domingo, 14 de diciembre de 2014

Capítulo 6 BLOOD PROMISE

Capítulo 6
Me eche a correr en posición vertical, cada parte de mi despierta y alerta. No había luces de la ciudad brillando a través de la ventana, y me tomo varios segundos el poder distinguir algo en la oscura habitación. Sydney se había acurrucado en su propia cama, su rostro inusualmente en paz mientras dormía.
Donde estaba el Strigoi? Definitivamente no en nuestro cuarto, estaba dentro de la casa?
Todos habían dicho que el camino al pueblo de Dimitri seria peligroso. Aun así creía que los Strigoi irían detrás de morois y dhampirs, aunque los humanos eran una parte importante de su dieta también. Pensando en la agradable pareja que nos había dado la bienvenida al interior de su hogar, sentí algo apretar mi pecho. De ninguna manera permitiría que algo les sucediera a ellos.
Deslizándome silenciosamente fuera de la cama, agarre y sostuve mi estaca, saliendo del cuarto sin molestar a Sydney. No había nadie más despierto, y tan pronto como estuve en la sala de estar, las nauseas se marcharon. Ok. El Strigoi no estaba dentro, lo cual era algo bueno, estaba al aire libre, aparentemente al lado de la puerta frontal de la casa o caminando alrededor de la esquina, tan silencioso como la noche alrededor de mi.
La nausea se hizo más fuerte mientras me acercaba al granero, y no pude evitar sentirme satisfecha. Iba a sorprender a este Strigoi que pensaba que podría ocultarse en el interior de un pequeño pueblo humano para cenar. Ahí, justamente cerca de la entrada del granero, pude ver una larga sombra moviéndose. Te tengo, pensé, de inmediato la estaca comenzó arder en mi mano.
Y entonces algo golpeo mi hombro.
Tropecé atónita y mire el rostro del Strigoi. Por el rabillo de mi ojo, y mi sistema de detección fueron capaces de notar la diferencia. Pero, ellos consiguieron caer sobre mí.
Un pensamiento inmediatamente cruzo por mi mente: Que tal si uno es Dimitri?
No era. Al menos, estando cerca de uno no lo era. Era una mujer. Aun tenía que conseguir una idea del segundo. Que de una vez se aproximaba desde mi otro lado, rápidamente.
Tuve que lidiar con esta amenaza inmediata, sin embargo, birle a la mujer con mi estaca, esperando herirla, pero la esquivo con mucha rapidez, difícilmente la vi moverse. Ella me golpeo de un modo casi ocasional. Yo no fui lo suficientemente rápida para reaccionar y me fui volando hacia el otro Strigoi- un chico que no era Dimitri.
Respondí rápidamente, saltando hacia arriba y pateándolo. Sostuve la estaca, creando distancia entre nosotros, pero hizo muy poco bien cuando la mujer vino desde atrás y me agarro, sacudiendo mi cuerpo contra el suyo. Di un grito ahogado y sentí sus manos en mi cuello. Probablemente iba a romperme el cuello, comprendí. Esta era una técnica rápida y fácil para un Strigoi, que les permitiría arrastrar a la victima para alimentarse una vez muerta.
Luche, empujando sus manos ligeramente, pero el otro Strigoi se inclino sobre nosotras, sabía que era inútil. Me habían sorprendido, había dos de ellos. Ellos eran fuertes.
El pánico surgió nuevamente en mí, un aplastante sentido del miedo y de la desesperación. Siempre tenía miedo cuando luchaba con un Strigoi, pero este miedo alcanzaba un límite. Estaba distraída y fuera de control, y sospeche que había sido tocada por un poco de la locura y oscuridad absorbida de Lissa. Los sentimientos estallaron dentro de mí, y me pregunte si me destruirían antes de que el Strigoi lo hiciera. Estaba en un peligro real de morir aquí-dejando a Sydney y a los otros ser asesinados. La rabia y la angustia de aquel pensamiento me asfixiaron.
Entonces, de repente, fue como si la tierra se abriera. Formas traslucidas, brillando suavemente en la oscuridad, aparecieron por todas partes. Algunas parecían gente normal. Otros eran horribles, sus rostros demacrados y cráneos-como-fantasmas.
Fantasmas, espíritus. Ellos nos rodearon, su presencia me puso el vello de punta y envió un terrible dolor de cabeza a mi cráneo.
El fantasma se volvió hacia mí, me había ocurrido esto antes, en el avión, cuando las apariciones me habían invadido y amenazaron con consumirme. Me prepare, tratando desesperadamente de reunir la fuerza para construir barreras que pudiesen protegerme del mundo de los espíritus. Esta era una habilidad que tuve que aprender, una que usualmente mantenía en su lugar sin ningún esfuerzo. La desesperación y el pánico de esta situación habían destruido mi control. En ese momento horrible, espeluznante sangre-congelada. Otra vez egoístamente lamentaba que Manson hubiera encontrado la paz y hubiera abandonado este mundo. Me hubiera sentido mejor si su fantasma estuviese aquí.
Entonces comprendí que yo no era su objetivo.
Los fantasmas se movían hacia los dos Strigoi. Los espíritus no tenían formas sólidas, pero cada lugar que ellos tocaban y pasaban a través de mi se sentía igual que el hielo. El Strigoi mujer inmediatamente comenzó agitar sus brazos para defenderse de las apariciones, gruñendo de rabia y algo casi como de miedo. El fantasma no pareció ser capaz de lastimar al Strigoi, pero ellos eran aparentemente bastante molestos-y distractores.
Estaque al Strigoi masculino antes de que él me viera venir. Inmediatamente, los fantasmas rodearon a la mujer. Ella era buena, le daba eso. A pesar de la lucha por defenderse de los espíritus, todavía era capaz de esquivar mis ataques bastante bien. Un golpe me hizo ver las estrellas ante mis ojos, enviándome a la pared del granero. Yo aun tenía aquel dolor de cabeza inducido por los fantasmas, y mi cabeza azotada contra el granero no ayudaba. Tambaleándome, mareada, volví y continúe con mis esfuerzos de conseguir un tiro en su corazón. Ella logro mantener su pecho lejos de mi camino-al menos hasta que un aterrador fantasma en particular la cogió fuera de guardia. Su distracción momentánea me dio la oportunidad, y la estaque, también. Ella cayó al suelo-dejándome sola con los espíritus.
Con el Strigoi, los fantasmas claramente habían querido atacarlos. Conmigo, fue mas como en el avión. Ellos parecían fascinados por mí, desesperados por conseguir mi atención. Sola, con unas cuantas docenas de fantasmas, esto bien podría haber sido un ataque.
Desesperadamente, trate de convocar mis paredes, de bloquear a los fantasmas, como había hecho hace mucho. El esfuerzo era insoportable. De algún modo, mis emociones fuera de control habían traído a los espíritus, y mientras no estuviera más calmada, ese control era más difícil de lograr. Mi cabeza siguió palpitando. Apretando mis dientes, concentre cada gramo de mi fuerza en bloquear a los fantasmas.
―Márchense, silbe, ―no los necesito mas.
Por un momento, parecía que mis esfuerzos iban a ser inútiles. Entonces lentamente, uno por uno, los espíritus comenzaron a desvanecerse. Sentí el control que había aprendido poco a poco deslizarse en el lugar. De pronto no había nada allí excepto yo, la oscuridad y el granero-y Sydney.
La note justo cuando me desplomaba contra el suelo. Ella corría fuera de la casa en piyama, completamente pálida. De rodillas a mi lado, me ayudo a sentarme, el miedo por todas partes de ella. ―Rose! Estas bien?.
Sentí como si cada trozo de energía en mi cerebro y cuerpo hubiera sido succionado afuera. No podía moverme. No podía pensar.
―No, le dije.
Y me desmaye.
Soñé con Dimitri otra vez, sus brazos rodeándome y su hermoso rostro inclinado sobre mí para cuidar de mi como hacia a menudo cuando estaba enferma. Los recuerdos de cosas pasadas vinieron a mí, los dos riéndonos de alguna broma. A veces, en estos sueños, el me llevaba lejos. A veces, conduciendo un auto. En ocasiones, su rostro comenzaba a tener esa imagen temible de Strigoi, imagen que siempre me atormentaba. Entonces rápidamente ordenaba a mi mente quitar tales pensamientos.
Dimitri había cuidado de mi tantas veces y siempre había estado allí cuando lo necesitaba. Se había ido en ambos sentidos, pensé. Admitiéndolo, el no había parecido terminar en la enfermería tanto como yo. Esa era solo mi suerte. Incluso cuando él fuese lastimado, el jamás lo reconocería. Y como había soñado y alucinado, en las imágenes se acercó una de las pocas veces que había sido capaz de cuidar de él.
Justo antes que la escuela fuese atacada, Dimitri había participado en una serie de pruebas conmigo y con mis compañeros novatos para ver como reaccionábamos a los ataques sorpresa. Dimitri era tan resistente que era casi imposible de golpear, a pesar que el fuese magullado varias veces. Yo había corrido con él en el gimnasio durante las pruebas, sorprendida de ver un corte en su mejilla. No era fatal, pero había cantidad justa de exposición de sangre.
―Comprendes que estas sangrando hasta la muerte?" había exclamado. Fue una especie de exageración, pero aun así.
El toco su mejilla distraídamente y pareció notar la herida por primera vez. ―No irá muy lejos. No es nada.
―No es nada hasta que consigues una infección!
―Tu sabes que eso no es probable‖, dijo obstinadamente. Eso era cierto. Por la Parte- Moroi contraer una enfermedad era ocasionalmente raro, excepto para Víctor ,difícilmente se enfermaban. Los dhampirs habían heredado eso de ellos, tal como el tatuaje de Sydney le daba alguna protección. Sin embargo, yo no iba dejar a Dimitri sangrar por todas partes.
―Vamos, dije, señalando el pequeño baño en el gimnasio. Mi voz había sonado feroz y para mi sorpresa, había obedecido.
Después de mojar una toalla, suavemente limpie su rostro. Continuo protestando al principio pero finalmente se quedo en silencio. El baño era pequeño, y estábamos solo a unos pocos centímetros el uno del otro. Pude oler su aroma limpio, embriagador y estudiar cada detalle de su rostro y fuerte cuerpo. Mi corazón se acelero en mi pecho, pero se suponía que debíamos tener un buen comportamiento, por lo que trato de parecer sereno y tranquilo. Estaba extrañamente tranquilo, pero cuando cepille su cabello detrás de sus orejas para limpiar el resto de su cara, se estremeció. Mis dedos tocando su piel enviaron ondas de shock a través de mi, y el sintió eso también. El sostuvo mi mano y la retiro.
―Suficiente, dijo él, su voz ronca. ―Estoy bien.
―Estas seguro? pregunte. El no había liberado mi mano. Estábamos tan, tan cerca. El pequeño cuarto parecía a punto de estallar por la electricidad entre nosotros. Yo sabía que esto no podía durar, pero odiaba alejarme de él. Dios, era difícil ser responsable a veces.
―Si, dijo él, su voz fue suave, y yo sabía que no estaba enojado conmigo. El tenía miedo, miedo de lo poco que se necesitaría para encender el fuego entre nosotros. Así era, yo estaba ardiendo por todas partes, por solo el tacto de su mano. Tocarlo me hacía sentir completa, como la persona que siempre debí ser. ―Gracias, Roza.
Soltó mi mano, y nos marchamos, ambos a hacer nuestras propias cosas de aquel día.
Pero el sentimiento de su piel y cabello se quedo durante horas después…
No sé porque soñé esos recuerdos después de ser atacada cerca del granero. Parecía extraño soñar que cuidaba de Dimitri cuando era yo quien necesitaba los cuidados.
Adivino que realmente no importaba cual recuerdo era, mientras este lo implicara a el .
Dimitri siempre me hacía sentir mejor, incluso en mis sueños, dándome fuerza y determinación.
Pero esto me coloco en aquel delirio y movida en el conocimiento, su confortante cara podía ocasionalmente tomar aquellos terribles ojos rojos y colmillos. Yo gimoteaba, luchando por apartar aquella visión. Otras veces, el no se veía como Dimitri en absoluto.
El se convertía en un hombre que no conocía, un anciano Moroi de cabello oscuro y gritaba por Dimitri nuevamente, y eventualmente, su rostro regresaba, a salvo y maravilloso.
En un momento, sin embargo, la imagen cambiaba de nuevo, esta vez en una mujer. Claramente ella no era Dimitri, pero había algo en sus ojos marrones que me recordaba los de él. Ella era mayor, de unos cuarenta años tal vez, y una dhampir. Ella puso un paño frío en mi frente, y comprendí que esto ya no era un sueño. Mi cuerpo me dolía, y estaba en una cama desconocida, en una habitación desconocida. No había señales de Strigoi.
Había soñado con ellos también?
―No intentes moverte, la mujer dijo con el rastro más débil de acento ruso. ―Recibiste algunos golpes muy malos.
Mis ojos se ensancharon cuando los eventos del granero volvieron a mí, los fantasmas que yo había reunido. Eso no había sido un sueño. ―Donde esta Sydney? Está bien?
―Ella está bien. No te preocupes‖. Algo en la voz de la mujer me dijo que podía confiar en ella.
―Donde estoy?
―En Baia
Baia, Baia. En algún sitio, oculto en mi cabeza, ese nombre me era familiar. De repente, hizo clic. Hace mucho tiempo, Dimitri lo había dicho. El solo había mencionado el nombre
de su pueblo una vez y a pesar que lo había intentado, nunca había sido capaz de recordarlo. Sydney nunca me diría el nombre. Pero ahora estábamos aquí. En el hogar de Dimitri.
―Quien eres? pregunte

―Olena, dijo ella, ―Olena Belikova.

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