lunes, 22 de diciembre de 2014

Capítulo 3 SPIRIT BOUND

Capítulo 3
Los días siguientes fueron extraños. Los otros novatos y yo podríamos haber tenido la graduación más llamativa, pero no éramos los únicos en terminar nuestra
educación en el St. Vladimir. Los Morois tenían su propia ceremonia de graduación, y el campus se fue llenando de visitantes. Luego, casi tan rápido como llegaron, los padres desaparecieron, llevando a sus hijos e hijas con ellos. Los Morois ‚Reales‛ pasaba el verano con sus padres en haciendas de lujo, muchos en el hemisferio sur, donde los días eran más cortos en esta época del año. Los Morois ‚Normales‛‖ lo pasaba con sus padres también, en sus modestos hogares, posiblemente consiguiendo trabajos de verano antes de la universidad.
Y, por supuesto, con la escuela en medio del verano, todos los demás estudiantes la dejaban también. Algunos, sin familia a la cual visitar, por lo general dhampirs, permanecían durante todo el año, tomando optativas especiales, pero eran la minoría. El campus fue vaciándose cada día mientras mis compañeros y yo esperamos el día en que seríamos llevados a la Corte Real. Hicimos nuestra despedida de los demás, viendo a los Moroi pasar o a dhampirs jóvenes que pronto estarían siguiendo nuestros pasos.
Una persona por la que estaba triste por su partida era Jill. La encontré mientras caminaba hacia el dormitorio de Lissa el día antes de mi viaje a la Corte. Había una mujer con Jill, presumiblemente su madre, y ambas llevaban cajas. La cara de Jill se iluminó al verme.
—¡Hey, Rose! Me despedí de todos los demás, pero no pude encontrarte —dijo con entusiasmo.
Sonreí. —Bueno, me alegro de que me encontraras.
Yo no podía decirle que le estaba diciendo adiós también. Me había pasado mi último día en St. Vladimir caminando por todos los sitios conocidos, empezando por el campus de primaria, donde Lissa y yo nos conocimos por primera vez en el kinder. Exploré los pasillos y rincones de mis dormitorios, pasé por delante de mis aulas favoritas, e incluso visité la capilla. Me pasé también un montón de tiempo en áreas llenas de recuerdos agridulces, como las áreas de entrenamiento donde por primera vez había llegado a conocer Dimitri. La pista en la que antes me hacía dar vueltas. La cabaña en la que finalmente nos tuvimos el uno al otro. Había sido una de las noches más increíbles de mi vida, y pensar en ella siempre me había traído alegría y dolor.
Aunque Jill no tenía por qué cargar con nada de eso. Me volví hacia su madre y empecé a ofrecerle mi mano hasta que me di cuenta que ella no podía moverla mientras maniobrara con la caja. —Yo soy Rose Hathaway. Aquí, déjeme ayudarla.
La tomé antes de que pudiera protestar porque estaba segura de que lo haría.
—Gracias —dijo, amablemente sorprendida. Cogí el paso con ellas cuando comenzaron a caminar de nuevo—. Soy Emily Mastrano. Jill me habló mucho de ti.
—Ah, ¿sí? —Pregunté, dándole a Jill una sonrisa burlona.
—No mucho. Sólo que pasábamos el rato algunas veces. — Hubo una ligera advertencia en los ojos verdes de Jill, y se me ocurrió que Emily probablemente no sabía que su hija practicaba prohibidas formas de magia para matar Strigoi en su tiempo libre.
—Nos gusta tener a Jill cerca —le dije, sin ponerla al descubierto—. Y uno de estos días, vamos a enseñarle a dominar ese pelo.
Emily se rió. —Lo he estado intentando durante casi quince años. Buena suerte.
La madre de Jill era impresionante. Las dos no se parecen entre sí mucho, al menos no por encima. El cabello lustroso de Emily era recto y negro, sus ojos azul profundo y largas pestañas. Se movía con una gracia esbelta, muy diferente a Jill, siempre consciente al caminar. Sin embargo, pude ver los genes que compartían aquí y allá, la forma de sus rostros y la forma de corazón de sus labios. Jill aun era joven, y cuando su rostro cambiara, algún día rompería corazones, algo que probablemente le era ajeno ahora mismo. Ojalá que su autoestima crezca.
—¿Dónde está su casa? —Le pregunté.
—Detroit —dijo Jill, haciendo una mueca.
—No es tan malo —se rió su mamá.
—No hay montañas. Sólo carreteras.
—Soy parte de una compañía de ballet allí —explicó Emily—. Así que nos quedamos en donde podemos pagar las cuentas. —Creo que estaba más sorprendida de saber que la gente iba al ballet en Detroit, que de saber que Emily era una bailarina. Tenía mucho sentido, observándola, y realmente, con su altura y delgadez, los Moroi eran bailarines ideales en lo que humanos se refería.
—Hey, es una gran ciudad —le dije a Jill—. Disfruta de la experiencia mientras puedas antes de que regreses a la aburrida rutina. —Por supuesto, el entrenamiento de combates y ataques ilícitos a Strigoi era poco aburrido, pero yo quería hacer que Jill se sintiera mejor—. Y no será tanto tiempo. —Las vacaciones de verano de los Moroi eran apenas de dos meses. Los padres estaban ansiosos por regresar a sus hijos a la seguridad de la Academia.
—Supongo, —dijo Jill, no sonando convencida. Llegamos a su coche, y puse las cajas en el maletero.
—Te enviaré correos electrónicos cuando pueda —le prometí—. Y apuesto a que Christian también. Tal vez incluso puedo hablar con Adrian sobre esto.
Jill se iluminó, y me sentí feliz de verla volver a su normal sobreexcitación. —¿En serio? Eso sería genial. Quiero escuchar todo lo que sucede en la Corte. Probablemente llegarás a hacer todo tipo de cosas interesantes con Lissa y Adrian, y apuesto a que Christian encontrará toda clase de cosas... sobre las cosas.
Emily no parecía darse cuenta del lamentable intento de corrección de Jill, y en su lugar me mostró una linda sonrisa. — Gracias por tu ayuda, Rose. Fue genial conocerte.
—Tú también… ¡umf!
Jill se había arrojado hacia mí con un abrazo. —Buena suerte con todo —dijo—. Eres muy afortunada, ¡vas a tener una gran vida ahora!
Yo le devolví el abrazo, no puedo explicar cuánta envidia me dio ella. Su vida era todavía segura e inocente. Ella se podría resistir a pasar el verano en Detroit, pero la estancia sería breve, y pronto estaría de vuelta en el mundo familiar y fácil de St. Vladimir. Ella no se fijaba en lo desconocido y sus peligros.
Fue sólo después de que ella y su madre se habían ido, que me atreví a responder a su comentario. —Espero que sí —murmuré, pensando en lo que se avecinaba—. Así lo espero.
Mis compañeros de clase y Moroi escogidos volamos temprano al día siguiente, dejando las montañas rocosas de Montana detrás de las colinas de Pensilvania. La Corte Real lucía como la recordaba, con el mismo imponente, aire antiguo que St. Vladimir trató de difundir con sus altos edificios y la arquitectura de piedra intrincada. Pero la escuela también parecía querer mostrar un aire estudioso, mientras que la Corte era más ostentosa. Era como los propios edificios tratando de asegurarse de que todos sabíamos que se trataba de la sede del poder y la realeza entre los Moroi. El Tribunal Real quería que nos sorprendiéramos, y tal vez que nos sintiéramos un poco intimidados.
Y aunque yo había estado aquí antes, me sentí aun impresionada. Las puertas y ventanas de los edificios de piedra estaban cinceladas y enmarcadas con una bella decoración dorada. Estaban muy lejos de la brillantez que había visto en Rusia, pero me di cuenta ahora que los diseñadores de la Corte habían diseñado sus edificios de acuerdo a la edad Europea de las fortalezas y palacios de San Petersburgo. San Vladimir tenía bancos y senderos en los cuádriceps y los patios, pero la Corte dio un paso más. Las fuentes y estatuas elaboradas de los gobernantes pasados adornaban el césped, las exquisitas obras de mármol que habían estado previamente escondidos por la nieve. Ahora, en pleno verano, eran brillantes y se exhibían. Y en todas partes, en cada lugar, había flores en los árboles, arbustos, caminos. Era deslumbrante.
Era lógico que los nuevos graduados visitaran los tutores centrales de la administración, pero se me ocurrió que ellos tenían otra razón para traer aquí nuevos guardianes. Querían que mis compañeros y yo viéramos todo esto, para que nos sintiéramos abrumados y agradecidos de la gloria por la que estábamos luchando. Por los rostros de los nuevos graduados, yo sabía que la táctica estaba funcionando. La mayoría nunca había estado aquí antes.
Lissa y Adrian habían estado en mi vuelo, y los tres nos agrupamos mientras caminábamos con el grupo. Era tan caliente como lo había sido en Montana, pero la humedad de aquí era mucho más gruesa. Yo estaba sudando después de sólo un poco de luz mientras caminaba.
—Trajiste un vestido esta vez, ¿verdad? —preguntó Adrian.
—Por supuesto —le dije—. Ellos tienen algunas cosas de lujo que quieren que nosotros visitemos, aparte de la recepción principal. Aunque pueden darme el blanco y negro para eso.
Sacudió la cabeza, y me fijé que su mano empezaba a avanzar hacia su bolsillo antes de dudar y echarlo hacia atrás. Podía haber venido progresando en dejar de fumar, pero estaba bastante segura de que el deseo subconsciente de tomar un paquete de forma automática en el momento en que se encontraba al aire libre no se quitaba tan rápidamente.
—Quiero decir para esta noche. Para la cena.
Miré inquisitivamente a Lissa. Su horario en la Corte siempre había tenido una variedad de funciones que ‚la gente promedio‛no  atendía. Con mi nuevo e incierto estado, no estaba segura de si yo iría con ella. Percibí su perplejidad por el vínculo y podría decir que ella no tenía ni idea sobre los planes de la cena especial.
—¿Qué cena? —Le pregunté.
—La que preparé con mi familia.
—La que tú… —me detuve abruptamente y me quedé mirándolo con los ojos abiertos, no me estaba gustando la sonrisa de suficiencia en su rostro—. ¡Adrian! —Algunos de los recién graduados mostraban curiosidad y seguían caminando a nuestro alrededor.
—Vamos, hemos estado saliendo por un par de meses. La reunión con los padres es parte del ritual de citas. He conocido a tu madre. ¡Hasta conocí a tu atemorizante padre! Ahora es tu turno. Te garantizo que nadie de mi familia va a hacerte el tipo de sugerencias que tu padre me hizo a mí.
Yo realmente había tenido una especie de encuentro con el padre de Adrian antes. O, bueno, lo había visto en una fiesta. Dudaba de que él tuviera la menor idea de quién era yo, echando mi loca reputación a un lado. Yo no sabía casi nada sobre la madre de Adrian. En realidad hablaba muy poco de los miembros de su familia, bueno, de la mayoría de ellos.
—¿Sólo con tus padres? —Le pregunté con recelo—. ¿Algún otro miembro de tu familia del que deba saber?
—Bueno... —la mano de Adrian tembló de nuevo. Creo que esta vez él quería un cigarrillo o algún tipo de protección frente a la nota de advertencia en su voz. Miré a Lissa, quien parecía muy divertida con todo esto—. Mi tía-abuela favorita podría pasarse por…—¿Tatiana? —Exclamé. Por centésima vez, me pregunté cómo había tenido tanta suerte como para tener algo con un hombre relacionado con la líder de todo el mundo Moroi—. ¡Ella me odia! ¿Sabes lo que pasó la última vez que hablamos? —Su Majestad se había acercado a mí, gritando acerca de cómo yo era muy poca cosa para estar con su sobrino y cómo tenía grandes‚ planes‛ para él y Lissa.
—Creo que ella está entrando en razón.
—Oh, por favor.
—No, en serio. —Casi parecía que estaba diciendo la verdad—. Hablé con mi mamá el otro día, y... no sé, tía Tatiana no parece odiarte tanto.
Fruncí el ceño, y los tres empezamos a caminar de nuevo. —Tal vez ella admira tu reciente trabajo de guardiana —reflexionó Lissa.
—Tal vez —dije. Pero realmente no lo creía. En todo caso, lo que yo hiciera me hacía más despreciable ante los ojos de la reina.
Sentí que de alguna forma, Adrian me traicionaba por haber preparado esta cena para mí, pero no había nada que hacer al respecto ahora. El único lado brillante era que yo tenía la impresión de que me estaba haciendo una broma acerca de su tía pasándose por aquí. Le dije que iría, y mi decisión lo puso de un estado de ánimo tan bueno que no hizo muchas preguntas cuando Lissa y yo le dijimos que íbamos a hacer‚ nuestras cosas‛para la tarde. Mis compañeros de clase consiguieron un tour por La Corte y sus terrenos como parte de su adiestramiento, pero yo lo había visto todo antes y fui capaz de zafarme de ella. Lissa y yo dejamos nuestras pertenencias fuera de nuestras habitaciones y luego me dispuse a ir a la parte de atrás de La Corte, donde la gente ‚no tan  real‛vivía.
—¿Vas a decirme ahora cuál es la otra parte de tu plan? — preguntó Lissa.
Desde que Abe me había explicado acerca de la prisión de Victor, había estado haciendo otra lista mental de los problemas que tendría que afrontar al entrar en ella. Principalmente eran dos, que no tenía cuando había hablado inicialmente con Abe. No es que las cosas estuviesen realmente mucho más fáciles. En primer lugar, no teníamos idea sobre el lugar de Alaska en el que se encontraba. En segundo lugar, no sabíamos cómo eran las defensas de la prisión y el diseño. No teníamos idea de lo que teníamos que hacer para poder entrar.
Sin embargo, algo me dijo que todas estas respuestas podrían encontrarse en una fuente, lo que significaba que en realidad sólo había un problema inmediato: cómo llegar a esa fuente. Afortunadamente, yo conocía a alguien que podría ser capaz de ayudarnos con eso.
—Vamos a ver a Mia —le dije.
Mia Rinaldi era nuestra antigua compañera Moroi, una vieja enemiga, en realidad. También era un modelo de niña para un cambio total de personalidad. Había pasado de ser una intrigante puta dispuesta a aplastar y dormir con cualquier persona en su búsqueda de popularidad, a ser una chica segura, con los pies en la tierra, dispuesta a aprender a defenderse a sí misma y a los demás de los Strigoi. Vivía aquí en la Corte con su padre.
—¿Crees que Mia sabe cómo introducirse en una prisión?
—Mia es buena, pero no creo que ella sea así de buena. Aunque probablemente puede ayudarnos a llegar a la inteligencia.
Lissa gimió.
—No puedo creer que hayas usado la palabra ‚inteligencia‛. Esto realmente se está convirtiendo en una película de espionaje. — Habló con ligereza, pero podía sentir la preocupación dentro de ella. El tono suave disimulaba su temor, la inquietud que aún sentía por la liberación de Victor, a pesar de la promesa que me hizo a mí.
Los que no eran miembros de la realeza, trabajaban y hacían cosas ordinarias, vivían en apartamentos muy lejos del cuartel de la reina y de la sala de recepción. Yo había conseguido la dirección de Mia por adelantado, y salimos a través del terreno perfectamente cuidado, gruñéndonos la una a la otra todo el camino por el calor del día. La encontramos en su casa, vestida informalmente con pantalones vaqueros y una camiseta con una paleta helada en la mano. Sus ojos se abrieron cuando nos vio afuera de su puerta.
—Bueno, que me condenen —dijo.
Me eché a reír. Era el tipo de respuesta que yo daría.
—Me alegro de verte también. ¿Podemos pasar?
—Por supuesto. —Se hizo a un lado—. ¿Quieres un helado?
Como si tuviera que preguntarlo. Tomé una de uva y me senté con Lissa y ella en la pequeña sala. El lugar estaba muy lejos de la opulencia de las casas de la Realeza, pero estaba limpio y resultaba acogedor, y sobre todo era muy querido por Mia y su padre.
—Sabía que los graduados venían —dijo Mia, cepillándose los rubios rizos de su cara—. Pero no estaba segura de si estabas con ellos o no. ¿Incluso te graduaste?
—Sí —le dije—. Tengo la marca de la promesa y todo. — Levanté mi pelo para que ella pudiera ver el vendaje.
—Me sorprende que te dejaran regresar otra vez después de tus asesinatos múltiples. ¿O te dan más crédito por eso?
Al parecer, Mia había escuchado el mismo cuento de mis aventuras que todos los demás. Eso estaba bien conmigo. No quería hablar de la verdad. No quería hablar de Dimitri.
—¿Crees que alguien podría detener a Rose para que no haga lo que ella quiere? —preguntó Lissa con una sonrisa. Estaba tratando de evitar entrar en muchos detalles sobre mi paradero pasado, por lo que estaba muy agradecida.
Mia se rió y tomó un gran trozo de helado de limón. Fue un milagro que no llegara a congelar su cerebro.
—Cierto. —Su sonrisa se desvaneció mientras se tragó el bocado. Sus ojos azules, siempre sagaces, me observaron en silencio durante unos momentos—. Y Rose quiere algo ahora.
—Oye, estamos felices de verte —le dije.
—Te creo. Pero también creo que tienes un motivo ulterior.
La sonrisa de Lissa creció. Le hizo gracia verme atrapada en mi juego del espionaje.
—¿Por qué dices eso? ¿Puedes leer que es así, o sólo asumes que Rose siempre tiene un motivo ulterior?
Ahora Mia sonrió de nuevo.
—Las dos cosas. —Se escabulló hacia delante en el sofá, dándome una mirada seria. ¿Cuándo se había vuelto tan perceptiva?—. Está bien. No tiene sentido perder el tiempo. ¿Necesitas mi ayuda con...?
Suspiré, resignada. —Necesito estar dentro de la oficina principal de los guardianes.
A mi lado, Lissa hizo una especie de ruido estrangulado. Me sentí un poco mal por ella. Mientras que ella puede ocultar sus pensamientos de mí en alguna ocasión, no había mucho que hiciera o dijera que fuera una verdadera sorpresa. ¿Yo? Continuamente la cegaba. Ella no tenía idea de lo que se avecinaba la mitad del tiempo, pero, honestamente, si estábamos pensando en sacar a un criminal de renombre de la cárcel a continuación, entrar en una oficina de seguridad no debería haber sido una sorpresa tan grande.
—Wow —dijo Mia—. No pierdes el tiempo con las pequeñas cosas. —Su sonrisa tembló un poco—. Por supuesto, no puedes venir con cosas pequeñas. Podrías hacerlo tú misma.
—¿Me puedes meterme a mí -a nosotras- ahí dentro? —Le pregunté—. Eres amiga de algunos de los guardianes de aquí... Y tu papá tiene acceso a un montón de lugares.... —Yo no sabía exactamente el trabajo del Sr. Rinaldi, pero pensé que estaba relacionado con el mantenimiento.
—¿Qué estás buscando? —preguntó. Ella levantó una mano cuando yo abrí la boca para protestar—. No, no. No necesito más detalles. Sólo una idea general para poder resolver esto. Ya sé que no vamos allí sólo a recorrer el lugar.
—Necesito algunos registros —expliqué.
Sus cejas se levantaron. —¿Del personal? ¿Tratando de conseguirte algún trabajo?
—Yo... no. —Huh. Eso no era una mala idea, teniendo en cuenta la situación precaria con la que me asignaron a Lissa. Pero no. Una cosa a la vez. —Necesito algunos registros acerca de la seguridad de algunos lugares de afuera, escuelas, casas reales, prisiones. —Traté de mantener una expresión normal cuando decía la última. Mia se encontraba considerando algunas cosas locas, pero incluso ella tenía sus límites—. Me di cuenta de que ellos... ¿deberían mantenerlos ahí?
—Ellos lo hacen —dijo—. Pero la mayor parte es electrónica. Y, sin ofender, pero eso podría estar incluso más allá de tus capacidades. Incluso si pudiéramos llegar a uno de sus ordenadores, todo está protegido por contraseña. Y si se alejan, se bloquean los ordenadores. Supongo no te has convertido en un pirata informático desde la última vez que te vi.
No, ciertamente. Y a diferencia de los héroes de las películas de espías con las que Lissa estaba todo el tiempo tomándome el pelo, no tenía amigos conocedores de tecnología que pudieran incluso tratar de romper ese tipo de encriptación y seguridad. Maldita sea. Miré con tristeza mis pies, preguntándome si había alguna posibilidad de sacarle más información a Abe.
—Pero —dijo Mia—, si la información que necesitas no es muy actual, ellos pueden tener copias en papel.
Giré mi cabeza. —¿Dónde?
—Tienen salas de almacenamiento masivo, escondido en uno de los sótanos. Archivos y archivos. Aún bajo llave, pero probablemente sea más fácil que luchar contra las computadoras. Una vez más, depende de lo que necesites. ¿Cuán viejo es?
Con Abe, me había dado la impresión de que la prisión de Tarasov estaba ahí hace algún tiempo. Seguramente había algún registro de ello en esos archivos. No me cabía duda de que los guardianes habían pasado a ser digitales hace un tiempo, lo que significaba que no podríamos encontrar pequeños detalles de la seguridad del lugar, pero me conformaría con un plano.
—Podría ser lo que necesitamos. ¿Nos puedes hacer entrar?
Mia estuvo en silencio durante varios segundos, y pude ver que su mente trabajaba.
—Es posible. —Miró a Lissa—. ¿Es posible obligar a la gente a ser tus esclavos?
Lissa hizo una mueca. —No me gusta pensar en eso así, pero sí, puedo. —Era otro de los beneficios del espíritu.
Mia analizó unos instantes más y luego hizo un gesto rápido. — Muy bien. Vuelve a eso de las dos, y veremos qué podemos hacer.
Las dos de la tarde para el resto del mundo significaba la mitad de la noche para los Moroi, quienes corrían con el horario nocturno. Estar a plena luz del día no parecía particularmente astuto, pero entendí que el planeamiento de Mia se basaba en el hecho de que también habría menos personas en torno a esa hora del día.
Yo estaba tratando de decidir si deberíamos socializar más o irnos, cuando alguien interrumpió mis pensamientos. Mia se estremeció y, de repente, parecía incómoda. Se puso de pie para llegar a la puerta y una voz familiar llegó desde el pasillo hasta nosotras.
—Siento llegar temprano, pero…
Christian entró en la sala de estar. De repente, guardó silencio cuando nos vio a Lissa y a mí. Todo el mundo parecía estar congelado, por lo que parecía que era yo quien tenía que fingir que ésta no era una situación terriblemente difícil.
—Hey, Christian —le dije alegremente—. ¿Cómo te va?
Sus ojos estaban puestos en Lissa, y le tomó un momento arrastrarlos hacia mí.
—Bien —echó un vistazo a Mia—. Puedo volver....
Lissa se puso en pie a toda prisa. —No —dijo ella, con la voz fresca como la de una princesa—. Rose y yo nos tenemos que ir de todos modos.
—Sí. —Yo estuve de acuerdo, siguiendo su ejemplo—. Tenemos... cosas... que hacer. Y no queremos interrumpir su... — demonios, yo no tenía idea de lo que iban a hacer. Y no estaba segura de querer saberlo.
Mia había encontrado su voz. —Christian quería ver algunos de los movimientos que he estado practicando con los guardianes de la escuela.
—Genial. —Me quedé con la sonrisa en mi cara mientras Lissa y yo nos trasladábamos hacia la puerta. Ella dio un paso alrededor de Christian. —Jill se pondrá celosa.
Y no sólo Jill. Después de otra ronda de despedidas, Lissa y yo nos fuimos a correr por los jardines. Podía sentir la ira y los celos que irradiaba a través del enlace.
—Es sólo su club de lucha, Liss. —Dije, sin necesidad de tener esta conversación—. Nada está pasando. Ellos van a hablar de dar de puñetazos y patadas, y otras cosas aburridas. —Bueno, en realidad eso fue muy lindo y dulce, pero yo no iba a glorificar el hecho de que Christian y Mia pasaran tiempo juntos.
—Tal vez ahora nada está pasando. —Gruñó ella, mirando fríamente hacia delante—. Pero quién sabe qué podría pasar. Pasan mucho tiempo juntos, practican algunos movimientos físicos, una cosa‖lleva‖a‖la‖otra…
—Eso es ridículo —dije—. Ese tipo de cosas no son en absoluto románticas. —Otra mentira, ya que era exactamente así como había comenzado mi relación con Dimitri. Una vez más, era mejor no hablar de eso—. Además, Christian no puede estar involucrado con cada chica con la que pasa el tiempo. Mia, Jill, no te ofendas pero en realidad no es un gran experto en mujeres.
—Él es muy guapo —argumentó, esos sentimientos oscuros todavía hervían en su interior.
—Sí —admití, manteniendo con cuidado los ojos sobre el camino—. Pero se necesita más que eso. Y, además, pensé que no te importaba lo que hiciera.
—No —ella agregó, sin convencerse más de lo que me convenció a mí—. No, en lo absoluto.
Mis intentos por distraerla habían demostrado ser bastante inútiles para el resto del día. Las palabras de Tasha volvieron a mí: ‚¿Por‖qué‖no‖has arreglado esto?‛‖Debido‖a‖que‖Lissa‖y‖Christian‖ estaban siendo demasiado condenadamente irrazonables, tanto atrapados en sus propios sentimientos como enojados, aunque era como si estuvieran orinando sobre mí en el trayecto. Christian hubiera sido muy útil en mis aventuras ilícitas, pero tenía que mantener mi distancia por el amor de Lissa.
Finalmente, la dejé con su mal humor cuando llegó la hora de la cena. En comparación con su situación romántica, mi relación con un playboy malcriado de una familia semi-real que me desaprobaba parecía francamente optimista. Qué triste y escalofriante se está volviendo este mundo. Le aseguré a Lissa que volvería a verla directamente después de la cena e iríamos a ver a Mia juntas. La mención de Mia no hizo feliz a Lissa, pero la idea de una posible ruptura logró distraerla un momento de Christian.
El vestido que había elegido para la cena era marrón, hecho de un material ligero, de gasa, que era genial para el verano. El escote era decente, y las pequeñas mangas tipo casquillo le daban un toque de clase. Con el pelo recogido en una coleta baja que hizo un trabajo digno al ocultar el tatuaje en curación, casi parecía una novia respetable, que sólo iba a mostrar cómo de engañosas pueden ser las apariencias, ya que era parte de un plan loco para traer a mi último novio de entre los muertos.
Adrian me examinó de pies a cabeza cuando llegué a la casa de sus padres. Mantenían una residencia permanente aquí en la Corte. La pequeña sonrisa en su rostro me dijo que le gustó lo que vio.
—¿Lo apruebas? —pregunté, dando vueltas.
Deslizó un brazo alrededor de mi cintura. —Por desgracia, sí. Tenía la esperanza de que aparecieras en algo que te hiciera lucir como una zorra. Algo que escandalizaría a mis padres.
—A veces es como si ni siquiera te preocuparas por mí como una persona —observé a medida que entrábamos—. Es como si estuvieras usándome sólo para escandalizar.
—Es ambos, pequeña dhampir. Me preocupo por ti, y te estoy usando para escandalizar.
Escondí una sonrisa mientras el ama de llaves de los Ivashkov nos llevaba hacia el comedor. La Corte en realidad tenía restaurantes y cafés escondidos dentro de sus edificios, pero los miembros de la realeza, como los padres de Adrian, considerarían de más clase tener una cena de lujo en su casa. Yo habría preferido estar fuera, en público. Tendría más opciones de escape.
—Tú debes ser Rose.
Mi evaluación de las salidas fue interrumpida cuando una muy alta y muy elegante mujer Moroi entró en la habitación. Llevaba un vestido largo de raso verde oscuro que inmediatamente me hizo sentir fuera de lugar, y que encajaba perfectamente con el color de los ojos de ella y Adrian. Su pelo oscuro estaba alzado en un moño, y me sonrió con una calidez genuina cuando me cogió la mano.
—Soy Daniella Ivashkov —dijo—. Es muy agradable conocerte al fin.
¿Era en serio? Mi mano automáticamente sacudió la suya a cambio. —Encantada de conocerla también, Lady Ivashkov.
—Llámame Daniella, por favor. —Se volvió hacia Adrian y chasqueó la lengua mientras le arreglaba el cuello, abotonándole la camisa—. Sinceramente, cariño — dijo—, ¿por lo menos podrías mirarte en un espejo antes de salir por la puerta? Tu pelo es un desastre.
Él la esquivó al llegar a la cabeza. —¿Estás bromeando? Me paso horas delante del espejo para que se vea de esta manera.
Ella dio un suspiro atormentado. —Algunos días no puedo decidir si tengo suerte o no en no tener ningún otro hijo. —Detrás de ella, los criados estaban colocando tranquilamente los alimentos en la mesa. El vapor se levantó de los platos, y mi estómago rugió. Tenía la esperanza de que nadie más lo escuchara. Daniella echó un vistazo por el pasillo más allá de ella—. Nathan, ¿podrías darte prisa? La comida se está enfriando.
Momentos después, sonaron unos pesados pasos en el suelo de madera adornada, y Nathan Ivashkov irrumpió en la habitación. Al igual que su esposa, estaba vestido formalmente, el raso de la corbata azul brillaba junto a la crudeza del pesado abrigo de su traje negro. Me alegré de que hubiera aire acondicionado aquí, o se estaría derritiendo con esa tela tan gruesa. Las características de él que destacaban eran las que más recordaba: una distinguida cabeza con cabellos plateados y un bigote. Me pregunté si el pelo de Adrian se parecería al de él cuando fuera más viejo. No, yo nunca podría averiguarlo. Adrian probablemente se teñiría el cabello a la primera señal de algo gris o plateado.
El padre de Adrian podría ser exactamente como yo lo recordaba, pero estaba claro que él no tenía idea de quién era yo. De hecho, parecía estar realmente sorprendido al verme.
—Esta es la, ah, amiga de Adrian, Rose Hathaway —dijo Daniella suavemente—. ¿Te acuerdas?, dijo que la traería esta noche.
—Es un placer conocerlo, Lord Ivashkov.
A diferencia de su esposa, él no se ofreció a ponernos en un primer nombre, lo que me alivió un poco. El Strigoi que había forzado a Dimitri, también se llamaba Nathan, y no era un nombre que quisiera decir en voz alta. El padre de Adrian me miró de arriba a abajo, pero no con la apreciación que Adrian había mostrado antes. Era más como si fuera una rareza—. Oh. La chica dhampir.
Él no fue precisamente grosero, sólo estaba desinteresado. Quiero decir, no era como si él me hubiera llamado ‚puta de sangre‛ ni nada. Todos nos sentamos a comer, y aunque Adrian mantuvo su típica sonrisa de un diablo del cual cuidarse en su rostro, yo obtuve una vez más el ambiente de que él realmente, en verdad, quería un cigarrillo. Probablemente un fuerte licor, también. Estar cerca de sus padres no era algo que disfrutaba. Cuando uno de los criados nos sirvió el vino, Adrian parecía inmensamente aliviado, y no se echó para atrás. Le lancé una mirada de advertencia, que obviamente fue ignorada.
Nathan logró devorar rápidamente sus balsámicos medallones de cerdo glaseados mientras que todavía parecía elegante y apropiado. —Entonces —dijo, la atención se centró en Adrian—, ahora que Vasilisa se ha graduado, ¿qué vas a hacer con tu vida? No te vas a mantener en los barrios bajos con estudiantes de secundaria, ¿verdad? No tiene sentido el que sigas ahí.
—No lo sé —dijo Adrian perezosamente. Sacudió la cabeza, sacudiendo su cuidadosamente despeinado cabello—. Me gusta salir con ellos. Piensan que soy más divertido de lo que soy.
—No me sorprende —respondió su padre—. No eres nada gracioso. Es hora de hacer algo productivo. Si no vas a volver a la universidad, al menos debes comenzar a sentarte en algunas de las reuniones de la empresa familiar. Tatiana te consiente, pero puedes aprender mucho de Rufus.
Yo sabía lo suficiente acerca de la política real como para reconocer el nombre. El miembro de mayor edad de cada familia solía ser su ‚príncipe‛ o ‚princesa‛ y mantenía una posición en el Consejo Real y era elegible para convertirse en rey o reina. Cuando Tatiana le había quitado la corona, Rufus se había convertido en príncipe de la familia Ivashkov, ya que era el mayor.
—Es verdad —dijo Adrian inexpresivo. Él no estaba comiendo tanto como estaba empujando la comida alrededor de su plato—. Realmente me gustaría saber cómo mantiene a sus dos amantes en secreto delante de su mujer.
—¡Adrian! —Daniella gritó, cubriendo de rubor sus pálidas mejillas—. No digas cosas como esas en nuestra mesa, y ciertamente no en frente de un invitado.
Nathan parecía fijarse en mí otra vez y se encogió de hombros desdeñoso. —Ella no tiene importancia. —Me mordí el labio, reprimiendo las ganas de ver si podía lanzar mi plato de porcelana con un estilo frisbee y golpearlo en la cabeza. Decidí no hacerlo. No sólo arruinaría la cena, sino que el plato probablemente no alcanzaría el impulso que yo necesitaba. Nathan se volvió de nuevo con su ceño fruncido hacia Adrian—. Pero tú sí. Y no voy a tenerte aquí sentado sin hacer nada, utilizando nuestro dinero para financiarlo.
Algo me dijo que debería mantenerme al margen de esto, pero no podía soportar ver a Adrian rebajado por su molesto padre. Adrian podía sentarse y perder el dinero, pero Nathan no tenía derecho a burlarse de él por ello. Quiero decir, claro, yo lo hacía todo el tiempo. Pero esto era diferente.
—Tal vez podrías ir a Lehigh con Lissa —le ofrecí— Seguir estudiando el espíritu con ella y luego... hacer lo demás que estabas haciendo la última vez que estuviste en la universidad...
—Beber y saltarse las clases —dijo Nathan.
—Arte —dijo Daniella—. Adrian tomó clases de arte.
—¿En serio? —pregunté, volviéndome hacia él, sorprendida. De alguna manera, me lo imaginaba como un tipo de arte. Encajaba con su personalidad errática—. Entonces este sería perfecto. Podrías tomarlo de nuevo.
Se encogió de hombros y terminó su segundo vaso de vino. — No lo sé. Este colegio probablemente tendría el mismo problema que el último.
Fruncí el ceño. —¿Cuál era?
—Tarea.
—Adrian —gruñó su padre.
—Está bien —dijo Adrian despreocupadamente. Apoyó el brazo casualmente en la mesa—. Yo realmente no necesito un empleo o dinero extra. Después de que Rose y yo nos casemos y tengamos a los niños, sólo voy a vivir de su sueldo como guardiana.
Todos se congelaron, incluso yo. Sabía perfectamente que era una broma. Quiero decir, incluso si albergara fantasías de matrimonio y niños (y yo estaba bastante segura de que no lo hacía), el magro salario de un guardián nunca sería suficiente para mantenerlo en la lujosa vida que necesitaba.
El padre de Adrian, sin embargo, claramente no pensaba que estaba bromeando. Daniella parecía indecisa. Y yo estaba incómoda. Fue un muy, muy mal tema para que apareciera en una cena como ésta, y no podía creer lo que Adrian había dicho allí. Yo ni siquiera creo que el vino fuera el culpable. Adrian gustaba mucho de atormentar a su padre.
El terrible silencio creció cada vez más espeso. Mi instinto para llenar los huecos de la conversación estaba en su apogeo, pero algo me dijo que me quedara tranquila. La tensión aumentó. Cuando sonó el timbre, los cuatro casi saltamos de la silla.
El ama de llaves, Torrie, se escurrió fuera para responder, y me dieron un suspiro de alivio mental. Una visita inesperada ayudaría a aliviar la tensión.
O quizá no.
Torrie se aclaró la garganta cuando regresó, evidentemente nerviosa, mientras miraba de Daniella a Nathan. —Su Majestad, la Reina Tatiana está aquí.
De ninguna manera.
Los tres Ivashkov se levantaron bruscamente, y medio segundo después, me uní a ellos. Yo no le había creído antes cuando Adrian dijo que Tatiana podría venir. Su rostro parecía muy sorprendido ahora también. Pero, efectivamente, allí estaba ella. Se deslizó en la habitación, elegante en lo que debía ser ropa casual para ella: pantalones a medida negros y chaqueta con una seda roja y blusa de encaje por debajo. Pocas joyas con broches que brillaban en su pelo oscuro y los ojos imperiosos mirando hacia abajo, a todos nosotros, como si estuviera apresurada. Incluso su propia familia seguía el protocolo.
—Tía Tatiana. —Dijo Nathan, obligando lo que parecía una sonrisa en su rostro. No creo que lo hiciera muy a menudo—. ¿No quieres unirte a nosotros para la cena?
Ella hizo un gesto con la mano despectivamente. —No, no. No puedo quedarme. Estoy en camino a reunirme con Priscilla, pero pensé en pasar por aquí cuando me enteré que Adrian había regresado. —Su mirada se posó sobre él—. No puedo creer que hayas estado aquí todo el día y no hayas ido a visitarme. —Su voz era fría, pero te juro que había un brillo divertido en sus ojos. Daba miedo. Ella no era alguien que yo consideraba cálida y difusa. Toda la experiencia de verla fuera de una de sus salas de recepción era totalmente irreal.
Adrian le sonrió. Era evidente que estaba con la persona con la que se sentía más cómodo en la sala en este momento. Por razones que nunca entendí, Tatiana amaba y mimaba a Adrian. Eso no quiere decir que ella no amara a los miembros de su familia, era claro que él sólo era su favorito. Eso siempre me sorprendía, teniendo en cuenta lo sinvergüenza que era a veces.
—Ah, pensé que tenías cosas más importantes que hacer que verme —le dijo—. Además, dejé de fumar, así que ahora no vamos a poder ir juntos a fumar furtivamente detrás de la sala del trono.
—¡Adrian! —reprendió Nathan, volviéndose de un color rojo brillante. Se me ocurrió entonces que podría haberse basado en un juego que habla alrededor de cuántas veces exclama el nombre de su hijo con desaprobación—.‖Tía,‖discul…
Tatiana levantó una mano de nuevo. —Oh, calla, Nathan. Nadie quiere oírte. —Casi me ahogaba. Estar en la misma habitación que la reina era horrible, pero casi valía la pena verla dándole una perra bofetada verbal al Señor Ivashkov. Se volvió de nuevo a Adrian, con su cara descongelada—. ¿Has de dejado de fumar? Ya era hora. ¿Supongo que esto lo hiciste tú?
Me tomó un momento darme cuenta de que estaba hablándome a mí. Hasta ese momento, me gustaba cualquier tipo de esperanza de que ella pudiera no haberse dado cuenta. Parecía ser la única explicación para que no les gritara que sacaran a la rebelde puta de sangre. Fue‖impactante. Su‖voz‖no‖era‖acusatoria,‖tampoco.‖Estaba…‖ impresionada.
—B... bueno, no fui yo, Majestad —le dije. Mi mansedumbre fue muy lejos de mi comportamiento en nuestra última reunión—. Adrian fue el que tuvo el, eh, la determinación de hacerlo.
Así me ayude, Tatiana se rió entre dientes. —Muy diplomático. Deben asignarte a un político.
A Nathan no le gustó la atención en mí. No estaba segura de lo que hice bien, para que fuera semi-agradable. —¿Van a hablar de negocios Priscilla y tú esta noche? ¿O simplemente tendrán una cena agradable?
Tatiana arrastró su mirada de mí. —Las dos cosas. Han habido algunas disputas entre familias. No en público, pero se está saliendo. La gente está haciendo ruido por la seguridad. Algunos están listos para empezar a entrenar ahora mismo. Otros se preguntan si los guardianes pueden estar sin dormir —ella puso los ojos en blanco—. Y esas son las más dóciles de las sugerencias.
No hay duda al respecto. Esta visita se había vuelto mucho más interesante.
—Espero que encierres a los militantes —gruñó Nathan—. Nosotros luchando junto a los guardianes es absurdo.
—Lo que es absurdo —dijo Tatiana—, es la lucha entre las clases reales. Eso es lo que queremos ‚encerrar‛ —su tono se hizo noble, muy de reina—. Somos los líderes entre los Moroi. Tenemos que dar el ejemplo. Tenemos que estar unidos para sobrevivir.
La estudié con curiosidad. ¿Qué significaba eso? ¿Ella está de acuerdo o en desacuerdo con la postura de Nathan acerca de los Morois luchando? Sólo había mencionado que se estableciera la paz entre su pueblo. Pero, ¿cómo? ¿Era su manera de alentar el movimiento nuevo o de aplastarlo? La seguridad era una gran preocupación para todo el mundo después del ataque, y caía sobre ella averiguarlo.
—Suena muy duro para mí —dijo Adrian, mostrándose ajeno a la gravedad de la cuestión—. Si aún deseas un cigarrillo después, voy a hacer una excepción.
—Me conformo con que mañana vengas y realices una visita con propiedad —dijo ella con sequedad—. Deja los cigarrillos en casa —echó una mirada a su copa de vino vacía—, y otras cosas — un destello de firme determinación cruzó su mirada, y aunque se marchaba tan rápido como había llegado, me sentí casi aliviada. Allí estaba la Tatiana de hielo que conocía.
Él saludó. —Tomo nota.
Tatiana nos dio al resto de nosotros breves miradas. —Que tengan una buena noche. —Esa fue su escueta despedida. Nos hizo otra reverencia, y luego se dirigió hacia la puerta principal. Mientras lo hacía, oí voces y murmullos. Había estado viajando con un séquito, me di cuenta, y había dejado a todos en el vestíbulo mientras vino a saludar a Adrian.
La cena estuvo tranquila después de eso. La visita de Tatiana nos dejó a todos atónitos. Al menos eso significaba que no tenía que escuchar discutir más a Adrian y su padre. Daniella, sobre todo, mantuvo lo poco que había de conversación, tratando de indagar sobre mis intereses, y me di cuenta que no había dicho ni una palabra durante la breve visita de Tatiana. Daniella se había casado un Ivashkov, y me pregunté si encontraba a la reina intimidante.
Cuando llegó el momento de que nos fuéramos, Daniella no dejaba de sonreír, mientras que Nathan se retiró a su estudio.
—Tienes que venir más a menudo. —Dijo a Adrian, alisándole el cabello a pesar de sus protestas—. Y serás bienvenida en cualquier otro momento, Rose.
—Gracias. —Dije, pasmada. Seguí estudiando su cara para ver si estaba mintiendo, pero no pensé que lo hiciera. No tenía ningún sentido. Los Moroi no estaban de acuerdo con las relaciones a largo plazo con los dhampir. Y en especial los Moroi de la Realeza. Y los Moroi Reales que tenían una relación con la Reina no hacían nada si antes no se les daba una indicación.
Adrian suspiró. —Tal vez si él no está. Oh, maldita sea. Eso me recuerda. Dejé mi abrigo aquí la última vez. Yo quería salir demasiado rápido.
—Tienes, como, cincuenta abrigos. —Comenté.
—Pregunta a Torrie. —Dijo Daniella—. Ella sabrá dónde está.
Adrian se fue a buscar al ama de llaves y me dejó con su madre. Me había mostrado educada, hablado con delicadeza, salvo pequeños hechos intrascendentes, pero mi curiosidad era conseguir lo mejor de mí.
—La cena fue realmente genial. —Le dije con sinceridad—. Y espero que usted no lo tomara a mal... pero, me refiero... bueno, parece estar de acuerdo con que Adrian salga conmigo.
Ella asintió con la cabeza serena. —Lo estoy.
—Y... —Bueno, tenía que decirlo—.Tat…digo la Reina Tatiana parecía estar de acuerdo con eso también.
—Lo está.
Me aseguré de que mi mandíbula no cayera al suelo. —Pero... quiero decir, la última vez que hablé con ella, estaba muy enojada. Me decía una y otra vez que nunca nos permitiría estar juntos en el futuro o casarnos ni nada de eso. —Me encogí, recordando la broma de Adrian—. Me imaginé que iba a sentir lo mismo que Lord Ivashkov. Realmente no se puede querer que su hijo esté con una dhampir para siempre.
La sonrisa de Daniella fue amable, pero irónica. —¿Piensas en estar con él para siempre? ¿Planeas casarse con él y asentarte?
La pregunta me cogió totalmente por sorpresa. —Yo... no... quiero decir, no deseo ofender a Adrian, sino que yo no…
—…planeas establecerte en lo absoluto. —Ella asintió con la cabeza sabiamente—. Eso es lo que yo pensaba. Créeme, sé que Adrian no piensa sentar cabeza. Todo el mundo está saltando a conclusiones que ni siquiera han ocurrido. He oído hablar de ti, Rose, todo el mundo lo hace. Y te admiro. Y a partir de lo que he aprendido, estoy adivinando que no eres del tipo que dejaría de ser una guardiana para ser ama de casa.
—Tiene razón —admití.
—Entonces no veo el problema. Los dos son jóvenes. Tienen derecho a divertirse y hacer lo que quieran ahora, pero tú y yo sabemos que incluso si vieras a Adrian como alguien con quien pasar el resto de tu vida, no te vas a casar o establecer. Y no tiene nada que ver con lo que Nathan o cualquiera diga. Es el camino que debes seguir en el mundo. Es el tipo de persona que eres. Puedo verlo en tus ojos. Tatiana se ha dado cuenta también, y por eso se relajó. Tienes que estar ahí luchando, y eso es lo que vas a hacer. Por lo menos si realmente tienes la intención de ser un guardián.
—Yo... —la miraba con asombro. Su actitud fue increíble. Ella era la primera de la Realeza que conocía que no se había asustado de inmediato y ni se había vuelto loca ante la idea de matrimonio entre una dhampir y un Moroi. Si otras personas compartían su opinión, harían que las vida de los demás fuera más fácil. Y tenía razón. No importaba lo que Nathan pensara. No hubiera importado si aun Dimitri estuviera alrededor. El resultado final era que Adrian y yo no estaríamos juntos por el resto de nuestras vidas porque siempre estaría en servicio como guardiana, nunca me establecería. Al darme cuenta de las cosas, me sentí liberada… sin embargo,‖un  poco triste también.

Detrás de ella, pude ver que Adrian se acercaba por el pasillo. Daniella se inclinó hacia delante, lanzando su voz baja para mí. Había una nota nostálgica en sus palabras al hablar, como el tono de una madre preocupada. —Sin embargo, Rose. Mientras yo estoy de acuerdo con que ustedes salgan y sean felices, por favor trata de no romper demasiado su corazón cuando llegue el momento.

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