Capítulo 24
Avery
era una usuaria del espíritu.
-"OH,
mierda."
Me
senté en la cama, con mi mente confundida. Nunca lo habría visto venir.
Demonios, ni siquiera lo sospeche. Avery había hecho una buena
demostración de ser un usuario de aire. Cada Moroi
tenía un nivel muy bajo de control para cada elemento. Había hecho lo suficiente con el aire para hacer parecer que era su
especialidad. Nadie lo había cuestionado porque
honestamente, ¿quien iba a esperar tener a otro usuario del espíritu alrededor? Y estando fuera de la escuela, no tenía
ninguna razón para ser probada o forzada a demostrar
su capacidad. No había nadie allí para hacerlo.
Cuanto
más pensaba en ello, más veía los signos que estaban allí. La encantadora personalidad, la forma en que podía hablar con la
gente de la nada. ¿Cuantas otras de sus interacciones eran
controladas por el espíritu? Y eso era posible... ¿Era posible que la atracción de Adrián se debiera al uso de compulsión de
su parte? Yo no tenía razón para sentirme feliz por
eso, pero... Bueno, lo hice.
Yendo
más al punto, ¿qué quiere Avery con Lissa? Que Avery estuviera interesada en Adrián no era algo demasiado raro. Él era guapo y
venia de una familia importante. Era el gran sobrino-nieto
de la reina, y aunque los miembros de la familia del monarca actual no podían heredar el trono inmediatamente después de su
fallecimiento, tendría un buen futuro, siempre se
mantendría en los más altos círculos de la sociedad.
Sin
embargo, ¿Lissa? ¿Cual era el juego de Avery allí? ¿Qué podía ganar? El comportamiento de Lissa tenía sentido ahora - las
fiestas habituales, los raros estados de ánimo, los celos,
las peleas con Christian... Avery estaba presionando a Lissa al borde, causando que tomara decisiones horribles. Avery estaba
utilizando algún tipo de compulsión para que Lissa
estuviera fuera de control, y poniendo su vida en peligro. ¿Por qué? ¿Qué quiere Avery?
No
importaba. El por qué no era importante. El cómo, si…, como voy a salir de aquí
y volver a mi mejor amiga.
Me
miré a mí misma, en el delicado vestido de seda que llevaba. De repente, me
odie.
Era
un signo de cómo había sido, débil e inútil. Rápidamente me lo quité y revolví
en el armario. Se habían llevado mis pantalones vaqueros y
mi camiseta, pero por lo menos me habían permitido
mantener mi sudadera. Me puse el sweater verde, ya que era lo más firme que tenía, me sentí moderadamente más capaz. Me
puse la capucha sobre la cabeza. Apenas me hizo
sentir como una guerrera tonta, pero igualmente me sentía más competente. Suficientemente vestida para la acción,
regresé a la sala y comencé a moverme, ya que tendía a
ayudarme a pensar mejor, no es que tuviera alguna razón para creer que iba a tener nuevas ideas repentinamente.
Había estado intentándolo durante días y no tuve
suerte. Nada iba a cambiar.
-"¡Maldita
sea!", Grité, sintiéndome mejor con el estallido. Enojada, tome una silla,
y me sorprendí por haberla simplemente arrojado contra la
pared en mi frustración.
La
silla se tambaleó, levemente.
Con
el ceño fruncido, me levanté y la mire. Todos los demás muebles en este lugar
eran artísticos. Era curioso que tuvieran una silla
defectuosa. Me arrodillé y la examine más de cerca. Allí, en
una de las patas, había una grieta cerca de donde la pata se unía con el asiento. Me quedé mirando. Todo el mobiliario era
fuerte, sin articulaciones evidentes.
Debería
haberlo sabido, habiendo pasado tanto tiempo golpeando esta silla contra la pared el primer día que llegué. Ni siquiera la había
revisado.
¿Cuando
se habría formado esta grieta? "golpearla" una y otra vez no le había
hecho nada.
Pero
yo no había sido la única que la golpeó.
Ese
primer día, había peleado con Dimitri y fui detrás de él con la silla.
El
me la había sacado y la arrojo contra la pared. Yo nunca le había prestado
atención de nuevo, después de haber renunciado a romperla. Cuando
más tarde había intentado romper la ventana, había
utilizado una mesa, porque era más pesada. Mi fuerza no había sido capaz de dañar la silla, pero la fuerza de
Dimitri si.
Cogí
la silla y de inmediato di un golpe duro a la ventana, con la esperanza de que
podría matar dos pájaros de un tiro. Nop. Ambas se
mantuvieron intactas. Así que lo hice de nuevo. Y otra vez.
Perdí la cuenta de cuántas veces golpee la silla contra la ventana. Mis manos estaban heridas, y yo sabía que a pesar de mi
pronta recuperación, todavía no estaba a pleno
rendimiento. Era desesperante.
Por
último, en el que sentía como mi milésimo intento, mire la silla y vi que la
grieta se había vuelto más grande. El progreso renovó mi
voluntad y mi fuerza.
Golpeaba
y golpeaba, ignorando el dolor en mis manos. Por fin, oí un chasquido y la pata se rompió. La cogí y me quede asombrada. La ruptura no
había sido limpia. Estaba astillada. ¿Seria lo
suficientemente afilada para ser una estaca? no estaba segura. Pero sabía que era un hecho que la madera era difícil de
usar, pero si la utilizaba con la fuerza suficiente, podría
ser capaz de golpear el corazón de un Strigoi. No lo mataría, pero el golpe sería paralizante. No sabía si sería lo
suficiente como para sacarme de aquí, pero era todo lo que tenía
ahora. Y diablos, era mucho más de lo que había tenido hasta hace una hora.
Me
senté en la cama, recuperándome de mi batalla con la silla y lanzando la estaca improvisada de atrás hacia adelante. Muy bien. Tenía
un arma. Pero ¿qué podía hacer con ella? La cara de
Dimitri brilló en mi mente. Maldita sea.
No
había ninguna duda al respecto. Él era el objetivo obvio, con el que tendría
que tratar en primer lugar.
De
repente, la puerta hizo clic y se abrió, yo observe alarmadamente. Rápidamente, empuje la silla a un rincón oscuro mientras el pánico
corría por mí. No, no.
No
estaba lista. Aun no me había convencido totalmente a mí misma de estacarlo.
Era
Inna. Llevaba una bandeja, pero no usaba su habitual expresión de subordinada.
La breve mirada que me dio estaba llena de odio. No sabía
porque tenía que estar enojada conmigo. Yo no le había
causado ningún daño.
Todavía.
Caminé
como si fuera a examinar la bandeja. Levante la tapa, vi un sándwich de jamón, patatas fritas y pan francés. Se veía bien, no había
comido en bastante tiempo, pero la adrenalina
corriendo a través de mí había empujado el apetito hasta el fondo. Miré hacia ella, sonriendo dulcemente. Ella disparó puñales con
la mirada.
No
dudes, Dimitri siempre había dicho eso.
Yo
no.
Me
lancé a Inna, la tire con tanta fuerza contra el suelo, que golpeé su cabeza.
Parecía aturdida, pero se recuperó rápidamente y trató de
luchar contra mí. Yo no estaba drogada esta vez - bueno,
no mucho - y mis años de formación y fuerza natural, finalmente se mostraron de nuevo. Apreté el cuerpo contra ella, manteniéndola
con firmeza en su lugar.
Entonces,
saque la estaca que había escondido y apreté la punta afilada en su cuello.
Era
como estar de vuelta en los días de caza de Strigoi en los callejones. Ella no
podía ver que mi arma era la pata de una silla, pero la punta
obtuvo su atención mientras la clavaba en su garganta.
-"El
código", le dije. "¿cual es el código?"
Su
única respuesta fue una serie de obscenidades en ruso. Bueno, no era una
sorpresa, considerando que probablemente no me entendió. Pasé a
través de las escasas palabras en ruso que tenia en mi
cabeza. Había estado en el país el tiempo suficiente para recoger algo de su vocabulario. Aunque ciertamente era
equivalente a alguien de dos años de edad, pero ni
siquiera ellos podían comunicarse.
-"Números",
dije en ruso. "Puerta". Al menos, eso es lo que yo esperaba estar
diciendo.
Ella
me dijo más cosas descorteces, con desafiante expresión. Realmente fue como los interrogatorios a los Strigoi. Mi estaca presionando,
la sangre fluyendo, y me tuve que contener un poco.
Podría preguntarme si tenia la fuerza suficiente para llegar al corazón de un Strigoi con esto, pero ¿cortar la vena de un ser
humano? Era pan comido. Ella tambaleó un poco, al
parecer, dándose cuenta de lo mismo.
Una
vez más, traté de hablar con mi horrible ruso.
-"Matarte.
No Nathan. Nunca… ".
¿Cuál
era la palabra? El servicio de la iglesia volvió a mí, y esperaba tener razón.
-"Nunca
vida eterna."
Eso
le llamó la atención. Nathan y la vida eterna. Las cosas más importantes para
ella.
Se
mordió los labios, aún enojada, pero su indiferencia se había detenido.
-"Números.
Puerta ", repetí.
Empujé
mas la estaca, y ella gritó de dolor.
Al
fin habló, recito una serie de dígitos. Números rusos, algo que yo había
aprendido de memoria bastante bien, por lo menos. Ya que eran
esenciales para direcciones y números de teléfono. Dijo
siete números.
-"Una
vez más,‖ dije.
Se
lo hice repetir tres veces, esperaba recordarlos. Pero aun había más. Estaba
segura de que en la puerta exterior habría un código diferente.
-"Números.
Puerta. Dos. "
Me
sentí como un hombre de las cavernas.
Inna
me miró, sin decir nada.
-"Puerta.
Dos."
El
entendimiento brillo en sus ojos, y miró enojada. Creo que ella esperaba que no
me diera cuenta de que la otra puerta tenía su propio
código. Profundizar el corte con la estaca hizo que
gritara siete números más. Una vez más, se los hice repetir, dándome cuenta de que no tenía manera de saber si ella me
estaba diciendo la verdad, al menos hasta que probara
los números. Por esa razón, decidí llevarla conmigo.
Me
sentí culpable de lo que hice después, pero eran momentos de desesperación. En
el entrenamiento de guardianes, me habían enseñado tanto
a matar como a incapacitar.
Hice
esto último esta vez, golpeando su cabeza contra el suelo y dejándola
inconsciente.
Su
expresión se aflojó, y sus parpados se cerraron. Diablos.
Me
había rebajado a lastimar seres humanos adolescentes.
De
pie, me dirigí a la puerta e introduje el primer conjunto de números, Tenía la esperanza de que funcionaran. Para mi
sorpresa total y absoluta, lo hicieron.
La
cerradura electrónica hizo clic, pero antes de que pudiera abrir la puerta,
escuche otro clic. Alguien había abierto la puerta exterior.
-"Mierda",
murmuré.
Me
aparté de la puerta de inmediato, tome el cuerpo inconsciente de Inna, y corrí
al cuarto de baño. La puse en la tina tan suavemente como
fue posible y acababa de cerrar la puerta del baño cuando
oí la puerta principal abriéndose.
Sentí
la señal de náuseas que me revelaba que un Strigoi estaba cerca. Sabía que los Strigoi podían oler a los seres humanos, así que
esperaba que cerrar la puerta sería suficiente para
esconder el olor de Inna. Salí de la sala y encontré a Dimitri en la sala. Le sonreí y corrí a sus brazos.
-"Has
vuelto", dije alegremente.
Él
me abrazó brevemente y luego retrocedió.
-"Sí".
Parecía
un poco satisfecho con el saludo, pero pronto su rostro estaba concentrado en
el negocio.
-"¿Has
tomado tu decisión?"
Ningún
hola. Ningún ¿Cómo te sientes? Mi corazón se hundió. Este no era Dimitri.
-"Tengo
más preguntas".
Me
acerqué a la cama y me acosté de una manera casual, como siempre lo hacia.
Me
siguió después de unos momentos y se sentó en el borde, mirándome.
-"¿Cuánto
tiempo tomará?", pregunté. "¿Cuando me despertare? ¿Es
instantáneo?"
Una
vez más, me lance a una sesión de interrogatorio. Sinceramente, me estaba quedando sin preguntas, y en este punto, realmente no
quería saber las complejidades de cada Strigoi.
Estaba cada vez más agitada, con cada momento que pasaba. Tenía que actuar. Tenia que hacer uso de mi fugaz oportunidad
aquí.
Y
sin embargo... antes de poder actuar, tuve que asegurarme de que esto realmente
no era Dimitri. Fue estúpido. Ya debía saberlo. Podía ver
los cambios físicos. Había visto su frialdad y
brutalidad. Lo había visto venir fresco después de matar. Este no era el hombre que yo había amado. Y sin embargo... por un momento
fugaz...
Con
un suspiro, Dimitri se tendió a mi lado.
-"Rose",
interrumpió, "Si no te conociera mejor, diría que estás tratando de ganar tiempo."
Sí,
incluso como un Strigoi, Dimitri sabía cómo pensaba y maquinaba. Entendí que si
iba a ser convincente, tenía que dejar de hacerme la tonta y
recordar como era Rose Hathaway.
Puse
una mirada de indignación.
-"Por
supuesto que lo estoy! Este es un asunto muy importante. He venido aquí a
matar, y ahora me estás pidiendo que te acompañe. ¿Crees que
esto es fácil para mí?"
-"¿Crees
que ha sido fácil para mí esperar tanto tiempo", preguntó. "Los
únicos que tienen opciones son los Moroi que voluntariamente matan, como
los Ozeras. Nadie tiene elección.
Yo
no tuve otra opción."
-"¿Y
no te arrepientes de eso?"
-"No,
no ahora. Ahora que soy lo que estaba destinado a ser. "
Él
frunció el ceño.
-"Lo
único dañado es mi orgullo, el que Nathan me obligara a convertirme y que actúe como si estuviera en deuda con él me molesta. Es por
eso que estoy siendo amable al darte la opción, para
proteger tu orgullo."
Lindo,
¿eh? Lo miré y sentí a mi corazón destrozarse de nuevo. Fue como escuchar la noticia de su muerte una vez más. De repente tuve
miedo de llorar. No. Nada de lágrimas.
Dimitri
había hablado siempre de presas y depredadores. Yo tenía que ser el depredador.
-"¡Estás
sudando!", dijo de repente. "¿Por qué?"
Maldición,
maldición, maldición. Por supuesto, estaba sudando. Estaba contemplando
estacar
el hombre que amé, o pensé que había amado. Y junto con el sudor, seguro estaba emitiendo feromonas de agitación. Los Strigoi
podían oler todas esas cosas, también.
-"Porque
tengo miedo", dije en voz baja.
Me
apoyé y acaricie el borde de su cara, tratando de memorizar todas sus
características.
Los
ojos. El cabello. La forma de sus pómulos. En mi imaginación, lo cubría con las
cosas que recordaba. Sus ojos oscuros. Su piel bronceada. Su
dulce sonrisa.
-"Yo...
Creo que estoy lista, pero es... No lo sé. Es una cosa tan grande".
-"Será
la mejor decisión de tu vida, Roza."
Mi
respiración era cada vez más rápida, y rogué que él pensara que era por mi
temor de ser cambiada.
-"Dímelo
otra vez. Una vez más. ¿Por qué quieres despertarme tan desesperadamente?"
Una
mirada cansada cruzó su rostro.
-"Porque
te quiero. Siempre te he querido.‖
Y
fue entonces cuando lo supe. Finalmente me di cuenta del problema. El me había
dado la misma respuesta una y otra vez, y cada vez, algo me
había molestado. Nunca había sido capaz de
localizarlo, sin embargo. Ahora podía. Él me quería.
Me
quería en la manera en que la gente quiere posesiones. El Dimitri que yo había conocido... de quien me había enamorado... habría
dicho que quería que estuviéramos juntos, porque me
amaba.
No
había amor aquí.
Le
sonreí. Me incline y lo bese suavemente. Él probablemente pensó que lo hacía
por las razones de siempre, fuera de la atracción y el deseo.
En verdad, fue un beso de despedida. Su boca
respondió a la mía, con sus labios cálidos y ansiosos. Extendí el beso un poco más, tanto para luchar contra las lágrimas que
se escapaban de mis ojos como para adormecerlo a un
estado mas confiado. Mi mano se cerró alrededor de la pata de la silla, que había escondido en el bolsillo de mi
sudadera.
Nunca
olvidaré a Dimitri, lo recordaría por el resto de mi vida. Y esta vez, no
olvidaría las lecciones.
Con
una velocidad para la que no estaba preparado, lo empuje y hundí la estaca en
su pecho. Mi fuerza estaba allí, deslizando la estaca, pasando
por las costillas y directo a su corazón.
Y
mientras lo hice, sentí como se perforaba mi propio corazón, al mismo tiempo.
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