Capítulo 3
―Espera
- ¿Qué? Exclamé.
Esto
no estaba en el plan. No estaba para nada en él. Intentaba asimilarlo. Rusia es
lo más de incógnito posible. Además, no me entusiasmaba
mucho el hecho de tener una acompañante –
particularmente una que parecía odiarme.
No
sabía cuanto tiempo tomaría ir a Siberia – un par de días, creo – y no podía
imaginar pasarlos escuchando a Sydney hablar sobre qué malvada
y poco normal estaba siendo yo.
Tragándome
mi indignación, intenté razonar. Después de todo, le estaba haciendo un favor con eso.
―Eso
no es necesario,‖ dije, forzando una sonrisa. ―Muy amable por tu parte
ofrecerlo, pero no quiero causarte ninguna molestia.
―Bueno,
replicó ella secamente, ―No hay que darle más vueltas. Y no estoy siendo amable. No ha sido mi elección. Es una orden de mis
superiores.
―Suena
un poco insoportable para ti. ¿Por qué no me dices donde es y les damos esquinazo?
―Tú
obviamente no sabes para quién trabajo.
―No
me hace falta. Ignoro a la autoridad todo el tiempo. No es difícil una vez que
te
acostumbras.
―¿Sí?
¿Y Cómo te las arreglarás para encontrar este pueblo?‖ preguntó con burla.
―Mira, si quieres ir allí, este es el único modo.
Bien
– era el único modo por el que yo podía ir allí, si usaba a Sydney para
informarme. Siempre podía volver a marcar con estacas el Ruiseñor… pero me
tomaría mucho tiempo conseguir una pista del
lugar. Mientras tanto, ella estaba aquí delante de mí con la información que necesitaba.
―¿Por
qué?‖ pregunté. ―¿Por qué tienes que ir tú también?
―No
te puedo decir eso. Lo esencial: ellos me lo dijeron.
Encantador.
La miré, intentando comprender lo que estaba haciendo aquí. ¿Por qué demonios a alguien – y mucho menos a humanos metidos
en el mundo Moroi – le importaría adonde fuera a
parar una dhampir adolescente? No creo que Sydney tuviera algún motivo oculto – a no ser que ella fuera una muy,
muy buena actriz. Aún, claramente las persones para
las que ella trabajaba tenían una agenda, y no me gustaba meterme en el plan de nadie. Al mismo tiempo, estaba ansiosa por
seguir con esto. Cada día que pasaba era otro día más
que no encontraba a Dimitri.
―¿Cuánto
falta para que podamos salir?‖ pregunté por fin. Sydney, decidí, era una burócrata. Ella no había mostrado una verdadera
habilidad en seguirme la pista antes. Seguramente no sería difícil deshacerse
de ella una vez estemos lo bastante cerca del pueblo de Dimitri.
Ella parecía no estar de acuerdo con cualquiera de mis respuestas, casi como si hubiera esperado que me negara y entonces ella
se echaría a un lado. Ella no quería venir conmigo más
de lo que yo quería. Abriendo su bolso, sacó su móvil otra vez, jugueteando con él un par de minutos, y finalmente
sacó algún horario de tren. Ella me mostró el horario
para el día siguiente.
―¿Te
va bien esto?
Estudie
la pantalla y asentí. ―Se donde está esta estación. Puedo estar allí.
―Bien.
Ella se levantó y dejó algo de efectivo en la mesa. ―Te veré mañana. Empezó a alejarse y después se volvió para mirarme. ―Ah, y te
puedes quedar con el resto de mis patatas fritas.
Cuando
vine a Rusia por primera vez, me alojé en un albergue juvenil. Seguramente
tenía el dinero suficiente para quedarme en algún otro
sitio, pero quise permanecer bajo el radar. Además, el
lujo no había sido nunca lo primero en mi mente. Cuando comencé a ir al Ruiseñor, me encontré con que me costaba volver a
una pensión de estudiantes mochileros mientras
llevara puesto un vestido de diseñador. Así que ahora me estaba alojando en un hotel elegante, lleno de tipos que
siempre mantenían las puertas abiertas y un vestíbulo con
el suelo de mármol. El vestíbulo era tan grande que creo que un albergue entero hubiera cabido en él. O quizá dos albergues. Mi
habitación era grande y demasiado sobrecargada, y
estaba agradecida de poder pillarla al fin para quitarme los tacones y el vestido. Me di cuenta con sólo una pequeña punzada de
remordimiento que tendría que dejar atrás los vestidos
que había comprado en San Petersburgo. Quería guardar mi luz de equipaje mientras recorría todo el país, y aunque mi
mochila fuera grande, había mucho de lo que podía
llevarme. Ah bien. Aquellos vestidos le harían el día a alguna señora de la limpieza, no lo dudaba. El poco adorno que realmente
necesitaba era mi nazar, un colgante en forma de ojo
azul. Había sido un regalo de mi madre, que ha su vez fue un regalo de mi padre. Siempre lo llevaba colgando del
cuello.
Nuestro
tren con destino a Moscu salía tarde por la mañana, y después tendríamos que coger un tren campo a través hacia Siberia. Quise
estar bien descansada y preparada para todo aquello. Una
vez en mi pijama, me acurruqué bajo mi pesado edredón de cama y esperé que el sueño viniera pronto. En cambio, mi
mente le dio vueltas a todas las cosas que habían pasado
últimamente. La situación de Sydney era un tanto extraña pero una que yo podía manejar. Siempre y cuando nos limitásemos
al transporte público, ella apenas podría llevarme
hasta las garras de sus misteriosos superiores. Y por lo que ella dijo sobre nuestro horario de viajes, tan sólo nos tomaría
un par de días o así alcanzar el pueblo. Dos días
parecían extremadamente largos y extremadamente cortos a la vez.
Quería
decir que bien podría enfrentarme a Dimitri en unos pocos días… y después ¿qué? ¿Podría hacerlo? ¿Podría matarlo? Y aún si decidiera
que sí, ¿tendría realmente la habilidad para dominarlo?
Las mismas preguntas que me había hecho las últimas dos semanas seguían rondándome una y otra vez. Dimitri me
había enseñado todo lo que sabía, y con los reflejos
mejorados de los Strigoi, él realmente sería el dios que yo siempre bromeaba que era. La muerte era una verdadera
posibilidad para mí.
Pero
preocupándome no sería útil ahora mismo y, examinando el reloj de la
habitación, descubrí que había estado despierta por lo menos
durante una hora. Eso no era bueno.
Necesitaba
estar en plena forma. Así que hice algo que sabía que no debería hacer, pero que siempre conseguía que librara a mi mente de mis
grandes preocupaciones porque implicaba estar en la
mente de alguien más.
Meterme
dentro de la cabeza de Lissa requirió solo una pequeña cantidad de concentración por mi parte. No sabia si lo podría
hacer estando tan lejos de ella, pero había descubierto
que el proceso no era diferente que si estuviera junto a ella.
Era
casi mediodía en Montana, y hoy Lissa no tenía clases muy duras para levantar
un muro mental entre nosotras, casi completamente
apartando de su mente a ella y a sus pensamientos.
Ahora, dentro de ella, todas las barreras estaban caídas, y sus emociones me golpearon como un tsunami. Ella estaba muy
cabreada. Realmente cabreada.
―¿Por
qué piensa ella que puede chasquear sus dedos y tenerme allí donde y cuando
ella quiera? gruño Lissa.
―Porque
ella es la reina. Y porque hiciste un pacto con el diablo.
Lissa
y su novio, Christian, estaban parados sin hacer nada en el ático de la capilla
de la escuela. Tan pronto como reconocí los alrededores,
cerca estuve de salirme de su cabeza.
Ellos
dos habían tenido demasiados encuentros ―románticos‖ allí arriba, y no quería quedarme si las ropas pronto iban a ser arrancadas.
Afortunadamente – o tal vez no – sus molestos
sentimientos me decían que no habría sexo hoy, no con su mal humor. Era un tanto irónico, de hecho. Sus papeles se habían
intercambiado.
Lissa
era la furiosa mientras que Christian permanecía tranquilo y sereno, intentando aparentar tranquilidad por ella. Él se sentó en el
suelo, apoyándose contra la pared, mientras que ella
se sentaba delante de él, sus piernas separadas y sus brazos sujetándose. Ella apoyó su cabeza en su pecho y
suspiró.
―¡En
las últimas semanas, he hecho todo lo que ella me ha pedido!"
―Vasilisa,
por favor enséñale a esta estúpida visita real los alrededores del campus.
―Vasilisa,
por favor súbete a un avión el fin de semana para que te pueda presentar a algunas aburridos oficiales aquí en la Corte.
―Vasilisa, por favor ponte de voluntaria con los estudiantes
jóvenes. Será bien visto. A pesar de la frustración de Lissa, no pude evitar una pequeña sonrisa. Simulaba la voz de la Reina
Tatiana a la perfección.
―Harías
lo último de buena gana, señaló Christian.
―Sí…
lo suyo sería de buena gana. Odio su tentativa de dictar cada parte de mi vida últimamente.
Christian
se inclinó y besó su mejilla. ―Como dije, hiciste un pacto con el diablo. Tú
eres suquerida ahora. Ella quiere asegurarse de que tú la estás haciendo verse
bien.
Lissa
frunció el ceño. Aunque los Moroi vivían dentro de los países humanos y estaban sujetos a esos gobiernos, ellos también estaban
reglados por un rey o reina que provenía de una de las doce
familias reales Moroi. La Reina Tatiana – una Ivashkov – era la actual, y había cogido un interés particular a Lissa como
último miembro vivo de la familia Dragomir. Como
tal, Tatiana le había hecho un trato a Lissa. Si Lissa vivía en la Corte después de la graduación de St. Vladimir, la reina lo
arreglaría para que ella asistiera a la Universidad de
Lehigh en Pennsylvania. Lissa era una empollona y pensó que viviendo en el hogar de Tatiana lo valdría para asistir a una
universidad semi-grande y prestigiosa, a diferencia de los
diminutos Moroi que normalmente iban ahí (por razones de seguridad).
Como
Lissa estaba descubriendo, sin embargo, las condiciones para aquel trato ahora estaban ya en su lugar. ―Y me siento y lo tomo, dijo
Lissa. ―Sólo sonrío y digo: Sí, su majestad. ¿Quiere
algo, su majestad?
―Entonces
dile que no hay trato. Tendrás dieciocho en un par de meses. Real o no, no estás bajo ninguna obligación. No la necesitas para ir
a una escuela grande. Nosotros nos ocuparemos de eso,
tú y yo. Ve a la universidad que quieras. O no vayas para nada a la universidad. Podemos escaparnos a Paris o algo y
trabajar en un pequeño café. O vendemos pinturas malas
en las calles.
Esto
hizo que Lissa se riera, y se acurrucara más cerca de Christian. ―Cierto. Puede
verte teniendo la suficiente paciencia para servir a la
gente. Estarías despedido en tu primer día.
Parece
como que el único modo en que nosotros podamos sobrevivir es si voy a la universidad y nos mantengo.
―Hay
otras formas de ir a la universidad, ya sabes.
―Si,
pero ninguna es buena,‖ dijo ella melancólicamente. ―Al menos, no así de fácil.
Esta es la única manera. Sólo deseo poder tener todo esto y
hacerle frente a ella un poco. Rose lo haría.
―Rose
hubiera conseguido que la detuvieran por traición la primera vez que Tatiana le hubiera mandado hacer algo.
Lissa
sonrió tristemente. ―Sí. Ella lo habría hecho. La sonrisa se tornó en un
suspiro. ―La hecho muchísimo de menos Christian la besó otra vez.
―Lo sé.‖ Esta era una conversación familiar entre ellos, una que nunca envejecía porque los sentimientos de Lissa para
mí nunca se marchitaban. ―Ella esta bien, lo sabes.
Donde sea que este, ella esta bien.
Lissa
miró fijamente a la oscuridad del ático. La única luz provenía de una vidriera
de colores que hacía que el lugar entero pareciera un
país de las hadas. El lugar había sido recientemente
limpiado a fondo – por mí y por Dimitri, de hecho. Esto sólo había sido un par de meses atrás, pero ahora, polvo y cajas se
acumulaban una vez más. El sacerdote de aquí era un
tipo agradable pero tenía la manía de guardar toda clase de cosas. Lissa no notó nada de esto, creo. Sus pensamientos estaban
demasiado centrados en mí.
―Eso
espero. Desearía tener alguna idea – cualquier idea – de donde esta ella. Sigo pensando que si algo le pasará, si ella-‖ Lissa no
pudo terminar su pensamiento. ―Bueno, sigo pensando que
de algún modo lo sabría. Que yo lo sentiría. Quiero decir, sé que el vínculo es unidireccional… eso nunca ha cambiado. Pero
tendría que saber si algo le pasara, ¿verdad?
―No
lo sé, dijo Christian. ―Quizá. O Quizá no.‖ Cualquier otro chico habría dicho
algo demasiado dulce y reconfortante, convenciéndola de que
sí, con un sí, por supuesto que lo sabrías. Pero esto
formaba parte de la naturaleza de Christian de ser brutalmente honesto.
A
Lissa le gustaba eso de él. Así que a mí también. No siempre le hacía ser un
amigo agradable, pero al menos sabías que él no te estaba toreando.
Ella
suspiró de nuevo. ―Adrián dice que está bien. Visita sus sueños. Yo daría lo
que fuera por poder hacer eso. Mi curación va a mejor, y tengo
la cosa del aura tumbada. Pero nada de sueños aún.
El
saber que Lissa me echaba de menos dolía casi más que si me hubiera dado completamente por perdida. Nunca había querido hacerle
daño. Incluso cuando me había molestado con ella por
sentir como que ella estaba controlando mi vida, nunca la había odiado. La quería como a una hermana y no podía
soportar el pensamiento de ella sufriendo ahora por mí.
¿Cómo se habían podido fastidiar tanto las cosas entre nosotras?
Ella
y Christian siguieron sentados allí en el reconfortante silencio, sacando
fuerzas y amor el uno y del otro. Ellos tenían lo que Dimitri y yo
habíamos tenido, un sentido de tal unidad y
familiaridad que a menudo no hacían falta las palabras. Él pasó sus dedos por
su pelo, y aunque no podía verlo muy bien a través de sus
ojos, podía imaginarme el camino que el pálido pelo
reluciría en la luz del arco iris de las vidrieras de colores. Él metió algunos largos mechones de su pelo detrás de su oreja
y después inclinó su cabeza atrás, trayendo sus
labios hacia los suyos. El beso empezó suave y dulce y luego despacio se intensificó, el calor extendiéndose de su boca a la
suya.
Uh-oh,
pensé. Puede que fuera ya hora de salir después de todo. Pero ella lo terminó antes de que pudiera hacerlo.
―Es
la hora, dijo ella con pesar. ―Tenemos que irnos.
La
mirada en los ojos azul cristalino de Christian dijo otra cosa. ―Puede que este
sea el momento perfecto para que tú le hagas frente a la
reina. Deberías quedarte aquí – sería una buena manera
de fortalecer tu carácter.
Lissa
le dio un codazo con suavidad y después le plantó un beso en su frente antes de levantarse. ―Esto no es porque tu quieres que me
quede, así que no intentes ni jugar conmigo.
Dejaron
la capilla, y Christian masculló algo sobre querer hacer más que jugar lo que
hizo ganarse otro codazo. Se dirigieron hacia el edificio
de administración, que estaba en el corazón del campus
de la escuela superior. Aparte de los primeros rubores de primavera, todo se veía igual que estaba cuando me marché – al
menos en el exterior. Los edificios de piedra seguían
grandiosos e imponentes. Los altos y viejos árboles continuaban su guardia. Pero, dentro de los corazones del personal y
de los estudiantes, las cosas habían cambiado. Todo el
mundo tenia cicatrices del ataque. Muchos de los nuestros habían sido asesinados, y mientras las clases se alzaban y volvían
a funcionar, aún todos se apenaban.
Lissa
y Christian llegaron a su destino: el edificio de administración. Ella no sabía
la razón de su convocatoria, sólo que Tatiana quería que
conociera a algún tipo real que acababa de llegar a la
Academia. Considerando la cantidad de personas que Tatiana la estaba forzando a conocer últimamente, Lissa no pensó
demasiado en ello. Ella y Christian pasaron a la
oficina principal, donde encontraron a la Directora Kirova sentada y hablando con un viejo Moroi y una chica de nuestra edad.
―Ah,
señorita Dragomir. Aquí esta.
Me
había metido en un montón de problemas con Kirova mientras había sido una estudiante, pero viéndola ahora me hacia sentir
nostalgia. Obtener suspensos por comenzar una pelea
en clase parecía muchísimo mejor que ir vagando por Siberia en busca de Dimitri. Kirova tenía la misma apariencia de
pájaro que había tenido siempre, las mismas gafas
equilibradas al final de su nariz. El hombre y la chica se levantaron, y Kirova los señaló.
―Estos
son Eugene Lazar y su hija Avery. Kirova se volvió hacia Lissa. ―Estos son
Vasilisa Dragomir y Christian Ozera.
Un
momento de evaluación vino después. Lazar era un nombre real, pero eso no era sorprendente desde que Tatiana había iniciado este
encuentro. El Sr. Lazar le dio a Lissa una sonrisa
triunfante cuando estrechó su mano. Él parecía un poco sorprendido de encontrarse con Christian, pero la sonrisa permaneció.
Por supuesto, este tipo de reacción hacia Christian no
era nada inusual.
Las
dos maneras de convertirse en Strigoi eran por elección o por la fuerza. Un
Strigoi podía convertir a otra persona – humano, Moroi o
dhampir – por el hecho de beber su sangre y después
alimentándose de la sangre del Strigoi que volvía a ellos. Esto fue lo que le pasó a Dimitri. La otra manera de convertirse en
Strigoi era únicamente para los Moroi – y esta se hacía
por elección. El Moroi que intencionadamente escogía matar a una persona al beber su sangre también se convertía en
Strigoi. Normalmente, los Moroi solo bebían cantidades
pequeñas, no mortales, de los humanos dispuestos. Pero ¿Tomando tanto que esto destruía la fuerza vital de otro? Bien,
esto convertía al Moroi al lado oscuro, llevándose su
magia elemental y transformándolos en retorcidos no muertos.
Esto
fue exactamente lo que habían hecho los padres de Christian. Ellos habían
matado por voluntad propia y se habían convertido en Strigoi
para conseguir la vida eterna.
Christian
nunca había mostrado ningún deseo de convertirse en Strigoi, pero todos actuaban como si lo estuviera a punto de hacer. (Hay
que reconocer que su actitud mordaz no siempre
ayudaba.) Muchos de sus familiares cercanos también – a pesar de ser de la realeza - le habían estado evitando
injustamente. Él y yo nos habíamos unido para dar unas cuantas
patadas a los culos de los Strigoi durante el ataque, pensé. Lo que pasó persuadió y mejoró su reputación.
Kirova
no era de esas que perdían el tiempo con formalidades, así que fue directa a la cuestión. ―El Sr. Lazar será el nuevo director aquí.
Lisa
aún se mantuvo sonriéndole a él educadamente, pero su cabeza inmediatamente
giró hacia Kirova. ―¿Qué?
―Voy
a ceder mi puesto. explicó Kirova, con voz plana y bastante impasible para
rivalizar con cualquier guardián. ―Aunque todavía seguiré
sirviendo a la escuela como profesora.
―¿Usted
nos va a dar clase?‖ Preguntó Christian incrédulo.
Ella
le dirigió una mirada lacónica. ―Si, Sr. Ozera. Es lo que originariamente vine
a hacer.
Estoy
segura de que si me esfuerzo lo suficiente, podré recordar como se hacia.
―¿Pero
por qué? preguntó Lissa. ―Usted hace un gran trabajo.
Eso
era más o menos cierto. A pesar de mis disputas con Kirova – normalmente sobre
mí rompiendo las reglas – yo aún le tenía un sano
respeto. Lissa también lo hacia.
―Es
algo que había pensado hacer desde hace algún tiempo, explicó Kirova. ―Ahora parece tan buen momento como cualquier otro, y el Sr.
Lazar es un administrador muy capaz.
Lissa
era bastante buena leyendo a la gente. Creo que esto formaba parte de los
efectos secundarios del espíritu, junto con cómo el espíritu
les hacia a sus usuarios muy, muy carismáticos.
Lissa pensaba que Kirova estaba mintiendo, y así yo también lo pensé. Si hubiera podido leer la mente de Christian, mi
conjetura hubiera sido que él sentía lo mismo. El ataque a
la Academia había hecho que mucha gente entrara en pánico, en particular a la realeza, aún cuando el problema que
había conducido al ataque hacia mucho que había sido
arreglado. Adivinaba que la mano de Tatiana había trabajado en ello aquí, forzando a Kirova a ceder su puesto y
haciendo que alguien de la realeza tomara su puesto, de esta
manera haciendo que las otras familias reales se sintieran mejor.
Lissa
no dejo mostrar sus pensamientos, y se volvió hacia el Sr. Lazar. ―Bien,
encantada de conocerle. Estoy segura que hará un buen trabajo.
Si hay algo que pueda hacer por usted, hágamelo saber.
Ella
estaba interpretando el papel de princesa a la perfección. El ser educada y
dulce era
uno
de sus muchos talentos.
―De
hecho, dijo el Sr. Lazar, ―lo hay.‖ El tenía una voz profunda y retumbante, de
las que llenan una habitación. Él señaló hacia su hija. ―Me
preguntaba si usted podría enseñarle a Avery los
alrededores y ayudarla a encontrar su lugar aquí. Ella se graduó el año pasado pero me ayudará en mis deberes. Pese a todo, estoy
seguro de que se lo pasará mejor malgastando el
tiempo con alguien de su misma edad.
Avery
se rió, y por primera vez, Lissa le prestó verdadera atención. Avery era
hermosa.
Impresionante.
Lissa también era Hermosa, entre aquel magnífico pelo y los ojos verde jade que caracterizaban a su familia. Yo pensé que
Lissa era cien veces más bonita que Avery, pero al
lado de la más grande, Lissa se sintió como menos agraciada. Avery era alta y esbelta como la mayoría de los Moroi pero tenía
unas pocas curvas sexys añadidas.
Ese
tipo de pecho, como el mío, era codiciado entre los Moroi, y su largo pelo
castaño y sus ojos azul grisáceo completaban el paquete.
―Prometo
no ser demasiado incordio, dijo Avery. ―Y si tú quieres, te daré algunos consejos privilegiados de la vida en la Corte. He oído
que vas a mudarte allí.
Instantáneamente,
las defensas de Lissa se alzaron. Ella se dio cuenta de lo que estaba pasando. No sólo había expulsado Tatiana a Kirova,
había enviado a alguien para que vigilara a Lissa.
Una hermosa y perfecta compañera que podría espiar a Lissa y podría tratar de entrenarla bajo los principios de Tatiana.
Las palabras de Lissa fueron perfectamente educadas
cuando habló, pero había un filo helado en su voz.
―Eso
será estupendo,‖ dijo ella. ―Estoy bastante ocupada últimamente, pero podemos intentar encontrar un momento.
Ni
el padre de Avery ni Kirova parecieron notar el trasfondo de sus palabras, pero
algo brilló en los ojos de Avery que le dijo a Lissa que había
captado el mensaje.
―Gracias,
dijo Avery. A no ser que estuviera equivocada, había algún daño legítimo en su cara. ―Estoy segura de que algo se nos ocurrirá.
―Bien,
bien dijo el Sr. Lazar, totalmente ajeno al drama de la chica. ―¿Tal vez
puedas mostrar a Avery la casa de invitados? Ella se aloja en
el ala este.
―Claro,
dijo Lissa, deseando poder hacer cualquier cosa menos eso.
Ella,
Christian y Avery empezaron a marcharse, pero justo entonces, dos chicos
entraron en la sala. Una era un Moroi, un poco más pequeño que
nosotras, y el otro era un dhampir en sus veinte –
un guardia, a judgar por sus serios y duros rasgos.
―Ah,
hay estás dijo el Sr. Lazar, haciéndole señas a ellos. Posó su mano en el
hombro del chico. ―Este es mi sobrino Reed. Él es un menor y
tomará clases aquí. Esta muy emocionado por eso.
De
hecho, Reed no se veía para nada emocionado. Él era con diferencia el chico más hosco que alguna vez hubiera visto. Si alguna vez
tuviera que interpretar el papel de un adolescente
disgustado, podría haber aprendido todo lo que habría que saber de Reed Lazar. Él tenía el mismo aspecto y los mismos rasgos
que Avery, pero estos se estropeaban por una mueca
que parecía permanentemente pegada a su cara. El Sr. Lazar presentó a Reed a los demás. La única respuesta de Reed
fue un gutural ―Eh.
―Y
este es Simon, el guardián de Avery, siguió el Sr. Lazar. ―Desde luego,
mientras este en el campus, no necesitará estar con ella todo el
tiempo. Ya sabes como va. De todos modos, estoy
seguro que lo verás por aquí.
Espero
que no. No parecía tan completamente desagradable como Reed, pero tenía una cierta naturaleza severa que parecía extrema incluso
entre guardianes. De repente, me compadecí de
Avery.
Si
esta era su única compañía, yo querría desesperadamente hacerme amigo de
alguien como Lissa. Lissa, sin embargo, dejo claro que ella no
formaría parte de los esquemas de Tatiana. Con poca
conversación, ella y Christian escoltaron a Avery a la casa de invitados y enseguida se marcharon. Normalmente, Lissa se hubiera
quedado para ayudar a Avery a asentarse y se hubiera
ofrecido para comer con ella más tarde. No esta vez. No con segundas intenciones en marcha.
Regresé
a mi propio cuerpo, de vuelta en el hotel. Sabía que no debía preocuparme por
la vida de la Academia nunca más y que debería incluso
sentirme mal por Avery. Todavía tendida allí y mirando
fijamente en la oscuridad, yo no podía evitar sacarme alguna engreída - y sí, muy egoísta- satisfacción de este
encuentro: Lissa no conseguiría un nuevo mejor amigo
en un futuro cercano.
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