viernes, 12 de diciembre de 2014

Capítulo 3 BLOOD PROMISE

Capítulo 3
―Espera - ¿Qué? Exclamé.
Esto no estaba en el plan. No estaba para nada en él. Intentaba asimilarlo. Rusia es lo más de incógnito posible. Además, no me entusiasmaba mucho el hecho de tener una acompañante – particularmente una que parecía odiarme.
No sabía cuanto tiempo tomaría ir a Siberia – un par de días, creo – y no podía imaginar pasarlos escuchando a Sydney hablar sobre qué malvada y poco normal estaba siendo yo.
Tragándome mi indignación, intenté razonar. Después de todo, le estaba haciendo un favor con eso.
―Eso no es necesario,‖ dije, forzando una sonrisa. ―Muy amable por tu parte ofrecerlo, pero no quiero causarte ninguna molestia.
―Bueno, replicó ella secamente, ―No hay que darle más vueltas. Y no estoy siendo amable. No ha sido mi elección. Es una orden de mis superiores.
―Suena un poco insoportable para ti. ¿Por qué no me dices donde es y les damos esquinazo?
―Tú obviamente no sabes para quién trabajo.
―No me hace falta. Ignoro a la autoridad todo el tiempo. No es difícil una vez que te
acostumbras.
―¿Sí? ¿Y Cómo te las arreglarás para encontrar este pueblo?‖ preguntó con burla. ―Mira, si quieres ir allí, este es el único modo.
Bien – era el único modo por el que yo podía ir allí, si usaba a Sydney para informarme. Siempre podía volver a marcar con estacas el Ruiseñor… pero me tomaría mucho tiempo conseguir una pista del lugar. Mientras tanto, ella estaba aquí delante de mí con la información que necesitaba.
―¿Por qué?‖ pregunté. ―¿Por qué tienes que ir tú también?
―No te puedo decir eso. Lo esencial: ellos me lo dijeron.
Encantador. La miré, intentando comprender lo que estaba haciendo aquí. ¿Por qué demonios a alguien – y mucho menos a humanos metidos en el mundo Moroi – le importaría adonde fuera a parar una dhampir adolescente? No creo que Sydney tuviera algún motivo oculto – a no ser que ella fuera una muy, muy buena actriz. Aún, claramente las persones para las que ella trabajaba tenían una agenda, y no me gustaba meterme en el plan de nadie. Al mismo tiempo, estaba ansiosa por seguir con esto. Cada día que pasaba era otro día más que no encontraba a Dimitri.
―¿Cuánto falta para que podamos salir?‖ pregunté por fin. Sydney, decidí, era una burócrata. Ella no había mostrado una verdadera habilidad en seguirme la pista antes. Seguramente no sería difícil deshacerse de ella una vez estemos lo bastante cerca del pueblo de Dimitri. Ella parecía no estar de acuerdo con cualquiera de mis respuestas, casi como si hubiera esperado que me negara y entonces ella se echaría a un lado. Ella no quería venir conmigo más de lo que yo quería. Abriendo su bolso, sacó su móvil otra vez, jugueteando con él un par de minutos, y finalmente sacó algún horario de tren. Ella me mostró el horario para el día siguiente.
―¿Te va bien esto?
Estudie la pantalla y asentí. ―Se donde está esta estación. Puedo estar allí.
―Bien. Ella se levantó y dejó algo de efectivo en la mesa. ―Te veré mañana. Empezó a alejarse y después se volvió para mirarme. ―Ah, y te puedes quedar con el resto de mis patatas fritas.
Cuando vine a Rusia por primera vez, me alojé en un albergue juvenil. Seguramente tenía el dinero suficiente para quedarme en algún otro sitio, pero quise permanecer bajo el radar. Además, el lujo no había sido nunca lo primero en mi mente. Cuando comencé a ir al Ruiseñor, me encontré con que me costaba volver a una pensión de estudiantes mochileros mientras llevara puesto un vestido de diseñador. Así que ahora me estaba alojando en un hotel elegante, lleno de tipos que siempre mantenían las puertas abiertas y un vestíbulo con el suelo de mármol. El vestíbulo era tan grande que creo que un albergue entero hubiera cabido en él. O quizá dos albergues. Mi habitación era grande y demasiado sobrecargada, y estaba agradecida de poder pillarla al fin para quitarme los tacones y el vestido. Me di cuenta con sólo una pequeña punzada de remordimiento que tendría que dejar atrás los vestidos que había comprado en San Petersburgo. Quería guardar mi luz de equipaje mientras recorría todo el país, y aunque mi mochila fuera grande, había mucho de lo que podía llevarme. Ah bien. Aquellos vestidos le harían el día a alguna señora de la limpieza, no lo dudaba. El poco adorno que realmente necesitaba era mi nazar, un colgante en forma de ojo azul. Había sido un regalo de mi madre, que ha su vez fue un regalo de mi padre. Siempre lo llevaba colgando del cuello.
Nuestro tren con destino a Moscu salía tarde por la mañana, y después tendríamos que coger un tren campo a través hacia Siberia. Quise estar bien descansada y preparada para todo aquello. Una vez en mi pijama, me acurruqué bajo mi pesado edredón de cama y esperé que el sueño viniera pronto. En cambio, mi mente le dio vueltas a todas las cosas que habían pasado últimamente. La situación de Sydney era un tanto extraña pero una que yo podía manejar. Siempre y cuando nos limitásemos al transporte público, ella apenas podría llevarme hasta las garras de sus misteriosos superiores. Y por lo que ella dijo sobre nuestro horario de viajes, tan sólo nos tomaría un par de días o así alcanzar el pueblo. Dos días parecían extremadamente largos y extremadamente cortos a la vez.
Quería decir que bien podría enfrentarme a Dimitri en unos pocos días… y después ¿qué? ¿Podría hacerlo? ¿Podría matarlo? Y aún si decidiera que sí, ¿tendría realmente la habilidad para dominarlo? Las mismas preguntas que me había hecho las últimas dos semanas seguían rondándome una y otra vez. Dimitri me había enseñado todo lo que sabía, y con los reflejos mejorados de los Strigoi, él realmente sería el dios que yo siempre bromeaba que era. La muerte era una verdadera posibilidad para mí.
Pero preocupándome no sería útil ahora mismo y, examinando el reloj de la habitación, descubrí que había estado despierta por lo menos durante una hora. Eso no era bueno.
Necesitaba estar en plena forma. Así que hice algo que sabía que no debería hacer, pero que siempre conseguía que librara a mi mente de mis grandes preocupaciones porque implicaba estar en la mente de alguien más.
Meterme dentro de la cabeza de Lissa requirió solo una pequeña cantidad de concentración por mi parte. No sabia si lo podría hacer estando tan lejos de ella, pero había descubierto que el proceso no era diferente que si estuviera junto a ella.
Era casi mediodía en Montana, y hoy Lissa no tenía clases muy duras para levantar un muro mental entre nosotras, casi completamente apartando de su mente a ella y a sus pensamientos. Ahora, dentro de ella, todas las barreras estaban caídas, y sus emociones me golpearon como un tsunami. Ella estaba muy cabreada. Realmente cabreada.
―¿Por qué piensa ella que puede chasquear sus dedos y tenerme allí donde y cuando ella quiera? gruño Lissa.
―Porque ella es la reina. Y porque hiciste un pacto con el diablo.
Lissa y su novio, Christian, estaban parados sin hacer nada en el ático de la capilla de la escuela. Tan pronto como reconocí los alrededores, cerca estuve de salirme de su cabeza.
Ellos dos habían tenido demasiados encuentros ―románticos‖ allí arriba, y no quería quedarme si las ropas pronto iban a ser arrancadas. Afortunadamente – o tal vez no – sus molestos sentimientos me decían que no habría sexo hoy, no con su mal humor. Era un tanto irónico, de hecho. Sus papeles se habían intercambiado.
Lissa era la furiosa mientras que Christian permanecía tranquilo y sereno, intentando aparentar tranquilidad por ella. Él se sentó en el suelo, apoyándose contra la pared, mientras que ella se sentaba delante de él, sus piernas separadas y sus brazos sujetándose. Ella apoyó su cabeza en su pecho y suspiró.
―¡En las últimas semanas, he hecho todo lo que ella me ha pedido!"
―Vasilisa, por favor enséñale a esta estúpida visita real los alrededores del campus.
―Vasilisa, por favor súbete a un avión el fin de semana para que te pueda presentar a algunas aburridos oficiales aquí en la Corte. ―Vasilisa, por favor ponte de voluntaria con los estudiantes jóvenes. Será bien visto. A pesar de la frustración de Lissa, no pude evitar una pequeña sonrisa. Simulaba la voz de la Reina Tatiana a la perfección.
―Harías lo último de buena gana, señaló Christian.
―Sí… lo suyo sería de buena gana. Odio su tentativa de dictar cada parte de mi vida últimamente.
Christian se inclinó y besó su mejilla. ―Como dije, hiciste un pacto con el diablo. Tú eres suquerida ahora. Ella quiere asegurarse de que tú la estás haciendo verse bien.
Lissa frunció el ceño. Aunque los Moroi vivían dentro de los países humanos y estaban sujetos a esos gobiernos, ellos también estaban reglados por un rey o reina que provenía de una de las doce familias reales Moroi. La Reina Tatiana – una Ivashkov – era la actual, y había cogido un interés particular a Lissa como último miembro vivo de la familia Dragomir. Como tal, Tatiana le había hecho un trato a Lissa. Si Lissa vivía en la Corte después de la graduación de St. Vladimir, la reina lo arreglaría para que ella asistiera a la Universidad de Lehigh en Pennsylvania. Lissa era una empollona y pensó que viviendo en el hogar de Tatiana lo valdría para asistir a una universidad semi-grande y prestigiosa, a diferencia de los diminutos Moroi que normalmente iban ahí (por razones de seguridad).
Como Lissa estaba descubriendo, sin embargo, las condiciones para aquel trato ahora estaban ya en su lugar. ―Y me siento y lo tomo, dijo Lissa. ―Sólo sonrío y digo: Sí, su majestad. ¿Quiere algo, su majestad?
―Entonces dile que no hay trato. Tendrás dieciocho en un par de meses. Real o no, no estás bajo ninguna obligación. No la necesitas para ir a una escuela grande. Nosotros nos ocuparemos de eso, tú y yo. Ve a la universidad que quieras. O no vayas para nada a la universidad. Podemos escaparnos a Paris o algo y trabajar en un pequeño café. O vendemos pinturas malas en las calles.
Esto hizo que Lissa se riera, y se acurrucara más cerca de Christian. ―Cierto. Puede verte teniendo la suficiente paciencia para servir a la gente. Estarías despedido en tu primer día.
Parece como que el único modo en que nosotros podamos sobrevivir es si voy a la universidad y nos mantengo.
―Hay otras formas de ir a la universidad, ya sabes.
―Si, pero ninguna es buena,‖ dijo ella melancólicamente. ―Al menos, no así de fácil. Esta es la única manera. Sólo deseo poder tener todo esto y hacerle frente a ella un poco. Rose lo haría.
―Rose hubiera conseguido que la detuvieran por traición la primera vez que Tatiana le hubiera mandado hacer algo.
Lissa sonrió tristemente. ―Sí. Ella lo habría hecho. La sonrisa se tornó en un suspiro. ―La hecho muchísimo de menos Christian la besó otra vez. ―Lo sé.‖ Esta era una conversación familiar entre ellos, una que nunca envejecía porque los sentimientos de Lissa para mí nunca se marchitaban. ―Ella esta bien, lo sabes. Donde sea que este, ella esta bien.
Lissa miró fijamente a la oscuridad del ático. La única luz provenía de una vidriera de colores que hacía que el lugar entero pareciera un país de las hadas. El lugar había sido recientemente limpiado a fondo – por mí y por Dimitri, de hecho. Esto sólo había sido un par de meses atrás, pero ahora, polvo y cajas se acumulaban una vez más. El sacerdote de aquí era un tipo agradable pero tenía la manía de guardar toda clase de cosas. Lissa no notó nada de esto, creo. Sus pensamientos estaban demasiado centrados en mí.
―Eso espero. Desearía tener alguna idea – cualquier idea – de donde esta ella. Sigo pensando que si algo le pasará, si ella-‖ Lissa no pudo terminar su pensamiento. ―Bueno, sigo pensando que de algún modo lo sabría. Que yo lo sentiría. Quiero decir, sé que el vínculo es unidireccional… eso nunca ha cambiado. Pero tendría que saber si algo le pasara, ¿verdad?
―No lo sé, dijo Christian. ―Quizá. O Quizá no.‖ Cualquier otro chico habría dicho algo demasiado dulce y reconfortante, convenciéndola de que sí, con un sí, por supuesto que lo sabrías. Pero esto formaba parte de la naturaleza de Christian de ser brutalmente honesto.
A Lissa le gustaba eso de él. Así que a mí también. No siempre le hacía ser un amigo agradable, pero al menos sabías que él no te estaba toreando.
Ella suspiró de nuevo. ―Adrián dice que está bien. Visita sus sueños. Yo daría lo que fuera por poder hacer eso. Mi curación va a mejor, y tengo la cosa del aura tumbada. Pero nada de sueños aún.
El saber que Lissa me echaba de menos dolía casi más que si me hubiera dado completamente por perdida. Nunca había querido hacerle daño. Incluso cuando me había molestado con ella por sentir como que ella estaba controlando mi vida, nunca la había odiado. La quería como a una hermana y no podía soportar el pensamiento de ella sufriendo ahora por mí. ¿Cómo se habían podido fastidiar tanto las cosas entre nosotras?
Ella y Christian siguieron sentados allí en el reconfortante silencio, sacando fuerzas y amor el uno y del otro. Ellos tenían lo que Dimitri y yo habíamos tenido, un sentido de tal unidad y familiaridad que a menudo no hacían falta las palabras. Él pasó sus dedos por su pelo, y aunque no podía verlo muy bien a través de sus ojos, podía imaginarme el camino que el pálido pelo reluciría en la luz del arco iris de las vidrieras de colores. Él metió algunos largos mechones de su pelo detrás de su oreja y después inclinó su cabeza atrás, trayendo sus labios hacia los suyos. El beso empezó suave y dulce y luego despacio se intensificó, el calor extendiéndose de su boca a la suya.
Uh-oh, pensé. Puede que fuera ya hora de salir después de todo. Pero ella lo terminó antes de que pudiera hacerlo.
―Es la hora, dijo ella con pesar. ―Tenemos que irnos.
La mirada en los ojos azul cristalino de Christian dijo otra cosa. ―Puede que este sea el momento perfecto para que tú le hagas frente a la reina. Deberías quedarte aquí – sería una buena manera de fortalecer tu carácter.
Lissa le dio un codazo con suavidad y después le plantó un beso en su frente antes de levantarse. ―Esto no es porque tu quieres que me quede, así que no intentes ni jugar conmigo.
Dejaron la capilla, y Christian masculló algo sobre querer hacer más que jugar lo que hizo ganarse otro codazo. Se dirigieron hacia el edificio de administración, que estaba en el corazón del campus de la escuela superior. Aparte de los primeros rubores de primavera, todo se veía igual que estaba cuando me marché – al menos en el exterior. Los edificios de piedra seguían grandiosos e imponentes. Los altos y viejos árboles continuaban su guardia. Pero, dentro de los corazones del personal y de los estudiantes, las cosas habían cambiado. Todo el mundo tenia cicatrices del ataque. Muchos de los nuestros habían sido asesinados, y mientras las clases se alzaban y volvían a funcionar, aún todos se apenaban.
Lissa y Christian llegaron a su destino: el edificio de administración. Ella no sabía la razón de su convocatoria, sólo que Tatiana quería que conociera a algún tipo real que acababa de llegar a la Academia. Considerando la cantidad de personas que Tatiana la estaba forzando a conocer últimamente, Lissa no pensó demasiado en ello. Ella y Christian pasaron a la oficina principal, donde encontraron a la Directora Kirova sentada y hablando con un viejo Moroi y una chica de nuestra edad.
―Ah, señorita Dragomir. Aquí esta.
Me había metido en un montón de problemas con Kirova mientras había sido una estudiante, pero viéndola ahora me hacia sentir nostalgia. Obtener suspensos por comenzar una pelea en clase parecía muchísimo mejor que ir vagando por Siberia en busca de Dimitri. Kirova tenía la misma apariencia de pájaro que había tenido siempre, las mismas gafas equilibradas al final de su nariz. El hombre y la chica se levantaron, y Kirova los señaló.
―Estos son Eugene Lazar y su hija Avery. Kirova se volvió hacia Lissa. ―Estos son Vasilisa Dragomir y Christian Ozera.
Un momento de evaluación vino después. Lazar era un nombre real, pero eso no era sorprendente desde que Tatiana había iniciado este encuentro. El Sr. Lazar le dio a Lissa una sonrisa triunfante cuando estrechó su mano. Él parecía un poco sorprendido de encontrarse con Christian, pero la sonrisa permaneció. Por supuesto, este tipo de reacción hacia Christian no era nada inusual.
Las dos maneras de convertirse en Strigoi eran por elección o por la fuerza. Un Strigoi podía convertir a otra persona – humano, Moroi o dhampir – por el hecho de beber su sangre y después alimentándose de la sangre del Strigoi que volvía a ellos. Esto fue lo que le pasó a Dimitri. La otra manera de convertirse en Strigoi era únicamente para los Moroi – y esta se hacía por elección. El Moroi que intencionadamente escogía matar a una persona al beber su sangre también se convertía en Strigoi. Normalmente, los Moroi solo bebían cantidades pequeñas, no mortales, de los humanos dispuestos. Pero ¿Tomando tanto que esto destruía la fuerza vital de otro? Bien, esto convertía al Moroi al lado oscuro, llevándose su magia elemental y transformándolos en retorcidos no muertos.
Esto fue exactamente lo que habían hecho los padres de Christian. Ellos habían matado por voluntad propia y se habían convertido en Strigoi para conseguir la vida eterna.
Christian nunca había mostrado ningún deseo de convertirse en Strigoi, pero todos actuaban como si lo estuviera a punto de hacer. (Hay que reconocer que su actitud mordaz no siempre ayudaba.) Muchos de sus familiares cercanos también – a pesar de ser de la realeza - le habían estado evitando injustamente. Él y yo nos habíamos unido para dar unas cuantas patadas a los culos de los Strigoi durante el ataque, pensé. Lo que pasó persuadió y mejoró su reputación.
Kirova no era de esas que perdían el tiempo con formalidades, así que fue directa a la cuestión. ―El Sr. Lazar será el nuevo director aquí.
Lisa aún se mantuvo sonriéndole a él educadamente, pero su cabeza inmediatamente giró hacia Kirova. ―¿Qué?
―Voy a ceder mi puesto. explicó Kirova, con voz plana y bastante impasible para rivalizar con cualquier guardián. ―Aunque todavía seguiré sirviendo a la escuela como profesora.
―¿Usted nos va a dar clase?‖ Preguntó Christian incrédulo.
Ella le dirigió una mirada lacónica. ―Si, Sr. Ozera. Es lo que originariamente vine a hacer.
Estoy segura de que si me esfuerzo lo suficiente, podré recordar como se hacia.
―¿Pero por qué? preguntó Lissa. ―Usted hace un gran trabajo.
Eso era más o menos cierto. A pesar de mis disputas con Kirova – normalmente sobre mí rompiendo las reglas – yo aún le tenía un sano respeto. Lissa también lo hacia.
―Es algo que había pensado hacer desde hace algún tiempo, explicó Kirova. ―Ahora parece tan buen momento como cualquier otro, y el Sr. Lazar es un administrador muy capaz.
Lissa era bastante buena leyendo a la gente. Creo que esto formaba parte de los efectos secundarios del espíritu, junto con cómo el espíritu les hacia a sus usuarios muy, muy carismáticos. Lissa pensaba que Kirova estaba mintiendo, y así yo también lo pensé. Si hubiera podido leer la mente de Christian, mi conjetura hubiera sido que él sentía lo mismo. El ataque a la Academia había hecho que mucha gente entrara en pánico, en particular a la realeza, aún cuando el problema que había conducido al ataque hacia mucho que había sido arreglado. Adivinaba que la mano de Tatiana había trabajado en ello aquí, forzando a Kirova a ceder su puesto y haciendo que alguien de la realeza tomara su puesto, de esta manera haciendo que las otras familias reales se sintieran mejor.
Lissa no dejo mostrar sus pensamientos, y se volvió hacia el Sr. Lazar. ―Bien, encantada de conocerle. Estoy segura que hará un buen trabajo. Si hay algo que pueda hacer por usted, hágamelo saber.
Ella estaba interpretando el papel de princesa a la perfección. El ser educada y dulce era
uno de sus muchos talentos.
―De hecho, dijo el Sr. Lazar, ―lo hay.‖ El tenía una voz profunda y retumbante, de las que llenan una habitación. Él señaló hacia su hija. ―Me preguntaba si usted podría enseñarle a Avery los alrededores y ayudarla a encontrar su lugar aquí. Ella se graduó el año pasado pero me ayudará en mis deberes. Pese a todo, estoy seguro de que se lo pasará mejor malgastando el tiempo con alguien de su misma edad.
Avery se rió, y por primera vez, Lissa le prestó verdadera atención. Avery era hermosa.
Impresionante. Lissa también era Hermosa, entre aquel magnífico pelo y los ojos verde jade que caracterizaban a su familia. Yo pensé que Lissa era cien veces más bonita que Avery, pero al lado de la más grande, Lissa se sintió como menos agraciada. Avery era alta y esbelta como la mayoría de los Moroi pero tenía unas pocas curvas sexys añadidas.
Ese tipo de pecho, como el mío, era codiciado entre los Moroi, y su largo pelo castaño y sus ojos azul grisáceo completaban el paquete.
―Prometo no ser demasiado incordio, dijo Avery. ―Y si tú quieres, te daré algunos consejos privilegiados de la vida en la Corte. He oído que vas a mudarte allí.
Instantáneamente, las defensas de Lissa se alzaron. Ella se dio cuenta de lo que estaba pasando. No sólo había expulsado Tatiana a Kirova, había enviado a alguien para que vigilara a Lissa. Una hermosa y perfecta compañera que podría espiar a Lissa y podría tratar de entrenarla bajo los principios de Tatiana. Las palabras de Lissa fueron perfectamente educadas cuando habló, pero había un filo helado en su voz.
―Eso será estupendo,‖ dijo ella. ―Estoy bastante ocupada últimamente, pero podemos intentar encontrar un momento.
Ni el padre de Avery ni Kirova parecieron notar el trasfondo de sus palabras, pero algo brilló en los ojos de Avery que le dijo a Lissa que había captado el mensaje.
―Gracias, dijo Avery. A no ser que estuviera equivocada, había algún daño legítimo en su cara. ―Estoy segura de que algo se nos ocurrirá.
―Bien, bien dijo el Sr. Lazar, totalmente ajeno al drama de la chica. ―¿Tal vez puedas mostrar a Avery la casa de invitados? Ella se aloja en el ala este.
―Claro, dijo Lissa, deseando poder hacer cualquier cosa menos eso.
Ella, Christian y Avery empezaron a marcharse, pero justo entonces, dos chicos entraron en la sala. Una era un Moroi, un poco más pequeño que nosotras, y el otro era un dhampir en sus veinte – un guardia, a judgar por sus serios y duros rasgos.
―Ah, hay estás dijo el Sr. Lazar, haciéndole señas a ellos. Posó su mano en el hombro del chico. ―Este es mi sobrino Reed. Él es un menor y tomará clases aquí. Esta muy emocionado por eso.
De hecho, Reed no se veía para nada emocionado. Él era con diferencia el chico más hosco que alguna vez hubiera visto. Si alguna vez tuviera que interpretar el papel de un adolescente disgustado, podría haber aprendido todo lo que habría que saber de Reed Lazar. Él tenía el mismo aspecto y los mismos rasgos que Avery, pero estos se estropeaban por una mueca que parecía permanentemente pegada a su cara. El Sr. Lazar presentó a Reed a los demás. La única respuesta de Reed fue un gutural ―Eh.
―Y este es Simon, el guardián de Avery, siguió el Sr. Lazar. ―Desde luego, mientras este en el campus, no necesitará estar con ella todo el tiempo. Ya sabes como va. De todos modos, estoy seguro que lo verás por aquí.
Espero que no. No parecía tan completamente desagradable como Reed, pero tenía una cierta naturaleza severa que parecía extrema incluso entre guardianes. De repente, me compadecí de Avery.
Si esta era su única compañía, yo querría desesperadamente hacerme amigo de alguien como Lissa. Lissa, sin embargo, dejo claro que ella no formaría parte de los esquemas de Tatiana. Con poca conversación, ella y Christian escoltaron a Avery a la casa de invitados y enseguida se marcharon. Normalmente, Lissa se hubiera quedado para ayudar a Avery a asentarse y se hubiera ofrecido para comer con ella más tarde. No esta vez. No con segundas intenciones en marcha.

Regresé a mi propio cuerpo, de vuelta en el hotel. Sabía que no debía preocuparme por la vida de la Academia nunca más y que debería incluso sentirme mal por Avery. Todavía tendida allí y mirando fijamente en la oscuridad, yo no podía evitar sacarme alguna engreída - y sí, muy egoísta- satisfacción de este encuentro: Lissa no conseguiría un nuevo mejor amigo en un futuro cercano.

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