Capítulo 26
Pienso
que las profanidades que salieron de mi boca cuando golpee el suelo habrían
sido comprensibles en cualquier idioma. Dolió.
El
arbusto no fue en particular afilado o punzante, pero tampoco fue
inimaginablemente suave. Estropeo un poco mi caída, sin embargo no salvo
a mi tobillo torcerse debajo de mi. ―¡Demonios!‖ Dije a
través de mis dientes apretados, poniéndome de pie. Rusia me hacia maldecir mucho. Probé el peso en mi tobillo y
sentí una punzada de dolor pero insignificante que no me
permitía estar de pie. Un esguince, gracias a Dios. El tobillo no estaba roto, lo que lo hizo peor.
Aún
así, iba a retardar mi huida.
Cojeé
lejos del arbusto, intentando retomar el paso e ignorar el dolor. Extendiéndose delante de mí había un estúpido laberinto de setos que
la otra noche creí que era genial.
El
cielo estaba nublado, pero dudé que la luz de luna pudiera brindarme
facilidades para mi huida. No había forma de combatir contra aquel
desorden frondoso. Debía de encontrar la salida y
llegar hacia allí.
Desafortunadamente,
cuando rodeé la casa, descubrí una verdad desafortunada: El cerco de setos estaba en todo lugar. Rodeaba la finca como
alguna clase de foso defensivo medieval. Lo peor era
que, dudaba que Galina la hubiera instalado para defensa. Ella probablemente lo había hecho por la misma razón que
tenía arañas de luces del cristal y pinturas antiguas
en los vestíbulos: Era estupendo.
Así
que, bueno, no había nada. Escogí una abertura al azar en el laberinto y
comencé a serpentear a través de el. No tenía idea de adonde ir,
ninguna táctica para salir. Las sombras acecharon en
todas partes, y a menudo no veía los callejones sin salida, hasta que ya estaba dentro de ellos. Los arbustos eran lo
suficientemente altos y yo solo era una forma pequeña
dentro de aquel laberinto, perdí de vista completamente la parte superior de la casa. Si lo habría tomado como un punto
de navegación, podría haber logrado moverme en línea
recta (o casi directamente) hacia la salida.
En
lugar de eso, no estaba enteramente segura de si iba hacia atrás o en círculos
o lo que sea. En una oportunidad, estaba bastante segura que
había pasado la misma planta de jazmín tres veces.
Intenté pensar en las historias que había leído, acerca de personas que habían navegado por laberintos. ¿Qué utilizaron?
¿Migajas de pan? ¿Hilo? No lo sabia, y mientras mas
tiempo pasaba mi tobillo se lastimaba mucho más, comencé a desanimarme. Había matado a un Strigoi en mi estado
debilitado pero no podía librarme de algunos
arbustos.
Realmente
vergonzoso.
―¡Roza!‖
La
voz fue traída por el viento, y me puse rígida. No. No podía ser.
Dimitri.
Él había sobrevivido.
―Roza,
sé que estas por allí‖, él llamó. ―Te puedo oler.‖
Tenía
el presentimiento de que él alardeaba. Él no estaba lo suficientemente cerca
como para que yo me sintiera mareada, y con el empalagoso
perfume de las flores, dudé que podría olfatearme pero-
solo si yo sudase mucho. El me estaba poniendo una carnada para que yo le diera mi posición.
Con
nueva determinación, me dirigí abajo hacia la siguiente vuelta entre los
arbustos, rezando por encontrar la salida. Ok, Dios, pensé.
Sáqueme de esto y detendré mi mierda de practicante
no-prometida. Me has enfrentado a un grupo de Strigoi por esta noche. Digo, atraparlos en medio de aquellas puertas realmente
no debió de haber funcionado, es tan claro que
usted esta metido en todo esto. Déjeme salir de aquí, y yo haré… no se.
Donare
el dinero de Adrian a los pobres. Me bautizare. Me uniré a un convento. Bueno, no. Lo ultimo, no.
Dimitri
continuó llamándome en voz alta. ―No te mataré, si te entregas. Estoy en deuda contigo. Sacaste a Galina por mí, y ahora yo estoy a
cargo. No pensaba reemplazarla tan pronto, pero eso
no es un problema. Por supuesto, no hay muchas personas a las que deba controlar ahora que Nathan y los demás están
muertos. Pero eso puede arreglarse.‖
Increíble.
Él verdaderamente había sobrevivido a esos obstáculos. Lo había dicho antes y lo digo ahora: Vivo o no-muerto, el amor de mi vida
era un dolor el en culo. No había forma de que el
pudo haber derrotado a esos tres… y no obstante, pero bueno… le había visto encargarse de locos obstáculos antes. Y
claramente su existencia era la prueba de sus habilidades.
El
camino por delante de mí se dividió, y al azar escogí el camino de la derecha.
Estaba inmerso completamente en la oscuridad, y di un suspiro
de alivio. Note que, a pesar de su lejano comentario,
yo sabia que el también se movía a través del laberinto, acercándose cada vez mas. Y a diferencia de mí, él conocía el
camino, y como salir de este lugar.
―Tampoco
estoy molesto porque me atacaste. Yo lo habría hecho en tu lugar. Es justamente una razón más por lo qué deberíamos de
estar juntos.‖
Mi
siguiente giro me hizo llegar a un pasadizo sin fin, lleno de flores nocturnas
trepadoras.
Contuve
mis maldiciones y volví hacia atrás.
―Aun
así, eres peligrosa. Si te encuentro, probablemente voy a tener que matarle. No quiero, pero comienzo a pensar que no hay remedio, que
los dos no podemos vivir en este mundo. Elije mi
opción, y te despertaré. Controlaremos el imperio de Galina juntos.‖
Casi
me reí. Aun si quisiese no podría hallarle en medio de este desorden. Si yo
tenía esa clase de habilidad. Mi estómago se arremolino un poco.
Oh no. Él se acercaba más. ¿El lo sabia? Totalmente,
no comprendía cómo asociaba la cantidad de náuseas, con su acercamiento, pero no tenia importancia. Él estaba muy
cerca, punto final. ¿Cómo de cerca el necesitaba estar
para olerme? ¿Podía oírme caminando sobre la yerba? Cada segundo le acercó más al éxito. Una vez que él encontrara
mi rastro, me atraparía. Mi corazón comenzó a correr
a mucha velocidad-como si eso fuese posible, ya a este punto-y la adrenalina bombeo a través de mí y adormeció mi
tobillo, pero aun así, seguía retrasándome.
Otro
pasadizo sin salida me hizo girar alrededor, e intenté calmarme a mí misma,
sabiendo que el pánico me haría más torpe. Todo el tiempo, esa
náusea aumentó, incrementándose.
―Aun
si logras salir, ¿dónde irás?‖ Él llamó. ―Estamos en medio de la nada.‖ Sus
palabras
fueron
venenosas, penetraron en mi piel. Si enfocaba mi atención en ellas, mi miedo ganaría, y me daría por vencida. Me enrollaría en una
bola y le dejaría venir a por mí, y no tenia ninguna
razón, por creer que el me dejaría vivir. Mi vida podía terminar en los próximos minutos.
Una
curva a mi izquierda me condujo a otra pared de hojas verdes lustrosas. Me
aparté rápidamente y me dirigí en dirección opuesta y vi-los
campos. Los trechos largos, vastos de hierba se
propagaban frente a mí, dejando paso a los árboles, esparcidos a lo lejos.
Contra
todo pronóstico había llegado a la salida.
Desafortunadamente,
las náuseas eran más fuertes ahora. La salida, él tenia que saber donde estaba. Miré con atención a mí alrededor,
percatándome de la verdad de sus palabras. Nosotros
en realidad estábamos en medio de la nada. ¿Dónde podría ir? No tenia ni idea de donde estábamos.
Allí.
A mi izquierda, vi aquel resplandor púrpura apenas perceptible en el horizonte,
que yo había notado la otra noche. No me había dado cuenta de
lo que era en ese entonces, pero ahora lo supe.
Esas
eran luces de la ciudad, Novosibirsk probablemente, si, ahí era donde la
pandilla de Galina hizo muchas de sus hazañas. Aun si no era
Novosibirsk, era civilización. Habría personas allí.
Seguridad. Podría conseguir ayuda.
Arranqué
en una carrera tan rápido como pude, mis pies golpeaban duramente en contra del suelo. Aun así, la adrenalina no podía eclipsar
tanta colisión, y pude notar el dolor subir a través de
mi pierna con cada paso. Sin embargo, el tobillo lo soporto. No baje la velocidad ni empecé a cojear. Mi aliento era duro y
rasposo, el resto de mis músculos aun estaban débiles
por todo lo que había pasado. Aun con un propósito, sabia que la ciudad estaba muy lejos.
Y
todo el tiempo, la náusea aumentó y aumentó. Dimitri estaba cerca. Él tenía que
estar fuera del laberinto, ahora, pero no podía arriesgarme
a mirar hacia atrás. Me mantuve corriendo hacia ese
resplandor púrpura en el horizonte, si bien eso significaba que estaba a punto de entrar dentro del grupo de árboles. Tal
vez, tal vez estos me protegerían.
Eres
una tonta, una parte de mi, susurro. No hay ningún lugar donde puedas
esconderte de el.
Alcancé
la delgada línea de árboles y simplemente baje mi velocidad solo un poco, jadeando y presionándome a mí mismo contra un frondoso
tronco. Yo finalmente lance una mirada hacia atrás,
excepto que no vi nada. La casa resplandeció a lo lejos, rodeada por la oscuridad del laberinto. Mi mórbido estomago no
empeoro, así que era posible que podía estar
llevándole ventaja a el. El laberinto tenía varias salidas; Él no sabía por
donde es que yo había salido.
Mi
momento de respirar termino, entonces seguí moviéndome, manteniendo el brillo
tenue de las luces de la ciudad a la vista a través de las
ramas. Sólo era cuestión de tiempo antes de que
Dimitri me encontrara. Mi tobillo no iba a dejarme hacer mucho más.
Rebasarle
se estaba volviendo poco a poco en una fantasía. Las hojas caídas,
estabansiendo trituradas mientras que caminaba, pero no podía darme el lujo de
dar un paso alrededor de ellas. Ya no tenia que preocuparme mas
por Dimitri olfateándome. El ruido me delataba.
―¡Rose!
Juro que no es demasiado tarde.‖
Atrapada.
Su voz estaba cerca. Miré alrededor frenéticamente. No le podía ver, pero si él aun estaba llamándome, probablemente tampoco podía
verme aun. El brillo de la ciudad era aun mi punto
guía, pero había árboles y oscuridad entre ella y yo. Repentinamente, una persona inesperada llego a mi mente. Tasha Ozera.
Ella era la tía de Cristian, una dama muy
formidable que era uno de los precursores de enseñarle a los Moroi a defenderse contra los Strigoi.
―Podemos
rendirnos y retirarnos y ponernos a nosotros mismos contra las esquinas por siempre‖, ella había dicho eso una vez. ―O podemos
salir y podemos conocer al enemigo en el momento y
lugar que escojamos. No ellos.‖
Ok,
Tasha, pensé. Veamos si tu consejo me mata.
Miré
alrededor y localicé un árbol con ramas que podía alcanzar. Empuje mi estaca de regreso a mi bolsillo, y me agarré de la pequeña rama
y me mecí a mí misma, hacia arriba. Mi tobillo se
quejó todo el camino, pero a pesar de eso, las ramas me servían para sujetarme bien con las manos-y para apoyar los pies.
Seguí trepando hasta que encontré una gruesa
extremidad, frondosa, que soportaría mi peso. Me moví sobre ella, quedándome cerca del tronco y cuidadosamente probé la
firmeza de la extremidad. Era resistente. Saqué la
estaca de mi bolsillo y esperé.
Un
minuto o poco después, oí el débil movimiento de las hojas mientras Dimitri se acercaba. Él estaba mucho más calmado de lo que yo lo
estaba. Su alta, y oscura forma saltó a la vista, una
sombra siniestra en la noche. Avanzó con lentitud, muy cuidadosamente, mirando alrededor y no tuve duda de
que el resto de sus otros sentidos también estuvieran
trabajando.
―Roza…‖
él habló bajo. ―Sé que estas aquí. No tienes oportunidad de correr. Ni de esconderte‖.
Su
mirada se fijo abajo. Pensó que me escondía detrás de un árbol o que estaba de cuclillas. Algunos pasos más. Eso era todo lo que yo
necesitaba de él. Mi mano comenzó a sudar contra la
estaca, pero no podía limpiármela. Estaba congelada, sujetándome fuertemente y aun no me atreví a respirar
―Roza…‖
La
voz acarició mi piel, fría y mortal. Aún registrando los alrededores, Dimitri
dio un paso adelante. Entonces otro. Y entonces otro.
Pienso
que se le ocurrió mirar hacia arriba en el mismo momento en que salte. Mi
cuerpo se estrelló contra el suyo, tirándole hacia atrás,
cayendo al piso- primero. Él inmediatamente intentó
quitarme de encima, justamente cuando intenté conducir la estaca hacia su corazón. Las señales de fatiga y pelea
estaban por todas partes en él.
Derrotar
al otro Strigoi había tomado su cuota, aunque dudé que yo estuviera en mejor forma. Luchamos cuerpo a cuerpo, y solo una vez, logré
barrer la estaca en contra de su mejilla. Él gruñó
de dolor pero conservó su pecho bien protegido. Por encima de eso, pude ver dónde le desgarre la camisa la primera vez que le
estaque. La herida ya se había curado.
―Tu.
Eres. Asombrosa,‖ dijo, sus palabras estaban llenas de orgullo y luchaban en
contra de la furia.
No
tuve energías para responderle. Mi única meta era su corazón. Peleé por
mantenerme sobre el, y al fin, mi estaca perforó su pecho pero él
era demasiado rápido.
Él
alejo mi mano, de un golpe, antes de que yo pudiese conducir la estaca
completamente hasta el final. Durante el proceso, él me arrojo lejos
de el. Volé varios pies lejos, afortunadamente no me
golpee contra los árboles. Trate de ponerme de pie, y le vi, venia hacia mí. El era rápido- pero no tan rápido como en
nuestras peleas anteriores. Íbamos a matarnos
intentando aniquilarnos el uno al otro.
Ahora,
había perdido mi ventaja, así que corrí completamente adentrándome en los árboles, sabiendo que él vendría directamente detrás
de mí. ¡Estaba segura que el podría rebasarme, pero
necesitaba simplemente una pequeña ventaja, entonces tal vez podría intentar atacarle nuevamente.
―¡Ahhh!‖
Mi
grito sonó en la noche, atravesando la quieta oscuridad. Mi pie había tropezado
con algo debajo de mí, y me deslice rápidamente por una
pronunciada ladera, incapaz de detenerme. Había unos
pocos árboles, pero las rocas y mi posición desgarbada hicieron de la caída muy dolorosa, en particular por que solo
estaba vestida con un jersey. Mientras intente mantener
la estaca, sujeta muy lejos de mí. Apenas llegue al fondo, intente estar brevemente de pie, y entonces rápidamente tropecé y
caí al agua.
Mire
fijamente alrededor. En ese preciso instante, la luna apareció entre las nubes, lanzando suficiente luz como para mostrarme un enorme
espacio de agua negra, rápida, moviéndose frente a mí.
Mire boquiabierta, completamente confundida, y entonces me gire rumbo a la ciudad. Éste era el ‗Ob‘, el río que
atravesaba de lado a lado a Novosibirsk.
El
río se dirigía directamente hacia ella. Mirando hacia atrás, vi a Dimitri quien
estaba de pie en la cima. Al contrario de mi, él aparentemente
había estado observando por donde se dirigía. Era
eso, o mi grito le había avisado oportunamente que algo estaba mal.
Le
iba a requerir menos de un minuto bajar corriendo detrás de mí, sin embargo.
Mire hacia los lados y entonces lo enfrente. Bien. Las
aguas se movían rápidamente.
Posiblemente
eran profundas. Muy amplias. Le quitarían la presión a mi tobillo, pero no estaba emocionada por mis posibilidades de no
ahogarme. En las leyendas, los vampiros no podían cruzar
por los ríos. ¡Hombre!, deseé que no solo fuera un mito.
Me
gire dos veces hacia mi izquierda y a duras penas vi una forma oscura sobre el
agua.
¿Un
puente? Era la mejor opción que tenia. Vacilé antes de ir hacia allí;
Necesitaba que Dimitri comenzara a deslizarse. No iba a irme
corriendo y dejarle arrastrarme hacia la cima. Necesitaba
tomar el tiempo de su descenso de la colina. Allí. Él dio un paso para bajar de la cima, y camine hacia abajo, por la costa,
sin mirar atrás. El puente estaba más y más cerca hacia
mí, y mientras eso, simplemente me di cuenta de cuan alto era. Lo había juzgado mal desde donde había aterrizado. Las
cuestas alrededor del puente eran muy altas, corrí
río abajo. Iba a tener un infierno mientras las subía.
No
hay problema. Me preocuparía de eso, mas tarde, lo cual quería decir, en
cuestión de treinta segundos, ya que ese, era probablemente el
tiempo que le llevaría a Dimitri alcanzarme. Y así
era, podía oír sus pies salpicando el agua poco profunda, los sonidos se oían más cerca y más cerca. Si tan sólo pudiese
alcanzar el puente, si tan sólo pudiese llegar a tierras
altas y al otro lado. La náusea surgió en mí. Una mano se fue acercando a la parte trasera de mi chaqueta, sacudiéndome con
fuerza. Caí en contra de Dimitri e inmediatamente
comencé a combatirle, intentar liberarme. Pero Dios, para eso, yo estaba tan cansada. Cada parte de mi, me dolía, y aunque el
también estaba cansado, yo lo estaba mucho peor.
―¡Detente!‖
Él gritó, agarrando mis brazos. ―¿No lo entiendes? ¡No puedes ganar!‖
―¡Entonces
mátame!‖ Me retorcí, pero su agarre en mis hombros era demasiado fuerte, y aun sujetando la estaca, no podía hacer nada en su
contra. ―Dijiste que si yo no me rendía tu lo harías.
¿Cierto?, Pues, ¿adivina qué? No lo haré. No lo haré. Así es que termina de una vez con esto.‖
La
luz fantasmal de la luna iluminó su cara, erradicando las sombras normales y
haciendo parecer a su piel rematadamente blanca en contra del
telón de fondo de la noche. Era como si todos los colores
en el mundo hubieran desaparecido. Sus ojos ciertamente se veían oscuros, pero en mi imaginación, resplandecieron
como el fuego. Su expresión era fría y calculadora.
No
es mi Dimitri.
―Haría
falta mucho mas para matarte, Rose‖, dijo. ―Esto no es suficiente.‖
No
me convenció. Aun me sujetaba fuertemente, cuando, él se inclinó hacia mí. Él
iba a morderme. Esos dientes perforarían mi piel, y me
convertiría en un monstruo como él o bebería hasta
matarme. De una u otra manera, estaría muy drogada y demasiado estúpida como para saberlo. Rose Hathaway dejaría este
mundo sin darse cuenta de eso.
El
pánico se disparó a la par a través mí- y esa parte oculta dentro de mí, me
demandaba más de esas gloriosas endorfinas. No, no. No le podía
permitir hacer eso. Cada célula en mi interior se
consumía por ese fuego, tenia que hacer algo para defenderme, atacarle, o cualquier cosa… cualquier cosa para detener esto. No
quería ser convertida. No podía ser convertida. Tenia
que hacer algo para salvarme. Todo mi ser se consumió bajo ese deseo.
Podía
sentir que no estaba en condiciones de saltar y defenderme. Mis manos podían tocarse el uno al otro, si, pero no a Dimitri. Con un
poco de trabajo, usé los dedos de mi mano izquierda
para mover y sacar fuera el anillo de Oksana. Se resbaló y se fundo en el barro, tal como los colmillos de Dimitri al tocar mi
piel.
Fue
como una explosión nuclear apagándose. Los fantasmas y espíritus que había convocado en mi camino hacia Baia rebosaban entre
nosotros. Estaban por todo el alrededor, translúcidos y
luminiscentes entre brillos de azul y verde pálido, amarillos, y plateados. Les había dado rienda suelta a todas mis
defensas, sucumbí ante mis emociones, de la manera
que no había podido hacer la primera vez que Dimitri me había atrapado. El poder de curación del anillo apenas me
había mantenido a raya hasta ahora, pero se había ido.
No había barreras sobre mi poder.
Dimitri
saltó hacia atrás, con los ojos muy abiertos. Como aquel Strigoi en el camino,
él hizo muchos movimientos, como si tratara de aplastar a
los espíritus como si fueran mosquitos. Sus manos
pasaron directamente a través de ellos, ineficaces. Su ataque también fue más o menos inútil. Físicamente no le
podían lastimar, pero podían afectar la mente, y estaban
condenados a ser solo distracción. ¿Qué había dicho Mark? Los muertos odiaban a los no-muertos. Y de la manera que los
fantasmas rodearon a Dimitri, estaba claro que lo
hacían.
Di
un paso atrás, escudriñando el suelo debajo de mí. Allí. La plata del anillo
brilló hacia mí, sobre un charco. Lo alcancé y sujete, entonces me
fui corriendo y dejé a Dimitri a su destino. Él
exactamente no gritaba, pero hacía algunos horribles sonidos. Eso me desgarró, pero continué, corriendo hacia el puente. Lo
alcancé en apenas un minuto o poco mas tarde.
Era
tan alto como temía, pero estaba decidida a hacerlo, e iba a hacerlo. Era del
tipo de puente en el que sólo un coche podía cruzar a la vez.
―He
llegado tan lejos‖, mascullé, quedándome con la mirada fija hacia los bordes de
la cima. No sólo era más alto que la caída hacia abajo
que había tenido, también era más pronunciado. Metí
en el bolsillo el anillo y la estaca y entonces extendí la mano, posando mis extremidades en el suelo. Iba a medio gatear, y
medio trepar. Mi tobillo tendría un descanso temporal;
necesitaba toda la fuerza de mi cuerpo, en la parte de arriba ahora.
Mientras
trepaba, sin embargo, comencé a notar algo. El desmayo brillaba intermitentemente en mi cabeza. Una impresión de caras
y calaveras. Y un palpitante dolor en la parte de
atrás de mi cabeza.
¡Oh
no!. Esto también me había ocurrido antes. Si entraba en estado de pánico, no
podría mantener las defensas que usualmente mantenía para
alejar a los muertos de mi misma.
Ahora
estaban tan cercanos a mí, más curiosos que buscando lucha. Pero como fueron aumentando, todo ello se volvió tan desorientador como
lo que Dimitri estaba experimentando. No me
podían lastimar, pero me desquiciaban, y el dolor de cabeza delator que vino con ellos comenzaba a hacerme marear.
Mirando atrás, hacia él, vi algo asombroso. Dimitri
estaba quedándose en silencio. Él en realidad era un dios, un dios que ponía a la muerte mas cerca a mí, con cada paso. Los
fantasmas aun le rodeaban como una nube, pero él siguió
su camino, un atormentador paso a la vez. Girándome, continué mi subida, ignorando a mis brillantes acompañantes, lo
mejor que podía.
Al
fin, llegue al borde de la cima, poniéndome en frente del puente. Apenas podía mantenerme en pie, mis músculos estaban tan débiles.
Di algunos pasos más y entonces sufrí un colapso, cayendo
sobre mis manos y rodillas. Cada vez más los espíritus daban vueltas a mi alrededor, y mi cabeza estaba próxima a
estallar. Dimitri todavía avanzaba lentamente, aun
tratando de llegar a la cima. Intenté ponerme de pie de nuevo, usando los rieles del puente para sujetarme, pero fallé. Las
ásperas barras del puente rasparon mis piernas
desnudas.
―Demonios‖
Sabía
lo que tenia que hacer para salvarme, aunque eso, podría terminar matándome, también. Metí una de mis temblorosas manos a mi
bolsillo y saqué el anillo. Temblaba tan fuerte, que creí
que iba a hacerle caer.
De
alguna manera, me sujete y logré deslizarle encima de mi dedo. Una pequeña
oleada de calor me inundo, y me cubrió una pequeña cantidad
de calor que me hizo retomar el control de mi cuerpo.
Desafortunadamente, los fantasmas aun estaban allí.
Las
huellas del miedo, de morir o ser convertida en Strigoi, aun estaban en mí,
pero habían disminuido ahora que estaba fuera de peligro
inmediato. Sintiéndome menos inestable, busqué las
barreras y el control que usualmente tenia, desesperada por alejarlos de un golpe y ahuyentar lejos a todos mis
visitantes.
―Váyanse,
váyanse, váyanse,‖ susurré, manteniendo mis ojos cerrados. El esfuerzo fue como presionar una montaña, un obstáculo imposible que
nadie podría tener la fuerza para lograrlo. Mark me
había advertido acerca de eso, el por qué no debería de hacer esto. Los muertos eran un poderoso poder, una vez que
se les llamaba, era difícil librarte de ellos. ¿Qué
había dicho el? Esos que bailaban en el borde de la oscuridad y la locura no deberían de arriesgarse a hacer eso.
―¡Aléjense!‖
Grité, lanzando mí ultimo esfuerzo en ello.
Uno
por uno, las obsesivas imágenes de mí alrededor desaparecieron. Sentí que mi
mundo volvía a su orden constitucional. Sólo que, cuando
miré hacia abajo, vi que los fantasmas también habían
dejado a Dimitri, como lo había sospechado. Y fue allí, que él comenzó a moverse de nuevo.
―Demonios‖
Mi palabra de la noche.
Logro
ponerse de pie y esta vez corrió a velocidad cuesta arriba. Otra vez, él era
más lento de lo habitual, pero aun así, era rápido.
Comencé a dar marcha atrás, sin quitarle los ojos de encima.
Deshacerme de los fantasmas me había dado más fuerza, pero no la suficiente para escapar. Dimitri había ganado.
―¿Otro
efecto del Shadow-Kissed?‖ preguntó, dando un paso sobre el puente.
―Sí.‖
Tragué. ―Resulta que a los fantasmas no les gusta mucho los Strigoi.‖
―Tu
tampoco pareces agradarles.‖
Di
un paso lento hacia atrás. ¿Dónde podría ir? Tan pronto como daría la vuelta
para correr, él me atraparía.
―Entonces,
¿fui lo suficientemente lejos como para que ya no quieras convertirme?‖ Pregunté tan alegremente como pude.
Él
me dio una sonrisa sardónica, sinuosa. ―No. Tus habilidades de shadow-kissed
tienen sus ventajas… que mal que se pierdan cuando seas
despertada.‖ Entonces. Ese aun era su plan. A pesar de
todo lo que le había enfurecido, él todavía quería mantenerme a sualrededor por
la eternidad.
―No
vas a despertarme‖, le dije.
―Rose,
no hay posibilidad de que tu…‖
―No‖.
Escalé
sobre las barras de hierro del puente, meciendo una pierna encima. Sabía lo qué tenia que ocurrir ahora. Él se congeló.
―¿Qué
estás haciendo?‖
―Te
lo dije. Moriré antes de que me conviertas en Strigoi. No seré como tú o los
demás.
No
quiero eso. Hubo una vez que tu tampoco lo quisiste.‖ Mi cara sintió la brisa
de noche chocar contra ella, el resultado de las sigilosas
lágrimas en mis mejillas.
Mecí
mi otra pierna encima y miré con atención hacia abajo, hacia el agua que se
movía velozmente. Estábamos mucho más arriba, que de dos
pisos. Si cayera con fuerza contra el agua, y si
lograba sobrevivir, no tenia la fuerza suficiente como para nadar y salvarme.
Mientras
miraba fijamente hacia abajo, contemplando mi muerte, recordé la vez que Dimitri y yo nos sentamos en el asiento trasero de un
SUV, discutiendo sobre este mismo tema.
Esa
había sido la primera vez que nos habíamos sentado cerca uno del otro, y cada
lugar en el que nuestros cuerpos se tocaron había estado
caliente y maravilloso. Él había olido bien, era ese
perfume de cuando estaba vivo, ese perfume se había ido ahora, me percaté y había estado mucho mas relajado que lo usual, casi
apunto de sonreír. Habíamos hablado de lo que para el
significaba estar vivo y tener el control de su alma y lo qué le significaba convertirse en un de los no-muerto, perder
el amor y la luz de la vida y todo lo demás.
Nos
miramos una vez más y la muerte era mucho mejor que este destino. Ahora,
mirando
hacia
Dimitri, estaba de acuerdo.
―Rose,
no lo hagas.‖ Oí cierto pánico en su voz. Si él me perdiese por el borde,
entonces me habré ido. Ningún Strigoi. Ningún despertar. Para
que yo sea convertida, él necesitaba matarme bebiendo
de mi sangre y entonces tendría que alimentarme con su sangre. Si yo saltase, el agua me mataría, no sangraría. Le tomaría
mucho tiempo encontrarme en el río.
―Por
favor‖, él imploró. Había una nota de sufrimiento en su voz, uno que me
sobresaltó.
Retorció
mi corazón. También me recordó mucho al Dimitri vivo, el que no era un monstruo. El que había cuidado de mí y me había amado,
quien había creído en mí y había hecho el amor
conmigo. Este Dimitri, el que no era ninguna de esas cosas, se acerco dos pasos cuidadosos hacia mí, entonces volvió
a hablar. ―Necesitamos estar juntos.‖
―¿Por
qué?‖ Pregunté suavemente. La palabra fue remolcada por el viento, pero él la escuchó.
―Porque
te quiero‖
Le
di una sonrisa amarga, preguntándome si nos reencontraríamos en la tierra de
los muertos. ―Mala respuesta‖ le dije.
Me
deje caer.
Y
él estaba justo allí, corriendo a velocidad hacia mí con esa alocada velocidad
Strigoi mientras comencé a caer. Él extendió la mano y atrapó
uno de mis brazos, arrastrándome de regreso sobre
las barras de hierro. Bueno, su avance fue medio lento. Y el sujeto sólo una parte; El resto de mi todavía se mantenía sobre el
río.
―¡Deja
de combatirme!‖ Él dijo, intentando ponerme por encima de su brazo y sostenerme mejor.
Él
mismo se encontraba en una posición precaria, sobrepasando las barras, intentó apoyarse lo suficientemente bien como para arrastrarme
y sujetarme fijamente.
―¡Suéltame!‖
le grite.
Pero
él era demasiado fuerte y logró transportar la mayor parte de mí sobre la reja,
lo suficiente a fin de que no estuviese en peligro total
de volverme a caer.
¡Verán,
he aquí el asunto! En el mismo instante que dejo de jalarme, yo en realidad
había estado contemplando mi muerte. Había llegado a un
acuerdo con eso y lo había aceptado.
Yo
también, sin embargo, sabía que Dimitri podía hacer algo exactamente así. Él simplemente era rápido, y que bueno que lo era. Porque
mientras eso pasaba, yo sujetaba mi estaca en la
mano libre.
Le
mire de frente. ―Siempre te amaré.‖
Entonces
le clavé la estaca en su pecho.
No
fue un golpe tan preciso como me habría gustado, no con la experta manera que
él tenia de esquivar. Puse el máximo empeño en meter la
estaca lo suficientemente profunda hacia su corazón,
insegura de poder hacerlo desde este ángulo. Entonces, su lucha se detuvo. Sus ojos aturdidos se clavaron en los míos,
sorprendido, sus labios se abrieron, casi en una
sonrisa, dolorosa y grotesca.
―Se
suponía que yo diría eso…‖ Se quedo sin aliento. Esas fueron sus últimas
palabras.
Su
intento fallido de evadir la estaca le había hecho perder el equilibrio al
borde. La magia de la estaca facilitó el resto, aturdiéndolo a el y
sus reflejos.
Dimitri
cayó.
Casi
me llevo con él, y a duras penas logré liberarme de él y aferrarme a la barra
de hierro. Él estaba cayendo, bajo la negrura del Ob. Un
momento más tarde él desapareció de mi vista.
Me
quedé con la mirada fija tras él, preguntándome si le vería en el agua si
mirase lo suficientemente duro de reojo. Pero no lo hice. El río
era demasiado oscuro y lejano.
Las
nubes se movieron hacia atrás sobre la luna, y la oscuridad inundo todo de
nuevo. Por un momento, me quede con la mirada fija hacia abajo y
me di cuenta de lo que acababa de hacer, quise lanzarme
tras él, porque seguramente no había manera de que yo siguiera viviendo ahora.
Tienes
que hacerlo. Mi voz interior fue mucho más apaciguadora y más confidente de lo que había sido. El antiguo Dimitri quería que tú
vivieras. Si tú en realidad le amas, entonces tienes
que seguir.
Con
un tembloroso aliento, salté el riel y di un paso hacia atrás en el puente, sorprendentemente agradecida por su seguridad. No
sabía como seguiría viviendo, pero sabía que quería
hacerlo. No iba a sentirme segura hasta estar en tierra firme, y con mi cuerpo sufriendo una crisis nerviosa, comencé a cruzar
el puente un paso a la vez. Cuando llegue al otro
lado, tenía muchas opciones. ¿Seguir el río o la carretera? Uno del otro, se salían del curso ligeramente, pero ambos se dirigían
rumbo a las luces de la ciudad. Opté por la carretera.
No quise estar cerca del río. No quería pensar en lo que había ocurrido.
No
podía pensar acerca de eso. Mi cerebro se rehusaba. Preocúpate primero por mantenerte viva. Entonces después te preocuparas por
vivir.
La
carretera, era claramente rural, plana y apiñada y hecha para facilitarle el
camino a cualquier otro. Una lluvia ligera comenzó a caer, lo
cual acaba de añadirle más dolor a la lesión. Me mantuve
queriendo sentarme y descansar, para acurrucarme en una pelota y no pensar en nada más. No, no, no. La luz. Tenia que
ir hacia la luz. Eso casi me hizo a mí soltar una
carcajada. Era realmente gracioso. Yo era alguien que había tenido una experiencia entre la vida y la muerte. Entonces me
reí. La noche entera estaba llena de experiencias
cercanas a la muerte.
Esto
era solo una pequeña parte de ella. Era también lo último, y tanto como anhelé
llegar a la ciudad, esta estaba muy lejos. No estoy segura de
cuánto tiempo caminé antes de que finalmente tuviese
que detenerme y sentarme.
Un
momento, me decidí. Iba a descansar solo por un momento y luego seguiría
adelante.
Tenia
que mantenerme en movimiento. Si por alguna loca probabilidad yo no le hubiese dado en el corazón, Dimitri podía salir trepando del
río de un momento a otro. U otro Strigoi
superviviente podría estar persiguiéndome justo ahora.
Pero
no me levanté al momento. Pienso que pude haberme quedado dormida, y honestamente no sé cuánto tiempo había estado sentada
allí, cuando unos focos delanteros repentinamente
me incitaron a mantenerme en alerta. Un coche bajó la velocidad y se detuvo. Logré ponerme de pie,
preparándome psicológicamente.
Ningún
Strigoi salió. En lugar de eso, un humano anciano lo hizo. Me miró fijamente y
dijo algo en ruso. Negué con la cabeza y di un paso. Él se
apoyó en el coche y dijo algo, y un momento más tarde,
una mujer mayor se unió a él. Ella me miró y sus ojos se ampliaron, cara compasiva. Ella dijo algo que sonaba suave y me
alargó su mano, cuidadosamente en la manera en la
que seria acercarse a un fiero animal. Clavé los ojos en ella por varios y pesados segundos, entonces señalé el horizonte
púrpura.
―Novosibirsk‖,
dije.
Ella
siguió mi gesto y asintió. ―Novosibirsk.‖ Ella me señaló y entonces señalo
hacia el coche. ―Novosibirsk.‖
Vacilé
un largo rato y entonces le dejé conducirme al asiento trasero. Se sacó su
abrigo y lo extendió sobre mí, y entonces pude de ver que
estaba mojada por la lluvia. Tenia que estar hecha una
calamidad después de todo lo que había pasado esta noche. Fue asombroso que se hubieran detenido. El hombre viejo
comenzó a conducir otra vez, y en ese momento, se me
ocurrió que pude haber entrado en un coche con asesinos en serie. Pero entonces, ¿Que tan diferente seria eso del resto
de mi noche?
El
dolor mental y físico comenzaba a arrastrarme abajo, y con mi último esfuerzo,
moje mis labios y con mi voz apagada lance otra gema de mi vocabulario
ruso.
―¿Pazvaneet?
La mujer se giro hacia mí por la sorpresa. No
estaba segura de si había dicho bien la palabra. Sólo
podría haberle pedido un teléfono público en lugar de un móvil o tal vez había preguntado por una jirafa pero esperanzadamente
el mensaje salió independientemente. Un momento más tarde, ella metió
la mano en su bolso y me dio un móvil. Aun en Siberia,
todo el mundo estaba conectado. Alcance el móvil, y marqué el numero que me había aprendido de memoria. Una voz
propia de una mujer me contesto. ―Alló.
―¿Sydney?
Soy Rose…
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