sábado, 20 de diciembre de 2014

Capítulo 26 BLOOD PROMISE

Capítulo 26
Pienso que las profanidades que salieron de mi boca cuando golpee el suelo habrían sido comprensibles en cualquier idioma. Dolió.
El arbusto no fue en particular afilado o punzante, pero tampoco fue inimaginablemente suave. Estropeo un poco mi caída, sin embargo no salvo a mi tobillo torcerse debajo de mi. ―¡Demonios!‖ Dije a través de mis dientes apretados, poniéndome de pie. Rusia me hacia maldecir mucho. Probé el peso en mi tobillo y sentí una punzada de dolor pero insignificante que no me permitía estar de pie. Un esguince, gracias a Dios. El tobillo no estaba roto, lo que lo hizo peor.
Aún así, iba a retardar mi huida.
Cojeé lejos del arbusto, intentando retomar el paso e ignorar el dolor. Extendiéndose delante de mí había un estúpido laberinto de setos que la otra noche creí que era genial.
El cielo estaba nublado, pero dudé que la luz de luna pudiera brindarme facilidades para mi huida. No había forma de combatir contra aquel desorden frondoso. Debía de encontrar la salida y llegar hacia allí.
Desafortunadamente, cuando rodeé la casa, descubrí una verdad desafortunada: El cerco de setos estaba en todo lugar. Rodeaba la finca como alguna clase de foso defensivo medieval. Lo peor era que, dudaba que Galina la hubiera instalado para defensa. Ella probablemente lo había hecho por la misma razón que tenía arañas de luces del cristal y pinturas antiguas en los vestíbulos: Era estupendo.
Así que, bueno, no había nada. Escogí una abertura al azar en el laberinto y comencé a serpentear a través de el. No tenía idea de adonde ir, ninguna táctica para salir. Las sombras acecharon en todas partes, y a menudo no veía los callejones sin salida, hasta que ya estaba dentro de ellos. Los arbustos eran lo suficientemente altos y yo solo era una forma pequeña dentro de aquel laberinto, perdí de vista completamente la parte superior de la casa. Si lo habría tomado como un punto de navegación, podría haber logrado moverme en línea recta (o casi directamente) hacia la salida.
En lugar de eso, no estaba enteramente segura de si iba hacia atrás o en círculos o lo que sea. En una oportunidad, estaba bastante segura que había pasado la misma planta de jazmín tres veces. Intenté pensar en las historias que había leído, acerca de personas que habían navegado por laberintos. ¿Qué utilizaron? ¿Migajas de pan? ¿Hilo? No lo sabia, y mientras mas tiempo pasaba mi tobillo se lastimaba mucho más, comencé a desanimarme. Había matado a un Strigoi en mi estado debilitado pero no podía librarme de algunos arbustos.
Realmente vergonzoso.
―¡Roza!‖
La voz fue traída por el viento, y me puse rígida. No. No podía ser.
Dimitri. Él había sobrevivido.
―Roza, sé que estas por allí‖, él llamó. ―Te puedo oler.‖
Tenía el presentimiento de que él alardeaba. Él no estaba lo suficientemente cerca como para que yo me sintiera mareada, y con el empalagoso perfume de las flores, dudé que podría olfatearme pero- solo si yo sudase mucho. El me estaba poniendo una carnada para que yo le diera mi posición.
Con nueva determinación, me dirigí abajo hacia la siguiente vuelta entre los arbustos, rezando por encontrar la salida. Ok, Dios, pensé. Sáqueme de esto y detendré mi mierda de practicante no-prometida. Me has enfrentado a un grupo de Strigoi por esta noche. Digo, atraparlos en medio de aquellas puertas realmente no debió de haber funcionado, es tan claro que usted esta metido en todo esto. Déjeme salir de aquí, y yo haré… no se.
Donare el dinero de Adrian a los pobres. Me bautizare. Me uniré a un convento. Bueno, no. Lo ultimo, no.
Dimitri continuó llamándome en voz alta. ―No te mataré, si te entregas. Estoy en deuda contigo. Sacaste a Galina por mí, y ahora yo estoy a cargo. No pensaba reemplazarla tan pronto, pero eso no es un problema. Por supuesto, no hay muchas personas a las que deba controlar ahora que Nathan y los demás están muertos. Pero eso puede arreglarse.‖
Increíble. Él verdaderamente había sobrevivido a esos obstáculos. Lo había dicho antes y lo digo ahora: Vivo o no-muerto, el amor de mi vida era un dolor el en culo. No había forma de que el pudo haber derrotado a esos tres… y no obstante, pero bueno… le había visto encargarse de locos obstáculos antes. Y claramente su existencia era la prueba de sus habilidades.
El camino por delante de mí se dividió, y al azar escogí el camino de la derecha. Estaba inmerso completamente en la oscuridad, y di un suspiro de alivio. Note que, a pesar de su lejano comentario, yo sabia que el también se movía a través del laberinto, acercándose cada vez mas. Y a diferencia de mí, él conocía el camino, y como salir de este lugar.
―Tampoco estoy molesto porque me atacaste. Yo lo habría hecho en tu lugar. Es justamente una razón más por lo qué deberíamos de estar juntos.‖
Mi siguiente giro me hizo llegar a un pasadizo sin fin, lleno de flores nocturnas trepadoras.
Contuve mis maldiciones y volví hacia atrás.
―Aun así, eres peligrosa. Si te encuentro, probablemente voy a tener que matarle. No quiero, pero comienzo a pensar que no hay remedio, que los dos no podemos vivir en este mundo. Elije mi opción, y te despertaré. Controlaremos el imperio de Galina juntos.‖
Casi me reí. Aun si quisiese no podría hallarle en medio de este desorden. Si yo tenía esa clase de habilidad. Mi estómago se arremolino un poco. Oh no. Él se acercaba más. ¿El lo sabia? Totalmente, no comprendía cómo asociaba la cantidad de náuseas, con su acercamiento, pero no tenia importancia. Él estaba muy cerca, punto final. ¿Cómo de cerca el necesitaba estar para olerme? ¿Podía oírme caminando sobre la yerba? Cada segundo le acercó más al éxito. Una vez que él encontrara mi rastro, me atraparía. Mi corazón comenzó a correr a mucha velocidad-como si eso fuese posible, ya a este punto-y la adrenalina bombeo a través de mí y adormeció mi tobillo, pero aun así, seguía retrasándome.
Otro pasadizo sin salida me hizo girar alrededor, e intenté calmarme a mí misma, sabiendo que el pánico me haría más torpe. Todo el tiempo, esa náusea aumentó, incrementándose.
―Aun si logras salir, ¿dónde irás?‖ Él llamó. ―Estamos en medio de la nada.‖ Sus palabras
fueron venenosas, penetraron en mi piel. Si enfocaba mi atención en ellas, mi miedo ganaría, y me daría por vencida. Me enrollaría en una bola y le dejaría venir a por mí, y no tenia ninguna razón, por creer que el me dejaría vivir. Mi vida podía terminar en los próximos minutos.
Una curva a mi izquierda me condujo a otra pared de hojas verdes lustrosas. Me aparté rápidamente y me dirigí en dirección opuesta y vi-los campos. Los trechos largos, vastos de hierba se propagaban frente a mí, dejando paso a los árboles, esparcidos a lo lejos.
Contra todo pronóstico había llegado a la salida.
Desafortunadamente, las náuseas eran más fuertes ahora. La salida, él tenia que saber donde estaba. Miré con atención a mí alrededor, percatándome de la verdad de sus palabras. Nosotros en realidad estábamos en medio de la nada. ¿Dónde podría ir? No tenia ni idea de donde estábamos.
Allí. A mi izquierda, vi aquel resplandor púrpura apenas perceptible en el horizonte, que yo había notado la otra noche. No me había dado cuenta de lo que era en ese entonces, pero ahora lo supe.
Esas eran luces de la ciudad, Novosibirsk probablemente, si, ahí era donde la pandilla de Galina hizo muchas de sus hazañas. Aun si no era Novosibirsk, era civilización. Habría personas allí. Seguridad. Podría conseguir ayuda.
Arranqué en una carrera tan rápido como pude, mis pies golpeaban duramente en contra del suelo. Aun así, la adrenalina no podía eclipsar tanta colisión, y pude notar el dolor subir a través de mi pierna con cada paso. Sin embargo, el tobillo lo soporto. No baje la velocidad ni empecé a cojear. Mi aliento era duro y rasposo, el resto de mis músculos aun estaban débiles por todo lo que había pasado. Aun con un propósito, sabia que la ciudad estaba muy lejos.
Y todo el tiempo, la náusea aumentó y aumentó. Dimitri estaba cerca. Él tenía que estar fuera del laberinto, ahora, pero no podía arriesgarme a mirar hacia atrás. Me mantuve corriendo hacia ese resplandor púrpura en el horizonte, si bien eso significaba que estaba a punto de entrar dentro del grupo de árboles. Tal vez, tal vez estos me protegerían.
Eres una tonta, una parte de mi, susurro. No hay ningún lugar donde puedas esconderte de el.
Alcancé la delgada línea de árboles y simplemente baje mi velocidad solo un poco, jadeando y presionándome a mí mismo contra un frondoso tronco. Yo finalmente lance una mirada hacia atrás, excepto que no vi nada. La casa resplandeció a lo lejos, rodeada por la oscuridad del laberinto. Mi mórbido estomago no empeoro, así que era posible que podía estar llevándole ventaja a el. El laberinto tenía varias salidas; Él no sabía por donde es que yo había salido.
Mi momento de respirar termino, entonces seguí moviéndome, manteniendo el brillo tenue de las luces de la ciudad a la vista a través de las ramas. Sólo era cuestión de tiempo antes de que Dimitri me encontrara. Mi tobillo no iba a dejarme hacer mucho más.
Rebasarle se estaba volviendo poco a poco en una fantasía. Las hojas caídas, estabansiendo trituradas mientras que caminaba, pero no podía darme el lujo de dar un paso alrededor de ellas. Ya no tenia que preocuparme mas por Dimitri olfateándome. El ruido me delataba.
―¡Rose! Juro que no es demasiado tarde.‖
Atrapada. Su voz estaba cerca. Miré alrededor frenéticamente. No le podía ver, pero si él aun estaba llamándome, probablemente tampoco podía verme aun. El brillo de la ciudad era aun mi punto guía, pero había árboles y oscuridad entre ella y yo. Repentinamente, una persona inesperada llego a mi mente. Tasha Ozera. Ella era la tía de Cristian, una dama muy formidable que era uno de los precursores de enseñarle a los Moroi a defenderse contra los Strigoi.
―Podemos rendirnos y retirarnos y ponernos a nosotros mismos contra las esquinas por siempre‖, ella había dicho eso una vez. ―O podemos salir y podemos conocer al enemigo en el momento y lugar que escojamos. No ellos.‖
Ok, Tasha, pensé. Veamos si tu consejo me mata.
Miré alrededor y localicé un árbol con ramas que podía alcanzar. Empuje mi estaca de regreso a mi bolsillo, y me agarré de la pequeña rama y me mecí a mí misma, hacia arriba. Mi tobillo se quejó todo el camino, pero a pesar de eso, las ramas me servían para sujetarme bien con las manos-y para apoyar los pies. Seguí trepando hasta que encontré una gruesa extremidad, frondosa, que soportaría mi peso. Me moví sobre ella, quedándome cerca del tronco y cuidadosamente probé la firmeza de la extremidad. Era resistente. Saqué la estaca de mi bolsillo y esperé.
Un minuto o poco después, oí el débil movimiento de las hojas mientras Dimitri se acercaba. Él estaba mucho más calmado de lo que yo lo estaba. Su alta, y oscura forma saltó a la vista, una sombra siniestra en la noche. Avanzó con lentitud, muy cuidadosamente, mirando alrededor y no tuve duda de que el resto de sus otros sentidos también estuvieran trabajando.
―Roza…‖ él habló bajo. ―Sé que estas aquí. No tienes oportunidad de correr. Ni de esconderte‖.
Su mirada se fijo abajo. Pensó que me escondía detrás de un árbol o que estaba de cuclillas. Algunos pasos más. Eso era todo lo que yo necesitaba de él. Mi mano comenzó a sudar contra la estaca, pero no podía limpiármela. Estaba congelada, sujetándome fuertemente y aun no me atreví a respirar
―Roza…‖
La voz acarició mi piel, fría y mortal. Aún registrando los alrededores, Dimitri dio un paso adelante. Entonces otro. Y entonces otro.
Pienso que se le ocurrió mirar hacia arriba en el mismo momento en que salte. Mi cuerpo se estrelló contra el suyo, tirándole hacia atrás, cayendo al piso- primero. Él inmediatamente intentó quitarme de encima, justamente cuando intenté conducir la estaca hacia su corazón. Las señales de fatiga y pelea estaban por todas partes en él.
Derrotar al otro Strigoi había tomado su cuota, aunque dudé que yo estuviera en mejor forma. Luchamos cuerpo a cuerpo, y solo una vez, logré barrer la estaca en contra de su mejilla. Él gruñó de dolor pero conservó su pecho bien protegido. Por encima de eso, pude ver dónde le desgarre la camisa la primera vez que le estaque. La herida ya se había curado.
―Tu. Eres. Asombrosa,‖ dijo, sus palabras estaban llenas de orgullo y luchaban en contra de la furia.
No tuve energías para responderle. Mi única meta era su corazón. Peleé por mantenerme sobre el, y al fin, mi estaca perforó su pecho pero él era demasiado rápido.
Él alejo mi mano, de un golpe, antes de que yo pudiese conducir la estaca completamente hasta el final. Durante el proceso, él me arrojo lejos de el. Volé varios pies lejos, afortunadamente no me golpee contra los árboles. Trate de ponerme de pie, y le vi, venia hacia mí. El era rápido- pero no tan rápido como en nuestras peleas anteriores. Íbamos a matarnos intentando aniquilarnos el uno al otro.
Ahora, había perdido mi ventaja, así que corrí completamente adentrándome en los árboles, sabiendo que él vendría directamente detrás de mí. ¡Estaba segura que el podría rebasarme, pero necesitaba simplemente una pequeña ventaja, entonces tal vez podría intentar atacarle nuevamente.
―¡Ahhh!‖
Mi grito sonó en la noche, atravesando la quieta oscuridad. Mi pie había tropezado con algo debajo de mí, y me deslice rápidamente por una pronunciada ladera, incapaz de detenerme. Había unos pocos árboles, pero las rocas y mi posición desgarbada hicieron de la caída muy dolorosa, en particular por que solo estaba vestida con un jersey. Mientras intente mantener la estaca, sujeta muy lejos de mí. Apenas llegue al fondo, intente estar brevemente de pie, y entonces rápidamente tropecé y caí al agua.
Mire fijamente alrededor. En ese preciso instante, la luna apareció entre las nubes, lanzando suficiente luz como para mostrarme un enorme espacio de agua negra, rápida, moviéndose frente a mí. Mire boquiabierta, completamente confundida, y entonces me gire rumbo a la ciudad. Éste era el ‗Ob‘, el río que atravesaba de lado a lado a Novosibirsk.
El río se dirigía directamente hacia ella. Mirando hacia atrás, vi a Dimitri quien estaba de pie en la cima. Al contrario de mi, él aparentemente había estado observando por donde se dirigía. Era eso, o mi grito le había avisado oportunamente que algo estaba mal.
Le iba a requerir menos de un minuto bajar corriendo detrás de mí, sin embargo. Mire hacia los lados y entonces lo enfrente. Bien. Las aguas se movían rápidamente.
Posiblemente eran profundas. Muy amplias. Le quitarían la presión a mi tobillo, pero no estaba emocionada por mis posibilidades de no ahogarme. En las leyendas, los vampiros no podían cruzar por los ríos. ¡Hombre!, deseé que no solo fuera un mito.
Me gire dos veces hacia mi izquierda y a duras penas vi una forma oscura sobre el agua.
¿Un puente? Era la mejor opción que tenia. Vacilé antes de ir hacia allí; Necesitaba que Dimitri comenzara a deslizarse. No iba a irme corriendo y dejarle arrastrarme hacia la cima. Necesitaba tomar el tiempo de su descenso de la colina. Allí. Él dio un paso para bajar de la cima, y camine hacia abajo, por la costa, sin mirar atrás. El puente estaba más y más cerca hacia mí, y mientras eso, simplemente me di cuenta de cuan alto era. Lo había juzgado mal desde donde había aterrizado. Las cuestas alrededor del puente eran muy altas, corrí río abajo. Iba a tener un infierno mientras las subía.
No hay problema. Me preocuparía de eso, mas tarde, lo cual quería decir, en cuestión de treinta segundos, ya que ese, era probablemente el tiempo que le llevaría a Dimitri alcanzarme. Y así era, podía oír sus pies salpicando el agua poco profunda, los sonidos se oían más cerca y más cerca. Si tan sólo pudiese alcanzar el puente, si tan sólo pudiese llegar a tierras altas y al otro lado. La náusea surgió en mí. Una mano se fue acercando a la parte trasera de mi chaqueta, sacudiéndome con fuerza. Caí en contra de Dimitri e inmediatamente comencé a combatirle, intentar liberarme. Pero Dios, para eso, yo estaba tan cansada. Cada parte de mi, me dolía, y aunque el también estaba cansado, yo lo estaba mucho peor.
―¡Detente!‖ Él gritó, agarrando mis brazos. ―¿No lo entiendes? ¡No puedes ganar!‖
―¡Entonces mátame!‖ Me retorcí, pero su agarre en mis hombros era demasiado fuerte, y aun sujetando la estaca, no podía hacer nada en su contra. ―Dijiste que si yo no me rendía tu lo harías. ¿Cierto?, Pues, ¿adivina qué? No lo haré. No lo haré. Así es que termina de una vez con esto.‖
La luz fantasmal de la luna iluminó su cara, erradicando las sombras normales y haciendo parecer a su piel rematadamente blanca en contra del telón de fondo de la noche. Era como si todos los colores en el mundo hubieran desaparecido. Sus ojos ciertamente se veían oscuros, pero en mi imaginación, resplandecieron como el fuego. Su expresión era fría y calculadora.
No es mi Dimitri.
―Haría falta mucho mas para matarte, Rose‖, dijo. ―Esto no es suficiente.‖
No me convenció. Aun me sujetaba fuertemente, cuando, él se inclinó hacia mí. Él iba a morderme. Esos dientes perforarían mi piel, y me convertiría en un monstruo como él o bebería hasta matarme. De una u otra manera, estaría muy drogada y demasiado estúpida como para saberlo. Rose Hathaway dejaría este mundo sin darse cuenta de eso.
El pánico se disparó a la par a través mí- y esa parte oculta dentro de mí, me demandaba más de esas gloriosas endorfinas. No, no. No le podía permitir hacer eso. Cada célula en mi interior se consumía por ese fuego, tenia que hacer algo para defenderme, atacarle, o cualquier cosa… cualquier cosa para detener esto. No quería ser convertida. No podía ser convertida. Tenia que hacer algo para salvarme. Todo mi ser se consumió bajo ese deseo.
Podía sentir que no estaba en condiciones de saltar y defenderme. Mis manos podían tocarse el uno al otro, si, pero no a Dimitri. Con un poco de trabajo, usé los dedos de mi mano izquierda para mover y sacar fuera el anillo de Oksana. Se resbaló y se fundo en el barro, tal como los colmillos de Dimitri al tocar mi piel.
Fue como una explosión nuclear apagándose. Los fantasmas y espíritus que había convocado en mi camino hacia Baia rebosaban entre nosotros. Estaban por todo el alrededor, translúcidos y luminiscentes entre brillos de azul y verde pálido, amarillos, y plateados. Les había dado rienda suelta a todas mis defensas, sucumbí ante mis emociones, de la manera que no había podido hacer la primera vez que Dimitri me había atrapado. El poder de curación del anillo apenas me había mantenido a raya hasta ahora, pero se había ido. No había barreras sobre mi poder.
Dimitri saltó hacia atrás, con los ojos muy abiertos. Como aquel Strigoi en el camino, él hizo muchos movimientos, como si tratara de aplastar a los espíritus como si fueran mosquitos. Sus manos pasaron directamente a través de ellos, ineficaces. Su ataque también fue más o menos inútil. Físicamente no le podían lastimar, pero podían afectar la mente, y estaban condenados a ser solo distracción. ¿Qué había dicho Mark? Los muertos odiaban a los no-muertos. Y de la manera que los fantasmas rodearon a Dimitri, estaba claro que lo hacían.
Di un paso atrás, escudriñando el suelo debajo de mí. Allí. La plata del anillo brilló hacia mí, sobre un charco. Lo alcancé y sujete, entonces me fui corriendo y dejé a Dimitri a su destino. Él exactamente no gritaba, pero hacía algunos horribles sonidos. Eso me desgarró, pero continué, corriendo hacia el puente. Lo alcancé en apenas un minuto o poco mas tarde.
Era tan alto como temía, pero estaba decidida a hacerlo, e iba a hacerlo. Era del tipo de puente en el que sólo un coche podía cruzar a la vez.
―He llegado tan lejos‖, mascullé, quedándome con la mirada fija hacia los bordes de la cima. No sólo era más alto que la caída hacia abajo que había tenido, también era más pronunciado. Metí en el bolsillo el anillo y la estaca y entonces extendí la mano, posando mis extremidades en el suelo. Iba a medio gatear, y medio trepar. Mi tobillo tendría un descanso temporal; necesitaba toda la fuerza de mi cuerpo, en la parte de arriba ahora.
Mientras trepaba, sin embargo, comencé a notar algo. El desmayo brillaba intermitentemente en mi cabeza. Una impresión de caras y calaveras. Y un palpitante dolor en la parte de atrás de mi cabeza.
¡Oh no!. Esto también me había ocurrido antes. Si entraba en estado de pánico, no podría mantener las defensas que usualmente mantenía para alejar a los muertos de mi misma.
Ahora estaban tan cercanos a mí, más curiosos que buscando lucha. Pero como fueron aumentando, todo ello se volvió tan desorientador como lo que Dimitri estaba experimentando. No me podían lastimar, pero me desquiciaban, y el dolor de cabeza delator que vino con ellos comenzaba a hacerme marear. Mirando atrás, hacia él, vi algo asombroso. Dimitri estaba quedándose en silencio. Él en realidad era un dios, un dios que ponía a la muerte mas cerca a mí, con cada paso. Los fantasmas aun le rodeaban como una nube, pero él siguió su camino, un atormentador paso a la vez. Girándome, continué mi subida, ignorando a mis brillantes acompañantes, lo mejor que podía.
Al fin, llegue al borde de la cima, poniéndome en frente del puente. Apenas podía mantenerme en pie, mis músculos estaban tan débiles. Di algunos pasos más y entonces sufrí un colapso, cayendo sobre mis manos y rodillas. Cada vez más los espíritus daban vueltas a mi alrededor, y mi cabeza estaba próxima a estallar. Dimitri todavía avanzaba lentamente, aun tratando de llegar a la cima. Intenté ponerme de pie de nuevo, usando los rieles del puente para sujetarme, pero fallé. Las ásperas barras del puente rasparon mis piernas desnudas.
―Demonios‖
Sabía lo que tenia que hacer para salvarme, aunque eso, podría terminar matándome, también. Metí una de mis temblorosas manos a mi bolsillo y saqué el anillo. Temblaba tan fuerte, que creí que iba a hacerle caer.
De alguna manera, me sujete y logré deslizarle encima de mi dedo. Una pequeña oleada de calor me inundo, y me cubrió una pequeña cantidad de calor que me hizo retomar el control de mi cuerpo. Desafortunadamente, los fantasmas aun estaban allí.
Las huellas del miedo, de morir o ser convertida en Strigoi, aun estaban en mí, pero habían disminuido ahora que estaba fuera de peligro inmediato. Sintiéndome menos inestable, busqué las barreras y el control que usualmente tenia, desesperada por alejarlos de un golpe y ahuyentar lejos a todos mis visitantes.
―Váyanse, váyanse, váyanse,‖ susurré, manteniendo mis ojos cerrados. El esfuerzo fue como presionar una montaña, un obstáculo imposible que nadie podría tener la fuerza para lograrlo. Mark me había advertido acerca de eso, el por qué no debería de hacer esto. Los muertos eran un poderoso poder, una vez que se les llamaba, era difícil librarte de ellos. ¿Qué había dicho el? Esos que bailaban en el borde de la oscuridad y la locura no deberían de arriesgarse a hacer eso.
―¡Aléjense!‖ Grité, lanzando mí ultimo esfuerzo en ello.
Uno por uno, las obsesivas imágenes de mí alrededor desaparecieron. Sentí que mi mundo volvía a su orden constitucional. Sólo que, cuando miré hacia abajo, vi que los fantasmas también habían dejado a Dimitri, como lo había sospechado. Y fue allí, que él comenzó a moverse de nuevo.
―Demonios‖ Mi palabra de la noche.
Logro ponerse de pie y esta vez corrió a velocidad cuesta arriba. Otra vez, él era más lento de lo habitual, pero aun así, era rápido. Comencé a dar marcha atrás, sin quitarle los ojos de encima. Deshacerme de los fantasmas me había dado más fuerza, pero no la suficiente para escapar. Dimitri había ganado.
―¿Otro efecto del Shadow-Kissed?‖ preguntó, dando un paso sobre el puente.
―Sí.‖ Tragué. ―Resulta que a los fantasmas no les gusta mucho los Strigoi.‖
―Tu tampoco pareces agradarles.‖
Di un paso lento hacia atrás. ¿Dónde podría ir? Tan pronto como daría la vuelta para correr, él me atraparía.
―Entonces, ¿fui lo suficientemente lejos como para que ya no quieras convertirme?‖ Pregunté tan alegremente como pude.
Él me dio una sonrisa sardónica, sinuosa. ―No. Tus habilidades de shadow-kissed tienen sus ventajas… que mal que se pierdan cuando seas despertada.‖ Entonces. Ese aun era su plan. A pesar de todo lo que le había enfurecido, él todavía quería mantenerme a sualrededor por la eternidad.
―No vas a despertarme‖, le dije.
―Rose, no hay posibilidad de que tu…‖
―No‖.
Escalé sobre las barras de hierro del puente, meciendo una pierna encima. Sabía lo qué tenia que ocurrir ahora. Él se congeló.
―¿Qué estás haciendo?‖
―Te lo dije. Moriré antes de que me conviertas en Strigoi. No seré como tú o los demás.
No quiero eso. Hubo una vez que tu tampoco lo quisiste.‖ Mi cara sintió la brisa de noche chocar contra ella, el resultado de las sigilosas lágrimas en mis mejillas.
Mecí mi otra pierna encima y miré con atención hacia abajo, hacia el agua que se movía velozmente. Estábamos mucho más arriba, que de dos pisos. Si cayera con fuerza contra el agua, y si lograba sobrevivir, no tenia la fuerza suficiente como para nadar y salvarme.
Mientras miraba fijamente hacia abajo, contemplando mi muerte, recordé la vez que Dimitri y yo nos sentamos en el asiento trasero de un SUV, discutiendo sobre este mismo tema.
Esa había sido la primera vez que nos habíamos sentado cerca uno del otro, y cada lugar en el que nuestros cuerpos se tocaron había estado caliente y maravilloso. Él había olido bien, era ese perfume de cuando estaba vivo, ese perfume se había ido ahora, me percaté y había estado mucho mas relajado que lo usual, casi apunto de sonreír. Habíamos hablado de lo que para el significaba estar vivo y tener el control de su alma y lo qué le significaba convertirse en un de los no-muerto, perder el amor y la luz de la vida y todo lo demás.
Nos miramos una vez más y la muerte era mucho mejor que este destino. Ahora, mirando
hacia Dimitri, estaba de acuerdo.
―Rose, no lo hagas.‖ Oí cierto pánico en su voz. Si él me perdiese por el borde, entonces me habré ido. Ningún Strigoi. Ningún despertar. Para que yo sea convertida, él necesitaba matarme bebiendo de mi sangre y entonces tendría que alimentarme con su sangre. Si yo saltase, el agua me mataría, no sangraría. Le tomaría mucho tiempo encontrarme en el río.
―Por favor‖, él imploró. Había una nota de sufrimiento en su voz, uno que me sobresaltó.
Retorció mi corazón. También me recordó mucho al Dimitri vivo, el que no era un monstruo. El que había cuidado de mí y me había amado, quien había creído en mí y había hecho el amor conmigo. Este Dimitri, el que no era ninguna de esas cosas, se acerco dos pasos cuidadosos hacia mí, entonces volvió a hablar. ―Necesitamos estar juntos.‖
―¿Por qué?‖ Pregunté suavemente. La palabra fue remolcada por el viento, pero él la escuchó.
―Porque te quiero‖
Le di una sonrisa amarga, preguntándome si nos reencontraríamos en la tierra de los muertos. ―Mala respuesta‖ le dije.
Me deje caer.
Y él estaba justo allí, corriendo a velocidad hacia mí con esa alocada velocidad Strigoi mientras comencé a caer. Él extendió la mano y atrapó uno de mis brazos, arrastrándome de regreso sobre las barras de hierro. Bueno, su avance fue medio lento. Y el sujeto sólo una parte; El resto de mi todavía se mantenía sobre el río.
―¡Deja de combatirme!‖ Él dijo, intentando ponerme por encima de su brazo y sostenerme mejor.
Él mismo se encontraba en una posición precaria, sobrepasando las barras, intentó apoyarse lo suficientemente bien como para arrastrarme y sujetarme fijamente.
―¡Suéltame!‖ le grite.
Pero él era demasiado fuerte y logró transportar la mayor parte de mí sobre la reja, lo suficiente a fin de que no estuviese en peligro total de volverme a caer.
¡Verán, he aquí el asunto! En el mismo instante que dejo de jalarme, yo en realidad había estado contemplando mi muerte. Había llegado a un acuerdo con eso y lo había aceptado.
Yo también, sin embargo, sabía que Dimitri podía hacer algo exactamente así. Él simplemente era rápido, y que bueno que lo era. Porque mientras eso pasaba, yo sujetaba mi estaca en la mano libre.
Le mire de frente. ―Siempre te amaré.‖
Entonces le clavé la estaca en su pecho.
No fue un golpe tan preciso como me habría gustado, no con la experta manera que él tenia de esquivar. Puse el máximo empeño en meter la estaca lo suficientemente profunda hacia su corazón, insegura de poder hacerlo desde este ángulo. Entonces, su lucha se detuvo. Sus ojos aturdidos se clavaron en los míos, sorprendido, sus labios se abrieron, casi en una sonrisa, dolorosa y grotesca.
―Se suponía que yo diría eso…‖ Se quedo sin aliento. Esas fueron sus últimas palabras.
Su intento fallido de evadir la estaca le había hecho perder el equilibrio al borde. La magia de la estaca facilitó el resto, aturdiéndolo a el y sus reflejos.
Dimitri cayó.
Casi me llevo con él, y a duras penas logré liberarme de él y aferrarme a la barra de hierro. Él estaba cayendo, bajo la negrura del Ob. Un momento más tarde él desapareció de mi vista.
Me quedé con la mirada fija tras él, preguntándome si le vería en el agua si mirase lo suficientemente duro de reojo. Pero no lo hice. El río era demasiado oscuro y lejano.
Las nubes se movieron hacia atrás sobre la luna, y la oscuridad inundo todo de nuevo. Por un momento, me quede con la mirada fija hacia abajo y me di cuenta de lo que acababa de hacer, quise lanzarme tras él, porque seguramente no había manera de que yo siguiera viviendo ahora.
Tienes que hacerlo. Mi voz interior fue mucho más apaciguadora y más confidente de lo que había sido. El antiguo Dimitri quería que tú vivieras. Si tú en realidad le amas, entonces tienes que seguir.
Con un tembloroso aliento, salté el riel y di un paso hacia atrás en el puente, sorprendentemente agradecida por su seguridad. No sabía como seguiría viviendo, pero sabía que quería hacerlo. No iba a sentirme segura hasta estar en tierra firme, y con mi cuerpo sufriendo una crisis nerviosa, comencé a cruzar el puente un paso a la vez. Cuando llegue al otro lado, tenía muchas opciones. ¿Seguir el río o la carretera? Uno del otro, se salían del curso ligeramente, pero ambos se dirigían rumbo a las luces de la ciudad. Opté por la carretera. No quise estar cerca del río. No quería pensar en lo que había ocurrido.
No podía pensar acerca de eso. Mi cerebro se rehusaba. Preocúpate primero por mantenerte viva. Entonces después te preocuparas por vivir.
La carretera, era claramente rural, plana y apiñada y hecha para facilitarle el camino a cualquier otro. Una lluvia ligera comenzó a caer, lo cual acaba de añadirle más dolor a la lesión. Me mantuve queriendo sentarme y descansar, para acurrucarme en una pelota y no pensar en nada más. No, no, no. La luz. Tenia que ir hacia la luz. Eso casi me hizo a mí soltar una carcajada. Era realmente gracioso. Yo era alguien que había tenido una experiencia entre la vida y la muerte. Entonces me reí. La noche entera estaba llena de experiencias cercanas a la muerte.
Esto era solo una pequeña parte de ella. Era también lo último, y tanto como anhelé llegar a la ciudad, esta estaba muy lejos. No estoy segura de cuánto tiempo caminé antes de que finalmente tuviese que detenerme y sentarme.
Un momento, me decidí. Iba a descansar solo por un momento y luego seguiría adelante.
Tenia que mantenerme en movimiento. Si por alguna loca probabilidad yo no le hubiese dado en el corazón, Dimitri podía salir trepando del río de un momento a otro. U otro Strigoi superviviente podría estar persiguiéndome justo ahora.
Pero no me levanté al momento. Pienso que pude haberme quedado dormida, y honestamente no sé cuánto tiempo había estado sentada allí, cuando unos focos delanteros repentinamente me incitaron a mantenerme en alerta. Un coche bajó la velocidad y se detuvo. Logré ponerme de pie, preparándome psicológicamente.
Ningún Strigoi salió. En lugar de eso, un humano anciano lo hizo. Me miró fijamente y dijo algo en ruso. Negué con la cabeza y di un paso. Él se apoyó en el coche y dijo algo, y un momento más tarde, una mujer mayor se unió a él. Ella me miró y sus ojos se ampliaron, cara compasiva. Ella dijo algo que sonaba suave y me alargó su mano, cuidadosamente en la manera en la que seria acercarse a un fiero animal. Clavé los ojos en ella por varios y pesados segundos, entonces señalé el horizonte púrpura.
―Novosibirsk‖, dije.
Ella siguió mi gesto y asintió. ―Novosibirsk.‖ Ella me señaló y entonces señalo hacia el coche. ―Novosibirsk.‖
Vacilé un largo rato y entonces le dejé conducirme al asiento trasero. Se sacó su abrigo y lo extendió sobre mí, y entonces pude de ver que estaba mojada por la lluvia. Tenia que estar hecha una calamidad después de todo lo que había pasado esta noche. Fue asombroso que se hubieran detenido. El hombre viejo comenzó a conducir otra vez, y en ese momento, se me ocurrió que pude haber entrado en un coche con asesinos en serie. Pero entonces, ¿Que tan diferente seria eso del resto de mi noche?
El dolor mental y físico comenzaba a arrastrarme abajo, y con mi último esfuerzo, moje mis labios y con mi voz apagada lance otra gema de mi vocabulario ruso.
―¿Pazvaneet?
 La mujer se giro hacia mí por la sorpresa. No estaba segura de si había dicho bien la palabra. Sólo podría haberle pedido un teléfono público en lugar de un móvil o tal vez había preguntado por una jirafa pero esperanzadamente el mensaje salió independientemente. Un momento más tarde, ella metió la mano en su bolso y me dio un móvil. Aun en Siberia, todo el mundo estaba conectado. Alcance el móvil, y marqué el numero que me había aprendido de memoria. Una voz propia de una mujer me contesto. ―Alló.

―¿Sydney? Soy Rose… 

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