todo eso. ―Esa no es mí vida más ―Cierto. Tú vida es todo acerca de misiones peligrosas de vigilancia
―Tu no entenderías nada que no sea beber, fumar, o ser mujeriego Él sacudió su cabeza. ―Tú eres la única que quiero, Rose
Desafortunadamente, le creí. Seria más fácil para nosotros dos si él pudiera encontrar a alguien más. ―Bueno, tú puedes seguir sintiéndote de esa manera, pero vas a tener que seguir esperando
―¿Mucho más tiempo?
Él me preguntaba esto todo el tiempo, a cada momento, yo enfatizaba cuanto tiempo seria y como él estaba perdiendo el tiempo. Pensando en el posible ejemplo de Sydney, dudé esta noche. ―No lo se
Esperanza floreció en el rostro de Adrián. ―Eso es la cosa más optimista que me has dicho hasta ahora
―No leas demasiado dentro de eso. ‗No lo se‘ podría ser un día o un año. O nunca
Su picara sonrisa regreso, e incluso yo debo admitir que era lindo. ―Voy a esperar que sea un día Pensando en Sydney trajo una pregunta a mi mente. ―¿Hey, has escuchado alguna ves de los Alquimistas?
―Seguro él dijo.
Típico. ―Por supuesto que lo has hecho
―¿Por qué? ¿Te encontraste con ellos?
―Algo así‖
―¿Qué hiciste?‖
―¿Por qué piensas que hice algo?
Él se rió. ―Los Alquimistas solo aparecen cuando hay problemas, y tú llevas problemas a donde sea que vallas. Ten cuidado, sin embargo. Son unos chiflados religiosos
―Eso es un poco extremo dije. El destino de Sydney no parece ser nada malo.
―Solo no dejes que te conviertan él guiño un ojo. ―Me gusta que seas la pecadora que eres Comencé a decirle que Sydney probablemente pensaba que yo estaba más aya de toda salvación, pero él termino el sueño, enviándome de regreso a dormir.
Excepto, en lugar de regresar a mi propio sueño, me desperté. Alrededor mío, el tren zumbaba confortablemente mientras pasábamos rápido por el campo Ruso. Mí lámpara de lectura seguía encendida, es luz muy brillante para mis adormilados ojos. Me estire para apagarla y note que la cama de Sydney estaba vacía. Probablemente en el baño, pensé. A pesar de todo, me sentí intranquila. Ella y su grupo de Alquimistas eran todavía misteriosos, y yo de repente me preocupe de que ella podría tener algún plan siniestro pasando. ¿Ella salió a encontrarse con algún agente encubierto? Decidí encontrarla.
Reconociéndolo, no tengo idea donde podría estar ella en un tren de este tamaño, pero la lógica nunca realmente me ha desalentado antes. No hay razón para que lo haga ahora. Afortunadamente, luego de escabullirme en mis zapatos y salir al pasillo contiguo a nuestra cabina, descubrí que no tenía que buscar muy lejos.
El corredor estaba surcado por ventanas, todas cubiertas en esas lujosas cortinas, y Sydney estaba de pie con su espalda hacia mí, mirando afuera, una manta envuelta alrededor de ella. Su cabello estaba enmarañado por dormir y lucia menos dorado en la pobre luz.
―Hey… comencé a titubear. ―¿Estas bien?
Ella se giró ligeramente hacia mí. Una mano sostenía la manta; la otra jugaba con la cruz alrededor de su cuello. Recordé el comentario de Adrián acerca de la religión.
―No puedo dormir dijo sin rodeos.
―¿Es… es debido a mí?
Su única respuesta fue girarse de nuevo hacia la ventana.
―Mira dije, sintiéndose indefensa. ―Si hay algo que pueda hacer… quiero decir, aparte deregresar y cancelar este viaje…
―Lo manejaré‖ dijo. ―Esto es sólo, bueno, es realmente extraño para mí. Trato con ustedestodo el tiempo, pero realmente no trato con ustedes, ¿sabes?
―Podríamos probablemente conseguirte una habitación para ti sola, si eso pudiera ayudar.
Podemos encontrar a un encargado, y yo tengo el dinero Ella sacudió la cabeza. ―Es solo un par de días, si eso No sabia que más decir. Tener a Sydney junto con migo era un inconveniente en el gran esquema de mis planes, pero no quería que ella sufriera. Viéndola jugar con la cruz, trate de pensar en algo confortante que decirle. Vinculando nuestros puntos de vista de Dios podría haber sido una forma de acercarse, pero de alguna manera, no creo que decirle como tuve batallas diarias con Dios y dudar su existencia últimamente, realmente me ayudaría con toda la reputación de la criatura maligna de la noche.
―De acuerdo‖ dije al final. ―Hazme saber si cambias de opinión
Regrese a mi cama y me dormí sorprendentemente rápido, a pesar de preocuparme que Sydney estuviera de pie en el pasillo toda la noche. Aún así, cuando me desperté en la mañana, ella estaba enrollada en su cama, profundamente dormida. Aparentemente, su agotamiento había sido tan fuerte que incluso su miedo de mí la había impulsado a descansar. Me levante en silencio y me cambie la remera y los pantalones deportivos con los que fui a la cama. Estaba hambrienta por desayuno y me figure que Sydney podría dormir más si no estuviera por aquí.
El restaurante estaba en el carro siguiente y lucía como algo sacado de una película vieja.
Elegantes manteles burdeos cubrían las mesas, y bronce y madera oscura, junto con trozos de vidrio tintado de brillantes colores, daban a todo el lugar una sensación antigua.
Lucia más como un restaurante que encontraría en las calles de San Petersburgo que en un carro comedor del tren. Ordene algo que me recordaba vagamente a las tostadas francesas, excepto que tenía queso encima. Vino con salchichas, que hasta ahora parecía ser lo mismo en todas partes a las que voy.
Estaba a punto de terminar cuando Sydney entró deambulando. Cuando la conocí la primera noche, asumí que sus pantalones de vestir y blusa eran por el bien del Nightingale. Estaba descubriendo, sin embargo, que ese era su estilo normal. Ella me pareció como una de esas personas que no tiene vaqueros o camisetas. Ella había estado desordenada mientras estaba de pie en el pasillo anoche, pero ahora ella estaba en un aseado pantalón negro y un suéter verde oscuro. Yo estaba en vaqueros y una camisa térmica gris de mangas largas y me sentí algo descuidada a su lado. Su pelo estaba peinado y con estilo pero tenía un sutil aire desordenado que sospechaba que nunca se iba, sin importar que tanto lo intentara. Al menos yo tenía mi lustrosa cola de caballo a mi
favor hoy.
Se deslizo al otro lado de mí y ordeno un omelet cuando el mozo llego, de nuevo hablando
en ruso.
―¿Cómo sabes eso?‖ pregunte.
―¿Qué ruso? ella se encogió de hombros. ―Tuve que aprenderlo al crecer. Y unos pocos otros idiomas
―Wow había tomado introducciones a un par de idiomas también y me desempeñe miserablemente en todos ellos. No pensaba mucho en ellos en el momento, pero ahora, por causa de este viaje y por causa de Dimitri, realmente desearía haber aprendido ruso.
Supongo que no es tan tarde, y yo he recogido algunas frases en mi tiempo aquí, pero aun así… era una tarea de enormes proporciones.
―Tú tienes que aprender un montón de cosas para tu trabajo reflexioné, considerando lo que debe significar ser parte de un grupo secreto que cruza las líneas internacionales e interactúa con todas clases de gobiernos. Algo más cruzó mí mente. ―¿Y que pasa con esa cosa que usaste contra el Strigoi? ¿Eso desintegro el cuerpo?
Ella sonrió, Casi. ―Bueno, te dije que los Alquimistas comenzaron como un grupo de personas tratando de hacer pociones, ¿verdad? Eso es un químico que nosotros desarrollamos para deshacernos rápido del cuerpo de los Strigoi ―¿Puedes usarlo para realmente matar a uno?‖ pregunte. Empapar a un Strigoi en algún líquido disolvente seria mucho más fácil que las maneras usuales: decapitarlos, estacarlos, o quemarlos.
―Me temo que no. Sólo funciona en cuerpos
―Lastima dije. Me pregunte si ella tendría otras pociones bajo sus mangas pero supuse que debería racionar mí número de preguntas para Sydney para el día. ―¿Qué vas a hacer cuando lleguemos a Omsh?
―Omsk ella corrigió. ―Tomaremos un auto y conduciremos el resto del camino
―¿Has estado ahí? ¿En este pueblo?
Ella acentuó con la cabeza. ―Una vez
―¿Cómo es? pregunte, sorprendida de escuchar una melancólica nota en mi propia voz.
Aparte de mí búsqueda por encontrar a Dimitri, había una parte de mi que solo quería aferrarse a todo lo que pudiera de él. Quería saberlo todo acerca de él que no sabia antes.
Si la escuela me había dado sus pertenencias, yo habría dormido con ellas cada noche. Su habitación había sido vaciada bastante rápido, sin embargo. Ahora yo solo podía reunir las piezas de él que podía, como si el acaparamiento de estos trozos de información lo mantendrían a él con migo de alguna manera.
―Es como cualquier otro pueblo Dhampir, supongo.
―Yo nunca e estado en uno
El mozo deposito en omelet de Sydney, e ella pauso en su tenedor en el aire. ―¿En serio? Pensé que todos ustedes… bueno, no lo se.
Sacudí mi cabeza. ―Yo he estado en la Academia toda mi vida. Más o menos. Mis dos años estando junto con los humanos no era realmente relevante.
Sydney mastico pensativamente. Estaba dispuesta a apostar que ella no terminaría el omelet. Por lo que había visto esa primera noche, y mientras esperábamos por trenes ayer, ella apenas parecía comer algo. Es como si ella subsistiera de solo aire. Tal vez era otra cosa de alquimista. Más probablemente era solo cosa de Sydney.
―El pueblo es mitad humano y mitad Dhampir, pero los Dhampir se mezclan. Ellos tienen toda una sociedad subterránea de la que los humanos están completamente ignorante Siempre me había figurado que había toda una subcultura pasando, pero no tengo idea de cómo podría encajar con el resto del pueblo. ―¿Y? pregunte. ―¿Cómo es esa subcultura?

Ella bajo de tenedor. ―Digamos que será mejor que te prepares

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