sábado, 20 de diciembre de 2014

Capítulo 24 BLOOD PROMISE

Capítulo 24
Avery era una usuaria del espíritu.
-"OH, mierda."
Me senté en la cama, con mi mente confundida. Nunca lo habría visto venir. Demonios, ni siquiera lo sospeche. Avery había hecho una buena demostración de ser un usuario de aire. Cada Moroi tenía un nivel muy bajo de control para cada elemento. Había hecho lo suficiente con el aire para hacer parecer que era su especialidad. Nadie lo había cuestionado porque honestamente, ¿quien iba a esperar tener a otro usuario del espíritu alrededor? Y estando fuera de la escuela, no tenía ninguna razón para ser probada o forzada a demostrar su capacidad. No había nadie allí para hacerlo.
Cuanto más pensaba en ello, más veía los signos que estaban allí. La encantadora personalidad, la forma en que podía hablar con la gente de la nada. ¿Cuantas otras de sus interacciones eran controladas por el espíritu? Y eso era posible... ¿Era posible que la atracción de Adrián se debiera al uso de compulsión de su parte? Yo no tenía razón para sentirme feliz por eso, pero... Bueno, lo hice.
Yendo más al punto, ¿qué quiere Avery con Lissa? Que Avery estuviera interesada en Adrián no era algo demasiado raro. Él era guapo y venia de una familia importante. Era el gran sobrino-nieto de la reina, y aunque los miembros de la familia del monarca actual no podían heredar el trono inmediatamente después de su fallecimiento, tendría un buen futuro, siempre se mantendría en los más altos círculos de la sociedad.
Sin embargo, ¿Lissa? ¿Cual era el juego de Avery allí? ¿Qué podía ganar? El comportamiento de Lissa tenía sentido ahora - las fiestas habituales, los raros estados de ánimo, los celos, las peleas con Christian... Avery estaba presionando a Lissa al borde, causando que tomara decisiones horribles. Avery estaba utilizando algún tipo de compulsión para que Lissa estuviera fuera de control, y poniendo su vida en peligro. ¿Por qué? ¿Qué quiere Avery?
No importaba. El por qué no era importante. El cómo, si…, como voy a salir de aquí y volver a mi mejor amiga.
Me miré a mí misma, en el delicado vestido de seda que llevaba. De repente, me odie.
Era un signo de cómo había sido, débil e inútil. Rápidamente me lo quité y revolví en el armario. Se habían llevado mis pantalones vaqueros y mi camiseta, pero por lo menos me habían permitido mantener mi sudadera. Me puse el sweater verde, ya que era lo más firme que tenía, me sentí moderadamente más capaz. Me puse la capucha sobre la cabeza. Apenas me hizo sentir como una guerrera tonta, pero igualmente me sentía más competente. Suficientemente vestida para la acción, regresé a la sala y comencé a moverme, ya que tendía a ayudarme a pensar mejor, no es que tuviera alguna razón para creer que iba a tener nuevas ideas repentinamente. Había estado intentándolo durante días y no tuve suerte. Nada iba a cambiar.
-"¡Maldita sea!", Grité, sintiéndome mejor con el estallido. Enojada, tome una silla, y me sorprendí por haberla simplemente arrojado contra la pared en mi frustración.
La silla se tambaleó, levemente.
Con el ceño fruncido, me levanté y la mire. Todos los demás muebles en este lugar eran artísticos. Era curioso que tuvieran una silla defectuosa. Me arrodillé y la examine más de cerca. Allí, en una de las patas, había una grieta cerca de donde la pata se unía con el asiento. Me quedé mirando. Todo el mobiliario era fuerte, sin articulaciones evidentes.
Debería haberlo sabido, habiendo pasado tanto tiempo golpeando esta silla contra la pared el primer día que llegué. Ni siquiera la había revisado.
¿Cuando se habría formado esta grieta? "golpearla" una y otra vez no le había hecho nada.
Pero yo no había sido la única que la golpeó.
Ese primer día, había peleado con Dimitri y fui detrás de él con la silla.
El me la había sacado y la arrojo contra la pared. Yo nunca le había prestado atención de nuevo, después de haber renunciado a romperla. Cuando más tarde había intentado romper la ventana, había utilizado una mesa, porque era más pesada. Mi fuerza no había sido capaz de dañar la silla, pero la fuerza de Dimitri si.
Cogí la silla y de inmediato di un golpe duro a la ventana, con la esperanza de que podría matar dos pájaros de un tiro. Nop. Ambas se mantuvieron intactas. Así que lo hice de nuevo. Y otra vez. Perdí la cuenta de cuántas veces golpee la silla contra la ventana. Mis manos estaban heridas, y yo sabía que a pesar de mi pronta recuperación, todavía no estaba a pleno rendimiento. Era desesperante.
Por último, en el que sentía como mi milésimo intento, mire la silla y vi que la grieta se había vuelto más grande. El progreso renovó mi voluntad y mi fuerza.
Golpeaba y golpeaba, ignorando el dolor en mis manos. Por fin, oí un chasquido y la pata se rompió. La cogí y me quede asombrada. La ruptura no había sido limpia. Estaba astillada. ¿Seria lo suficientemente afilada para ser una estaca? no estaba segura. Pero sabía que era un hecho que la madera era difícil de usar, pero si la utilizaba con la fuerza suficiente, podría ser capaz de golpear el corazón de un Strigoi. No lo mataría, pero el golpe sería paralizante. No sabía si sería lo suficiente como para sacarme de aquí, pero era todo lo que tenía ahora. Y diablos, era mucho más de lo que había tenido hasta hace una hora.
Me senté en la cama, recuperándome de mi batalla con la silla y lanzando la estaca improvisada de atrás hacia adelante. Muy bien. Tenía un arma. Pero ¿qué podía hacer con ella? La cara de Dimitri brilló en mi mente. Maldita sea.
No había ninguna duda al respecto. Él era el objetivo obvio, con el que tendría que tratar en primer lugar.
De repente, la puerta hizo clic y se abrió, yo observe alarmadamente. Rápidamente, empuje la silla a un rincón oscuro mientras el pánico corría por mí. No, no.
No estaba lista. Aun no me había convencido totalmente a mí misma de estacarlo.
Era Inna. Llevaba una bandeja, pero no usaba su habitual expresión de subordinada. La breve mirada que me dio estaba llena de odio. No sabía porque tenía que estar enojada conmigo. Yo no le había causado ningún daño.
Todavía.
Caminé como si fuera a examinar la bandeja. Levante la tapa, vi un sándwich de jamón, patatas fritas y pan francés. Se veía bien, no había comido en bastante tiempo, pero la adrenalina corriendo a través de mí había empujado el apetito hasta el fondo. Miré hacia ella, sonriendo dulcemente. Ella disparó puñales con la mirada.
No dudes, Dimitri siempre había dicho eso.
Yo no.
Me lancé a Inna, la tire con tanta fuerza contra el suelo, que golpeé su cabeza. Parecía aturdida, pero se recuperó rápidamente y trató de luchar contra mí. Yo no estaba drogada esta vez - bueno, no mucho - y mis años de formación y fuerza natural, finalmente se mostraron de nuevo. Apreté el cuerpo contra ella, manteniéndola con firmeza en su lugar.
Entonces, saque la estaca que había escondido y apreté la punta afilada en su cuello.
Era como estar de vuelta en los días de caza de Strigoi en los callejones. Ella no podía ver que mi arma era la pata de una silla, pero la punta obtuvo su atención mientras la clavaba en su garganta.
-"El código", le dije. "¿cual es el código?"
Su única respuesta fue una serie de obscenidades en ruso. Bueno, no era una sorpresa, considerando que probablemente no me entendió. Pasé a través de las escasas palabras en ruso que tenia en mi cabeza. Había estado en el país el tiempo suficiente para recoger algo de su vocabulario. Aunque ciertamente era equivalente a alguien de dos años de edad, pero ni siquiera ellos podían comunicarse.
-"Números", dije en ruso. "Puerta". Al menos, eso es lo que yo esperaba estar diciendo.
Ella me dijo más cosas descorteces, con desafiante expresión. Realmente fue como los interrogatorios a los Strigoi. Mi estaca presionando, la sangre fluyendo, y me tuve que contener un poco. Podría preguntarme si tenia la fuerza suficiente para llegar al corazón de un Strigoi con esto, pero ¿cortar la vena de un ser humano? Era pan comido. Ella tambaleó un poco, al parecer, dándose cuenta de lo mismo.
Una vez más, traté de hablar con mi horrible ruso.
-"Matarte. No Nathan. Nunca… ".
¿Cuál era la palabra? El servicio de la iglesia volvió a mí, y esperaba tener razón.
-"Nunca vida eterna."
Eso le llamó la atención. Nathan y la vida eterna. Las cosas más importantes para ella.
Se mordió los labios, aún enojada, pero su indiferencia se había detenido.
-"Números. Puerta ", repetí.
Empujé mas la estaca, y ella gritó de dolor.
Al fin habló, recito una serie de dígitos. Números rusos, algo que yo había aprendido de memoria bastante bien, por lo menos. Ya que eran esenciales para direcciones y números de teléfono. Dijo siete números.
-"Una vez más,‖ dije.
Se lo hice repetir tres veces, esperaba recordarlos. Pero aun había más. Estaba segura de que en la puerta exterior habría un código diferente.
-"Números. Puerta. Dos. "
Me sentí como un hombre de las cavernas.
Inna me miró, sin decir nada.
-"Puerta. Dos."
El entendimiento brillo en sus ojos, y miró enojada. Creo que ella esperaba que no me diera cuenta de que la otra puerta tenía su propio código. Profundizar el corte con la estaca hizo que gritara siete números más. Una vez más, se los hice repetir, dándome cuenta de que no tenía manera de saber si ella me estaba diciendo la verdad, al menos hasta que probara los números. Por esa razón, decidí llevarla conmigo.
Me sentí culpable de lo que hice después, pero eran momentos de desesperación. En el entrenamiento de guardianes, me habían enseñado tanto a matar como a incapacitar.
Hice esto último esta vez, golpeando su cabeza contra el suelo y dejándola inconsciente.
Su expresión se aflojó, y sus parpados se cerraron. Diablos.
Me había rebajado a lastimar seres humanos adolescentes.
De pie, me dirigí a la puerta e introduje el primer conjunto de números, Tenía la esperanza de que funcionaran. Para mi sorpresa total y absoluta, lo hicieron.
La cerradura electrónica hizo clic, pero antes de que pudiera abrir la puerta, escuche otro clic. Alguien había abierto la puerta exterior.
-"Mierda", murmuré.
Me aparté de la puerta de inmediato, tome el cuerpo inconsciente de Inna, y corrí al cuarto de baño. La puse en la tina tan suavemente como fue posible y acababa de cerrar la puerta del baño cuando oí la puerta principal abriéndose.
Sentí la señal de náuseas que me revelaba que un Strigoi estaba cerca. Sabía que los Strigoi podían oler a los seres humanos, así que esperaba que cerrar la puerta sería suficiente para esconder el olor de Inna. Salí de la sala y encontré a Dimitri en la sala. Le sonreí y corrí a sus brazos.
-"Has vuelto", dije alegremente.
Él me abrazó brevemente y luego retrocedió.
-"Sí".
Parecía un poco satisfecho con el saludo, pero pronto su rostro estaba concentrado en el negocio.
-"¿Has tomado tu decisión?"
Ningún hola. Ningún ¿Cómo te sientes? Mi corazón se hundió. Este no era Dimitri.
-"Tengo más preguntas".
Me acerqué a la cama y me acosté de una manera casual, como siempre lo hacia.
Me siguió después de unos momentos y se sentó en el borde, mirándome.
-"¿Cuánto tiempo tomará?", pregunté. "¿Cuando me despertare? ¿Es instantáneo?"
Una vez más, me lance a una sesión de interrogatorio. Sinceramente, me estaba quedando sin preguntas, y en este punto, realmente no quería saber las complejidades de cada Strigoi. Estaba cada vez más agitada, con cada momento que pasaba. Tenía que actuar. Tenia que hacer uso de mi fugaz oportunidad aquí.
Y sin embargo... antes de poder actuar, tuve que asegurarme de que esto realmente no era Dimitri. Fue estúpido. Ya debía saberlo. Podía ver los cambios físicos. Había visto su frialdad y brutalidad. Lo había visto venir fresco después de matar. Este no era el hombre que yo había amado. Y sin embargo... por un momento fugaz...
Con un suspiro, Dimitri se tendió a mi lado.
-"Rose", interrumpió, "Si no te conociera mejor, diría que estás tratando de ganar tiempo."
Sí, incluso como un Strigoi, Dimitri sabía cómo pensaba y maquinaba. Entendí que si iba a ser convincente, tenía que dejar de hacerme la tonta y recordar como era Rose Hathaway.
Puse una mirada de indignación.
-"Por supuesto que lo estoy! Este es un asunto muy importante. He venido aquí a matar, y ahora me estás pidiendo que te acompañe. ¿Crees que esto es fácil para mí?"
-"¿Crees que ha sido fácil para mí esperar tanto tiempo", preguntó. "Los únicos que tienen opciones son los Moroi que voluntariamente matan, como los Ozeras. Nadie tiene elección.
Yo no tuve otra opción."
-"¿Y no te arrepientes de eso?"
-"No, no ahora. Ahora que soy lo que estaba destinado a ser. "
Él frunció el ceño.
-"Lo único dañado es mi orgullo, el que Nathan me obligara a convertirme y que actúe como si estuviera en deuda con él me molesta. Es por eso que estoy siendo amable al darte la opción, para proteger tu orgullo."
Lindo, ¿eh? Lo miré y sentí a mi corazón destrozarse de nuevo. Fue como escuchar la noticia de su muerte una vez más. De repente tuve miedo de llorar. No. Nada de lágrimas.
Dimitri había hablado siempre de presas y depredadores. Yo tenía que ser el depredador.
-"¡Estás sudando!", dijo de repente. "¿Por qué?"
Maldición, maldición, maldición. Por supuesto, estaba sudando. Estaba contemplando
estacar el hombre que amé, o pensé que había amado. Y junto con el sudor, seguro estaba emitiendo feromonas de agitación. Los Strigoi podían oler todas esas cosas, también.
-"Porque tengo miedo", dije en voz baja.
Me apoyé y acaricie el borde de su cara, tratando de memorizar todas sus características.
Los ojos. El cabello. La forma de sus pómulos. En mi imaginación, lo cubría con las cosas que recordaba. Sus ojos oscuros. Su piel bronceada. Su dulce sonrisa.
-"Yo... Creo que estoy lista, pero es... No lo sé. Es una cosa tan grande".
-"Será la mejor decisión de tu vida, Roza."
Mi respiración era cada vez más rápida, y rogué que él pensara que era por mi temor de ser cambiada.
-"Dímelo otra vez. Una vez más. ¿Por qué quieres despertarme tan desesperadamente?"
Una mirada cansada cruzó su rostro.
-"Porque te quiero. Siempre te he querido.‖
Y fue entonces cuando lo supe. Finalmente me di cuenta del problema. El me había dado la misma respuesta una y otra vez, y cada vez, algo me había molestado. Nunca había sido capaz de localizarlo, sin embargo. Ahora podía. Él me quería.
Me quería en la manera en que la gente quiere posesiones. El Dimitri que yo había conocido... de quien me había enamorado... habría dicho que quería que estuviéramos juntos, porque me amaba.
No había amor aquí.
Le sonreí. Me incline y lo bese suavemente. Él probablemente pensó que lo hacía por las razones de siempre, fuera de la atracción y el deseo. En verdad, fue un beso de despedida. Su boca respondió a la mía, con sus labios cálidos y ansiosos. Extendí el beso un poco más, tanto para luchar contra las lágrimas que se escapaban de mis ojos como para adormecerlo a un estado mas confiado. Mi mano se cerró alrededor de la pata de la silla, que había escondido en el bolsillo de mi sudadera.
Nunca olvidaré a Dimitri, lo recordaría por el resto de mi vida. Y esta vez, no olvidaría las lecciones.
Con una velocidad para la que no estaba preparado, lo empuje y hundí la estaca en su pecho. Mi fuerza estaba allí, deslizando la estaca, pasando por las costillas y directo a su corazón.

Y mientras lo hice, sentí como se perforaba mi propio corazón, al mismo tiempo.

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