Capítulo 22
NO
LLORABA MUY AMENUDO. Y lo odiaba cuando lo hacia. La última vez que lo había hecho cerca de Dimitri, sus brazos me habían rodeado
de inmediato. Esta vez, todo lo que conseguí fue una
mirada llena de ira y frialdad.
―¡Esto
es por tu culpa!‖ gritó él, sus puños apretados.
Me
encogí hacia atrás, mis ojos muy abiertos. ―Pero él…él me atacó…‖
―Sí.
E Inna. ¡Una humana! Dejaste que una humana te atacara.‖ Él no pudo guardarse
el tono despectivo de su voz. ―Eres débil. Eres incapaz
de defenderte a ti misma – ¡Todo porque te niegas a
despertar!‖
Su
voz era aterradora, y la mirada que me dio… bueno, esta me asustó casi más que
lo que hizo Nathan. Alcanzando hacia delante, él me
sacudió hasta mis pies.
―Si
hubieras acabado muerta, habría sido por tú propia culpa,‖ dijo él. Sus dedos
se clavaron en mi muñeca cuando me sacudió. ―¡Tú tienes
la posibilidad de ser inmortal, de tener una fuerza
increíble! Y estas demasiado ciega y obstinada para verlo.‖
Me
tragué de nuevo más lágrimas y froté mis ojos con el dorso de mi mano libre. No
me cabía duda de que estaba arruinando el maquillaje que
me había puesto tan concienzudamente. Mi
corazón estaba a punto de estallar en mi pecho, estaba tan asustada. Me esperaba rabia y amenazas por parte de
Nathan – pero no por Dimitri.
Has
olvidado que él es un Strigoi, algo susurró en mi mente.
Había
ido bastante lejos sin ningún mordisco y había tenido suficiente adrenalina
dándome patadas por la vigilancia que mi insistente voz estaba
hablando más fuerte que lo que hizo en mucho tiempo
Dimitri dijo que era débil porque no era una Strigoi, pero había más que eso. Yo era débil y había sido sometida por Nathan e
Inna porque yo era una adicta, porque estaba viviendo
una vida de bendita ignorancia que estaba dejando huella en mi cuerpo y en mi mente. El pensamiento era alarmante, y
apenas podía aguantarlo. Mi ansia de endorfinas de
vampiro estallaba, y las dos facciones guerreaban en mi mente.
Tenía
suficiente sentido como para no manifestar cualquiera de estos pensamientos. En cambio intenté conseguir algo que tranquilizara a
Dimitri. ―No creo que sería más fuerte que Nathan,
incluso si me convirtiera – si despertara.‖
Él
pasó una mano por mi pelo, su voz fría atenta. Parecía estar calmado, pero sus
ojos aún estaban impacientes y furiosos. ―Tal vez no
inicialmente, pero tu fuerza de cuerpo y voluntad se aplazara
con el cambio. Él no es mucho más viejo que nosotros – no lo bastante como para que haya una diferencia notable,
que es por qué sigue echándose para atrás cuando nos
peleamos.‖
―¿Por
qué te hechas tú para atrás?"
Sentí
su cuerpo tensarse, y me di cuenta que mi pregunta podía ser interpretada como
un duro golpe contra su valor. Tragué, mi miedo
volviendo. Él no dejó ir mi muñeca, y estaba empezando a doler.
―Por
qué él tiene razón en una cosa,‖ dijo Dimitri con rigidez. ―Matándole a él
traería sobre nosotros la ira de Galina. Y eso no es algo que me
pueda permitir. Todavía.‖
―Antes
dijiste que tú…que nosotros…teníamos que matarla.‖
―Si,
y una vez que lo hagamos, será fácil hacerse con el control de su activo y de
su organización.‖
―¿Qué
es su organización exactamente?‖ Si continuaba distrayéndole, el peligro podía alejarse. El monstruo podía alejarse.
Él
se encogió. ―Toda clase de cosas. Esta riqueza no se consigue sin esfuerzo.‖
―¿Esfuerzo
que es ilegal y que daña a los humanos?‖
―¿Eso
importa?‖
No
me molesté con una respuesta. ―Pero Galina solía ser tu instructora. ¿De verdad puedes matarla? Y no quiero decir psíquicamente…o sea,
¿no te preocupa?‖
Lo
consideró. ―Te lo dije antes. Todo tiene que ver con la fuerza y la debilidad.
Presa y depredador. Si pudiéramos reducirla - y no me cabe
duda de que podemos – entonces ella sería la presa.
Fin de la historia.‖
Me
estremecí. Era tan duro, un modo tan duro y amenazante de ver el mundo. Dimitri liberó mi muñeca en ese mismo instante, y una onda de
alivio recorrió todo mi cuerpo.
Sobre
piernas inestables, me volví para atrás y me senté sobre el canapé. Por un momento, temí que me agarrara de nuevo, pero en vez de
eso se sentó a mi lado.
―¿Por
qué me atacó Inna? ¿Por qué defendió a Nathan?‖
―Porqué
ella le ama.‖ Dimitri no se molestó en ocultar su disgusto.
―¿Pero
como…?‖
―¿Quién
sabe? Parte de eso es que él le prometió ―despertarla‖ una vez que ella pasara tiempo aquí.‖ Las advertencias de Sydney me volvieron,
lo del por qué los Alquimistas temían que los humanos
supieran sobre los vampiros – porque los humanos querrían convertirse también, ―Eso es lo que le dicen a la
mayoría de los siervos humanos.‖
―¿Dicen?‖
―La
mayoría son indignos. La mayoría de las veces, alguien esta hambriento y
termina completamente con el humano.‖
Estaba
sintiendo a mi estomago ponerse enfermo, independientemente de la proximidad de Dimitri. ―Todo esto es un lío.‖
―No
tiene que serlo.‖ No creía que él me sacudiría otra vez, pero había una
peligrosa Mirada en sus ojos. El monstruo estaba a un latido de
corazón tan solo de lejos. ―El tiempo se agota. He sido
clemente, Roza. Mucho más clemente de lo que sería concualquier otra persona.‖
―¿Por
qué? ¿Por qué lo has hecho?‖ Quería – necesitaba –luego oírle decir que era
porque me amaba y que debido a ese amor, el nunca podría
forzarme a hacer nada que no quisiera. Necesitaba
escucharlo para que pudiera borrar a esa criatura terrible y furiosa que había visto apenas hacia unos minutos.
―Porque
sé como piensas. Y sé que despertándote de tu propia voluntad libre te haría
una aliada muy importante. Tú eres independiente y
decidida – eso es lo que te hace valiosa.‖
―Una
aliada, ¿eh?‖
No
la mujer que él amaba.
Él
se movió de modo que su cara se cerniese sobre la mía. ―No te dije una vez que siempre estaría ahí para ti? Estoy aquí. Te voy a
proteger. Vamos a estar juntos. Estamos destinados a estar
juntos. Lo sabes.‖ En su voz había más fiereza que afecto.
Besó
mis labios, tirándome cerca. El calor habitual me inundó, mi cuerpo instantáneamente le respondió. Pero aunque mi cuerpo
hacía una cosa, otros pensamientos estaban
rondando por mi mente. Siempre había pensado que estábamos destinados a estar juntos. Y él me dijo una vez que
siempre estaría ahí por mí. Siempre quise también eso
– pero había querido estar ahí para él a su vuelta. Quise que nosotros fuéramos iguales, siempre cuidándonos el uno al otro.
Hoy no había sido como eso. Había estado indefensa.
Débil. Nunca, nunca en mi vida había sido como eso. Incluso en los horribles y peores momentos, había presentado batalla
como es debido. Al menos, había tenido la voluntad de luchar. Ahora no. Había
estado aterrada. Había sido inútil. No había sido capaz de
hacer nada excepto sentarme allí patéticamente y esperar a que alguien me rescatara. Había dejado que una humana consiguiera lo
mejor de mí.
Dimitri
me dijo que convertirme en Strigoi era la solución. En la semana pasada, él
dijo eso una y otra vez, y aunque no había estado de
acuerdo con eso, no había sido tan rechazada como una
vez lo había sido. Últimamente, esto se había convertido en un pensamiento que flotaba por allí alrededor, un modo
distante para nosotros estar juntos. Y de ver que quería
estar juntos, especialmente en momentos como este, cuando él me besa y el deseo crepitaba alrededor de nosotros.
Pero
esta vez…el deseo no era tan intenso como de costumbre. Aún estaba ahí, pero no podía sacudirme la imagen de cómo había acabado de ser
él. Esto me ocurrió con la claridad alarmante con la
que yo estaba distinguiendo a un Strigoi. Y esto era…raro.
Respirando
pesadamente, Dimitri abandono mis labios por un momento y me miró fijamente. Incluso con esa serena expresión de
Strigoi, pude ver que él me quería – de muchas maneras.
Era confuso. El era Dimitri y no Dimitri. Inclinándose de vuelta, besó mi mejilla, después mi mentón, y después mi cuello. Su
boca se abrió ampliamente, y empecé a sentir las
puntas de sus colmillos…
―No,‖
solté.
Él
se congeló. ―¿Qué dijiste?‖ Mi corazón me comenzó a palpitar otra vez, como preparándome a mi misma por más ira que vendría.
―Em…no.
No en este momento.‖
Él
se alejó y me miró, pareciendo tanto enfadado como impresionado. Como no
respondió nada, comencé a divagar.
―No
me siento bien…estoy dolida. Tengo miedo de perder sangre, aunque quiero…‖
Dimitri
siempre decía que no podía mentirle, pero tenía que intentarlo. Le puse mi
mejor y más pasional e inocente cara. ―Lo quiero…quiero sentir
el mordisco…pero quiero descansar primero, estar
más fuerte…‖
―Déjame
despertarte, y volverás a estar más fuerte otra vez.‖
―Lo
sé.‖ Dije, aún conservando mi voz ligeramente frenética. Miré a lo lejos,
esperando incrementar la fachada de confusión. Vale, con mi vida
últimamente, fingir confusión no era difícil. ―Y
estoy empezando a pensar…‖
Oí
una brusca inspiración. ―¿Empezando a pensar qué?‖
Me
volví hacia él, esperando poder convencerle de que estaba seriamente
considerando el convertirme. ―Estoy empezando a pensar que no quiero
alguna vez ser débil de nuevo.‖
Pude
verlo en su rostro. Él me creyó. Pero entonces, la última parte no había sido
mentira.
No
quería ser débil.
―Por
favor…sólo quiero descansar. Necesito pensármelo un poco más.‖
Allí
estaba, el momento en que todo esto sopesaría. La verdad era, que no sólo le estaba
mintiendo a él. Me estaba mintiendo a mi misma. Porque ¿en realidad? Quería ese mordisco. Mal. Ya había estado yendo mucho tiempo sin
uno, y mi cuerpo estaba chillando por eso.
Necesitaba las endorfinas, las necesitaba más que el aire o la comida.
Y
sin embargo, en un solo día sin ellas, yo ya había ganado (conseguido,
adquirido) un fragmento pequeñito de claridad. La parte de mí que no
quería nada más que la alegría del ignorante éxtasis no
se preocupó por que mi mente se estaba aclarando, pero sabía, en lo más hondo, que tenía que intentar conseguir un
poquito más, aunque esto significara privarme a mi
misma de lo que más quería.
Después
de mucho pensar, Dimitri asintió y se levantó. Él había interpretado mis
palabras como que yo ya había alcanzado un momento decisivo y
estaba a punto de aceptar.
―Descansa,
entonces.‖ Dijo él. ―Y ya hablaremos más tarde. Pero Rose…solo tenemos dos días.‖
―¿Dos
días?‖
―Hasta
la fecha límite de Galina. Eso es lo que ella nos da de tiempo. Después yo
tomaré la decisión por ti.‖
―¿Me
despertarás?‖ No estaba completamente segura si la muerte estaría sobre la mesa alguna vez más.
―Sí.
Será mejor para todos nosotros si no llegamos a ese punto.‖
Se
bajó de la cama y se levantó. Se paró un momento y hurgó en su bolsillo. ―Ah.
Te compré esto.‖
Me
dio un brazalete incrustado con ópalos y diminutos diamantes, casi como si no
fuera gran cosa. El brazalete era deslumbrante, y cada ópalo
brillaba en mil colores. ―Wow.
Es…es
precioso.‖ Me lo puse en mi muñeca, sin embargo, de alguna manera, los regalos como este no significaban mucho.
Con
una mirada de satisfacción, se inclinó y me besó en la frente. Se dirigió hacia
la puerta entonces y me dejó allí acostada sobre el
canapé, tratando desesperadamente de pensar en algo más
excepto en cómo deseaba que él se volviera y me mordiera.
++++++++++++++++++++++
El
resto del día fue agonizante.
Siempre
había leído sobre adictos, sobre cómo les costaba un tiempo desprenderse del alcohol o las drogas ilegales. Una vez incluso había
presenciado a un alimentador volverse como loco cuando
fue destituido del servicio. Él ya estaba muy viejo, y fue considerado peligroso para su salud seguir dándoles sangre a los
Moroi. Había visto con asombro como él rogó y suplicó
que le permitieran quedarse, como había jurado que no le importaba el riesgo. Aunque yo ya había sabido que él tenía una
adicción, no podía entender por qué merecía tanto la
pena arriesgar su vida por algo como eso. Ahora sí.
En
aquellas horas que pasaron, habría arriesgado mi vida por ser mordida otra vez.
En realidad eso era algo gracioso porque si de verdad me
permitía otra mordedura, arriesgaría mi vida. No
tenía más dudas de que el turbio pensamiento me conduciría a aceptar la oferta de Dimitri. Pero a cada miserable
segundo privada de un mordico que pasaba, mis
pensamientos se volvían más afilados. Ah, aún estaba muy lejos de ser libre de la neblina fantasiosa de las endorfinas vampíricas.
Cuando fuimos capturados en Spokane, Eddi había sido
usado como fuente de sangre para los Strigoi, y le había costado días recuperarse. Cada parte de claridad me hacia ahora
darme cuenta de cómo era de importante para mi
quedarme libre de mordeduras. No es que ese conocimiento hiciera algo más fácil sobre mi cuerpo.
Tenía
algunos problemas serios aquí. Parecía que de una u otra forma, estaba
destinada a convertirme en una Strigoi. Dimitri quería convertirme
para que pudiéramos reinar juntos como el
equivalente vampírico de Bonni y Clyde. Nathan quería convertirme con la esperanza de perseguir y atrapar a Lissa – y después
matarme. Claramente, la opción de Dimitri era más
apetecible, pero no por mucho. Ya no.
Ayer,
habría dicho que convertirme en una Strigoi era algo por lo que no me iba a preocupar mucho. Ahora, la dura realidad de lo que
quería decir esto en realidad me golpeó, y mis
viejos sentimientos volvieron. Suicidio contra existencia como una criatura del mal. Por supuesto, siendo una criatura del mal
querría decir que podría estar con Dimitri…
Salvo
que no era Dimitri. ¿Lo era? Todo era tan confuso. Otra vez intenté recordarme
a mi misma lo que él me había dicho hacia mucho – que no
importaba lo mucho que un Strigoi se pareciera a la
persona que una vez fue, no lo es.
Sin
embargo este Dimitri dijo que el se había equivocado en eso.
―Son
las endorfinas, Rose. Son como drogas…‖ Gemí y enterré mi cara en mis manos cuando me senté sobre el canapé, la tele zumbando al
fondo. Genial. Ahora estaba hablando sola.
Suponiendo
que podía romper este control que tenía Dimitri sobre mi y este turbado estado que siguió haciéndome pensar que había
entendido mal lo de los Strigoi…bueno, ¿entonces qué?
Estaba de vuelta al dilema original. Ningún arma con la que poder luchar contra los Strigoi. Ningún arma con la que pudiera
matarme a mi misma. Estaba de vuelta a su merced, pero
al menos ahora estaba más cerca de presentar una buena batalla.
Seguramente,
eso sería una causa pérdida pero sentía que si me quedaba sin endorfinas un poco más, por lo menos sería capaz de derrotar a
Inna. Eso tenía que contar algo.
Y
allí estaba. Sin endorfinas. Cada vez que mi mente repasaba las opciones y me
golpeaba contra una pared, regresaba a la realidad que tenía
delante de mí. Quería tener aquella sensación de
fuerza de regreso. Quería aquella bruma de alegría de nuevo. Necesitaba que eso regresara, o seguramente, moriría. Eso sería
lo que me calmaría y me libraría de ser un Strigoi...
―¡Maldita
sea!‖
Me
puse de pie y comencé a caminar alrededor, esperando distraerme de mi misma. La televisión no lo estaba haciendo, eso estaba claro. Si
tan sólo pudiera resistir un poco más, podría
retirar la droga de mi sistema, podría encontrar la manera de salvarme a mí y a Lissa, y —
¡Lissa!
Sin
ningún debate, me sumergí en ella. Si estaba en su cuerpo y mente, entonces tal
vez no tendría que hacer frente al mío por un tiempo. Mi
abstinencia pasaría más rápidamente. Lissa y su
grupo habían regresado de la Corte Real un poco más sombríos e lo que llegaron. La luz fría de la mañana había
hecho sentirse a Lissa increíblemente estúpida sobre los
acontecimientos de la fiesta. Bailar sobre una mesa no era la peor cosa del mundo, pero recordar las otras fiestas a las que
había ido ese fin de semana y su vida social con Avery,
le hacían preguntarse que le estaba sucediendo. A veces, ni siquiera se sentía como ella misma. Y el beso con Aaron... Bien,
ese era un asunto de culpa inducida completamente
diferente.
―No
te preocupes‖, le dijo Avery en el avión. ―Todos hacemos cosas estúpidas cuando estamos borrachos.‖
―Yo
no‖, gimió Lissa. ―Esa no se parece a mi.‖ A pesar de esta afirmación, sin
embargo, Lissa había acordado tomar mimosas — champán mezclado
con jugo de naranja — en el viaje de vuelta.
Avery
sonrió. ―No tengo nada con que compararlo. Te ves bien para mí. Sin embargo, no estás tratando de huir con un humano o con un chico
que no es de la realeza.‖
Lissa
le devolvió la sonrisa, y sus ojos fueron a Jill, sentada un poco por delante
de ellas en el avión. Adrian había hablado con la muchacha
antes, pero ahora estaba ocupada con un libro, su mayor
preocupación parecía ser la de mantenerse alejada de Reed. Él se sentó de nuevo con Simon, y Lissa se sorprendió un poco al
ver que el guardián miraba a Jill con desconfianza. Tal
vez Reed le dijo a Simón que la chica era algún tipo de amenaza.
―¿Estás
preocupada por ella?‖, Le preguntó Avery, siguiendo la mirada de Lissa.
―No
es eso… Solamente no puedo olvidar la forma en que me miró anoche.‖
―Es
joven. Creo que se sorprende fácilmente.‖
Lissa
suponía que era cierto. Sin embargo, joven o no, había algo sumamente claro y honesto en la forma en la que Jill le había gritado a
Lissa. Recordándole a Lissa algo que yo haría. Y no
podía descansar tranquila sabiendo que alguien así pensaba mal de ella.
Lissa
se levantó.
―Vuelvo
enseguida‖, le dijo a Avery. ―Voy a hablar con ella.‖
Jill
evidentemente se asombró cuando Lissa se sentó a su lado. La joven puso un
marca páginas en lo que estaba leyendo, e independientemente
de lo que ella pudiese estar sintiendo, su sonrisa
para Lissa fue genuina. ―Hey.‖
―Hey,‖
dijo Lissa. No había tomado mucha mimosa por lo que aún controlaba el espíritu
lo suficiente como para ver el aura de Jill. Era de un
rico verde azulado, intercalado con púrpura y azul más
oscuro. Bien, colores fuertes. ―Mira, quería disculparme por lo que pasó anoche… lo que dije…‖
―Oh‖,
dijo Jill ruborizándose. ―Está bien, de verdad. Quiero decir, las cosas estaban
medio locas, y sé que no estabas pensando con claridad. Al
menos, yo no creo que lo estuvieras.
Realmente
no lo sé. En realidad nunca he bebido, así que no puedo decirlo‖. El nerviosismo de Jill siempre parecía hacerla oscilar
entre hablar de forma confusa y quedar en silencio.
―Sí,
bueno, debería haberlo pensado mejor antes de meterme en una situación como aquella. Y lo siento mucho por lo que sucedió con
Reed.‖ Lissa bajó la voz. ―No tengo ni idea lo que pasó
allí… pero no estuvo bien, lo que te hizo y dijo.‖
Las
dos chicas se encontraron estudiándolo. Estaba concentrado en un libro, pero de repente, como si pudiese sentirlas observándolo, su
mirada se volvió hacia Jill y Lissa. Las miró, y ellas de
inmediato desviaron la mirada.
―Aquello
definitivamente no fue culpa tuya‖, dijo Jill. ―Y, sabes, Adrian estaba allí y
todo.
Así
que todo terminó bien.‖
Lissa
se esforzó por mantener una cara seria. Adrián estaba sentado fuera de su
vista, pero si no lo hubiera estado, Lissa tenía la sensación
de que Jill lo habría mirado de forma soñadora. Adrian
últimamente había estado dedicándole sus propias miradas a Avery, y Lissa podía ver que Jill nunca dejaría de ser como una
hermana pequeña para él. Sin embargo, era evidente
que, Jill estaba desarrollando un pequeño flechazo por él. Era lindo, y aunque Lissa sabía que era estúpido por su
parte, no podía dejar de sentirse un poco alivia de que
Adrián fuese el objeto de afecto de Jill y no Christian.
―Bueno,
estoy aquí a la espera de una nueva oportunidad‖ dijo Lissa. ―Y esperando que nadie piense demasiado mal de mí‖.
―No
lo pienso‖ dijo Jill. ―Y estoy segura de que Christian tampoco.‖
Lissa
frunció el ceño, confusa por un momento. ―Bueno... no hay ninguna razón para estresarlo con eso. Fue un estúpido error mío; lidiaré
con el.‖
Ahora
Jill frunció el ceño. Dudó antes de hablar, aquel antigua nerviosismo regresó.
―Pero tienes que hacerlo. Tienes que contarle la verdad,
¿no?‖
―No
es gran cosa‖, dijo Lissa, sorprendida por la defensiva, que de repente, se
sentía.
Aquella
rabia imprevisible empezó a subírsele a la cabeza.
―Pero...
tenéis una relación seria… tenéis que ser siempre honestos, ¿no? Quiero decir,
no puedes mentirle.‖
Lissa
hizo rodar sus ojos. ―Jill, tampoco has tenido una relación seria, ¿verdad?
¿Has tenido por lo menos una cita? No le voy a mentir.
Simplemente no le voy a contar algo que lo va a molestar sin ningún motivo. Lo que no es
lo mismo‖.
―Si
lo es‖ argumentó Jill. Podía ver cuando le costaba contestarle a Lissa, pero
admiré su valentía. ―El tiene derecho a saberlo.‖
Lissa
suspiró irritadamente y se levantó. ―Olvídalo. Pensé que podíamos tener una conversación de adultos, pero aparentemente no.‖ La
mirada fulminante que le dio a Jill hizo que la chica
se estremeciese. Sin embargo, de vuelta en la Academia, la culpa atormentó a Lissa. Christian la recibió feliz,
llenándola de besos y abrazos. Creía firmemente que
Jill había reaccionado exageradamente, pero cada vez Lissa miraba a Christian, seguía pensando sobre el beso con Aaron.
¿Era tan malo como Jill le había insinuado? Había
sido casual y bajo la influencia del alcohol. Sin embargo, Lissa sabía que contárselo a Christian lo trastornaría, y odiaba crear
esa situación. Avery, quién escuchó a Lissa deliberar,
concordó en que no había ninguna necesidad de preocuparse por ello. Sin embargo, al mirar a través de los ojos de Lissa, mi
impresión era que Avery estaba más preocupada por
cual sería la reacción emocional de Lissa si ella y Christian terminaban. La moral parecía fuera de lugar; Avery quería proteger a
Lissa.
Parecía
que todo caería en el olvido... hasta más tarde, cuando Lissa se reunió con Christian para ir a cenar. Su rostro era una tempestad
cuando se acercaba a Lissa en el vestíbulo de su
dormitorio, sus ojos azul claro parecían ser capaces de lanzar rayos.
―¿Cuándo
me lo ibas a decir?‖ Exigió. Habló en voz alta, y varias personas que pasaban por allí se giraron sorprendidas.
Lissa
lo llevó hasta una esquina y bajó la voz. ―¿De qué estás hablando?‖
―Sabes
de lo que estoy hablando. Estás utilizando tu escapada de fin de semana como
una oportunidad para estar con otros chicos.‖
Ella
lo miró durante varios pesados segundos. Entonces se dio cuenta. ―¡Jill te lo
contó!‖
―Si.
Tuve que sacárselo a la fuerza. Se presentó a los entrenamientos y estaba al
borde de las lágrimas.‖
La
inusitada rabia ardió de repente a través de Lissa. ―¡Ella no tenía ningún
derecho!
―Tú
no tenías ningún derecho. ¿De verdad creías que podías hacer algo así — sin avisarme?‖
―Christian,
fue un estúpido beso borracho, por el amor de Dios. Una broma, porque él me salvó de caer de la mesa. No significo nada‖.
El
rostro de Christian estaba pensativo, y Lissa estaba segura de que iba a estar
de acuerdo con ella. ―No seria nada‖ dijo al fin ―si me
lo hubieras dicho. No tendría que escucharlo de
alguien más.‖
―Jill-―
―–
no es el problema. No es el problema. Lo eres tu.‖
El
shock aturdió a Lissa por un momento. ―¿Qué estás diciendo?‖
―Yo…‖
Christian de repente parecía cansado. Se frotó los ojos. ―No lo sé. Es solo…
las cosas han sido difíciles últimamente. Yo sólo… No
estoy seguro de si puedo lidiar con todo esto. ¿Discutías
conmigo antes de irte, y ahora esto?‖
―¿Por
qué no me escuchas? ¡No fue nada! Incluso Avery está de acuerdo.‖
―Oh‖,
dijo Christian sarcásticamente, ―si Avery está de acuerdo, entonces tiene que
estar bien.‖
El
carácter de Lissa empeoró. ―¿Qué se supone que significa eso? Pensé que te
gustaba.‖
―Me
gusta. Pero no me gusta cómo estás confiando últimamente mas en ella que en
mí.‖
―No
tenías ningún problema cuando confiaba en Rose.‖
―Avery no es Rose.‖
―Christian…‖
Negó
con la cabeza. ―Mira, yo realmente no quiero ir a cenar. Sólo necesito pensar.‖
―¿Cuándo
voy a verte de nuevo?‖, Preguntó desesperadamente Su ira había sido suplantado por el miedo.
―No
lo sé. Más tarde.‖
Se
fue sin decir mas nada. Lissa lo miró fijamente, horrorizada, mientras él salía
del vestíbulo. Quería ir tras a él, rogarle que regresara
y la perdonara. Pero había demasiada gente alrededor, y
se negó a hacer una escena — o entrometerse en su espacio. En cambio, se dirigió al único recurso que le quedaba:
Avery.
―No
me esperaba verte de nuevo,‖ dijo Avery, abriendo la puerta de su habitación.
―¿Qué estás — Jesucristo. ¿Qué te pasa?‖
Hizo
entrar a Lissa y le exigió la historia. Con un montón de lágrimas y de
reclamaciones histéricas, Lissa le contó lo que había sucedido con
Christian. ―Y no sé lo que quiso decir.
¿Quiere
romper? ¿Va a venir a hablar conmigo más tarde? ¿Debo ir detrás él?‖ Lissa se cubrió la cara con las manos. "Oh, Dios. No crees
que pase algo con él y Jill, ¿verdad? "
―¿La
chiquilla? No‖, exclamó Avery. ―Por supuesto que no. Mira, tienes que calmarte.
Me estás asustando. Todo estará bien.‖ La ansiedad cubría
el rostro de Avery, y fue a buscarle un vaso de agua
a Lissa. Entonces, reconsiderando, le sirvió un vaso de vino en su lugar.
Sentada
sola, Lissa sentía que sus salvajes emociones la atormentaban. Odiaba lo que había hecho. Se sentía como si algo anduviese mal en
ella. Primero me había perdido a mí, y ahora a
Christian. ¿Por qué no podía mantener a sus amigos? ¿Qué le estaba sucediendo? ¿Se estaba volviendo loca? Se sentía fuera
de control y desesperada. Y ella —
¡Bam!
De
repente y sin previo aviso, me empujaron fuera de la cabeza de Lissa.
Sus
pensamientos desaparecieron por completo. No había regresado por voluntad
propia, ni había regresado debido a algo de mi propio cuerpo.
Estaba sola en la habitación, había echo un alto,
mientras caminaba y pensaba. Nunca, nunca nada de eso me había pasado.
Había
sido... bueno, como una fuerza física. Como una pared de vidrio o un campo de fuerza cerrándose de golpe delante de mí y empujándome
hacia atrás. Había sido una fuerza exterior. No había
venido de mí.
Pero,
¿qué era? ¿Había sido Lissa? Que yo sepa, nunca había sido capaz de sentirme en
su cabeza. ¿Había cambiado eso? ¿Me había echado? ¿Sus
sentimientos se habían vuelto tan fuertes que había
lugar para mí?
No
lo sabía, y no me gustaba. Cuando ocurrió, además de la sensación de ser
empujada, había experimentado otra extraña sensación. Era como
un aleteo, como si alguien hubiera alcanzado mi mente
y me hiciera cosquillas. Había tenido breves destellos cálidos y fríos, y entonces todo se había detenido una vez que estaba
fuera de su cabeza. Me había sentido invasiva.
Y
también se había sentido... familiar.
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